Viernes, 02 de enero de 2009

Articulo semanal del Padre Fernando Lorente, o.h. publicado en EL DÍA el miércoles 31 de Diciembre de 2008 en la sección C RITERIOS bajo el epígrafe “Luz en el Camino”.

Otro 31 de Diciembre

Luz en el Camino Fernando Lorente, O.H.

 

EL TIEMPO pasa, y en él nuestra existencia. El último día de cada año se nos ofrece como una excepcional oportunidad para una profunda revisión de los propios criterios, en orden a dejar marcada la propia existencia como una respuesta afirmativa o negativa a los proyectos de Dios. Pensemos que las fechas que fijan en el calendario el ocaso de un año que terminamos debieran ser horas de natural inventario para revisar nuestras actitudes mentales y existenciales del aprovechamiento o pérdida del tiempo.

"El tiempo pasa" era una sentencia, sobre las esferas de los relojes, que gustaba destacar a los antiguos maestros de la relojería inglesa; era como un aviso, premonitorio y severamente solemne, sobre la fugacidad de la vida. Y, ciertamente, las tardes de la vida son más cortas por el lado de la muerte y urge exprimir las horas para hacerlas fructificar al máximo, desarrollando el rol que de forma personal e intransferible nos ha sido asignado a cada uno.

Cuando, en cierta ocasión, alguien comentó ante el admirado doctor Marañón su larga dedicación al trabajo, le respondió tan lacónica como gráficamente: "Soy un trapero del tiempo". S. Juan Bosco comentaba: "Una hora ganada al amanecer es un tesoro por la tarde". El tiempo es precioso, pero pasa. El tiempo es una fase experimental de nuestra suerte decisiva y definitiva. De las pruebas que demos de fidelidad a los propios deberes depende nuestra suerte futura y eterna.

En mi infancia oía con frecuencia a las personas mayores, sencillas y sinceras, esta frase: "El tiempo es oro". El tiempo es muchísimo más. El tiempo es oro, es un don de Dios: el tiempo es una interpelación del amor de Dios a nuestra libre y -puede decirse- decisiva respuesta. Debemos ser avaros del tiempo, para emplearlo bien, con intensidad en el obrar, amar y sufrir.

Vivir la fe en Dios significa que no existe para el cristiano el ocio, el aburrimiento. El descanso sí, cuando sea necesario (cfr. Mc. 6,31), pero siempre con vista a una vigilancia que sólo en el último día abrirá a una luz sin ocaso.

Dios-Verbo, como Hombre, acepta el tiempo naciendo en Belén de María Virgen. Entra así en la historia y se somete a la ley del fluir humano. Cierra el pasado; con Él termina el tiempo de espera; esto es, la Antigua Alianza. Abre el futuro: la Nueva Alianza de la gracia y de la reconciliación con Dios. Es el nuevo "Comienzo" del Tiempo Nuevo. Todo nuevo año participa de este Comienzo. El año que termina y el que comienza es el tiempo de Dios que pasa, y en él, nuestra existencia que pasa también.

* Capellán de la Clínica S. Juan de Dios


Publicado por verdenaranja @ 16:50  | Espiritualidad
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