Lunes, 22 de diciembre de 2008

Ideas para la HOMILÍA del día de la Natividad del Señor 2008 publicadas en cuaderno para ADVIENTO Y NAVIDAD 2008-2009.

 

NIÑO DIVINO, ENSÉÑANOS A SER HUMANOS

 

Dios no se hizo hombre para destruir nuestra naturaleza, sino para curarla y enriquecerla. Dios no quiere deshumanizar al hombre, sino humanizarlo más. Él mismo se nos manifestará como el hombre perfecto, no como super-hombre, sino como humano del todo.

 

Cuando hablamos de ser «humano», estamos refiriéndonos a una realidad buena. Quiere decir, según el diccionario, ser: afable, afectuoso, agradable, benévolo, benigno, caritativo, compasivo, comprensivo, comunicable, condes­cendiente, considerado, cordial, humanitario, indulgente, liberal, magnánimo, misericordioso, propicio, sensible...

 

Son hermosos calificativos. Este conjunto de cualidades es lo que nos hace iconos de Dios, pues estamos hechos a su imagen y semejanza. Nace Jesús para que esta imagen y semejanza resplandezca en toda su gloria y su esplendor.

 

En el hombre hay también tinieblas. Ser hombre es peligroso. La historia nos muestra los lados sucios y oscuros del corazón humano, que pueden llegar a profundidades abismales. Nace Jesús para vencer estas tinieblas y liberarnos de nuestras terribles esclavitudes. El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande.

 

 

NIÑO DIVINO. ENSÉÑANOS A SER DIOSES

 

Jesús se revistió de la naturaleza humana. Nosotros le enseñamos a ser hombre. Él quiere enseñarnos a ser dioses. ¿Y qué es ser Dios?

 

Dios tiene muchos nombres y muchas cualidades. Los atributos humanos los tiene en grado infinito y misterioso. Dios es afable, afectuoso, benévolo... Pero hay algunos que le definen mejor, como la caridad, la compasión, la mi­sericordia (cf Ex 34, 6; 1 Jn 4, 8.16). Enseñaba recientemente Benedicto XVI: «Misericordia es sinónimo de amor, de gracia. En esto consiste la esencia del cristianismo, pues es la esencia del mismo Dios. Dios (...) porque es Amor es apertura, acogida, diálogo; y su relación con nosotros, hombres pecadores, es misericordia, compasión, gracia, perdón». Dios es comunicación, comunidad, comunión. Dios no es mónada aislada, no es solitario o individualista. Dios es familia. Dios es Trinidad.

 

Por eso, lo más esencial del hombre es su capacidad de apertura y común unión. El hombre, para ser verdaderamente humano, necesita del otro, de los otros. Sin el otro yo no sabría nada de mí mismo, ni siquiera mi nombre. El otro me vacía y me plenifica. El otro rompe mi curvatura y me abre a nuevos hori­zontes. El otro me estimula y me agranda. El otro me da muerte y me da vida.

 

«Al ser humano le constituye esencialmente su capacidad de apertura a los demás, al mundo, al ser. Pues bien, en Jesús esa apertura al Ser de Dios ha­bría sido (...) tan total que en ella se habría dado la absoluta identificación de Jesús con Dios» (Zubiri)

 

Jesús nace para multiplicar los iconos trinitarios. Quiere unir a todos los

hombres en un abrazo. «Él es nuestra Paz (...) dando en sí mismo muerte a la enemistad» (Ef 2, 14.16). El consagró la familia humana, fuente de amor y de vida, y quiso hacer de todos los pueblos una gran familia.

El que cree en Jesús, el que comulga a Jesús, debe luchar contra toda divi­sión e individualismo, y debe crear e intensificar lazos familiares y sociales, amistosos y solidarios.

 

NIÑO DIVINO, ENSÉÑANOS A SER NIÑOS

 

Nosotros queremos ser mayores. Queremos cosas grandes. Nos encanta construir torres elevadas hasta el cielo. Queremos ser dioses, pero a nuestro modo, escalando a costa de lo que sea peldaños de gloria y de poder.

Pero el Dios verdadero bajó hasta nosotros despojándose de gloria y de poder. Se hizo niño. Nos enseñó los caminos de la humildad y del servicio, de la esperanza y del amor. Son los caminos que nos divinizan, nos llevan directa-mente a Dios.

 

Si quieres ser Dios, fíjate en el modelo navideño. Encontrarás, como decía

el ángel, un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre. También en­contrarás a María y a fosé, sus padres. Son como un retrato de la familia divi­na. Y son el fermento de una humanidad nueva, entrañable y solidaria, gozosa y liberada, abierta y acogedora. Ya puedes empezar a soñar.

 

«Tú naciste en Belén. Tú fuiste envuelto en pañales por María

y recostado en el pesebre lleno de paja.

 

Tú fuiste calentado con el aliento del borrico sobre el que viajó tu madre cuando te llevaba en su seno» (M. Teresa de Calcuta).


Publicado por verdenaranja @ 22:39  | Espiritualidad
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