Lunes, 19 de enero de 2009

Mensaje de la Conferencia de Obispos Católicos de Nigeria a la Conferencia de Obispos Católicos de Rwanda.

 

 

EL IMPERATIVO DE PAZ Y RECONCILIACIÓN

 

 

Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Rwanda,

Excelencia,
Señorías

Monseñores

Queridos Reverendos Hermanos y Hermanas

Amados hermanos y hermanas

 

La Conferencia de Obispos Católicos de Nigeria ha deseado visitar a nuestra hermana la Conferencia de Obispos de Rwanda desde hace ya tiempo. Estamos agradecidos a Dios por darnos la oportunidad de hacer esto, en este momento, cuando vuestra Conferencia y vuestro país, en general, están reconstruyéndose, en las líneas de paz y reconciliación.

 

El fenómeno de la globalización, si bien es visto como una consecuencia del fracaso de las intrigas postmodernistas, lleva el vigor y el valor de interdependencia humana y la necesidad de paz y reconciliación en nuestro mundo hoy día. Éste asume el status de cierto imperativo para nosotros en África, donde el hombre no existe solo como un individuo, sino que obtiene sentido y valor como persona desde su pertenencia existencial a una comunidad humana.

 

El Papa Juan XXIII, en Pacem in Terris, nos recuerda, en términos muy claros, la consistencia del anhelo humano por la paz. Él apunta que el orden de nuestro mundo solo puede ser firmemente establecido si observamos  asiduamente el orden original dado por Dios. El orden divino se evidencia por la interconexión esencial en la naturaleza entre las cosas vivientes y las fuerzas de la naturaleza. Esto significa que si nosotros queremos entender las leyes que gobiernan las relaciones humanas, debemos buscarlas en la naturaleza humana donde el autor de la vida las escribió.

 

Nuetra Doctrina Social Católica nos insta a reconocer el valor absoluto de la persona humana, creada a imagen de Dios y dotada con un sistema definido de derechos y obligaciones que fluyen directamente y simultaneamente de la verdadera naturaleza del ser humano. Los derechos del hombre incluyen el derecho a la vida y a una calidad de vida digna; el derecho a los valores morales y culturales, el derecho al culto de acuerdo con la conciencia de cada uno; el derecho a elegir libremente el estado de vida de cada uno así como otros derechos compuestos que incluyen los derechos económicos y políticos.

 

Nuestros derechos como personas humanas se completan solo por su correspondencia a las obligaciones de la vida de la comunidad. Esto significa que cada derecho humano obtiene su plenitud e impone una indestructible fuerza moral en la medida que se le dota para ofrecer una obligación correspondiente. Es en este aspecto que el Papa Juan XXIII, en Pacem in Terris obserbó que las responsabilidades más esenciales que tenemos de uno a otro, como humanos y como seres destinados a la vida de comunidad en las sociedades humanas, son las obligaciones de colaboración mutua, la obligación hacia una actitud de responsabilidad y la obligación hacia la vida social en verdad, justicia, caridad y libertad.

 

El contexto de nuestra visita, como representantes de la Conferencia de Obispos Católicos de Nigeria, y de vuestros hermanos y hermanas, el buen pueblo de Nigeria, a vosotros como Obispos Católicos y al pueblo de Rwanda, se define por nuestro deseo de reforzar el espíritu de solidaridad y mutua interdependencia entre la Iglesia en Nigeria y la Iglesia en Rwanda. Es nuestra esperanza y deseamos que podamos contribuir a la paz y procesos de reconciliación que habéis asumido con vigor. Venimos para subrayar el papel de responsabilidad de la Iglesia Católica en dar lugar a la paz donde no existe y a solidificarla donde ya existe.

 

1. Los Problemas como nosotros los vemos: Reconocemos que desde 1959, ha habido series de inquietudes entre vuestras dos principales poblaciones étnicas los Hutus y los Tutsis. Los acontecimientos que condujeron a estas situaciones son altamente lamentables, particularmente cuando es posible pensar que la Iglesia pudo haber estado envuelta en formas que eran imparciales. Sabemos que como una consecuencia de los complejos que siguieron, no pudieron respetarse los valores democráticos. Las cicatrices han permanecido y la Región de los Grandes Lagos continúa siendo devastada por violentos disturbios. Fue penoso que los Acuerdos de Asusha firmados en Agosto de 1993 entre el Frente Patriótico de Rwanda (RPF) y el gobierno de Rwanda no terminaran el antagonismo.

 

2. Nuestra ayuda: Reconocemos el papel del Tribunal Criminal Internacional para Rwanda (ICTR) que, aunque experimentó algunas dificultades iniciales, fue capaz de ocuparse de los tres retos necesarios para un resultado pragmático de sus responsabilidades. En efecto, fue posible organizar un programa de investigaciones que proveyeron una oportunidad realista para terminar todas sus medidas iniciales para 2008. En segundo lugar, fue posible establecer una agenda para casos que reflejararon sus prioridades  y hubo que resistir presión del gobierno Rwandés.

 

También nos identificamos con los procesos tradicionales de paz, que se han iniciado por el pueblo mismo de Rwanda y que, desde evidencia posible, parece tener valor significativo para la reconciliación, justicia y paz en el país. Animamos a la Iglesia Católica en Rwanda a intensificar esfuerzos y jugar un papel más visible en los procesos de paz.

 

3. Los Retos: No hay duda que el período de transición definido por los Acuerdos de Arusha se han concluido hace varios años por un referendum constitucional y por elecciones de diferentes partidos políticos que fueron esperadas para simbolizar la democratización exitosa del país. Sin embargo, quedan múltiples restricciones sobre libertad política y civil que dificultan la participación popular en los procesos políticos en igualdad de condiciones para todos.

 

Además, el control significativo sobre las actividades de partidos políticos no produce los ideales de la democracia.

 

Observamos que, en esta nación, la democracia está manifiestamente enfrentada con el riesgo de la competición electoral y política basada exclusivamente sobre la división étnica. Esto constituye un daño real para la práctica de la democracia.

En este aspecto, pedimos a la Iglesia participar más activamente en la restauración de la cultura política Rwandesa a través de educación popular y responsabilidad creciente de los líderes políticos.

 

Exhortamos al pueblo Rwandés a asumir la responsabilidad por su destino común y participar en programas que aseguren la restauración de los derechos plenos y políticos a los ciudadanos. En este aspecto, la Iglesia debe asumir el papel de comadrona de paz.

 

Los medios deberían existir como el cuarto estado de la democracia y el guardián del buen gobierno, asegurando que el servicio del bien común es el objetivo esencial de la administración pública. La Sociedad Civil no puede aceptar que sea forzada a existir entre represión y coacción.

 

Como custodia de la conciencia pública, la Iglesia debería esforzarse por ser identificada y ser vista como el Agente de Paz. Es una importante responsabiblidad de la iglesia integrar fe y acción para ofrecer adecuadamente su papel como conciencia del pueblo. Se debe decir que no se puede tolerar la situación donde un grupo gobernante ejerce casi excusivamente control militar, político y económico y no tolera crítica o reto a su autoridad.

 

Cada sector de la sociedad Rwandesa debe participar y jugar un papel activo que dé lugar a la unidad y reconciliación nacional. Esto se debería anclar sobre la libertad efectiva de expresión, libertad de asociación, libertad de movimiento y libertad de conciencia. Los Rwandeses deben encontrar medios y caminos de responsabilizar a sus líderes. Se debería permitir una institución neutral, tal como una oficina del defensor del pueblo – equipada con independencia política, administrativa y financiera, que estrablezca una normas equitativas para competencia política y para definir los límites de libertad de expresión y asociación, en orden a evitar abuso que conduce más tensiones.

 

4. De nuestra propia parte: De nuestra parte, como  ciudadanos africanos y como católicos, admitimos que somos hermanos y hermanas en ambos niveles. Vemos con preocupación la situación en vuestro país y nos identificamos con vosotros y os unimos en las oraciones.

 

Por consiguiente:

 

(a) Os pedimos, como Iglesia, a fortalecer la paz entre vosotros como condición para traer paz permanente y sostenible a vuestro país.

 

(b) Estamos convencidos que el continente africano ha recorrido un largo camino. Debemos llegar a ser guardas de nuestros hermanos y hermanas. Debemos procurar recursos internos para promover desarrollo humano integral, oración y acción. Debemos desafiar las estructuras de injusticia y opresión en nuestros países y colectivamente debemos asistir uno a otro para favorecer sociedades más humanas en África. Llamamos a la comunidad internacional a reforzar su buena voluntad colectiva y participar en la promoción de ideales democráticos y el respeto de los derechos humanos en Rwanda.

 

(c) Estamos preparados y dispuestos a continuar participando, dentro de los límites de nuestra capacidad, en todos los procesos encaminados a traer paz permanente a vuestro país. Esperamos que podamos ser agentes de reconciliación entre vuestros pueblos y vuestros prójimos.


(a)
 En Nigeria,  redactamos una ORACIÓN POR NIGERIA EN APUROS. Os animamos hacer lo mismo, y decir la oración después de cada celebración de la Eucaristía y de cada encuentro cristiano todos días en vuestra nación.

 

Que María, nuestra Madre y Reina de la Paz interceda por vosotros. 

 

+ F. Ade Job

Arzobispo de Ibadan y

Presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Nigeria 

                                                      

  Rev. Fr Michael Otto Ekpenyong

Secretaria General, Secretariado Católico de Nigeria


Kigali, República de Rwanda,


16 de  Diciembre de  2008

(Traducción particular no oficial desde el inglés) 


Publicado por verdenaranja @ 22:05  | Hablan los obispos
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