Viernes, 19 de diciembre de 2008

Mensaje de Mons. Wilfredo Pino Estévez, Obispo de la diócesis de Guantánamo-Baracoa (Cuba) enviado a todos los fieles con motivo de la Navidad y año nuevo-2009

 

MENSAJE DE MONSEÑOR WILFREDO PINO ESTÉVEZ,

OBISPO DE LA IGLESIA CATÓLICA DE  GUANTÁNAMO-BARACOA,

CON MOTIVO DE LA NAVIDAD Y AÑO NUEVO-2009

 

 

Queridos hijos e hijas: Este tradicional canto que escuchábamos se llama Noche de Paz y es el villancico o canto de Navidad más conocido en el mundo. Fue compuesto por el austriaco Franz Gruber en 1818 (hace exactamente 190 años) y se ha traducido a 330 lenguas. ¡Felicidades! quiere desearles hoy su Obispo porque esta noche es Nochebuena y mañana, Navidad.

 

La Navidad , como lamentablemente no es conocido por todos los cubanos, es la fiesta que recuerda el nacimiento de Jesucristo, hace más de dos mil años. Jesucristo v ino tan igual a nosotros, tan idéntico, que parecía uno más de la familia. Niño como todos los niños. Pobre y necesitado como muchos en este mundo. Nació, bajo la serena mirada de la Virgen María y su esposo José, en un pequeño e insignificante pueblo que, todavía hoy, se llama Belén. No escogió Roma, Grecia, Mesopotamia ni Egipto, que eran grandes pueblos de aquellos tiempos... No había televisión ni periodistas que cubrieran el acontecimiento. Los primeros en enterarse de su nacimiento, los primeros en estar con él, fueron los humildes, la gente sencilla, unos pastores que cuidaban sus ovejas en medio de la noche y oyeron aquel mensaje de gozo: "Les anuncio una gran alegría: hoy les ha nacido el Salvador que es Cristo, el Señor" (Lc. 2, 11). Por eso a esta noche el mundo entero le llama la Nochebuena porque en ella nació Jesucristo, la luz que llegaba para iluminar a todos.

 

Después de los pastores tendrían su oportunidad los "sabios de este mundo" representados en aquellos que la tradición popular llama Melchor, Gaspar y Baltasar, o los Tres Reyes Magos, que vinieron de lejos, "del Oriente", con los regalos del oro, el incienso, la mirra... y sus rodillas. Ellos, arrodillados, reconocieron que nadie hay más grande que Dios.

 

Pero lo cierto es que la gran mayoría de la humanidad no se enteró de la buena noticia del Dios hecho hombre. Ya siglos antes, los primeros hombres buscaron a Dios a tientas y consideraron dioses o manifestaciones divinas a los fenómenos de la naturaleza que ellos no sabían explicar como el sol, la luna, los rayos, la lluvia, los terremotos, los eclipses, etc. Hubo ¡y hay todavía! regiones de la tierra donde se les rindió o rinde culto, como si fueran dioses, a vacas, serpientes, toros, carneros, cocodrilos, halcones, leones y hasta gatos.

 

También hoy día hay personas que no conocen al Dios de Jesucristo y buscan sinceramente a Dios. Ciertamente, el ateísmo tampoco resulta simpático entre nosotros, los cubanos, capaces incluso de afirmar que “hay que creer en algo” . A ese “algo” muchos le llaman el Poder Superior, el Gran Arquitecto, el Justo Juez, el Ser Supremo, el Creador, el Altísimo, el Gran Poder, etc. Fue con el nacimiento de Jesucristo, y porque él nos lo enseñó, que los hombres empezamos a llamar a Dios: Padre nuestro, que los hombres comenzamos a conocer qué cerca estaba Dios de nosotros. Por eso alguien una vez confesó: “Durante 30 años anduve buscando a Dios. Cuando por fin abrí los ojos y lo encontré, me di cuenta que era él el que me buscaba”. Ése podría ser tu caso.

 

Cada Navidad es fiesta para Dios y para los hombres. Con San Agustín debemos repetir: “Nos has creado para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. Meditemos lo que nos dice San Juan en su Evangelio: “Tanto amó Dios al mundo que nos dio a su Hijo único, Jesucristo, para que no se pierda ninguno de nosotros”. ¡Reconozcamos humildemente que muchas veces dimos la espalda al Dios verdadero, al Dios de Jesucristo, y convertimos en dioses a hombres de carne y hueso como nosotros, o endiosamos ya no a la luna ni a los eclipses sino al dinero, el poder, la fama, el sexo, la opinión de los demás, la comida, la bebida, los bienes materiales, etc!

 

Para recordar el Nacimiento de Jesucristo se construyó en Belén la Iglesia de la Natividad , cuya puerta principal, curiosamente, sólo tiene poco más de un metro de altura, por lo que todos los que quieran entrar tendrán que agacharse. Todos… menos los niños, que pueden pasar por la puerta sin problemas. Y aquí ya tenemos una lección que aprender: para acercarse a Dios es necesario “hacernos niños”, bajar la cabeza, reconocer nuestra pequeñez, rebajarnos, ser humildes o, como dice un refrán africano, “bajarnos del elefante” en que nos hemos subido y aceptar que los hombres podemos tres o cuatro cosas pero que sólo Dios lo puede todo… que todos somos una y mil veces pecadores mientras que Dios es el único tres veces santo… que Dios, y no ningún hombre, es el que es eterno, quien todo lo sabe, el que todo lo ve, el que es perfecto… Sólo los niños, y los que son como los niños, pueden acercarse serenamente al pesebre de Belén y entender a Dios.

 

La Navidad fue, es y debe seguir siendo la fiesta de la familia. ¡Que Dios bendiga toda iniciativa que ustedes tengan para reunir en estos días a sus familiares bajo un mismo techo, o alrededor de una misma mesa, o juntos en una iglesia! ¡Que todos sepamos valorar nuestros apellidos, que nos recuerdan a qué familia pertenecemos, y a qué familiares debemos proteger! ¡Que de manera especial tengamos un gesto para con las personas conocidas que, aunque no tengan nuestros apellidos, viven solas y no tienen a nadie con quien compartir! ¡Que no nos olvidemos en estos días de los viejitos de los Asilos, de los presos y de los enfermos sin familia! ¡Que recemos juntos en el hogar porque “la familia que reza unida, permanece unida”!

 

No debemos olvidar que, en esta ocasión, la Navidad será difícil para muchos. Estamos terminando un año que, para muchas familias, ha sido muy duro. Tres huracanes les han hecho la vida aún más difícil a un buen número de hogares cubanos. Y Dios nos ha puesto por delante la gran oportunidad de practicar la caridad para con los necesitados. Si impresionante fue aquella imagen de una enorme ola pasando sobre el edificio de cinco pisos del malecón de Baracoa, más impresionante ha sido la también enorme ola de solidaridad y ayuda que se levantó aquí y más allá de nuestras fronteras para ayudar a los damnificados. Es verdad que, por el mal tiempo, no pudimos tener las Procesiones con la imagen de la Virgen de la Caridad , y fue una pena, porque se estaban preparando con mucha dedicación y había mucho entusiasmo. En cambio, tuvimos la gran oportunidad de practicar la caridad, que es mucho mejor y más importante que muchas Procesiones juntas. En ello está trabajando ahora la Iglesia en Baracoa y en toda Cuba: ¡haciendo una gran procesión nacional con la virtud de la caridad! ¡Qué extraordinario comienzo en este Trienio de preparación para las celebraciones del 400 aniversario del hallazgo y presencia de la imagen de la Virgen de la Caridad entre nosotros! ¡Ojalá que todos nos propongamos imitar al nuevo beato cubano, el Padre José Olallo Valdés, campeón en la caridad para con los pobres y necesitados!

 

Queridos todos: Un nuevo año está ya en el horizonte y quisiera compartirles ahora mis humildes deseos para el 2009:

 

  He rezado para que la Iglesia , nuestra Iglesia, sepa y pueda llegar siempre a tiempo en este año. Y que, por llegar a tiempo en la persona de cualquiera de nosotros, aquel que estaba pensando en suicidarse, el matrimonio que estaba por romperse, el borracho abandonado, cualquier preso, la pequeña criatura que iba a ser abortada… encontraron en nosotros el apoyo necesario para su salvación.

 

  Recé y rezo para que las cosas mejoren en Cuba. Recé y rezo para que el Señor nos ilumine a los cubanos que siempre hemos tenido la fama de ser ingeniosos a la hora de buscar soluciones a los problemas. Que no temamos al diálogo entre cubanos aunque pensemos diferente, porque, como decimos en Cuba, “la gente, hablando, se entiende”.

 

  He pedido que el Espíritu Santo ilumine a nuestros gobernantes, a los que dirigen la economía. Que la situación internacional mejore. Que mejoren las relaciones entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba. Que haya más y mejores fuentes de trabajo y al obrero le alcance su salario para mantener su familia. Que ningún trabajador en Cuba pregunte más a un compañero de trabajo “¿cuál es la búsqueda aquí?”. Que todo obrero sepa que trabajando y esforzándose, el bienestar de su familia estará realmente asegurado en el presente y en el futuro.

 

  Pedí igualmente para que en este año sepamos ser agradecidos con tantos amigos y familiares del extranjero que se preocupan por ayudarnos. Pero confieso que también recé para que los cubanos no nos acostumbremos a vivir de donaciones y gestos solidarios o del dinero que mande la familia del extranjero… y nos habituemos al dinero fácil, sin sudar la camisa. Que los cubanos no lo esperemos todo “de afuera” y que también nos acordemos que muchísimos de entre nosotros no tienen a nadie en el extranjero que les mande algo.

 

  Y como el refrán dice “año nuevo, vida nueva”, le pedí a Dios que en este próximo año todos seamos un poquito mejores. ¡Tantas personas a nuestro alrededor están necesitadas de que se les escuche, se les oriente, se les dé amor, se les ayude! ¡Que ningún cubano tenga que enseñar dinero a los choferes que circulan por nuestras carreteras para que le hagan la caridad de recogerlo! Con optimismo, todos debemos realizar lo que enseña un proverbio italiano: “Si cada pequeño hombre, en su pequeño mundo, hace una pequeña cosa, el mundo cambia”.

 

Termino dándoles mi bendición. Que esta bendición por la Navidad vaya, de manera especial, sobre los enfermos, los presos, los minusválidos, los que viven solos, los que están lejos de su familia y de su tierra cubana, los que se sienten tristes, los que perdieron sus casas, los albergados, los matrimonios sin hijos o con hijos difíciles, para que no se cansen de hacer el bien.

 

¡Que la bendición de Dios Todopoderoso: Padre, Hijo y Espíritu Santo,

descienda sobre todos ustedes y los acompañe hoy y siempre. Amén!

 

 


Publicado por verdenaranja @ 22:50  | Hablan los obispos
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