Lunes, 15 de diciembre de 2008

De la Delegación Diocesana Nivariense

 

21 de Diciembre de 2008

4º Domingo de Adviento – Ciclo B

 

Lectura del Evangelio según San Lucas: (1, 26-38)

 

En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. 

        El ángel, entrando a su presencia, dijo:

- Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres.

        Ella se turbó ante estas palabras, y se preguntaba qué saludo era aquél.

        El ángel le dijo:

- No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

        Y María dijo al ángel:

- ¿Cómo será eso, pues no conozco varón?

        El ángel le contestó:

- El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.

        Ahí tienes a tu pariente Isabel que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.

        María contestó:

- Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.

Y el ángel se retiró.

 

          Palabra del Señor

 

Lectio: ¿Qué dice el texto bíblico en su contexto?

 

S. Lucas adopta el punto de vista de María para el relato de la infancia de Jesús en los primeros capítulos de su Evangelio; además, dispone en forma de “díptico” los relatos referentes al nacimiento e infancia de Juan Bautista y de Jesús. El presente texto sigue al marco solemne del Templo donde Zacarías había recibido el “anuncio” del nacimiento de Juan.

Nos encontramos en un pequeño lugar de Galilea. La salvación de Dios llega desde un lugar humilde, fuera de las grandes instituciones religiosas de Israel. Sin embargo, Jesús es descrito con los rasgos del Mesías esperado en el A.T. El término virgen, referido a María, designa a una muchacha o a una joven desposada, también puede traducirse como doncella. Aquí encontramos ya una clara referencia a la profecía de Isaías: “…el Señor mismo va a daros una señal: he aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo” (cfr. Is 7, 14) “. La concepción virginal de Jesús es la señal que Dios mismo ha querido darnos.

“Alégrate, llena de gracia…” (Lc 1, 28). Justamente la palabra apropiada es “alégrate”, más que “salve”. Es una llamada al júbilo mesiánico, eco de la llamada de los profetas a la  Hija de Sión, y como ésta, motivada por la venida de Dios entre su pueblo: “¡Lanza gritos de gozo, hija de Sión, lanza clamores, Israel, alégrate y exulta de todo corazón, hija de Jerusalén! (…) Yahweh, Rey de Israel, está en medio de ti” (cfr. So 3, 14-15); “¡Hijos de Sión, jubilad, alegraros en Yahweh vuestro Dios!...” (cfr. Jl 2, 23); “Grita de gozo y regocíjate, hija de Sión, pues he aquí que yo vengo a morar dentro de ti…” (cfr. Za 2, 14) “¡Exulta sin freno, hija de Sión, grita de alegría, hija de Jerusalén! He aquí que viene a ti tu rey: justo él y victorioso…” (cfr. Za 9, 9).

Asimismo, la expresión “llena de gracia” (en griego, kejaritomene) viene a decir que María ha sido colmada de Gracia”, ya que podría traducirse literalmente como “tu que has estado y sigues estando llena del favor divino”.

“…le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lc 1, 31b-32). El anuncio del ángel se inspira en varios pasajes mesiánicos del A.T. Uno de ellos es:“Grande es su señorío y la paz no tendrá fin sobre el trono de David y sobre su reino para restaurarlo y consolidarlo por la equidad y la justicia , desde ahora y hasta siempre…” (cfr. Is 9, 6). Con ello, Lucas subraya el carácter mesiánico de Jesús, concebido por María.

“…¿Cómo será eso, pues no conozco varón?” (Lc 1, 34) La “virgen” solo está “desposada” (Lc 1, 27) y no tiene relaciones conyugales, pues éste es el sentido de la palabra “conocer” según el lenguaje semítico. “Nada hay en el contexto que imponga la idea de un voto de virginidad” (Nota de la Biblia de Jerusalén para Lc 1, 34).

“El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios”. (Lc 1, 35). La expresión evoca la nube del desierto: “No se apartó del pueblo ni la columna de nube por el día, ni la columna de fuego por la noche” (cfr. Ex 13, 22) “La gloria de Yahweh descansó sobre el monte Sinaí y la nube lo cubrió por seis días. Al séptimo día, llamó Yahweh a Moisés de en medio de la nube” (cfr. Ex 24, 16). También evoca las alas que cubren con su protección: “…escóndeme a la sombra de tus alas” (Sal 17, 8b) “…a la sombra de tus alas me cobijo…” (Sal 57, 2); o bien, el poder creador de Dios “…un viento de Dios aleteaba por encima de las aguas” (Gn 1, 2). De esta manera el evangelista subraya que en la concepción de Jesús todo viene del poder el Espíritu Santo.

 

Meditatio: ¿Qué me dice Dios a mí a través de la lectura?

 

         “Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres” (Lc 1, 28) El saludo del ángel a María es la expresión de Dios, que sale a nuestro encuentro también hoy. Él está “con nosotros” mucho antes de que nos demos cuenta. Tal como vemos en la tradición veterotestamentaria, el Señor siempre ha estado con su pueblo, aunque el pueblo no siempre ha estado con su Dios. En el paso por el desierto, tenemos algunos de esos ejemplos en que el Pueblo de Dios, sintiéndose abandonado, exclama: “¿Está Dios con nosotros, o no?”  (Ex 17, 7b).

Jesucristo es el “signo” de la fidelidad de Dios, que mantiene las promesas hechas a David: “el Señor Dios le dará el trono de David su padre” (Lc 1, 32), Jesús es el Mesías que pertenece a la familia davídica. Además, “reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin” (Lc 1, 33), es decir, el Pueblo de Dios, esa “casa de Jacob”, encuentra finalmente en Jesús al rey que lleva a cabo el verdadero ideal del Reino, un ideal de justicia, de paz y fraternidad.

A las palabras del ángel, María “se turbó” (Lc 1, 29). No es el temor de Adán consciente de su pecado, sino que se trata del temor sagrado ante la misteriosa realidad de Dios, un sentimiento que invade tanto más a la criatura cuanto más pura es. En su perfecta humildad, María comprende la grandeza de la misión recibida y la desproporción entre la propia debilidad y la omnipotencia divina.

Sin embargo, para alcanzar esta anhelada salvación, el evangelista nos presenta la figura de María quien, desde un lugar totalmente contrario al de los poderes de la sociedad, hace posible este Plan divino con su respuesta: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra” (Lc 1, 38). María muestra así que cree firmemente en la fidelidad de Dios y se pone a disposición de su designio. El “sí” de María es como la alabanza perfecta de la criatura ante el Creador: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad” (Sal 39,8) con el que Jesús mismo se adhiere a la voluntad salvífica de Dios. En el encuentro de estas dos obediencias se cumple el Plan divino de salvación.

 

Oratio: ¿Qué me hace decirle a Dios esta lectura?

 

Señor Jesús, meditando una y otra vez el momento de tu Encarnación, son muchos los sentimientos que brotan de mi corazón. Ante todo, la esperanza que infunde tu venida luminosa a este mundo inmerso en tantas tinieblas. También, Señor, la serena alegría de sentirme, como tu Bienaventurada Madre, escogido para que se realice tu Plan divino de Salvación.

Quiero tener la humildad de María, para asombrarme siempre ante tu presencia, para no “acostumbrarme” tanto a contemplar este acontecimiento, que llegue a ser una rutina indiferente para mí. Quiero tener el valor para decir al Padre yo también “Aquí estoy, cuenta conmigo, que se haga tu Voluntad”.

Espíritu Santo que, como ocurre en María, desciendes sobre mí. Haz que sepa acogerte en mi vida de tal modo, que transformes mi existencia y mis pobres acciones, en instrumento para llevar la Salvación de Dios a todos mis hermanos.

 

Contemplatio: Pistas para el encuentro con Dios y el compromiso.

 

         ¡Alégrate! El Señor está contigo.

         No temas, has encontrado gracia ante Dios.

         El Espíritu Santo vendrá sobre ti.

         ¡Hágase en mí según tu Palabra!


Publicado por verdenaranja @ 10:51  | Liturgia
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