Lunes, 16 de febrero de 2009

Información cogida de DOSSIER FIDES “MISIONEROS TRAS LAS HUELLAS DE SAN PABLO. Institutos religiosos que se inspiran en el Apóstol Pablo, publicado por Agencia Fides el 25 de Octubre de 2009.

 

 

LA SOCIEDAD MISIONERA DE SAN PABLO

 

         El pensamiento de “dar a los otros lo que San Pablo nos ha dado” obsesionaba al joven sacerdote José De Piro, nacido en 1877 en Malta, un país evangelizado personalmente por San Pablo después del naufragio. Hijo de una familia noble y acaudalada, De Piro entró en el seminario en 1898, poco después de inscribirse en la Universidad, y fue ordenado cuatro años más tarde en la Basílica de San Juan de Letrán en Roma.

Animado de un ideal misionero profundamente paulino, después de las primeras experiencias como párroco de Qrendi y director del orfanato de Hamrun, el joven sacerdote maltés decidió fundar una “pequeña sociedad” para la misión ad gentes (30 de junio de 1910). La Sociedad Misionera de San Pablo, en un siglo de historia, ha alcanzado seis países (Australia, EEUU, Canadá, Perú, Pakistán y Filipinas) y cuenta hoy con 100 miembros.

         “Dios –afirmaba De Piro- ha demostrado amar mucho a los malteses cuando ha permitido que San Pablo fuese el primer misionero que vino a nuestra isla, liberándola del oscurantismo y del paganismo y dándonos la luz de la fe cristiana”. “El corazón de San Pablo - escribió- es el Corazón de Cristo. Pablo estuvo siempre preparado para  cumplir la voluntad de Dios. (….) Se ha visto siempre a sí mismo como auténtico mensajero, portador del auténtico mensaje de Dios a los hombres”.

         La Carta Apostólica Maximum Illud, fundamento de los nuevos temas misioneros madurados en el 1900, tuvo sin duda una gran influencia en él. Un tema particularmente querido fue el desarrollo de la sensibilidad misionera de la Iglesia de Malta. Muchos esfuerzos fueron dedicados a la promoción de las misiones y para dar vida a una pastoral específicamente misionera. Un instrumento privilegiado fue la prensa: “El papel impreso –afirmaba- es uno de los modos mejores para proclamar el pensamiento misionero, para formar la mente y el corazón de los jóvenes, para suscitar y recoger vocaciones y también para pedir ayudas materiales”.

         Por esto, se publicó el St. Paul: Almanac for Missionary Institute, un boletín cuyos artículos eran casi todos de su puño. El fin era crear un interés por las misiones con una información cuidada, dedicada a la Sociedad recientemente fundada y a los otros Institutos misioneros. “Si no podemos colaborar directamente porque no hemos sido llamados –escribía en el Almanac-, si no podemos dar nuestras riquezas porque no las tenemos, podemos sin duda dar una cosa, rezar por las misiones”.

         Muchas energías fueron dedicadas a la pastoral vocacional. La misma fundación de la Sociedad era una respuesta a las vocaciones misioneras para la Iglesia de Malta y De Piro seguía          personalmente a los candidatos al Instituto. Se daba gran importancia a los temas de la inculturación y de las vocaciones indígenas. En 1933 estaba preparado para ir a visitar en Etiopía al primer misionero de la Sociedad que había partido seis años antes, pero el 17 de septiembre murió al sufrir un colapso durante una celebración litúrgica, a la edad de 56 años.

        

Las experiencias en el Sur del mundo.


        
La joven Congregación religiosa vivió años de incertidumbre y de dificultad hasta 1948, cuando por primera vez los miembros eligieron su Superior General, hasta ahora nombrado desde fuera. Sólo algunos meses después comenzaba la aventura en Australia al lado de los emigrantes malteses, más tarde en los EEUU y Canadá, y un posterior crecimiento de las misiones abrió casas en Perú, Pakistán y Filipinas.

En Perú, la elección de abrir una primera casa en los Andes, manifestaba el deseo de estar cerca de los más pobres. Los “pueblos jóvenes”, las nuevas aldeas fundadas por los campesinos de las alturas con la esperanza de una vida mejor, son en realidad una aglomeración de familias sin vínculos sociales, sin trabajo y sin acceso a la asistencia pública. Aquí los misioneros malteses animan pequeñas comunidades cristianas y ofrecen algunos servicios a los habitantes. La iglesia se transforma también en escuela, en clínica médica, en centro de formación para los adultos, donde la gente aprende la economía doméstica y algunos oficios.

         La misión en Pakistán es un testimonio de diálogo y colaboración con el mundo musulmán. A pesar de los impedimentos burocráticos, las parroquias, las escuelas y los servicios sanitarios son abiertos a todos y los misioneros gozan de la estima de la autoridad civil y de la población. Se ha construido una capilla gracias a la financiación de un donante musulmán. En Filipinas        , junto a los servicios para los más necesitados, la Sociedad trabaja en un proyecto de formación para los seminaristas que implica a las grandes universidades de Manila. El país podrá ser una base para abordar en el futuro otros proyectos de evangelización en el continente asiático.

         El reciente Capítulo General ha indicado con claridad el camino a recorrer: “Como Misioneros de San Pablo –se afirma-, somos enviados por Dios, con amor, a participar en su sueño para realizar una renovación de la humanidad en Cristo. En una escucha contemplativa, esto lo descubrimos continuamente por medio de la Palabra de Dios, con el Pueblo de Dios, por medio de los hermanos en el mundo. Con todo lo bueno que hay en nosotros, y con nuestras debilidades, respondemos con agradecimiento, participando con el Espíritu de Dios en la liberación y en la reconciliación de la humanidad”.

          


Publicado por verdenaranja @ 22:18  | Misiones
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