Domingo, 18 de enero de 2009

ZENIT ofrece el discurso completo del Papa a los obispos de la Conferencia Episcopal de Irán, que han acudido  a Roma en la primera quincena de Enero de 2009 para la visita "ad limina apostolorum".

 

 

Queridos y venerados hermanos en el episcopado:

Os recibo con alegría y afecto esta mañana. Saludo particularmente a Su Excelencia monseñor Ramzi Garmou, arzobispo de Teherán de los Caldeos y presidente de la Conferencia Episcopal Iraní, que acaba de dirigirme este hermoso discurso en vuestro nombre. Vosotros sois Ordinarios de las Iglesias armenia, caldea y latina. Representáis, por tanto, queridos hermanos, la riqueza de la unidad en la diversidad que existe en el seno de la Iglesia católica y del que vosotros dais testimonio día a día en la República Islámica de Irán. Aprovecho esta ocasión para expresar a todo el pueblo iraní mi saludo cordial del que vosotros os haréis intérpretes en vuestras comunidades. Hoy como ayer, la Iglesia católica no deja de animar a todos aquellos que llevan en el corazón el bien común y la paz entre las naciones. Por su parte, Irán, puente entre Oriente Medio y Asia subcontinental, no dejará de llevar a cabo esta vocación.


También me complace expresaros personalmente mi profundo agradecimiento por el servicio que hacéis en una tierra donde la presencia cristiana es antigua, y donde se ha desarrollado y mantenido en las diversas circunstancias de la historia iraní. Mi reconocimiento se dirige igualmente a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas que trabajan en este vasto y hermoso país. Sé cuán es necesaria su presencia y cuán preciosa es y qué bello testimonio ofrecen a todos la asistencia espiritual y humana que aseguran a los fieles, a través de un contacto diario y directo. Pienso de manera particular en los cuidados que dedican a los ancianos, así como la asistencia a los grupos sociales más necesitados. Saludo así a través vuestro a todas las personas encargadas en las obras de la Iglesia. Quisiera evocar también la hermosa contribución de la Iglesia católica, en particular a través de Cáritas, en la obra de reconstrucción tras el terrible terremoto que sacudió la región de Bam. No quiero olvidar a todos los católicos, cuya presencia en la tierra de sus antepasados trae a la mente la imagen bíblica de la levadura en la masa, que hace levar el pan, le da sabor y consistencia. A través de vosotros, queridos hermanos, quisiera dar las gracias a todos por su constancia y perseverancia, y animarles a permanecer fieles a la fe de sus padres y permanecer unidos a su tierra, para trabajar conjuntamente en el desarrollo de la nación.


Aunque vuestras diferentes comunidades vivan en contexto distintos, ciertos problemas les son comunes. Necesitan desarrollar relaciones armoniosas con las instituciones públicas, con la gracia de Dios, que se profundicen gradualmente y les permita llevar a cabo mejor su misión de Iglesia en el respeto mutuo por el bien de todos. Os animo a promover todas las iniciativas que favorezcan un mayor conocimiento recíproco. Pueden explorarse dos caminos: el del diálogo cultural, riqueza plurimilenaria de Irán, y el de la caridad. Esta última iluminará a la primera y será su motor. "El amor es paciente; el amor es servicial... el amor no pasará nunca...." (1 Corintios 13, 4 y 8). Para llevar a cabo este objetivo, y sobre todo para el progreso espiritual de vuestros respectivos fieles, es necesario enviar obreros que siembren y que cosechen: sacerdotes, religiosos y religiosas. Vuestras comunidades, reducidas en número, no permiten el surgimiento de muchas vocaciones locales, a las que por tanto hay que animar. Además, la difícil misión de los sacerdotes y de los religiosos les obliga a desplazarse para visitar a las distintas comunidades cristianas diseminadas en el conjunto del país. Para superar esta y otras dificultades, la creación de una comisión bilateral con las autoridades de su país es importante porque permitirá desarrollar las relaciones y la comprensión mutua entre la República Islámica del Irán y la Iglesia católica.


Quisiera mencionar otro aspecto de vuestro día a día. A veces los cristianos en vuestras comunidades también buscan oportunidades más favorables para sus vidas y la educación de sus hijos. Este deseo se encuentra en personas de muchos países y se basa en la condición humana que siempre está buscando mejorar. Esto os incita a que, como pastores de vuestro rebaño, ayudéis especialmente a los fieles que permanecen en Irán, y los alentéis a mantenerse en contacto con los miembros de sus familias que han elegido un destino diferente. Ellos serán capaces de mantener su identidad y su fe ancestral. El camino que se abre ante vosotros. Requiere mucha paciencia y constancia. El ejemplo de Dios, que es paciente y misericordioso con su pueblo, será vuestro modelo y os ayudará a abrir el espacio necesario para el diálogo.


Vuestras Iglesias son herederas de una noble tradición y de una larga presencia cristiana en Irán. Han contribuido, cada una a su manera, a la vida y la edificación del país. Ellas desean proseguir con su obra de servicio en Irán manteniendo su propia identidad y viviendo libremente su fe. En mi oración, nunca olvido a vuestro país y a las comunidades católicas presentes en su territorio, y pido a Dios que las bendiga y asista.


Queridos hermanos en el Episcopado, deseo aseguraros mi afecto y mi apoyo. Os agradecería que cuando regreséis a Irán, transmitáis a vuestros sacerdotes, religiosos y religiosas y a todos los fieles que el Papa está cerca de ellos y reza por ellos. Que la ternura maternal de la Virgen María les acompañe en su misión apostólica y que la Madre de Dios presente vuestras intenciones a su divino Hijo, todas las preocupaciones y las alegrías de todos los fieles de su comunidad. Invoco sobre vosotros es este año dedicado a san Pablo, Apóstol de las naciones, una bendición particular.


[Traducción del original francés por Inma Álvarez

© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]


Publicado por verdenaranja @ 22:55  | Habla el Papa
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