Lunes, 15 de diciembre de 2008

De la Delegación Diocesana Nivariense

 

24 de Diciembre de 2008

Navidad del Señor - Misa de medianoche (Nochebuena)

 

Lectura del Evangelio según San Lucas: (2, 1-14)

 

En aquellos días apareció un decreto del emperador Augusto ordenando que se empadronasen los habitantes del imperio. Este censo fue el primero que se hizo durante el mandato de Quirino, gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse a su ciudad. También José, por ser de la estirpe y familia de David, subió desde Galilea, desde la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba encinta. Mientras estaban en Belén le llegó a María el tiempo del parto, y dio a luz a su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada.

         Había en aquellos campos unos pastores que pasaban la noche al raso velando sus rebaños. Un ángel del Señor se les apareció, y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Entonces les entró un gran miedo, pero el ángel les dijo:

         - No temáis, pues os anuncio una gran alegría, que lo será también para todo el pueblo: Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.

         Y de repente se juntó al ángel una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: “¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor!”.

 

          Palabra del Señor

 

Lectio: ¿Qué dice el texto bíblico en su contexto?

 

         Efectivamente, los datos que recoge el relato pueden contrastarse históricamente, por ejemplo, Augusto fue Emperador romano entre el 30 a.C. y el 15 d.C. Asimismo, la mayoría de los investigadores sitúan el censo de Cirino hacia el  6 d.C., aunque es un dato más difícil de asegurar, con lo cual aquí se estaría hablando de uno que podría situarse entre el 8-6 a.C., fecha modernamente atribuida al nacimiento de Cristo. Como es sabido, por el cálculo erróneo efectuado por Dionisio el Exiguo (S. VI), la Era Cristiana no coincide plenamente con el nacimiento de Cristo. Otro dato histórico es que Cirino fue gobernador de Siria entre el 4 y el 1 a.C., con lo cual la expresión de Lucas es una aproximación. (Cfr. Nota de la Biblia de Jerusalén para Lc 2, 2).

         De este modo, con motivo de un acontecimiento de la historia del Imperio romano se lleva a cabo el Plan de Dios, el cual actúa en los acontecimientos del pueblo elegido. El nacimiento de Jesús se desarrolla según el estilo literario de la paradoja: Jesús, “el Mesías, el Señor” (Lc 2, 11) nace en el despojamiento y la pobreza absolutos. Los primeros a quienes se revela la Buena Nueva es a unos pastores, representantes de los pobres y sencillos. Concuerda claramente este hecho con el pasaje escogido por Jesús para comenzar su vida pública, y describir su misión: “El Espíritu del Señor sobre mi, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor” (cfr. Lc 4, 18-19; Is 61, 1-2).

“…subió desde Galilea, desde la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén” (Lc 2, 4). Según las profecías, el Mesías nacería en Belén: “Mas tú, Belén de Efratá, aunque eres la menor entre las familias de Judá, de ti me ha de salir aquel que ha de dominar en Israel…” (Mi 5, 1 s). Es llamada “ciudad de David” (cfr. Lc 2, 4) porque de ella procedía la familia de dicho Rey “…voy a enviarte a Jesé, de Belén, porque he visto entre sus hijos un rey para mi” (1Sa 16, 1b)

         “…dio a luz a su primogénito…” (Lc 2, 7a) Aunque la palabra “primogénito” pudiera indicar el primero de varios hijos, en el griego bíblico no implica necesariamente ese sentido, sino que subraya la dignidad y los derechos del niño.

         “…no había sitio para ellos en la posada” (Lc 2, 7b) Realmente el texto original no emplea la palabra griega correspondiente a “posada”, sino otra que puede designar una “sala”, en la que se alojaba la familia.

“Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor” (Lc 2, 11) Se trata del Mesías esperado, aunque aquí se le atribuye, además, el título de “Señor” (Kyrios) que el A.T. reservaba exclusivamente para hablar de Dios. Con ello se está expresando que comienza una Nueva y definitiva Era.

“Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2, 12). El signo que Dios presenta no puede ser más frágil, pero al mismo tiempo, más prometedor: un recién nacido. “…una criatura nos ha nacido, un hijo se nos ha dado” (cfr. Is 9, 5).

“…en la tierra paz a los hombres que ama el Señor” (Lc 2, 14). Tradicionalmente se decía “paz a los hombres de buena voluntad”, expresión que procede de la traducción latina, pero yendo al original griego es más acertada la que se da aquí, que es la que se usa litúrgicamente también, por ejemplo en el himno del “Gloria”, tan significativo en la celebración de éste día.

 

Meditatio: ¿Qué me dice Dios a mí a través de la lectura?

 

         El relato que nos transmite Lucas sobre el nacimiento de Jesús es bastante sencillo, aunque sugestivo. Se enmarca, tal como en el anterior paso detallamos, en los anuncios del A.T. que lo profetizan. Podemos distinguir en él los tres momentos del anuncio misionero: la narración del acontecimiento (el censo, y el nacimiento de Jesús en situación de pobreza, el anuncio hecho a los pastores (primeros testigos de la Salvación) y la acogida del anuncio (los pastores van a la gruta y encuentran a Jesús).

         La contemplación del misterio de Navidad, tal como ocurre con los pastores, requiere, ante todo, simplicidad. ¿Conservo la capacidad de asombro y mirada de niño son los medios necesarios para gustar el anuncio lleno de alegría de esta noche santa?. Los signos que encontramos en el niño son la debilidad, la pobreza y la humildad, que serán cualidades propias de Jesús a lo largo de su vida, hasta su muerte en la cruz.

         La Navidad no es sólo una fecha para conmemorar, sino un evento capaz de transformación. ¿Descubro cómo el niño de Belén nos dice que el milagro de la paz de la Navidad es posible para aquellos que acogen sus dones?

 

Oratio: ¿Qué me hace decirle a Dios esta lectura?

 

         Señor Jesús, en esta noche santa quiero ser como aquellos humildes pastores que acogieron con sencillez el anuncio de la Buena Nueva de tu nacimiento. Quiero tener el corazón abierto siempre para acoger la Palabra de vida que me envías, y que me lleva a encontrarte como Palabra encarnada en medio de la humanidad.

         Al encontrarte en el pesebre, en la pequeña ciudad de Belén, te pido alcanzar la capacidad de asombro ante tu pobreza. Ayúdame a ser, Señor, sencillo y pobre de corazón, ayúdame a saber desprenderme de todas aquellas cosas que, como polvo del camino de la vida, se va adhiriendo a mis pies, y me impiden avanzar ligero hacia Ti.

         Haz resonar el alegre anuncio de los ángeles en mi corazón, Gloria a Dios en el Cielo, para poder anunciar a mis hermanos la paz verdadera que sólo Tu has traído en esta noche, para toda la humanidad: Y en la tierra, paz a los hombres que ama el Señor.

 

Contemplatio: Pistas para el encuentro con Dios y el compromiso.

 

         No temáis, os anuncio una gran alegría, que lo será también para todo el pueblo.

         Hoy os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor.

         ¡Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor!

 


Publicado por verdenaranja @ 10:57  | Liturgia
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