S?bado, 17 de enero de 2009

Textos biblicos, meditaciones y oraciones para el día quinto de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2009, sacados de folleto para su celebración.

 

 

Día quinto

 

Los cristianos ante

las discriminaciones y prejuicios sociales

 

ls 58, 6-12:     No te cierres a tu propia carne

Sal 133:          La dulzura de los hermanos es vivir juntos

Gal 3, 26-29:  Todos vosotros sois uno en Cristo

Lc 18, 9-14:   A los que se tenían por justos

 

Comentario

 

Al comienzo del mundo, los seres humanos creados a imagen de Dios no eran más que uno en su mano.

 

Y sin embargo el pecado se metió en el corazón del hombre y no hemos dejado de construir categorías discriminatorias: aquí sobre la raza o la etnia se hace la selección; en este lugar es la identidad sexual o el simple hecho de ser hombre o mujer lo que alimenta los perjuicios; en otro lugar es la religión el factor de exclusión. Todas estas discriminaciones son deshurnanizadoras. Son fuentes de conflictos y de grandes sufrimientos.

 

En su ministerio terrestre, Jesús se mostró particularmente sensible a toda la humanidad, a todos los hombres y mujeres. No dejó de denunciar las discriminaciones de toda clase y el orgu­llo que algunos de sus contemporáneos podían revelar. Los jus-tos no son siempre aquellos a los que se cree, y el desprecio no tiene su sitio en el corazón de los creyentes.

 

Como los beneficios del aceite precioso o del rocío de Hermón, el salmo 133 canta la felicidad de la vida fraternal com­partida. Es una alegría vivir juntos como hermanos y hermanas a los que nos es dado gustar de corazón los encuentros ecumé­nicos, cada vez que renunciamos a las discriminaciones confe­sionales.

 

La unidad recuperada de la familia humana es la misión común de todos los cristianos: juntos, se debe trabajar contra toda discriminación. Es también su esperanza compartida: por-que todos no son más que uno en Cristo, y no hay más judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer.

 

 

Oración

 

Señor, haznos discernir las discriminaciones y las exclusiones que marcan nuestras sociedades.

Dirige nuestra mirada y ayúdanos a reconocer los prejuicios que habitan en nosotros.

Que aprendamos a desterrar todo desprecio y a gustar la ale­gría de vivir juntos en la unidad. Amén.


Publicado por verdenaranja @ 23:28  | Espiritualidad
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