Lunes, 29 de diciembre de 2008

Lectio Divina para la Solemnidad de Santa María Madre de Dios propuesta por la Delegación de Liturgia de la Diócesis Nivariense.

1 de Enero de 2009 
Octava de Navidad: Solemnidad de Santa María Madre de Dios.

 

Lectura del Evangelio según San Lucas: (2, 16-21)

 

En aquel tiempo los pastores fueron corriendo y encontraron a María y a José y al Niño acostado en el pesebre. Al verlo, les contaron lo que les habían dicho de aquel niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.

          Al cumplirse los ocho días tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, como lo había llamado el ángel antes de su concepción.

 

          Palabra del Señor.

 

Lectio: ¿Qué dice el texto bíblico en su contexto?

 

          Éste texto continúa el pasaje que se ha proclamado en la misa de medianoche, Nochebuena, y que terminaba con el anuncio del ángel a los pastores del nacimiento de Jesús: “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es el Mesías, el Señor”. (cfr. Lc 2, 11) Aquí les vemos salir corriendo en busca de la “señal” que el ángel les ha anunciado: “Esto os servirá de señal: encontraréis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”. (cfr. Lc 2, 12).

          En el comentario del pasaje de Nochebuena ya dijimos que Lucas presenta su relato del nacimiento de Jesús siguiendo los tres momentos del anuncio misionero: la narración del acontecimiento (el censo, y el nacimiento de Jesús en situación de pobreza, el anuncio hecho a los pastores (primeros testigos de la Salvación) y la acogida del anuncio (los pastores van a la gruta y encuentran a Jesús). Aquí estamos, pues, asistiendo al tercer momento en el que los pastores se dirigen inmediatamente a Belén y encuentran todo como les había sido anunciado.

          “…los pastores fueron corriendo…” (Lc 2, 16) expresa la premura ante el gozoso anuncio recibido. La Buena Nueva es de tal calado que no importa adentrarse en los peligros del camino a oscuras a una hora intempestiva. El pueblo de Dios que tanto ha anhelado la llegada del Mesías durante generaciones, sabe que asiste a un momento definitivo en su propia historia de Salvación.“Y encontraron (…) al Niño acostado en el pesebre”. (Lc 2, 16) Es el momento en del hallazgo y la experiencia humana y espiritual para el creyente que busca.

“Al verlo, les contaron lo que les habían dicho de aquel niño”. (Lc 2, 17) Es decir, tras haber encontrado, y habiéndose llenado con la experiencia vivida, el creyente se siente impulsado a dar un testimonio de vida. De éste testimonio nace  la reacción de asombro en los que habían escuchado el relato: “Todos los que lo oían se admiraban de lo que decían los pastores”. (Lc 2, 18)

          “Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lc 2, 19). En la parte final del pasaje encontramos esta referencia a María, que le hace apropiado para la celebración litúrgica en que se lee. El texto nos presenta a la Virgen en permanente actitud contemplativa hacia los hechos narrados y atenta a las palabras de los pastores acerca de Jesús-niño.

“Al cumplirse los ocho días tocaba circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús”. (Lc 2, 21) Por el rito de la circuncisión el niño entra a formar parte del pueblo elegido, pues en el marco de la Alianza entre Yahweh y Abraham es cuando le ordena: “…Todos vuestros varones serán circuncidados (…) eso será la señal de la alianza entre yo y vosotros. A los ocho días será circuncidado entre vosotros todo varón, de generación en generación…” (cfr. Gn 17, 10-12).

 

 Meditatio: ¿Qué me dice Dios a mí a través de la lectura?

 

          El pasaje del evangelio de San Lucas que venimos meditando se enmarca en los diversos motivos de festividad que confluyen en este día: es la Octava de Navidad, día en que Jesús fue circuncidado, recibiendo el nombre cuyo significado es “Yahweh salva”, hecho narrado en el último versículo de esta perícopa. Además, el calendario litúrgico ha unido a este día, por lo tanto, la fiesta dedicada al Santísimo nombre de Jesús, que anteriormente se celebraba al día siguiente.

          En éste día, además, se conmemora a la Santísima Virgen con el título que es fuente de cuantos se le atribuyen, Madre de Dios, de modo que las oraciones de la celebración Eucarística se presentan por mediación de María. Por último, al conmemorarse también el primer año del calendario civil, y desde hace algunos años se ha declarado como Día de oración por la paz, encontramos motivos también para concretar un compromiso palpable en este día a raíz de nuestra oración.

          La paz, shalom, es el don mesiánico por excelencia que Cristo resucitado trae a sus discípulos, es la salvación de los hombres y la reconciliación definitiva con Dios. Pero la paz también necesita encontrar su fundamento en las condiciones de verdad, de justicia, de amor y de libertad. Cristo viene a dar plenitud a la constante bendición de Dios en la antigua Alianza, ya que su misión abarca a toda la humanidad en un Plan de paz y fraternidad universales.

          La raíz de la paz, sin embargo, reside en el corazón de cada ser humano. ¿Estoy presto para acoger con prontitud, como los pastores de Belén, a Cristo Salvador con todas sus consecuencias en mi vida? Pero también es necesario tener la capacidad de ir meditando y ahondando en esta fe, como María, guardando en el corazón todas las maravillas que el Señor nos va revelando, tanto por medio de su Palabra, como por medio de los acontecimientos cotidianos. ¿Me esfuerzo en ir alcanzando este hábito?

         

Oratio: ¿Qué me hace decirle a Dios esta lectura?

 

          Oh, María, Reina de la Paz. Al comienzo de este año queremos orar por la paz del mundo, pero pedimos con el compromiso de esforzarnos por conocer los problemas que están de fondo en las graves divisiones que  afectan a tantos pueblos y naciones, sumiéndolos en la injusticia y falta de libertades.

          Ayúdanos con tu intercesión materna a mirar a nuestro mundo con los ojos compasivos con que tu Hijo nos enseñó a mirarlo, y estar más prontos para la misericordia que para la condena, más prestos a la indulgencia que a la crítica. Ayúdanos, asimismo, también para hacer nuestro corazón sensible ante la realidad con la que convivimos; que no caigamos en la indiferencia y la indolencia que nos lleva a la insensibilidad hacia lo que nos rodea.

          Tu, que guardabas y meditabas en el corazón la Buena Nueva recibida para toda la humanidad, haznos partícipes de esa virtud para no perder la capacidad de admiración ante las maravillas que Dios realiza cada día en los pequeños acontecimientos cotidianos. Que no nos dejemos vencer por las tinieblas de la injusticia y la violencia que amenazan a nuestro mundo, ya que ha venido a nosotros la Luz verdadera que ilumina a cada persona, y lo estamos celebrando en estos días festivos.

 

Contemplatio: Pistas para el encuentro con Dios y el compromiso.

 

Todos los que lo oían se admiraban.

María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.

Se volvieron dando gloria y alabanza a Dios por lo que habían visto y oído.

Le pusieron por nombre Jesús.


Publicado por verdenaranja @ 21:07  | Espiritualidad
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