Martes, 20 de enero de 2009

Entrevista al misionero José Luis Pereyra, publicada en el Boletín de la Diócesis de Tenerife, SEPTIEMBRE-OCTUBRE 2008.

Con ocasión del Octubre Misionero (DOMUND), estuvo en Tenerife José Luis Pereyra, misionero uruguayo de la Consolata. Pereyra visitó diferentes comunidades de la Diócesis Nivariense para dar a conocer su testimonio de vida.

P.- ¿Cómo recae un uruguayo en Tenerife?

R.- Tiene que ver un poco con nuestra vocación misionera ad gentes. Estamos al servicio de la Iglesia universal. Cuando me propusieron venir a Tenerife para compartir experiencias, acepté encantado. 

P.- ¿Cuánto tiempo llevas de misionero?

R.- Me ordené en el 92 pero mi vida misionera comenzó desde la etapa de formación. Estuve en Colombia realizando el noviciado, luego me fui a Londres para aprender inglés porque mi destinación para el bachillerato de estudios teológicos fue en Nairobi, Kenia. Después, dediqué un tiempo para la formación y me fui a Argentina. Ahora, desde hace diez meses estoy en España. Todo este tiempo me ha reportado muchas satisfacciones por­que uno se siente entregado al evangelio. 

P.- ¿Cuánto tiempo estuviste en Kenia y cómo fue tu experiencia allí?

R.- En Kenia estuve cinco años y, además de formarme intelectualmente, pude conocer la riqueza de las tribus que tiene este país. La presencia misionera de la Consolata en Kenia se remonta a los cien años. Precisamente, hace muy poco cumplimos el aniversario. Una de las tareas fundamentales que se realizan además de la promoción de los valores del evangelio, es la formación de la joven Iglesia local que va surgiendo. A lo largo de estos años, no sólo se ha implantado la Iglesia y el evangelio sino que ya han comenzado a dar frutos. Han surgido muchas vocaciones misioneras que se abren no sólo a las necesidades de la Iglesia local, sino también a la universal.

¿Cómo acoge África, y concretamente Kenia donde tú has estado, el evangelio?

R.- Todo está en la manera en la que nosotros salimos al diálogo y a la comunicación con las culturas del lugar. El misionero sabe que va a plan­tar las semillas del evangelio, a dar testimonio de vida y luego, obviamen­te, llega el momento del testimonio explícito de Jesús. Lo primero y bási­co es el testimonio de vida que hace florecer la pregunta de por qué alguien deja su tierra y su lugar para estar con nosotros. Cuando ese primer encuen­tro existe, los misioneros comienzan a ser acogidos y también a formar parte de esa cultura. Se les comienza a amar, a querer, a aceptar y así ha entrado el evangelio en Kenia. Gracias a Dios, la fe cristiana como también la Iglesia católica está muy presente y ocupa un lugar muy importante.

P.- Para el misionero es muy importante conocer "al otro", su cultura, sus costumbres, etc. ¿no es así?

R.- Con el tiempo, la Iglesia ha madurado en su forma de entender la misión. El evangelio no es nunca una imposición sino una propuesta que llama a un cambio profundo de mentalidad. El evangelio está llamado a cambiar y a transformar la cultura del otro pero siempre respetando la iden­tidad del otro. Se trata de un proceso que el misionero realiza paulatina­mente.

P.- ¿Qué recuerdos frescos te quedan de tu paso por Kenia?

R.- Yo como misionero me sentí evangelizado. El misionero no sólo lleva a Jesús sino que también lo encuentra. Yo me traje una experiencia de una Iglesia joven y vibrante. La tarea allí es enorme, sobre todo en lo concer­niente a la educación de los niños. La sencillez de la gente en África te sor­prende. A pesar de la pobreza, vi como muchas personas vivían en alegría y lo compartían todo. Una de las cosas que me dio a conocer la cultura afri­cana es el mensaje del dicho: "yo no soy en cuanto que somos". Los afri­canos tienen un sentido profundo de la comunidad.


P.- Terminado tu paso por Kenia, ¿A dónde marchas?

R.- En estos momentos estoy en España. Me aguarda el desafio de una Europa que tiene que vivir a fondo la nueva evangelización en un contexto plural. En este marco también tenemos que ofrecer la propuesta de Jesús. Nuestra Iglesia ha de reavivarse en sus raíces cristianas con nuevo entusiasmo y ardor evangélico pero también abierto a la misión,

 

P.- Tú tienes la experiencia de Iglesia tanto en Latinoamérica como en Europa. ¿Qué diferencias observas?

R.- Latinoamérica ha recibido desde hace muchos años la fe de Europa y ha echado unas raíces muy profundas. Pero a pesar del vigor de la fe, toda­vía las vocaciones que surgen no son suficientes. Aún así, hay países donde se está sufriendo ya el tema de la secularización. Pero, a pesar de los obs­táculos, se palpa el entusiasmo por Cristo. Creo que Europa debería rena­cer a muchas cosas y recuperar la "garra misionera", como decimos nos­otros. Este tiempo no es sólo un tiempo de cambios sino un tiempo pro­fundo de paradigmas y la Iglesia tiene que estar a la altura para poder res­ponder a todo.

P.- Por cierto, ¿cómo surgió tu vocación?

R.- Cuando era pequeño, recibíamos en casa una revista de los claretianos que se lla­maba: "El misionero" y fui bebiendo con ella, desde niño, esta espiritualidad misio­nera. Yo soy el único misionero uruguayo de la Consolata.

P.- ¿Qué consejo le darías a aquellas personas que se están planteando la misión?

R.- A mí me gusta alentar a todos los cristianos porque sabemos que desde el bautismo somos misioneros, estamos llamados a dar testimonio de Jesús. Si hubiese alguien que estuviera sintiendo esta llamada específica de la misión ad gente necesitaría, en primer lugar, la oración comunitaria. El misionero no es una persona que va por cuenta propia, no es un paracai­dista, sino alguien enviado por una Iglesia local. Por eso yo incidiría en la idea de que todos somos corresponsables en la misión, siendo testigos en nuestra propia iglesia local y por otra parte, colaborando con lo que se pueda. Deseo y espero que aquí en las islas también este tiempo sirva para reavivar este ardor misionero.

 


Publicado por verdenaranja @ 17:07  | Entrevistas
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios