Domingo, 04 de enero de 2009

Comentario a las lecturas de la Fiesta de la Epifanía publicado en el Diario de Avisos el domingo 4 de Enero de 2009 bajo el epígrafe “el domingo, fiesta de los cristianos”.

 

Una estrella y un niño

 

DANIEL PADILLA

 

 

He aquí un bello episodio que solamente nos transmite el evangelista Mateo. Esta singular narración ha ali­mentado la tradición popular y nuestra infancia, llenándola de gozosos sentimientos y blancos sueños. Pero, prescindiendo del valor histórico de la narración, no cabe duda que Mateo tenía unas determinadas intenciones teoló­gicas. Podrían resumirse así:

 

1ª. Contra lo que podían pensar los judíos, también los no-judíos, es decir, los "de fuera", pueden llegar, ya lo creo, al más conmovedor encuentro con Dios. Esos "magos que vienen de Oriente preguntando: "¿dónde está "el recién naci­do Rey de los judíos?", son el retrato indiscutible de quie­nes, desde la postura que sea, van buscando honradamente la verdad. Esos magos son sabios y son de fuera, no perte­necientes al elegido pueblo de Israel. Pero aceptan la verdad venga de donde venga. Aunque son hombres preparados y con grandes conocimientos, no se creen en posesión de la verdad plena. Están dispuestos siempre a dejarse inundar de luz. Y por eso, se ponen en camino. Un camino que, a no du­darlo, estuvo lleno de baches, zozobras, dudas y desánimos.

Y ésa es la primera gran lección, amigos: "Dios quiere que todos los hombres se salvan y lleguen al conocimiento de la verdad", como decía Pablo. O "vendrán muchos de Oriente y Occidente y se sentarán a la mesa, mientras los hi­jos serán sacados fuera", como decía Jesús.

 

2ª. Desde ese contraste anunciado por Jesús, he aquí el segundo mensaje de Mateo: los "de casa", los que ya tene­mos un determinado "credo religioso" y una determinada normativa moral, corremos el riesgo de vivir un cristianismo de libro, sin ninguna conexión con la vida. Los sumos pontí­fices y los letrados, a los que consultó Herodes cuando lle­garon los magos, "saber", ya "sabían". Estaban preparados teológicamente. Contestaron sin vacilar: "Y tú, Belén de Judá, no eres la menor de las ciudades, porque de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel". Pero esa fue la gran paradoja. Mientras los magos, apenas oyeron "Belén", se pusieron en camino, ellos ni se inmutaron. No supieron aceptar, con toda su sabiduría de pergamino, que, en esos momentos, se estaba cumpliendo la profecía de Mi­queas. No aceptaron las reglas de juego de las desconcer­tantes "epifanías" o "manifestaciones de Dios". Ellos lleva­ban siglos soñando otras manifestaciones más esplendorosas y triunfales, de conmoción cósmica y apabullante. Y entre pergaminos se quedaron. Pero los magos, sí creyeron. Ellos también, indudablemente, soñaban grandezas. Recordarían, ¿cómo no?, a aquella antigua antepasada suya, la Reina de Saba, que, habiendo llegado a estas tierras de Jerusalén pa­ra ver a Salomón, se quedó deslumbrada de su poderío. Pe­ro se apearon de sus propios criterios y asumieron las reglas de juego de las epifanías de Dios. Estas reglas eran: "Un niño desvalido, una casa pobre y una aldea desconocida". El pueblo de Israel prefirió seguir soñando futuros gloriosos. Pero los magos "entraron en la casa, vieron al niño con María, y cayendo de rodillas, le adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra".

 

Déjenme que les añada:

 

"Entrar en la casa" significa que "ya no hay judío ni griego...".

"Vieron al niño con María", significa que lo identifica­ron con la "estrella" que habían visto. El que la busca, la en­cuentra.

 

"Cayendo de rodillas, le adoraron", significa la "humil­dad" que es inseparable de la fe.

 

Y “abrir los cofres”, significa: Tomad, Señor, y recibid mi memoria, entendimiento y voluntad…”.


Publicado por verdenaranja @ 15:55  | Espiritualidad
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