Domingo, 28 de diciembre de 2008

Mensaje navideño de la Conferencia Episcopal de Australia, firmado por el Presidente del episcopado, Su Exc. Mons. Philip Wilson, Arzobispo de Adelaide.

 

Mensaje de Navidad

Arzobispo Philip Wilson, Presidente de ACBC

18 de Diciembre de 2008


Uno de los aspectos interesantes de la crisis económica mundial es cómo parece haber sorprendido a tantas personas, incluyendo a los expertos en economía, por su envergadura y escala. Día tras día, páginas de periódicos y horas de programas se dedican al análisis de lo que estuvo incorrecto y cómo puede ser rectificado. Todos nosotros, desde el Presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos hasta la persona de la calle, estamos intentando dar sentido a todo ello.

 

Una cosa que sabemos de esta crisis es que nos afecta a todos por diversas vías. A medida que las reservas quiebran, negocios e industrias fracasan, los gobiernos buscan responder y los individuos y familias intensifican el control del dinero para prepararse para lo que parece una carretera hacia delante llena de baches. Muchas personas han observado que el fondo de los ahorros de su jubilación se ha roto, otras  han tenido los ahorros guardados por instituciones financieras e, incluso cayendo el tipo de interés, las familias están manteniendo una mirada cautelosa sobre la seguridad de su trabajo y los compromisos de su hipoteca.

 

Los proveedores de caritas y servicio social están también sintiéndolo. Un informe reciente de Economía de Acceso para Servicios Sociales Católicos de Australia, Anglicare Australia, el Ejército de Salvación y Cuidado Unido de Australia examinó el impacto de la crisis financiera global en los servicios sociales. Encontró que la crisis tendrá un impacto agudo sobre los miembros más desfavorecidos de la sociedad,  además de presionar a números crecientes de asalariados de ingresos bajos y medios a buscar los servicios de las ya debilitadas agencias de bienestar. El informe dice que con el desempleo que se espera  aumente el próximo año, los servicios más inmediatamente afectados por las condiciones económicas deterioradas incluyen: trabajo, casa, asesoramiento financiero y general y ayuda de emergencia.

 

Y de esta manera  esta Navidad, prevalece un sentimiento general de incertidumbre. Quizá más que nunca, todos estemos buscando las bendiciones tradicionales de la temporada Navideña – alegría, paz y buena voluntad a todas las personas. Mucha de la ansiedad que podemos sentir acerca de la crisis económica global proviene porque sabemos que no podemos controlarla. Las decisiones que se tomen para  tratar esta situación global se harán por otros, pero afectarán a nuestras vidas .Esta Navidad, los cristianos por todo el mundo sacarán fuerza del conocimiento que lejos de ser un diente anónimo en la maquinaria económica, cada ser humano es precioso, habiendo sido creado individualmente, conocido, y amado por Dios. De hecho, Dios nos ama tanto que él llegó  a ser humano. Y cuando Dios llegó a ser humano no nació en  una situación de riqueza o prestigio. No ganó millones de bonificaciones en hipotecas de riesgo elevado o en industria de cuentas de fondo de su día. Jesucristo nació de una humilde doncella en un establo y criado por un carpintero. Y aún a pesar de estos principios humildes, Jesucristo tuvo un impacto profundo en el mundo y continúa estando presente en las vidas de las personas hoy día.

 

Esta Navidad, pido que todas las personas de buena voluntad den una mirada nueva al Niño-Cristo. Cuando recibimos a Cristo en nuestros corazones y en nuestras vidas, empezamos a tener sentido de las cosas que suceden en torno nuestro. Esperanza, alegría y paz empiezan a tomar los márgenes de nuestra ansiedad y medo, y la buena voluntad y generosidad para nuestro prójimo en necesidad sin duda fluirán.


Que la esperanza, la paz y la alegría de Navidad están con todos vosotros.

 

(Traducción particular no ofical dese el inglés)


Publicado por verdenaranja @ 23:58  | Hablan los obispos
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