Jueves, 29 de enero de 2009

Carta Patoral de Monseñor Jesús Sanz Montes, ofm, Obispo de Huesca y de Jaca, Presidente de la C.E. para la Vida Consagrada, con motivo de la Jornada de la Vida Consagrada el 2 de Febrero.

"Si tu vida es Cristo, manifiéstalo" (Filp 1,21)

 

San Pablo: saber de quién nos fiamos:

 

Estuvo entre los primeros cristianos.  Como él mismo relata en sus cartas y es descrito hasta tres veces en el libro de los Hechos de los Apóstoles, su vida fue un verdadero milagro, una elección gratuita. Tanto más sorprendente cuanto que fue encontrado por aquel a quien él perseguía. Tal paradoja le dejó para siempre descabalgado de toda su pasión torcida y confundida. Y siguió teniendo pasión, más si cabe todavía, pero ya no anidaba en su entraña ni el rencor ni la insidia.

 

Fue fulgurante aquel inesperado e inmerecido encuentro, y al fulgor de su excesiva luz sus ojos cambiaron de dueño: no serán ya para la persecución, sino para la adoración de Dios y para el celo misionero.

 

Me estoy refiriendo a Pablo de Tarso, el Apóstol de los gentiles, junto con Pedro una verdadera columna de la Iglesia del Señor. Dios le tocó el corazón, le abrió los ojos y su vida quedó del todo cambiada para siempre. El mundo se le hizo pequeño para contar de mil modos su encuentro con Jesucristo en el camino de Damasco, y no pararía de viajar para decir a todos de quién se había fiado, el tesoro que había encontrado en el Señor, y cómo Dios se hizo para él cercano como un abrazo, tierno como el mismo amor, humilde como la entrega de la vida.

 

No fundó ninguna congregación de vida consagrada, pero fue sembrando la Palabra de Dios en toda aquella inmensa tierra que sus pies viajeros pisaron. Y surgieron comunidades cristianas a las que se dirigía con la espada de su voz y el ardor del misionero que llevaba dentro. Roma, Galacia, Tesalónica, Corinto, Filipos, Atenas... España quizás. Indómito en su vivencia de Cristo, es en este año jubilar un referente para la vida consagrada en todas sus formas.

 

En esta jornada dedicada precisamente a la Vida Consagrada, encontramos en San Pablo ese perfil de alguien que ha volcado su tiempo, sus espacios, su amor y su vida entera al Señor. Tenía límites que no quiso desvelarnos y los dejó tras el pudoroso anonimato del aguijón que le espoleaba, pero nos dijo mucho más cuando nos compartió el gran secreto: la gracia le bastaba. Todo lo consideró basura con tal de ganar la única riqueza verdadera: Cristo. Y hasta en los momentos más duros, los más incomprendidos, los de mayor acoso y algún derribo, sacará fuerzas precisamente de su indigencia: cuando él era débil entonces paradójicamente tenía fortaleza, por fiarse una y otra vez del Señor que en todo le confortaba.

 

San Pablo es también un reclamo para la vida consagrada, porque el amor apasionado por Cristo, el celo misionero de llegar a las gentes, y su inquebrantable fidelidad a la Iglesia, hacen de él un paradigma en el seguimiento del Señor a través de los diversos carismas. El Papa Benedicto XVI recordaba en una catequesis cómo el Apóstol Pablo era un hijo de la Iglesia: «San Pablo no actúa como un “solista”, como un individuo aislado, sino (...) en el «nosotros» de la Iglesia.

 

Este “yo” de Pablo no es un “yo” aislado, sino un “yo” en el “nosotros” de la Iglesia, en el «nosotros» de la fe apostólica» (31.ene.2007). Esta armonía complementaria que aparece en Pablo entre su «yo» personal y el «nosotros» eclesial, es todo un itinerario que permite vivir los carismas desde la comunión entre ellos, y la comunión con la Iglesia como tal. Por este motivo, Benedicto XVI afirma: «Pablo no es para nosotros una figura del pasado, que recordamos con veneración. El es también nuestro maestro, apóstol y anunciador de Jesucristo también para nosotros» (28.jun.2008). Todo un perfil que despierta y acompaña la fidelidad en la vocación recibida.

 

@ Jesús Sanz Montes, ofm

Obispo de Huesca y de Jaca

Presidente de la C.E. para la Vida Consagrada

 

 


Publicado por verdenaranja @ 22:35  | Hablan los obispos
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