Jueves, 15 de enero de 2009

Reflexión Pastoral sobre lema de la Infancia Misionera 2009 “Con los Niños de Asia… buscamos a Jesús”, publicado en la revista “ILUMINARE”, número 375 – ENERO 2009, recibida en la parroquia con el material para la celebración de la Jornada.

 

Con los Niños de Asia

buscamos a Jesús

 

 

Por Juan Ignacio Rodríguez Trillo
Director Secretariado Subcomisón Episcopal de Catequesis

Los niños españoles están de enhorabuena, pues han recibido un hermoso regalo de parte de la Iglesia: un nuevo catecismo.
Se titula Jesús es el Señor, se lo han entregado los obispos y con él los niños van a poder buscar a Jesús y “descubrir que Él está siempre con nosotros” (Jesús es el Señor, “Carta a los niños”, pág. 7).

 

Con los niños de Asia

buscamos a Jesús

 

Una de las experiencias que el catecismo Jesús es el Señor quiere transmitir al niño es la de pertenecer a una gran familia. Así lo narra en una de las primeras páginas: “Los cristianos nacemos en una gran familia, la Iglesia. En esta familia hay niños, jóvenes adultos y ancianos; hombres y mujeres de todas las razas, pueblos y culturas. Todos compartimos una misma fe y un mismo amor a Jesucristo” (pág. 12).

 

Entre esas personas de todas las razas, pueblos y culturas, los niños españoles se encuentran con los niños de Asia y con alegría exclaman: “¡Con los niños de Asia... buscamos a Jesús!”. Sí, los niños de España buscan a Jesús y quieren hacerlo con los niños de Asia.


Recorriendo las páginas de Jesús es el Señor, los niños se asomarán a ciudades como Belén, Nazaret o Jerusalén, lugares en los que vivió Jesús, que pisaron sus pies y contemplaron sus ojos. Vivirán, casi en primera persona, acontecimientos que allí ocurrieron: el nacimiento, la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. Los niños podrán también compartir las experiencias de la Virgen María, San José o los Apóstoles, que conocieron, amaron y siguieron a Jesús. Y todo esto sucedió en Asia, porque ¡Jesús fue un niño de Asia! Muchos niños de Belén, de Samaría, de Caná y de otros lugares de aquella tierra se encontraron con Él. ¡Cuántas cosas podrán contarnos de Jesús los niños de Asia!

 

Una historia que

puede ser tu historia

 

Carina es una niña española que está muy contenta desde que en su parroquia le han entregado el catecismo Jesús es el Señor. Al abrirlo, en una de las primeras páginas, se ha encontrado con un cuadro en el que Jesús está rodeado de niños y niñas. Uno de ellos, muy cerca de Jesús, lleva en las manos una cesta de panes y una bandeja de peces.

 

Carina piensa: “¡Qué suerte tiene ese niño: Jesús le está mirando! ¡Cuánto me gustaría conocerlo y que me contara cosas de Jesús!”. Con su catecismo abierto y la cabeza apoyada en la mesa, comienza a imaginar. De pronto, se da cuenta de que se ha colado dentro de la pintura y se acerca al niño de los panes y los peces...

 

–Hola, soy Anirac –le dice el niño–; ¿tú quién eres? No te he visto por aquí antes, aunque... ahora que lo pienso, me suena tu cara. Creo que nos vimos hace años, cuando Jesús dio de comer a más de cinco mil personas con cinco panes y dos peces. Increíble, ¿verdad? Pero es que Él hizo cosas admirables a lo largo de su vida. ¿Quieres que te las cuente?

 

Anirac siempre hablaba de Jesús, no podía callarse, lo necesitaba. Había seguido al Señor mientras predicaba y hacía milagros, le había visto morir y había sido testigo de su Resurrección. Ahora, aunque todavía era un niño, pertenecía a una pequeña comunidad de Jerusalén que vivía alegre y esperanzada, llena de Espíritu Santo y deseosa de llevar a cabo el mandato de contar a todo el mundo lo que Jesús les había enseñado.

 

–Claro, Anirac, cuéntame muchas cosas –dijo ella–. Yo soy Carina; no soy de por aquí, soy de España. Mira, este año voy a empezar un camino para conocer a Jesús que se llama catequesis y he abierto un libro que se llama catecismo y... bueno, deseaba tanto que Jesús me mirara y encontrarme con Él que de repente he aparecido aquí contigo.

 

–¿España? ¿Libro? Cate... ¿qué? No sé qué es eso –respondió Anirac extrañado–. Lo que sí sé es que estás en el lugar apropiado y con la persona adecuada. Yo conocí a Jesús y de Él puedo contarte lo que quieras. Creo que te puedo ayudar a buscarle.

 

Carina se quedó asombrada y pensó que era la niña más afortunada del mundo. Empezaba la aventura de buscar a Jesús y estaba convencida de que tenía aquello que le iba a ayudar a conseguirlo: un amigo que había conocido al Señor y que le iba a contar su experiencia, y un precioso libro en el que estaba escrito todo lo necesario para descubrir a Jesús.

Y así fue como empezó la historia de Carina y Anirac. Un niño de Asia que vivió con Jesús y una niña de España que quiere encontrarse con Él. Juntos van buscar a Jesús.

 

Buscar a Jesús

de la mano de María

 

–¿Sabes, Carina?, un día le pregunté a Jesús que si se acordaba de cuando era niño, y me contó muchas cosas. Sobre todo me habló de su madre, que se llamaba María.

Carina sacó su catecismo y dijo:

–Mira, Anirac, esto es un libro, mi catecismo. Voy a intentar encontrar en él lo que me has dicho.

Anirac miró aquella cosa cuadrada de colores y le pareció de lo más extraño. Pensó que mientras él le hablaba del Maestro, Carina podría ir explicándole qué era el catecismo.

–Mira, te leo lo que mi catecismo dice de la madre de Jesús: “En María se ha cumplido la promesa. De la Virgen María nació Jesús, el Mesías, el Salvador” (pág. 27). Si te parece, voy a rezar. Creo que lo primero que tenemos que hacer es dirigirnos a María para que nos muestre a Jesús y nos enseñe a amarlo. Venga, vamos: “María, muéstranos a Jesús. ¡Guíanos hacia Él! Enséñanos a conocerlo y amarlo!” (pág. 27).

–Eso que dice el caaaa..., ¿catecismo?,  es justo lo que nosotros hacíamos. A María le pedíamos que nos contara cosas de Jesús y a Ella le encantaba hacerlo. Un día nos dijo que, aunque Jesús nació en Belén, luego se fueron a vivir a Nazaret.

–Ya lo he encontrado –dijo Carina–. Dice: “Jesús vivió en Nazaret con María y José. Los tres formaban una familia” (pág. 38).

–Sí –exclamó Anirac–, ¡y qué familia! Eran los mejores del pueblo.

–No me interrumpas, que quiero leerte más: “En familia Jesús aprendió a amar, a orar, y a trabajar. Rezaba con los salmos… y así aprendió a vivir como uno de nosotros, a trabajar con manos de hombre” (pág. 38).

Anirac estaba satisfecho.

– Sí, así fue; cada vez me gusta más el catecismo ese.

 

Buscar a Jesús, el Hijo de Dios

 

Carina consideró que había llegado el momento de contarle a Anirac qué era eso del catecismo. Le explicó que en sus páginas tenía por escrito lo que la Iglesia quería contar a los niños acerca de Jesús. Además le dijo que era un libro muy importante para todos los niños de España, especialmente para aquellos que empezaban la catequesis. Le propuso leer juntos el catecismo, y mientras leían, Carina se encontró con una dificultad.

–Aquí pone que “Jesús es Dios y hombre verdadero”. Esto debe de ser muy importante, pero no lo entiendo.

–Sí, claro que es muy importante –contestó veloz Anirac–, y no es tan difícil. Jesús era uno como nosotros, pero a Dios lo llamaba Padre, hacía milagros, amaba como nadie nunca lo había hecho... Jesús es Dios.

–Seguro que podemos rezar juntos para dar gracias a Jesús por haberse hecho hombre, aun siendo Dios. Mira esto Anirac: “¡Gracias, Señor; Tú, al hacerte hombre, te has unido a nosotros y conoces todo lo nuestro, Tú sabes lo que es crecer, vivir en familia y hacerse mayor. Gracias, Señor, por nuestros padres y catequistas. Ellos nos ayudan a crecer y a parecernos cada vez más a Ti. Queremos vivir unidos a Ti y a todos los hombres, nuestros hermanos” (pág. 39).

–¡Qué bien se reza así! –exclamó Anirac–. Jesús nos dijo muchas veces que para buscarle de verdad había que aprender a rezar con sencillez, como Él lo hacía.

 

Buscar a Jesús en la oración

 

Carina estaba emocionada.

–¿Así que también os dijo que para buscarle el camino era la oración?… Sí, mira, el catecismo dice que Jesús “ora, escucha a su Padre y habla con Él. Al levantarse, al acabar el trabajo, en los momentos más importantes de su vida” (pág. 52). Y también dice que Jesús enseñó a sus discípulos la oración del Padrenuestro. Creo que ya tengo más claro que, cuando rezamos, avanzamos en la búsqueda de Jesús.

–Oye, Carina –Anirac reclamó su atención–, otra cosa que quiero decirte es que Jesús tenía muy presentes a los niños. Yo  así lo sentía cuando le veía rezar y hablar con Dios, o cuando llamaba bienaventurados a los sencillos y a los limpios de corazón, o cuando anunciaba el Reino de los Cielos...

–Y también hablaba muchas veces con los niños y los curaba de enfermedades, ¿no?

–Sí, claro –contestó Anirac–. Un día, Jesús curó de una grave enfermedad a una niña amiga mía. Su padre, Jairo, le había suplicado a Jesús que la curara. Le había dicho: “Mi niña está en las últimas, ve a aplicarle las manos para que se cure y viva” (Mc 5, 23). Y, claro, Jesús, que quería tanto a los niños, la curó. Desde entonces los dos estábamos con Jesús siempre que podíamos.

 

Buscar a Jesús en

a confianza y en la entrega

 

–Eso me enseña otra cosa en esta búsqueda de Jesús –apuntó Carina–. Los milagros me dicen que tengo que confiar siempre en Él. Mira, a ver si te gusta esta oración: “Jesús, nosotros creemos y confiamos en Ti, creemos que eres el Hijo de Dios porque haces cosas admirables en nombre de Dios Padre. Tú eres nuestro Salvador. Sabemos que has venido a nosotros para curarnos del pecado, que nos impide amar. ¡Te damos gracias, Señor!” (pág. 51).

–¡Qué bien lo explica el catecismo! –Anirac estaba tan contento–. Y ¿no te dice nada de hacer el bien? Jesús nos decía siempre que nosotros, porque le habíamos conocido, debíamos hacer el bien.

–Seguro. He visto una página que se titula: “Jesús pasa por el mundo haciendo el bien”. Vamos a leerla: “Jesús acogía a los pobres, perdonaba a los que habían pecado, a todos mostraba el amor de Dios, su Padre. Se acercaba a los leprosos, no le importaba tocarlos y los curaba” (pág. 56). Le voy a pedir a mi catequista que recemos juntos esta oración: “¡Ayúdanos para que aprendamos a hacer las cosas que a Ti te gustan: visitar y cuidar enfermos, acompañar a quienes sufren, compartir con quienes no tienen” (pág. 57).

–Creo, Carina, que estás aprendiendo mucho de cómo hay que buscar y encontrar a Jesús, porque esto último es muy importante. Jesús quiere que amemos como Él nos ha amado. Nos lo dijo muchas veces.

Ya sólo me queda una cosa que contarte para que aprendas lo más importante de la vida de Jesús: nos quería tanto que dio su vida por nosotros muriendo en la cruz.

–La cruz... –Carina volvió a buscar en su catecismo–. Sí, mira lo que dice el catecismo: “La cruz es la señal de los cristianos porque en ella murió Jesús, por amor a los hombres, para salvarnos” (pág. 137).

–Es lo más importante –sentenció Anirac–. Diles a los niños de la catequesis, de mi parte, que buscar a Jesús nos tiene que llevar a amarle mucho, porque Él nos amó primero.

–Quiero que recemos juntos una oración –propuso Carina–: “Jesús, ¿cómo has podido acabar en la cruz? Tú has amado a todos, has curado a los enfermos, has perdonado a los pecadores. En la entrega de tu vida en la cruz, vemos el amor de Dios por todos los hombres. ¿Qué podemos hacer por ti?” (pág. 65).

–Sí, justo, eso es lo que le gusta a Jesús. Que reconozcamos su amor y deseemos amar. Qué bien haberte conocido, Carina. Si sigues en catequesis, descubrirás muchas más cosas de Él. Ahora no puedo contártelas, pero tú puedes llegar a conocerlas.

 

Buscar a Jesús en la Iglesia

 

–Mira, ya sé cómo puedo hacerlo. También lo dice mi catecismo: “La Iglesia nos sigue anunciando la Buena Noticia de Jesús, que está escrita en los cuatro evangelios” (pág. 47). Anirac, creo que soy muy afortunada por haberte conocido. Para terminar, te propongo leer esto: “Jesús, escuchando el Evangelio te escuchamos a Ti. Te damos gracias porque en los evangelios encontramos tus palabras y tus obras. La Buena Noticia nos llena de alegría y nos ilumina para que también nosotros pasemos por el mundo haciendo el bien” (pág. 47).

–Es una oración muy bonita –reconoció Anirac–. Ojalá sirva para todos los niños, para los de Asia, para los de España, para los de todo el mundo. ¡Ojalá que también nosotros pasemos por el mundo haciendo el bien!

–¡Y que todos los niños del mundo lleguen a conocer a Jesús! (pág. 11).

 

Juan Ignacio Rodríguez Trillo

Director del Secretariao dela Subcomisión Episcopal de Catequesis


Publicado por verdenaranja @ 22:33  | Misiones
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