Viernes, 26 de diciembre de 2008

Ejemplos que nos ayudan, traídos de aquí y de allá, publicados en la HOJA DE DIFUSIÓN PARROQUIAL DE SANTA RITA DE CASIA DE PUNTA BRAVA Y DE SAN PABLO APÓSTOL EN LAS DEHESAS - `PUERTO DE LA CRUZ "Como las Hormigas", número 121.


Las Misas Gregorianas.
El Papa San Gregorio Magno hizo ofrecer en sufragio del alma de un monje recién falleci­do, llamado Justo, 30 Misas consecutivas sin interrupción. El día trigésimo, después de la celebración de la última Misa, aparecióse el alma del monje a Copioso, que era superior de su Orden, y le dijo: «Estaba padeciendo tormentos, y he aquí que estoy ya libre». De aquí provino que más tarde se hicie­ran ofrecer 30 Misas en 30 días no interrumpidos en sufragio de los difuntos, a las que se denominó Misas Gregorianas, por razón de su origen. El Santo Sacrificio de la Misa es el más valioso de los sufragios que se pueden ofrecer por las almas de los difuntos.

 

El hilo de oro y el de plata. Refería un párroco el siguiente caso experimentado por él mismo. Una mañana antes de despertar vio en sueños delante de sí a un muchacho ricamente vestido que sacaba de un pozo con una cadena de oro y otra de plata a una mujer vestida de blanco y que tenía la vista en alto con expresión afable. Al ir después el párroco a la Iglesia para celebrar la Santa Misa, encontró sentado en un banco a aquel mismo muchacho que había visto ensueños. Cuando, terminada la Misa, volvía el párroco a sus habitaciones, pasando por el cementerio, vio a aquel misma muchacho de pie ante una tumba. Espontáneamente se dirigió el párroco hacia él y le preguntó por qué razón había ido aquel día a Misa y después al cemen­terio. Contestó el muchacho: «En esta tumba yace mi madre y hoy es su aniversario. He oído, Misa par ella y después he venido a rezar algunas Padrenuestros ante su sepulcro». Entonces apareció claramente al párroco la significación de aquel sueño que había tenido antes de des­pertar y fue persuasión suya que probablemente el muchacho había aquel día librado a su madre del Purgatorio. La cadena de oro simbolizaba, pues, el Sacrificio de la Misa, y la de plata la plegaria del muchacha ante el sepulcro. El Santo Sacrificio de la Misa aprovecha a las pobres almas mucho más que toda otra obra buena, pues en él es el mismo Cristo la víctima y el sacerdote. El valor de un don es tanto más crecido, cuanto más noble es el dador y más preciosa la cosa ofrecida.


Del banquete a la vista de los presos. Un castellano de la Edad Media, cuando existían todavía señores y vasallos, dio un gran banquete a sus amigos. Mientras los convidados departían alegremente entre música y cantos, la noble hija del castellano abandonó calladamente la sala, pidió las llaves de la puerta de hierro de la cárcel, donde gemían entre cadenas muchos pri­sioneros pálidos y extenuados, y abriéndola ella misma, penetró en la mazmorra, donde a la débil luz de una linterna distribuyó entre los pobres encarcelados manjares y bebidas que había traído consigo en un cesto. A los prisioneros, que no encontraban palabras para expresar su gratitud, les pareció recibir la visita de un ángel enviado por el mismo Dios. Lo mismo acontece actualmente. Mientras la mayor parte de los hombres se entregan a las diversiones y a los placeres, las pobres almas del Purgatorio padecen inenarrables dolores. ¿Qué obra más noble que la de acordarse de esas pobres almas y socorrerlas con nuestras plegarias y obras bue­nas? iCuánta gratitud mostrarán las afligidas almas a sus bienhechores!


Publicado por verdenaranja @ 22:41  | Espiritualidad
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