Mi?rcoles, 17 de diciembre de 2008

Introducción al tema del Octavario 2009, publicado en folleto recibo en parroquia para celebración de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos del 18 al 25 de Enero de 2009.

 

Introducción al tema del

Octavario 2009

 

 

Estarán unidas en tu mano (Ez 37, 17)

 

El tema bíblico

 

Los textos para la Semana cíe oración por la unidad de los cristianos 2009 provienen de la experiencia de las Iglesias en Corea. Frente a la división cte su país, las Iglesias han buscado la inspiración en el profeta Ezequiel, quien también vivió en un país trágicamente dividido y que deseaba la unidad para su pueblo.

 

Ezequiel, profeta y sacerdote, fue llamado por Dios a los 30 años de edad. Su actividad, que abarcaba el período que iba de 594 a 571 antes de Cristo, fue ampliamente influida por las reformas políticas y religiosas que empren­dió el rey Josías en el 621 antes de Cristo. Lanzándose a reformas referidas al restablecimiento de la ley y del culto verdadero del Dios de Israel, el rey Josías pensaba eliminar la herencia nefasta dejada por la conquista precedente cle Judá por los asirios. Sin embargo, después de la muerte de Josías durante una batalla, su hijo, el rey Joaquín, rindió homenaje a Egipto y el culto de numerosos dioses se difundió. Los profetas que se atrevían a criticar a Joaquín fueron suprimidos brutalmente: Ouriya fue ejecutado y Jeremías desterrado. Después de la invasión babilónica y la destrucción del templo en el 587 antes de Cristo, los responsables políticos y los artesanos del país –entre ellos se encontraba el joven Ezequiel– fueron capturados y deportados a Babilonia. Allí, Ezequiel, como Jeremías, critica a los «profetas que suscitaban esperan-zas poco realistas, y este hecho endureció la hostilidad y el desprecio de sus hermanos israelitas en el exilio.

 

A pesar de tales sufrimientos, el amor de Ezequiel a su pueblo aumentó. Criticaba a los jefes que actuaban contra los mandatos de Dios y procuró devolver a su pueblo a Dios, poniendo de relieve que seguía fiel a la alianza que concluyó con su pueblo del que es solidario. Pero sobre todo, en esta situación aparentemente sin salida, Ezequiel no desesperaba y, por el contra­rio, proclamaba un mensaje de esperanza: la renovación y la unidad del pue­blo de Dios, que por encima de todo, finalmente, podría ser realizada. Dos visiones animaron a Ezequiel en sus esfuerzos; la primera, bien conocida, era la del valle donde los huesos secos, por la acción del Espíritu cíe Dios, vuel­ven a la vida (Ez ,37,7-14).

 

Los textos de la Semana de oración de este año tienen como tema la segunda visión de Ezequiel, donde clos trozos de madera simbolizan los dos reinos en que Israel fue dividido. Los nombres de las tribus de cada uno de los reinos (dos de las doce tribus en el Norte y diez en el Sur) son inscritos sobre estos trozos de madera que luego son unidos para formar uno solo (Ez 3 7. 15-231.

 

Para Ezequiel, la división de su pueblo era el reflejo y la consecuencia del pecado y del alejamiento de Dios. Formar de nuevo un solo pueblo era posi­ble a condición de renunciar al pecado. de convertirse y de volver hacia Dios. Pero, en definitiva, es Dios quien une a su pueblo purificándolo, renovándo­lo y librándolo de sus divisiones. Para Ezequiel esta unidad no es una reuni­ficación simple de grupos antes separados; se trata más bien de una creación nueva, del nacimiento de un pueblo nuevo que deberá ser un signo de espe­ranza para otros pueblos y para toda la humanidad.

 

Encontramos el tema de la esperanza en otro texto querido por las Iglesias de Corea. El Apocalipsis (21,3-4) menciona la purificación del pueblo de Dios que es llamado a encarnar la paz verdadera, la reconciliación y la unidad que está allí donde está Dios: «habitará con ellos. Ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos. Enjugará las lágrimas de sus ojos y no habrá ya muer­te, ni luto, ni llanto ni dolor...»

 

Estos son los temas bíblicos –la unidad como voluntad de Dios para su pueblo, la unidad como clon de Dios necesitado de la conversión y la reno­vación, la unidad como la creación nueva, y la esperanza para que el pueblo de Dios pueda ser finalmente uno– que han inspirado a las Iglesias de Corea en la preparación de este folleto para la Semana de oración 2009.

 

El tema teológico

 

Los cristianos del mundo entero rezarán por la unidad en 2009 “con el fin de que estén unidos en tu mano” (cf. Ez 37,17). Ezequiel –cuyo nombre significa Dios lo hace fuerte– fue llamado a devolver la esperanza a su pueblo en la situación política y religiosa desesperada que siguió a la caída y la ocu­pación de Israel y al exilio de una gran parte de su pueblo.

 

Los miembros del grupo local de Corea han encontrado que el texto de Ezequiel presentaba similitudes sorprendentes con la situación que conocen en su país dividido y la de los cristianos desunidos. Las palabras de Ezequiel les dan la esperanza de que Dios reunirá de nuevo a su pueblo para hacerlo uno solo, al que pertenecerán y que les bendecirá para hacerles un pueblo poderoso. Una nueva y gran esperanza nació: Dios creará un mundo nuevo. Como en el texto de Ezequiel donde el pecado es considerado bajo sus formas más diversas, el pueblo se mancha a través de los ídolos y la transgre­sión, así ocurre con el pecado de la división de los cristianos, que es causa de escándalo en el mundo de hoy.

 

Leyendo este texto del Antiguo Testamento, los cristianos pueden refle­xionar sobre la manera en la que puede aplicarse nuestra situación de divi­sión. En particular, comprendemos que Dios solo puede restablecer la unidad, reconciliar a los hombres y originar una situación nueva. Israel unido, perdonado y purificado viene a ser un símbolo de esperanza para el mundo entero.

 

Como hemos subrayado más arriba, la segunda profecía sobre los dos tro­zos de madera unidos para formar uno solo se encuentra en Ezequiel 37. La primera, que probablemente es más familiar a las Iglesias, es la cíe los hue­sos secos que vuelven a la vida por la acción del Espíritu de Dios. En una y otra, Dios es el que da la vida, el que es la fuente de un nuevo comienzo. En la primera profecía, el Espíritu de Dios es el espíritu de vida. En la segunda, es Dios mismo quien aporta la unidad, la reconciliación y la paz en una nación dividida. En otros términos, es la unión de las dos partes divididas la que da la vida nueva.

 

Los cristianos pueden ver el anticipo de la vida nueva que Cristo nos ofre­ce y a la que accedemos por la victoria sobre la muerte conforme a la volun­tad de salvación de Dios. A través de ambos trozos de madera que forman su cruz. Jesús nos reconcilia con Dios; la humanidad es también llena de una esperanza nueva. A pesar de nuestros pecados, a pesar de la violencia y las guerras, a pesar de la disparidad entre ricos y pobres, a pesar de nuestra falta de respeto hacia la creación, a pesar de la enfermedad y los sufrimientos, a pesar de las discriminaciones y a pesar de nuestra desunión y nuestras divi­siones, jesucristo –con los brazos abiertos sobre la cruz– abraza a toda la creación y nos da el shalom de Dios. En sus manos, somos uno y somos atraídos hacia el mismo que está en la cruz.

 

Tomando como punto de partida la situación del país dividido pero que quiere superar las fracturas en las que sufre no sólo en el plano político sino también a nivel de las Iglesias cristianas desunidas, las Iglesias coreanas proponen el tema que sigue para la Semana de oración 2009: «estarán unidas en tu mano«. Perciben que una nueva esperanza ha nacido de esta reflexión sobre la acción de Dios que reconcilia y trae el shalom al pueblo de Dios.


El octavario

 

A partir del texto central de Ezequiel, nuestra reflexión a lo largo del “octavario” de la Semana de oración por la unidad de los cristianos nos hace tomar conciencia de que la unidad de la Iglesia también contribuye a la renovación de toda la comunidad humana. Esto entraña para nosotros una responsabili­dad importante: todos los que confiesan a Cristo como Señor deben esforzar-se por cumplir su oración <para que ellos sean uno... v el mundo crea que tú me has enviado« (M 17, 21).

 

Por eso el Octavario comienza con una reflexión sobre la unidad de los cristianos. Frente a nuestras divisiones doctrinales y frente a nuestro pasado escandaloso hecho de divisiones –y a veces de odio– entre cristianos, rezamos para que Dios, que hace venir el Espíritu (le vida a huesos secos y que modela entre sus manos nuestra unidad en la diversidad, haga soplar un vien­to de vida y de reconciliación sobre la aridez de nuestros corazones y sobre nuestras divisiones actuales. En este primer olía y durante todo el Octavario, somos invitados a rezar por las situaciones del mundo donde la reconcilia­ción es necesaria, y estar atento en particular al papel que la unidad de los cristianos puede jugar en su favor.

 

En el segundo día, las Iglesias oran para que la paz triunfe sobre las gue­rras v la violencia, para que, como discípulos del Príncipe de la Paz, los cris­tianos puedan aportar, a pesar de los conflictos, esta reconciliación que está arraigada en la esperanza. El tercer día nos ofrece una meditación sobre la fuerte disparidad entre ricos y pobres. Nuestra relación con el dinero, nues­tra actitud hacia los pobres son un lugar de comprobación de nuestra vida de discípulos seguidores de Cristo, que vino para liberarnos y anunciarnos la buena noticia a los pobres, la libertad a los esclavos y la justicia para todos ellos.

 

La intención del cuarto día es rezar con el fin de que los cristianos com­prendamos que juntos podemos proteger las maravillas de la creación que Dios nos confió, el aire que respiramos, la tierra que nos ofrece sus frutos y-la creación que glorifica a su autor.

 

En el quinto día rezamos para que cesen los prejuicios y las discriminacio­nes en nuestras sociedades de hoy. Reconociendo que nuestra dignidad nos viene de Dios, nuestra unidad cono cristianos testimonia la unidad del que. por su amor, hace de cada uno de nosotros un ser único. Somos llamados a edificar un reino de justicia y de amor. en el que las diferencias son respeta-das porque somos uno en Cristo.

 

En el sexto día nos acordaremos en la oración de los que sufren y de todos los que les asisten. Los Salmos nos ayudan a comprender que los gri­tos de sufrimiento o de dolor que lanzamos hacia Dios pueden ser la expre­sión de un lazo profundo y fiel con él. La compasión de los cristianos frente a la desesperación de los que sufren es un signo del Reino. Unidas, las Iglesias cristianas pueden hacer cambiar las cosas tratando de obtener para los enfermos la ayuda material y espiritual que necesitan.

 

El séptimo día trata de los cristianos frente al pluralismo y que rezan por su unidad en Dios. Sin esta unidad, nos será difícil construir un reino de paz con todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Con las intenciones de la oración para el día octavo, volvemos a nuestro punto de partida porque rezamos con el fin de que las bienaventuranzas aporten su espíritu a este mundo. Los cristianos llevan en ellos la esperanza de que todo se renueva según el orden nuevo que Cristo estableció. Así es como pueden ser porta-dores de esperanza y artesanos de la reconciliación frente a las guerras, la pobreza, las discriminaciones y todas las demás situaciones donde seres humanos sufren v donde gime la creación.


Publicado por verdenaranja @ 23:26  | Espiritualidad
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