Martes, 30 de diciembre de 2008
Publicado en la revista "Como las Abejas", número 42 Noviembre - Diciembre 2008.


Hemos de tener personalidad. Que todo el mundo sepa con claridad, de qué parte estamos. No podemos ser hoy "fu" y mañana "fa", ni tampoco estar en una actitud de indecisión, con posturas oscuras o ambiguas, que se pueda deducir una doble interpretación o una doble vida, o una doble personalidad. Ni ser como los camaleones que cambian de color según las circunstancias. Son del grupo de "ni FU ni FA'. Hemos de tener una actitud clara y definida o somos Fu o somos FA. No es honrado ser un "cambio de chaqueta" según la circunstancia. Muchas veces por lo que hay detrás somos unos interesados. Hemos de ser honrados y tener una postura clara con todas las consecuencias.


¡Dios mío! Cuánto se ha hablado de la humildad y cuánto nos falta para ser humildes. "La humildad es andar en la verdad" decía Santa Teresa. Y verdad es reconocer que somos limitados, que no lo sabemos todo, que no lo podemos todo, que no somos necesarios; pero también es reconocer que tenemos unas cualidades que Dios nos ha dado, para que podamos ser útiles a los demás, que tenemos que responder de los dones que Dios nos ha dado y no podemos quedarnos con los brazos cruzados. Hemos de ser conscientes y consecuentes de la misión que tenemos cada uno en el plan de Dios y luego todo lo que hagamos, hacerlo sin darle importancia, ni estar diciendo a todo el mundo lo que hemos hecho. ¿Qué tienes tú de bueno que no lo hayas recibido de Dios? Y si lo has recibido de Dios, ¿porqué te la hechas, como si lo hubieras hecho tú? Original solamente es Dios; pero el mismo Dios nos dio la inteligencia para que le echemos cabeza a lo que hacemos y nos dio la voluntad para echar adelante en la misión encomendada.


Dios rechaza a los soberbios y ama a los humildes; pero también a todo el mundo le
caen mal los "enterados" "los que se lo saben todo", "los que se creen necesarios", "los que miran por debajo del hombro a los demás", "los que se rebajan de los que ellos creen que son menos importantes". El pedante, el que anda presumiendo, "de lo que sabe" y "de lo que dice que sabe", se hace odioso y cae antipático. A todos nos encanta la gente sencilla, y cuantas más cosas sepas, o cuantas más categorías, o más cualidades tengas, si encima eres sencillo, más te admira todo el mundo. Uno debe aceptar las limitaciones, los desprecios, las críticas, el desprestigio y aún las calumnias como algo permitido por Dios para limar nuestro orgullo, nuestra vanidad y nuestro egoísmo. No lamentemos nunca de que no se nos tenga en cuenta. ¡Qué más da! Dios lo sabe todo y eso basta. No protestar por las contrariedades. Mantenernos en un mismo estado de ánimo cuando va todo bien o cuando las cosas no salgan tan bien.

 

Jamás alabarnos nosotros mismos de lo que hacemos. Si a alguien se le ocurre reconocer nuestros méritos, pues, que lo haga y nosotros para no ponernos "tontos", hemos de decir para nuestros adentros, ¿Qué podía hacer yo? "Fue Dios". Cualquier otro en mi lugar y con la misma ayuda del Cielo haría el doble. No nos comparemos nunca con los que a lo mejor han hecho menos que nosotros. Primero no tenemos que compararnos con nadie, ni censurar o criticar lo que otros hicieron o dejaron de hacer. ¿Qué sabemos nosotros de los motivos que alguien tiene para hacer o dejar de hacer alguna actividad? Tú a lo tuyo y yo a lo mío y cada uno a lo suyo. Si queremos compararnos comparémonos con los gigantes que ha tenido la humanidad y entonces nos quedamos chiquitos. Compárate con la Madre Teresa de Calcuta, con el Santo Hermano Pedro, o con San Francisco de Asís, o San Juan Bosco, o San Agustín, etc. Cuánto hicieron "sin echársela de nada" y lamentando el no poder hacer más.

 


Publicado por verdenaranja @ 23:24  | Espiritualidad
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