Domingo, 28 de diciembre de 2008

Comentario a las lecturas del domingo de la Sagrada Familia – B publicao en Diario de Avisos el domingo 28 de Diciembre de 2008 bajo el epígrafe “el domingo, fiesta de los cristianos”.

 

Uno para todos y...

 

DANIEL PADILLA

 

Uno para todos y todos para uno". Ese era el juramen­to de lealtad que se hacían "los tres mosqueteros" en la famosa novela de Dumas. Y, en todas sus aventuras, allá estaban como una piña. Ayudándose y al quite.

 

Pero, muchos siglos antes, hubo "otros tres mosqueteros" que, en los mil episodios de su aventura humano-divi­na, practicaron ese lema con todas sus consecuencias. (Y que Dios me perdone la osadía de la comparación, porque me estoy refiriendo a la Sagrada Familia).

 

Hoy andamos todos preocupados con el tema "familia". Unos, la condenan hasta pedir su muerte. Otros, la exaltan hasta el infinito. Los primeros dicen que la familia es la que crea, ya en embrión, las alienaciones, esclavitudes, discrimi­naciones y ansias de poder o mando del futuro hombre. Los segundos, propugnan un modelo de familia único, invaria­ble, tradicional, válido para todas las épocas, en el cual si­gan imperando las costumbres y modus vivendi del pasado.

 

¿Qué pretende la Iglesia, cuando, apenas nacido el Niño, quiere que miremos a la Familia Sagrada, a la familia de Na­zaret?

 

Creo, amigos, que siempre hay que distinguir el "fondo" de la "forma".  No hace falta ser perito en sociologías y an­tropologías para saber que, por simple evolución de la historia, la familia ha ido transformándose en cuanto a su "forma". Primero, existieron los "clanes", formados por víncu­los de consanguinidad. Después vinieron las familias de "no consanguíneos" pero en régimen de clan. Con la revolución burguesa, la pareja con sus hijos busca autonomía fuera del clan, aunque sigue siendo fuertemente patriarcal y numerosa. La revolución industrial trajo una familia nuclear urbana, menos numerosa y más dependiente de la sociedad.

 

Finalmente, hoy, la familia se ha hecho pluriforme y movida, con la paulatina promoción de la mujer, las libres op­ciones de los hijos al trabajo, el estudio y las diversiones, con el consiguiente vaivén de horarios y estilos. Es decir, ha sido la "forma" de la familia, su realización cultural, la que ha evolucionado.

 

Pero la Iglesia, al hablarnos de la Sagrada Familia, no quiere proponemos un modelo antropológico determinado: la de los tiempos de Jesús, María y José. Sino el "clima" que en ella reinaba, el secreto y la fórmula de su funcionamien­to perfecto. Fórmula y secreto que no es otro que el "uno pa­ra todos y todos para uno". Slogan que tiene dos interpretaciones que se complementan.    

 

Una. Cada uno ha de pensar en, hablar con, y trabajar para todos. ¡Qué conmovedor resulta ver a María, que, unida a José, estaba pendiente del niño: "Tu padre y yo, con dolor, te buscábamos"! ¡Qué hermoso contemplar a José desvelado por María y Jesús: "Tomó al Niño y a su madre"...! ¡Qué

estremecedor el vivir de Jesús de Nazaret: "Bajó a Nazaret y les estaba sumiso"!

 

Mucho me temo que los componentes de la familia de hoy no estamos en ese "uno para todos", sino en "vivir cada uno su vida". Y eso, amigos, se llama "egoísmo". Y el "ego" es el que engendra todo lo que mina la familia: el autorita­rismo, el divorcio, la infidelidad, el aborto...

 

Y dos. Hemos de trabajar "todos para uno". Así con mayúscula. No es mala cosa eso de vivir el propio rol fami­liar -padre, madre o hijo- como el mejor modo de "dar glo­ria a Dios". Ya que Él no ha querido otra cosa que salvarnos a todos: "Uno para todos".


¿Verdad que, así explicadas las cosas, me perdonarán que me haya acordado de "los tres mosqueteros", al hablar de la Sagrada Familia?


Publicado por verdenaranja @ 21:56  | Espiritualidad
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios