Martes, 17 de febrero de 2009

Información enviada por Carlos  Peinó Agrelo, peregrino, Cursillista, colaborador en la redacción de la Positio super virtutibus del Siervo de Dios y Vicepostulador de su Causa de Canonización

 

 

 

CENTROS DE VANGUARDIA

(1936-1939)

Centros de Jóvenes de Acción Católica organizados en las trincheras, es decir, en los mismos frentes de guerra. Llevan un nombre en su raíz: el de Manuel Aparici

 

 

         «[…] Todo esto –afirma Mons. Maximino Romero de Lema, Arzobispo– lo he vivido yo que estuve como soldado en todos los frentes excepto en el frente de Andalucía».



«Sin una reflexión seria y cuidadosa, no se pueden comprender las dificultades en que se desarrolló la Juventud de Acción Católica ni tampoco la figura, la vida y la obra del Siervo de Dios Manuel Aparici, [un hombre de una profunda espiritualidad e inmensamente apostólico] antes de la guerra poniendo en marcha e impulsando la Juventud de Acción Católica, durante la guerra promoviendo los Centros de Vanguardia [«Centros de Jóvenes de Acción Católica organizados en las trincheras; es decir, en los mismos frentes de guerra» y, a medida que se liberaban las ciudades, restaurando o refundando la misma. A tal fin, recorrió prácticamente España entera muchas veces para extenderla como un medio de renovación cristiana en la juventud, tanto de seglar, como de sacerdote, y preparando dirigentes  nacionales,  diocesanos  y parroquiales, lo que exigía un gran sacrificio por su parte».


En todo momento, supo imprimir a los jóvenes de Acción Católica un vigoroso sentido apostólico. Una vez finalizada la guerra, promovió también una campaña de vocaciones sacerdotales y religiosas. «[…] Surgieron un montón de vocaciones en su entorno y yo las atribuyo a su ejemplo […]».

 

         Cuando se disponían los primeros preparativos para la Peregrinación a Santiago, comienza la Guerra Civil (18 de julio de 1936). Supuso una convulsión radical en toda la vida española e impondría otro peregrinar a uno y a otro lado del frente en que España quedó dividida: el de la persecución y el de los Centros de Vanguardia, y la Peregrinación no pudo realizarse hasta 1948; pero, entretanto, se peregrina en espíritu en una y otra zona.

         Consecuentemente, la Juventud de Acción Católica, militantes y dirigentes,  quedó también escindida en dos zonas, incomunicadas entre sí, los de la zona nacional, (Veintitrés Uniones Diocesanas y 18.000 jóvenes), y los de la zona republicana que sufrieron persecución y martirio (Veintiuna Uniones Diocesanas. con 19.000 jóvenes, entre ellas las de mayor empuje de la Obra, el Consejo Superior y casi todos los Consejeros), quedando anulada como Organización, pero Manuel Aparici obra con rapidez y eficiencia y monta todo un nuevo sistema organizado en Burgos.


En la tarde del 31 de agosto de 1936 fue –como él mismo dice en su carta de agradecimiento a su Obispo, D. Leopoldo Eijo Garay, con motivo de su ordenación sacerdotal– «a pedir al Padre y Pastor de su alma que se dignara darle luz y consejo sobre lo que pudiera pedirle el Señor en aquellos momentos primeros [...]».

         «[…] De conformidad con la Jerarquía, que tenía depositada toda su confianza en él, se instala en Burgos para reorganizar allí el Consejo Superior de la Juventud de Acción Católica. La Iglesia se había propuesto mantener la Acción Católica libre de implicaciones políticas […]» y Manuel Aparici fue, como siempre «[…] fiel ejecutor de lo que la Iglesia quería hacer del apostolado laical en la Acción Católica [...]».

         «Desde el entonces Cardenal Primado de España, Cardenal Gomá, hasta los sacerdotes de Parroquias rurales, puede afirmarse que todos tenían profunda y merecida confianza en Aparici. No sólo por su ardiente espíritu religioso, sino por su ecuanimidad y serenidad ante las situaciones por las que entonces se pasaba, en las que había que estar alerta […]» .

         Pero entretanto, y unos días antes de su llegada a Burgos, «se reunían en esta capital el 4 de septiembre bajo la Presidencia de Javier Aznar, Vocal de la Permanente del Consejo Superior, los Vocales Archidiocesanos de Zaragoza, Burgos y Valladolid, con el Presidente Diocesano de Barcelona y la adhesión del de Santiago para constituir la Comisión Gestora [«Los elementos integrantes de la Comisión Gestora y de la Unión Diocesana de Burgos son los mismos», órgano supremo provisional que cumpliera el cometido del Consejo Superior; es decir, dirigir la vida de la Juventud de Acción Católica en zona nacional, en virtud del acuerdo tomado por el pleno del Consejo Superior en abril del mismo año.


»Pocos días después de esta reunión, el 15 de septiembre, Manuel Aparici se ponía al frente de la Comisión Gestora [...]».

         «Firme en su propósito de dedicarse totalmente, salvo el tiempo que le exigía su profesión, al cuidado de la Juventud, no resultaba nada fácil cumplirlo por las circunstancias del momento, y ello a pesar de la voluntad de todos para prestarle las ayudas necesarias». «El Sr. Arzobispo le cedió unos locales de su Palacio en los que recibía con su amabilidad característica a los abundantes grupos de jóvenes de la mayor parte de las provincias liberadas que pasan por allí y entre los cuales no faltaban dirigentes de Centros y Uniones Diocesanas; pero el paso y los contactos solían ser breves y muchas veces inesperadamente interrumpidas por las precipitadas salidas para los frentes. A todos animaba y reconfortaba aconsejándoles la más estrecha relación con los Capellanes Castrenses y que no abandonaran la oración colectiva».


«[…] Sus primeros colaboradores en la zona nacional fueron los jóvenes de la Junta Diocesana de Burgos y también los miembros y colaboradores del Consejo Nacional de la Juventud que iban llegando a Burgos o pasando por Burgos.

         »Aparici alquiló en Burgos un pequeño local y por allí pasábamos los movilizados cuando teníamos la suerte de pasar por Burgos […]».

         «[…] Entre sus colaboradores más directos de entonces, entre idas y venidas del frente pues estaban movilizados, figuraban Maximino Romero de Lema, Joaquín Ruiz-Giménez, Esteban Fernández Ruiz, Manuel Cossio de las Barcenas, Armando Durán, Manuel Martínez Pereiro […]». «La Secretaría funciona en “transeúntes”, con los convalecientes que descansaban unos días de sus heridas, o con los que disfrutan de sus permisos en retaguardia» «ante la absoluta carencia de colaboradores con que se encontraba por estar todos los jóvenes de Acción Católica en el frente». No obstante, «trata de lograr cerca de ciertos mandos militares que alguno de los convalecientes quedara destinado en Burgos, a fin de que le pudiera ayudar en esta tarea de hacer surgir el espíritu apostólico de la Acción Católica en los mismos frentes» .


         «No faltaban, como es lógico, en aquellas circunstancias los contactos del Presidente con el Cardenal Gomá […]».

         En fecha que se desconoce, se traslada «desde el Palacio Arzobispal donde estaba domiciliada la Junta Diocesana a la Plaza de Santa María, núm. 2, muy cerca de la Catedral. Era un piso amplio, donde además de la sede del Consejo Nacional, había varias habitaciones con camas e instalación eléctrica con potencia suficiente para cocinar. Este “hotel”, que funcionaba como alojamiento para algunos refugiados con pocos medios económicos al menos los primeros días de su llegada a Burgos, era una ayuda material de gran consuelo. Manolo se llevó el secreto de donde sacaba el dinero. De los que pasaron por aquel piso, que fueron muchos, recuerdo, entre otros, a Manuel Vigil, Alberto Ullastres, Alfredo Sánchez Bella, Enrique Friend, Víctor García Hoz, Maximino Romero de Lema, Vicente Puchol […]».


«[...] Dejó en todos una huella indeleble que iba a ser para todos decisiva. Nosotros podemos decir -concluye Joaquín Ruiz Jiménez-

que somos la generación de Manolo. El tuvo una gracia especial para recogernos y reunirnos a medida en que unos y otros íbamos pasando de la zona republicana a la nacional».

 

         Por su edad no fue movilizado

 

         «En esta época, como en los primeros tiempos de la posguerra, no todo fueron rosas para Aparici. (Cuando iba camino de Burgos –anota en su Diario–: «El me inspiró vida dura, áspera, mortificada. Ninguno que ha tenido mimos con su carne ha sido santo»). Y pide al Señor que le haga sabio para poder acertar en el gobierno de los que le han confiado. Sufrió mucho porque algunos interpretaban que debía haber dado ejemplo incorporándose al ejército  para combatir a los enemigos de Dios y de la Iglesia (por edad no fue movilizado, según el Arzobispo Maximino Romero de Lema). El Consiliario de la Juventud, D. Emilio Bellón, se vio obligado en alguna ocasión a tener que defender enérgicamente la persona y la actividad de Aparici, que había sido tan sacrificada y más eficaz de lo que pudiera haber realizado en el frente de combate».

 

         Obediente y callado, «soporta la suprema humillación de la retaguardia que le impone el Cardenal Gomá, con la orden estricta del Papa y de la Jerarquía de hacer subsistir la Juventud de Acción Católica» .

 

         Sin embargo, sentía ansias de correr al frente.

 

         «Hacía falta –dirá un día en la Escuela de Propaganda. Toledo. Año Santo– santidad y a esto viene la Acción Católica, aunque en ella tal vez haya que sacrificarse ganas de pasarse a la primera fila para organizar bien la retaguardia».

         «[…] Entonces cuando os contemplaba partir para el frente –le dice a Joaquín Ruiz-Giménez en carta sin fecha ¿1947?–, con secreta envidia, le pedía al Señor que se dignara tomar mi vida para que se consumiera toda al servicio de esa juventud que le confesaba con su sangre; y entonces también ante el Sagrario y sintiendo en mi alma el estímulo del dolor de nuestros mártires y del gozo de vuestro heroísmo es cuando Él me hizo concebir el Ideal de España y lo Hispánico Vanguardia de Cristiandad […]».

         «Hoy –21 de febrero de 1936 escribe en su Diario– me ha vuelto a morder el alma la vanidad. Sentía ansia de correr al frente, pero era para que no pudieran decir de mí; pero ahora comprendo que mi deber es vivir muriendo en retaguardia, crucificándome ocultamente para proteger a mis hermanos. Cuando la guerra termine ya surgirá un joven que me pueda suceder y del que no puedan decir que no estuvo en el frente. Pero ahora es menester que alguien ore y trabaje por ellos y para ellos. Luego, qué importa lo que digan si tú me ayudas, Señor. Algún día seré ministro tuyo y entonces no habrá obstáculo».

         «Me ha hecho ver todo lo que tendría que aceptar si la Patria (rey temporal) me llamara a filas –anota de nuevo el día 10 de septiembre de 1938–: Vida disciplinada de cuartel. Dos horas de instrucción. Comida militar, rancho. Separarme de los míos. Ir al frente. Centinela dura. Rechazar los ataques, con cansancio o sin él, con hambre y sed o sin ella. Atacar hasta desalojar al enemigo, con toda la impedimenta. Caer herido y sufrir el desgarrón de mi carne y el dolor intenso y el dolor moral de verme lejos de los míos.

         »O tal vez como los héroes de Belchite, de Teruel, del Ebro, de Santa María de la Cabeza verme cercado y morir, con toda la angustia de la muerte, antes que entregar un miembro del cuerpo sagrado de España.

         »Todo esto lo haría por España y ¿no lo voy a hacer por Cristo Rey?

         »Y Él me pide:

         »Vida disciplinada, un horario y que me atenga a él. Instrucción: meditación, lectura, Santa Misa, comunión, lectura espiritual, visita al Santísimo; instrucción que endurezca los músculos de mi espíritu para marchar en sus filas.

         »Comida sencilla y cama dura. Vida de frente de lucha, de conquista, siempre vigilante y alerta, con centinela cuidadosa sobre mis sentidos y potencias para que no me las arrebate el enemigo. Y si el enemigo ataca, rechazarle con valor, tenga consolación o no la tenga, estando cansado o descansado.

         »Entrar al cuerpo a cuerpo en las almas para desalojar al enemigo de ellas, con la impedimenta que sea, y si rechazar el ataque me supone “arrancarme un ojo o una mano” sufrir con alegría el desgarrón.

         »Y resistir hasta la muerte antes que pecar para no entregar un miembro del sagrado Cuerpo de Cristo al enemigo.

         »¡Gracias Señor! porque tú, aunque me pides esto, me aseguras siempre el triunfo.

         »¡Cómo amontonas tus gracias sobre mí a pesar de haber visto desde toda la eternidad mis iniquidades!

         »Tú me has hecho ver también que al recibirte en la Eucaristía te recibo a ti y a tus mártires, y que los has querido unir a ti para venir a mi alma para que sus llagas sean como el altavoz de tu amor, porque toda esa cantidad inmensa de tus llagas, las tuyas y las de tu Cuerpo Místico, me dicen con los labios de sus heridas: Te amo, te amo y tengo sed».

        

         Tres años después aproximadamente, concretamente el 11 de Marzo de 1941, vuelve a anotar:

 

         «Brevemente consideré lo que hubiera hecho si me hubiera llamado España. Aunque, cobarde, hubiera ido. Fue menester que el Cardenal Gomá (q.s.g.h.) me dijera que, no habiendo llamado mi quinta, debía estar en retaguardia para trabajar en la Juventud de Acción Católica, para que pudiera contenerme de ir al frente. Tanto pesaba en mí un puntillo de honra; pues tú sabes bien que lo que me consumía era más bien el no quedarme atrás que el defender con mi vida tus intereses.

         »Aún así, tu gracia hizo que viviera austeramente para no ofender la sangre joven que se derramaba en España y aún que orara con más asiduidad para proteger a mis hermanos, mientras les dedicaba todas mis energías y tiempo libre, manteniéndome en Burgos aun con pesar de mi madre distante y perjuicio económico».

 

         Entonces su figura se agiganta

 

         «Y emprende su magnífica y fecunda labor, que ya no abandona en toda la guerra». «Lleva una intensa vida de piedad, oyendo Misa y comulgando siempre que se lo permite el servicio y supliendo con oración y la presencia de Dios los actos de culto a los que no puede asistir. Debe ser apóstol con su ejemplo y su trato para atraer a sus compañeros hacia el ideal apostólico».

         «Trata de reorganizar las fuerzas dispersas. Comunica con las Uniones Diocesanas, pero éstas no dan señales de vida: todos sus miembros están desde el primer día en el frente [...]. Todo el Consejo va al frente».

         Con su llegada reaparece SIGNO, del que sólo habían salido cuatro números en Madrid antes de comenzar la guerra. Convertido en semanario acentúa el sentido peregrinante y lleva el espíritu cristiano propio de aquella Juventud de Acción Católica. Y logra con su esfuerzo que sea un órgano vital para el espíritu cristiano de los combatientes católicos, de los Centros de Vanguardia y de los Centros y Órganos de la Juventud de Acción Católica que perviven en la zona nacional, aunque esté preferentemente dedicado a los primeros.

         Da normas y alientos para proseguir la labor. No cesa en la Obra de Asistencia Católica al Herido y proyecta el Cuerpo de Visitadores, a base de mutilados.

         En retaguardia no hay un solo joven de Acción Católica, salvo los que no son útiles para el servicio de las armas. Casi toda la Obra quedó reducida a los aspirantes, que trabajaron de un modo admirable, convirtiéndose en verdaderos jóvenes de Acción Católica.  En varias Diócesis se constituyeron grupos de aspirantes propagandistas. La mayoría de los cargos y puestos dirigentes fueron ocupados por estos muchachos de 15 años, a los que se estampilló para ello; es decir, se les concedió la insignia de numerarios por méritos contraídos al servicio de la Juventud y en tiempo de guerra. El heroísmo de estos muchachos fue posible merced al ideal que animaba a la Juventud. Y detrás como siempre, él.

         Si en 1936 no hubiera habido Aspirantados en casi todas las Parroquias donde había Centro de Jóvenes, la Obra habría quedado materialmente desecha. Gracias a ellos mantuvo su continuidad. Repetía con frecuencia: «Un centro no muere si hay algún joven dispuesto a morir por el Centro» .

         Tendrían que pasar, sin embargo, bastantes meses hasta que la Juventud volviera a tomar cuerpo como tal Asociación.

         Sin el menor asomo de desánimo «con casi todos los muchachos en el frente, emprendió la difícil labor de localizarlos y agruparlos, siempre que fue posible, en “Centros de Campaña”, donde pudieran reunirse y practicar, lo mejor que se pudiera, muchas veces en la trinchera, la vida de la Juventud de Acción Católica, a lo que respondieron muchos, que no solamente dieron cuenta de su situación y actuaciones, sino que con su ejemplo y propaganda consiguieron nuevos asociados».

         Pese a todo «La Juventud de Acción Católica, marcha; marchaba siempre; aunque la sede del Consejo Superior y casi todos los Consejeros se hallen en zona republicana; aunque la Comisión Gestora que se ha constituido haya tenido que dispersarse por estar sus miembros movilizados; aunque las Uniones Diocesanas, lo mismo que los Centros, tienen el ciento por ciento de sus directivos en el mismo caso; aunque todo paso que se da ocasiona un déficit, y cada minuto de actividad supone otro tanto de mengua de descanso que necesitan los que en los locales  sociales trabajan perseverantes después de haber cumplido sus deberes para con la Patria [...]».

 

         «[...] El sol entra a raudales por uno de los balcones. Manuel Aparici [...] a cuyo esfuerzo se debe la obra de la Juventud, inclinado sobre una de las mesas trabaja afanosamente. Cuando le hablo del propósito de mi entrevista se muestra reacio. Su natural modestia le obliga a quitar valor a lo que hace. No quiere que su tarea salga a la superficie y se esfuerza sobresaliendo en medio de esta obra admirable de esfuerzo y generosidad que es la Juventud de Acción Católica. Y se esfuerza en hacer recaer el éxito –que a él sólo corresponde– sobre sus colaboradores. Pero es inútil. Está casi solo. Sus más fieles ayudantes son Esteban Fernández, el infatigable director de SIGNO [...] y Manuel Martínez Pereiro, admirable ministro de las modestas finanzas de la Obra, quien desde hace unos meses sostiene a la Juventud contra la fatalidad inexorable de los números que le crean las pesadillas de los déficit.

         »Al ver hoy de nuevo a Manuel Aparici ante mí, recuerdo dos momentos anteriores de él mismo hace ya muchos meses. Uno de ellos fue cuando sus palabras llegaron a través de las ondas de la radio hasta los oídos del que esto escribe [...]. Y el otro cuando [...] descubrió la silueta de Aparici recortándose en la penumbra de la capilla del Cristo en la Catedral burgalesa en actitud de profunda meditación, como si aceptase sobre sí el peso y la responsabilidad de los destinos de la Juventud Católica Española.

         »Manuel Aparici tiene dentro de sí –vibrándole gozosamente en las fibras de su propio espíritu– el afán de conquistar el alma de la Juventud española para Cristo. Esta es su obsesión y ésta es la razón de su vida y de su esfuerzo. Jamás como él entre los hombres el verdadero sentido de la fraternidad había llegado a más alto grado.

         »Y la entrevista empieza. A mis preguntas –durante todo el transcurso de la charla– él va a contestar con una precisión que es la prueba más evidente de cómo llena su ánimo esta obra ingente de la juventud. Maneja de memoria cifras. Recuerda nombre de jóvenes que murieron como mártires o como héroes. Habla de estas cosas con el cariño con que un padre pudiese recordar hechos o palabras del hijo entrañable [...].

         »Quedan las palabras flotando en el ambiente, que yo recojo con el fervor del que oye los últimos ecos de una apartada oración.

         »Es ya mediodía y el sol –que entra a raudales por los balcones– ilumina ahora la austera silueta del crucifijo que pende de la pared. Manuel Aparici y yo lo contemplamos en silencio, mirándonos después con un gesto en el que yo descubro la razón última de todos los sacrificios que el Presidente de la Juventud de Acción Católica realiza desde hace muchos meses en el silencio de aquella humilde habitación, que hoy parece como olvidada en un rincón de España».

 

         «Durante todo el primer semestre del año 37 la actividad del Consejo Superior o Comisión Gestora residente en Burgos se encaminó a crear los Centros de Apostolado de Vanguardia y a editar hojas [en las que se estimula al rezo del Santo Rosario, al apostolado del perdón y del sufrimiento y a la visita de los hospitales por jóvenes no movilizados y por los aspirantes mayores]

y folletos que mantuvieran e intensificaran el espíritu apostólico y sobrenatural de los jóvenes de Acción Católica en los frentes.

         »Pocos días después, en julio de ese año, por el Presidente Nacional, se dirige a todos los Consejos Diocesanos liberados el anteproyecto de Reglamento de Centros de Apostolado de Vanguardia y de grupos de visitadores de frentes, a base de mutilados de guerra [...], se celebra la Vigilia del Apóstol Santiago en todos los frentes y el Consejo Superior se traslada a la ciudad del Apóstol».

«Aparecieron en fechas sucesivas, 5.000 libros, 148.000 folletos y 195.000 hojas de propaganda, exponente de la actividad de un Consejo casi unipersonal [...]. Manuel Aparici publica la primera circular de IDEALES, órgano de la Unión Diocesana de Burgos [...]».

 

                   En febrero de 1937, Año Santo en Compostela, SIGNO publica un llamamiento de Aparici que titula «Instrucciones a los Movilizados», que prologa él mismo. Normas concretas para los jóvenes de Acción Católica que luchan en los frentes. Ya «en la VI Asamblea celebrada en Valencia, en octubre de 1935, se trató, entre otras cosas, la creación de Secretariados de Ausentes para atender a los jóvenes de Acción Católica militarizados» .

         Recordaba a los soldados combatientes que los de enfrente eran hermanos suyos, y que era necesario orar también por ellos. Está en su espiritualidad el amor a los enemigos y el espíritu de reconciliación.

 

         «El Movimiento actual –escribe en el Prólogo– es una Obra de Dios y es menester que no pase sin frutos. Todo joven de Acción Católica, cualquiera que sea el lugar o unidad (militar) en que esté encuadrado, no debe olvidar que es un joven consagrado al servicio de la Iglesia, como apóstol de almas. A los heridos: que vuestro dolor sea redentor, ofrece a Cristo tus sufrimientos, tan duros, continuos y ocultos. Y ofrece al Padre por Jesucristo ese tesoro por la salvación de las almas, también por los que luchan contra vosotros, hermanos vuestros».

 

         Este fue el lema que tuvo durante toda la guerra: «Pensad que las personas contra las que tiráis son hermanos vuestros […]».

 

 


Publicado por verdenaranja @ 22:47  | Espiritualidad
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios