Domingo, 25 de enero de 2009

Sugerencias para la homilía de la Eucaristía de la celebración del domingo 8 de Febrero de 2009, Jornada Nacional de Manos Unidas, publicadas en el Guión Litúrgico recibido con el material para la Jornada.

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA

DE LA EUCARISTÍA DE LA JORNADA DE MANOS UNIDAS

Dios es el que sana los corazones destrozados. En cada per­sona, tanto ayer como hoy, se da la experiencia dolorosa de Job y se hacen "verdad" sus reflexiones; siempre con mayor intensidad dramática en los más pobres.

 

La Iglesia, como Pablo, nos predica hoy la Buena Noticia de este Dios que nos quiere tanto, que viene en nuestro auxilio, que se inclina para levantarnos, para sacarnos de donde estamos hundidos, para cambiar el mundo.

 

Una vez más hoy se nos muestra a un Jesús cercano a los demás, sensible ante las necesidades de los que sufren. Dios no quiere el sufrimiento de los hombres, cuando los ve pose­ídos por el mal hace todo lo posible por liberarlos.

 

Dios, por medio de Su palabra, está entrando hoy a nuestra casa, como lo hizo a la casa de Simón y Andrés. ¡Tan enfermos estamos de egoísmo, -¡que no me molesten!-, metidos en nuestra cama, nuestra comodidad!

 

Necesitamos percibir Su paso sin ruidos, pero eficazmente; está pasando por cada uno de nosotros, quiere tomarnos de la mano, darnos su amor, su Espíritu Santo como una caricia que nos cura y nos levanta para servir.

 

Si no fuera por Cristo, más pronto o más tarde, entraríamos en las noches oscuras de la tristeza y la desesperanza. Él tiene una forma especial de relacionarse con la enfer­medad y con el mal: manifiesta Su cercanía comprensiva y consoladora con el que sufre o se encuentra solo, tiende Su mano al que lo necesita, le comunica una energía liberadora que motiva a su vez para servir a los demás."Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios"; el mal, en todas sus dimensiones, empieza a ser superado, de una forma u otra tiene que ser vencido. Para Marcos, la curación es una victoria mesiánica contra las fuerzas del mal:"Se mar­chó al descampado y allí se puso a orar"; una vez más se nos des-cubre que Jesús tiene sus propios caminos y un especialísimo modo de actuar. Salió hacia el desierto para orar. Jesús no sucumbe a la tentación del éxito y de la notoriedad, como hacemos nosotros. No se pone en el centro a Sí mismo, sino al Padre.

 

Pero Jesús no lo curó todo, sino que inició un movimiento sal­vífico, que sus discípulos tienen que continuar. Por eso enviaría después a sus discípulos con poder para curar enfer­mos y expulsar demonios. Una misión, y una tarea, que sigue siendo necesaria. En ella, todo cristiano tiene que colaborar. Jesucristo ha querido que seamos Sus discípulos, que sigamos Su camino y Su ejemplo. Muchas veces, ante la dura realidad de los hechos, nos quedamos insensibles buscando soluciones lejos de nosotros, sin querer darnos cuenta que Dios ha pues-to la solución en nuestras manos, porque nos ha dado la capa­cidad de amar y nos ha dejado el mandamiento del amor. No podemos pasar nuestra vida sin utilizar esta maravillosa entre­ga de amarnos unos a otros. Todo lo que Dios ha puesto en nosotros no es nuestro, no es de nuestra propiedad, es tam­bién de nuestros hermanos.


Jesucristo quiere que seamos Sus discípulos, que sigamos Su camino y ejemplo. Manos Unidas, como "la Asociación de la Iglesia en España para la ayuda y desarrollo del Tercer Mundo", quiere seguir dando respuesta a tantas carencias y problemas que hoy sufren los hombres. Desea ser una actua­lización de esa mano tendida de Jesús que levanta a los que yacen en el lecho de sus miserias y los quiere capacitar para que "se pongan a servir".

 

Haz, Señor, que habiendo experimentado la dulce y poderosa proximidad de Tu amor, lleguemos a ser más fuertes y apren­damos a compartir con los otros el misterio del dolor, ilumi­nados por la esperanza que nos salva.


Publicado por verdenaranja @ 22:29  | Homil?as
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