Lunes, 22 de diciembre de 2008

Texto de S. Agustín, Ser. 290, 4-5, publicado en cuaderno de Caritas para ADVIENTO Y NAVIDAD 2008-2009 en relación con el cuarto domingo de Adviento.

EN ZACARÍAS PUEDE LA DUDA, EN MARÍA PUEDE LA FE

 

Zacarías busca saber del ángel algo que le permita conocer lo que se le acaba de anunciar, porque él era anciano y la mujer entrada en años, y se le responde: Por no haber creído te quedarás mudo. Se anuncia a la virgen María el nacimiento de Cristo, y, preguntando el modo, dice al ángel: ¿Cómo sucede­rá eso, pues no conozco varon? (Le 1,34). Y el ángel le responde: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra (Lc 1,35). He aquí cómo sucederá lo que deseas saber; he aquí cómo darás a luz sin conocer varón; he aquí cómo el Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra (Lc 1,35). No temas el ardor de la concupis­cencia estando a la sombra de tan grande santidad. ¿A qué se debe esto? Si prestamos atención a las palabras, o ambos creyeron, o ambos dudaron, tanto Zacarías como María; pero nosotros sólo podemos escuchar las palabras; Dios puede interrogar también el corazón.


Queremos comprender, amadísimos, que cuando Zacarías dijo ¿Cómo co­noceré eso? Yo soy anciano y mi mujer entrada en años (Lc 1,18), lo dijo no preguntando, sino mostrando su falta de esperanza. En cambio, María al de­cir: ¿Cómo sucederá eso, pues no conozco varón? (Lc 1,34) lo dijo preguntan-do, no porque no lo creyese. Hizo una pregunta a Dios, sin dudar de la prome­sa. ¡Oh llena de gracia en verdad! Así la saludó el ángel: Salve, llena de gracia (ib., 28). ¿Quién cabra explicar esta gracia? ¿Quién será capaz de agradecer lo suficiente esta gracia? Tiene lugar la creación del hombre; por su propia vo­luntad perece el hombre, y aparece hecho hombre quien creó al hombre para que no pereciera el hombre que creó. La Palabra, Dios junto a Dios desde el principio, por la que fueron hechas todas las cosas, se hace carne: La palabra se hizo carne y habitó entre nosotros (Jn 1,14). La Palabra se hace carne, pero uniéndose la carne a la Palabra, sin que desaparezca la Palabra en la carne. ¡Oh gavia! ¿Qué habíamos merecido para tener esto?


(S. AGUSTÍN, Serm. 290, 4-5)


Publicado por verdenaranja @ 22:29  | Espiritualidad
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