S?bado, 27 de diciembre de 2008

Alfonso Aguiló

www.interrogantes.net

 

Vivir es parecido a escribir una novela. En la novela, el autor va, frase a frase, perfilando los personajes, el argumento, el estilo; y en cada instante tiene que decidir la palabra que escribe a continuación, que sin duda viene condicionada por todas las que ha escrito antes. En la construcción de la propia vida, hay también un constante encuentro entre la inercia de todo lo que ha habido anteriormente y el empeño por conducir lo que viene después.


        Igual que el lenguaje al novelista, la naturaleza impone a nuestra vida unas reglas y unas estructuras que hemos de aceptar. Pero si nos limitáramos a seguir sin más sus rutinas, caeríamos en un automatismo acartonado. Mantener un buen estilo –tanto en el escribir como en el vivir– es siempre un equilibrio entre aceptar lo que nos viene dado y al tiempo aportar creatividad personal.


        — Pero a veces nos sentimos poco autores de nuestra propia biografía, y vemos nuestra vida muy determinada por el azar, por los impulsos del propio temperamento, o por las circunstancias de nuestro entorno y tantas coyunturas impuestas que dejan poco sitio a nuestra libertad personal.


        Reconocerse como autor de la propia vida, aunque a veces el determinismo o el azar parezcan querer guiarnos como a una marioneta, es algo asequible. Sólo los humanos podemos (siempre relativamente, desde luego) romper con las supuestas fatalidades de nuestro origen y nuestro entorno, en vez de resignarnos sumisamente a ellas. Podemos compensar las deficiencias de nacimiento con elecciones propias que nos eleven por encima de lo rutinariamente previsible. Por eso se ha dicho que la educación es, en cierto modo, un intento de rescatar al hombre de la fatalidad zoológica o de la limitación agobiante de la mera experiencia personal, para impulsarle por un camino de libertad plenamente humana.


        Es preciso poner esfuerzo en sacudirse la inercia, mantener a pulso la libertad, nadar contracorriente siempre que haga falta, y reírse de lo que deba uno reírse pero tomarse muy en serio las cosas serias. El ser humano puede elegir lo que quiere aprender, adquirir voluntariamente determinadas capacidades, intervenir en el flujo de información que le llega, decidir sobre su comportamiento: en definitiva, puede decidir cómo quiere ser.


Cuando se es joven, generalmente se piensa poco en esto. Pero cuando pasan los años, es más fácil ver que el camino recorrido es como una senda llena de bifurcaciones, de flechas que señalan direcciones diferentes. Tomamos algunos de esos desvíos casi sin darnos cuenta, otros ni siquiera los vimos, y tampoco sabemos bien adónde nos habrían llevado esos otros que dejamos de lado, si a un sitio mejor o peor, aunque muchas veces es fácil de imaginar. Cada vez que llegamos a un desvío, en la decisión de pasar de largo o tomarlo, a menudo está en juego mucho.


        La vida se desarrolla entre una sucesión de continuas decisiones.


        No se trata de añorar las posibilidades de cada camino lateral que dejamos de tomar, pero sí de avanzar por nuestro camino con los ojos bien abiertos, para no equivocarnos.


        Podríamos concluir, con Schumacher, que el futuro está siempre haciéndose, pero que se hace principalmente con el material ya existente. Nuestro porvenir está vertebrado por esa fuerza misteriosa y rebelde que es la libertad creadora del hombre.


        El futuro no es inexorable, el futuro está entretejido de libertad.


NOVEDADES FLUVIUM


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