Viernes, 19 de diciembre de 2008

Los Obispos de la región de Patagonia-Comahue (Diócesis del Alto Valle, Comodoro Rivadavia, Neuquén, Río Gallegos, San Carlos de Bariloche y Viedma) han escrito un Mensaje de Navidad a todos los fieles

 

MENSAJE DE NAVIDAD

 

Mensaje de los obispo de la Región Patagonia-Comahue

 

(Diócesis del Alto Valle, Comodoro Rivadavia, Neuquén, Río Gallegos,

San Carlos de Bariloche y Viedma) para la Navidad

Diciembre de 2008

 

 

“Nos visitará el sol que nace de lo alto

para guiar nuestros pasos por el camino de la paz”

 

 

Queridos hermanos y hermanas: Queremos llegar a cada uno de ustedes, a cada familia y a cada comunidad, para saludarlos e invitarlos a abrir el corazón a todo lo que Dios quiere regalarnos en este tiempo de Adviento que nos prepara a la Navidad.

 

En la “Noche Buena” volveremos a escuchar: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres amados por Él”. Canto que rompe el silencio de la noche que tuvo el privilegio de ver nacer al Salvador en la pobreza del pesebre. Canto que solo pudieron escuchar “los pequeños y humildes”, presentes en los pastores que cuidaban su rebaño. Canto que confirma el cumplimiento de la promesa de Dios de nunca abandonarnos: “¿Se olvida una madre de su criatura, no se compadece del hijo de sus entrañas? ¡Pero aunque ella se olvide, yo no te olvidaré!” (Is. 49,15) Canto que proclama este gran regalo gratuito de ser amados por Dios.

 

Es un canto a la vida que nos despierta y lanza a ser misioneros, testigos y portadores de vida, de la vida plena, de la vida de los hijos de Dios. Por eso, en este camino a la Navidad, quisiéramos juntos volver a descubrir nuestra responsabilidad frente a la paz y a la vida plena para todos, como frutos de ser amados por Él.

 

1. La gloria de Dios es que el hombre viva

 

No hace mucho, entre los adolescentes que se acercaban a celebrar el Sacramento de la Confirmación, uno le escribía a su Obispo: “al Espíritu Santo quisiera pedirle ver la vida como un regalo, y no como un castigo”. Expresión que ciertamente no puede dejarnos indiferentes. Tristemente no podemos dejar de reconocer que para muchos niños, adolescentes, jóvenes, adultos, ancianos, la vida les resulta un peso, un agobio. Preguntémonos: ¿Por qué esta conclusión frente a la vida?, ¿no será acaso por una gran ausencia de amor?, ¿no será fruto de que muchas veces hacemos sentir al otro como que molesta, que está de más? En muchas partes, aumentan los que nacen descubriendo que no hay un lugar para ellos en su familia, en su patria, en el mundo: ¡sobran! Y van dándose cuenta dolorosamente que tan solo valen en cuanto pueden ser “útiles” para el bienestar de otros, que su vida no vale nada en sí misma.

 

En la noche de Navidad, los Evangelios nos dicen que para  María y José que buscaban un lugar para dar a luz a Jesús, “no había lugar para ellos”. Historia que se repite demasiadas veces para muchas personas.

 

En esta Navidad al descubrir cuánto nos ama Dios, no podemos sino comprender que hemos sido llamados a ser signos y portadores de ese amor de Dios frente a cada vida humana. Será entonces verdaderamente una Navidad cristiana, si ese niño o niña que pasa hambre y que a veces es sometido a tantos atropellos encuentra una familia que se interesa y se preocupa por él. Será también Navidad, si ese o esa adolescente o joven heridos por la violencia, las adicciones, la explotación sexual o la marginación, encuentra una comunidad que le ofrece una alternativa de cambio. En fin será Navidad si todo hermano o hermana, cuya vida es amenazada, encuentra “un prójimo” que con signos concretos le hace descubrir el valor de su vida.

 

Este tiempo nos invita a descubrir y recorrer caminos muy distintos, a los que muchas veces optamos con nuestros silencios o nuestras acciones. Por eso Navidad es decirle “no” a la indiferencia, “no” a la seguridad garantizada por mayor castigo y represión, “no” al bienestar propio sin tener en cuenta las urgentes necesidades de los demás, “no” a la pasividad frente a tantos urgentes desafíos.

 

 2. Paz a los hombres

 

Desde el año 1968 cada 1º de año el Papa nos invita con un lema específico a ser artesanos de la paz. Así en estos años algunos de los lemas fueron: “Todo hombre es mi hermano”, “Si quieres la paz, trabaja por la justicia”, “La reconciliación, camino hacia la paz”,  “Si quieres la paz, defiende la vida”, “La verdad, fuerza de la paz”, “Desarrollo y solidaridad dos claves para la paz”,  “Para construir la paz respeta las minorías”, “Si quieres la paz, sal al encuentro del pobre”.

 

Para este 1º de año del 2009 el Papa Benedicto XVI nos propone: “Combatir la pobreza, construir la paz”. La paz y la pobreza no pueden ir juntas. Mirando a Cristo que en esta Navidad trae al mundo el don de la paz, no podemos dejar de asumir el compromiso de combatir la pobreza.

 

La pobreza lejos de ser algo del pasado, es una realidad que golpea día a día a muchos, es una realidad que nos cuestiona seriamente cómo vivimos nuestra fe en Jesús.

 

La pobreza que viven muchos ciertamente tiene sus causas y sus responsables. No podemos a la ligera descartar nuestras responsabilidades. Si muchas de las estructuras actuales generan pobreza, en parte se debe a la falta de fidelidad al evangelio de Jesús de muchos cristianos con especial responsabilidades políticas, económicas y  culturales.

 

La Iglesia ha de ser “la casa de los pobres”, nos recordó el Documento de Aparecida. Para que esto sea realidad urge crecer en la cultura del compartir, que nos exige también vivir con  sobriedad. Pero también la acuciante pobreza de tantos, nos exige como cristianos contribuir con ideas e iniciativas concretas que busquen revertir las causas de esta realidad.

 

En el Documento de Aparecida recibimos este llamado: “La parroquia tiene la hermosa ocasión de responder a las grandes necesidades de nuestros pueblos. Para ello, tienen que seguir el camino de Jesús  y llegar a ser buena samaritana como Él. Cada parroquia debe llegar a concretar en signos solidarios su compromiso social en los diversos medios en que ella se mueve con toda la imaginación de la caridad. No puede ser ajena a los grandes sufrimientos que vive la mayoría de nuestra gente y que, con mucha frecuencia, son pobrezas escondidas. Toda auténtica misión unifica la preocupación por la dimensión trascendente del ser humano y por todas su necesidades concretas, para que todos alcancen la plenitud que Jesucristo ofrece” (Nº 176).

 

En esta Navidad, nuestro encuentro con Cristo que nos trae la paz no puede dejar de pasar por el camino de nuestro compromiso por combatir la pobreza. “Todo lo que tenga que ver con Cristo, tiene que ver con los pobres y todo lo relacionado con los pobres reclama a Jesucristo” (Nº 393 de Aparecida).

 

 

 3. La Paz: don de Dios y tarea de cada día

 

Y ya muy cercanos a Navidad, el 22 de diciembre, queremos unirnos en acción de gracias a Dios por el don de la paz argentino-chilena. Acción de gracias que nos abrirá a ser siempre defensores y constructores de la paz. Felizmente hace 30 años, precisamente el 22 de diciembre, ya a punto de iniciarse la guerra con nuestro pueblo hermano de Chile, pudimos descubrir el absurdo de la guerra. Y así, con la mediación del Papa Juan Pablo II se iniciaba el diálogo Argentino-Chileno, que cinco años más tarde nos regalara el “Tratado de Paz y Amistad” entre ambos pueblos.

 

El camino del diálogo nos permitió resolver los conflictos sin la violencia, sin la guerra. Hoy también necesitamos en todos los órdenes de la sociedad hombres y mujeres que frente a la conflictividad, lejos de acrecentar la confrontación, buscan consensos a través del diálogo.

 

Celebrar este hito de nuestra historia debe llevarnos a renovar nuestra opción por el diálogo, como único camino de la paz.

 

En nuestro caminar como Nación, y en particular como región patagónica, hay muchas heridas de ayer y otras más recientes que deben sanarse. El tiempo no basta para sanar. El camino es el encuentro que exige aprecio mutuo, y que implica saber perdonar. Encuentro que se concreta en un diálogo sincero y en la búsqueda del bien común, renunciando a intereses mezquinos personales y/o sectoriales, optando por la vida plena de todos, sin excluir a nadie.

 

En esta Navidad no dejemos de contemplar a la familia de Nazareth, -Jesús, María y José-  para descubrir en ella los caminos de la verdadera paz: “saberse amados por Dios”.

 

¡Fecundo Adviento y Feliz Navidad! ¡Próspero Año 2009 para todos, construido en la opción por la vida, el perdón y la paz!

 

Rezamos por ustedes, recen por nosotros.

Reciban nuestro saludo fraterno y nuestra bendición personal.

 

Mons. Virginio D. Bressanelli, obispo de Comodoro Rivadavia

 

Mons. Esteban M. Laxague, obispo de Viedma

 

Mons. Fernando C. Maletti, obispo de San Carlos de Bariloche

 

Mons. Marcelo A. Melani, obispo de Neuquén

 

Mons. Néstor H. Navarro, obispo del Alto Valle del Río Negro

 

Mons. Juan C. Romanín, obispo de Río Gallegos


Publicado por verdenaranja @ 22:43  | Hablan los obispos
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