Martes, 17 de febrero de 2009

Información enviada por Carlos  Peinó Agrelo, peregrino, Cursillista, colaborador en la redacción de la Positio super virtutibus del Siervo de Dios y Vicepostulador de su Causa de Canonización

 

 

 

CENTROS DE VANGUARDIA

(1936-1939)

Centros de Jóvenes de Acción Católica organizados en las trincheras, es decir, en los mismos frentes de guerra. Llevan un nombre en su raíz: el de Manuel Aparici



Apostolado del sufrimiento

 

         «¡Jóvenes de Acción Católica que lucháis por España! ¡Los que sufrís en la trinchera, los que derramáis vuestra sangre en el combate, los que padecéis las incomodidades de la guerra, los que yacéis en el lecho del dolor de los hospitales, todos los que os sacrificáis en estos momentos por la Patria!

 

         »Soldados de la Cruz

 

         »La Juventud de Acción Católica os felicita porque habéis entregado para la causa de Dios y de España vuestra sangre y vuestra vida. Pero aún tenéis tesoros inagotables que podéis ofrecer, y la Juventud de Acción Católica os los va a pedir. Esos tesoros son vuestros sufrimientos. Las incomodidades, los sufrimientos todos: he ahí un gran tesoro que desconocíais y que viene a pedir la Juventud para Cristo. Para la Patria deis la sangre y la vida. Para Jesucristo debéis dar vuestros sufrimientos.

 

         »Tesoro escondido

 

         »¡Qué tesoro más inmenso si todos los jóvenes católicos que luchan en los frentes o están heridos en los hospitales ofrecen a Jesucristo sus sufrimientos tan duros, tan continuos, tan ocultos a veces!

 

         »Por España y por las almas

 

         »Y os pedimos que ofrezcáis ese tesoro a Jesucristo para conseguir del eterno Padre la redención religiosa de España, la salvación de las almas de todos los que luchan, hasta las almas de los que luchan contra nosotros, hermanos nuestros, descarriados, sí, pero por eso mismo más dignos de compasión, para los que debemos pedir a Dios la conversión, siquiera el arrepentimiento de la contrición en los últimos instantes.

 

         »Dolor que redime

 

         »El dolor es redentor. Cristo no nos redimió sino con el dolor. Él ha querido que sus apóstoles rediman al mundo de la misma manera que Él le redimió: con el dolor. No desperdiciéis, pues, jóvenes de Acción Católica, apóstoles modernos de Jesucristo, el poder redentor de vuestros sufrimientos. Por la transfusión de méritos de unos cristianos a otros, según el dogma de la Comunión de los Santos, vuestros dolores y sufrimientos irán a vivificar almas muertas que sólo por vosotros podrán salvarse. ¡Qué satisfacción la vuestra si después de la campaña podéis presentar en vuestra lista de méritos el haber salvado a España y el haber salvado muchas almas! El joven de Acción Católica debe ser siempre apóstol, sedlo ahora por la crucifixión de vuestro cuerpo.

 

         »El dolor es un valor

 

         »Tenéis que sufrir. No sufráis en balde: aprovechad vuestros sufrimientos. No desperdiciéis esos medios de salvar a España ante Dios, de una manera tal vez más eficaz que con vuestro fusil. No desaprovechéis esos magníficos medios de conseguir salvar las almas de vuestros hermanos.

 

         »Sufrir por las almas

 

         »El dolor por las almas es un consuelo. Es dulce sufrir cuando se sufre sabiendo que se está haciendo bien a un hermano. Es dulce la Cruz cuando se lleva por Dios. Así el sufrimiento no es la desgracia que desespera, sino la gracia que nos hace apóstoles desde el lecho  desde la trinchera.

 

         »El holocausto de nuestra juventud

 

         »¡Jóvenes de Acción Católica que lucháis en los frentes o sufrís en los hospitales! Comencemos desde hoy una gran Cruzada de sufrimientos por las almas. Todas las mañanas ofreced al Eterno Padre, en unión de los sufrimientos de Jesucristo crucificado, todos vuestros dolores, privaciones, heridas, sufrimientos, hasta vuestra muerte, si os llegara ese trance, para pedirle la salvación de las almas, las de nuestros amigos y las de nuestros enemigos. Repetid esa oblación en los momentos de mayor dolor durante el día, para que sin cesar suba al Señor el holocausto de la Juventud Española de Acción Católica.

         »En las jornadas angustiosas de la trinchera, de los insomnios penosos de la noche, en las horas grises y pesadas del hospital, en el quirófano de operaciones, en los momentos dolorosos en que la metralla rompa vuestra carne, siempre que sufráis, acordaos de Cristo crucificado y ofrecedle vuestros dolores.

         »¡Joven de Acción Católica! Muchas almas esperan quien las salve. Tus dolores ofrecidos a Dios podrían conseguirle el perdón. Esas almas son el valor de tus sufrimientos» [1].

 

         El Consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica publicó además este año entre otras publicaciones, las siguientes: «Hacia Santiago» («Espíritu que ha de animar a los jóvenes, que hoy en las trincheras, mañana en la paz, quieren una España grande para Dios»); «Hacia el Centro Parroquial » («Normas prácticas para la constitución de un Centro Parroquial de J. de A.C.») y «Caridad Cristiana» («Sobre las visitas a los heridos en los hospitales, en quienes hemos de ver a Cristo nuevamente padeciendo»).

         En preparación estaban estas otras: «Cristo en las trincheras» («Pensamientos para levantar el espíritu religioso y patriótico de los soldados») «Centros de Vanguardia y Visita de Frentes» («Normas para la organización de Centros de Juventud en los Frentes, como auxiliares del clero castrense») y «Alerta, Retaguardia» («Unión de sacrificio y de trabajo con el frente»).

         En el apartado de HOJAS destacan: «Apostolado del sufrimiento» («Enseña a aprovechar el valor del sufrimiento y pide a los jóvenes que lo ofrezcan por la salvación de las almas y la redención religiosa de España») y «Perdón» («Exhorta a pedir el perdón de los enemigos y lleva una oración indulgenciada por el Emmo. Cardenal primado y el Excmo. Sr. Arzobispo de Burgos, que facilita la petición»).

 

         Su «mística» se puede apreciar en el folleto «Epistolario del Frente. Espíritu de los soldados de Cristo y de España», publicado también en Burgos por el Consejo Superior de la Juventud de Acción Católica en dicho año con la aprobación del Arzobispado de Burgos, y Prólogo de Manuel Aparici, Presidente Nacional, Festividad de la Degollación de San Juan Bautista.

 

         «A la España que sufre y que lucha, que trabaja y que ora –escribe Manuel Aparici– […].

         »De sus páginas surge la voz de la juventud española […]. Escritas desde el frente o desde el hospital reflejan los deseos, las aspiraciones más íntimas de sus almas […].

         »El afán es el mismo: Realizar el deseo del Vicario de Cristo: “Una Cristiandad en que todos los miembros vigilen sobre sí mismos; que desechen toda tendencia  a lo puramente exterior y mundano; que se atenga seriamente a los preceptos de Dios y de la Iglesia, y se mantenga, por consiguiente, en el amor de Dios y en la solícita caridad para con el prójimo, y sea el ejemplo y guía para el mundo profundamente enfermo” […].

         »La Hispanidad, más que realidad de razas, es realidad de fe. Una misma vocación nos une. Cuando la Madre decida ser la primera en el Servicio de Dios, sus veinte Hijas se le irán tras ella y la Hispanidad será un hecho […].

         »Estas cartas que publicamos, breve exponente del pensar, el querer y el sentir de los soldados […], lo proclaman [2].

         »Las publicamos sin firma, porque todos tienen, como miembros de una misma familia, idéntico apellido: Jóvenes Españoles de Acción Católica […].

         »Y en el Año Santo de Compostela […] todos hacen con su Presidente su solemne promesa […].

         »¡Oh, tú, que eres nuestra Madre desde los días de nuestra infancia primera, nuestra fortaleza en la vida, nuestra alegría en la muerte; que la lengua se nos pegue al paladar si, cediendo a terrenas lisonjas o amenazas, llegamos a traicionar nuestro voto bautismal! … ».

 

«La persecución –medita en voz alta Aparici– ha sido siempre fecunda para la causa de la Iglesia. Nosotros hemos tenido también un triunfo en medio de tantos mártires: el de que no haya habido ni una sola apostasía» [3].

«Desde entonces [desde la fundación de la Obra], ¡cuánta gloria y cuánta sangre para nuestra Obra! El mundo giró mil veces, pero aquellos hermanos nuestros permanecieron en el mismo sitio, como si nada cambiase, porque llevaban dentro el principio de la Inmutabilidad.

         »Luego, tras una historia densa –historia de España, historia de la Acción Católica Española– llegó el Año Jubilar, que hemos podido celebrar con paz gracias precisamente a aquellos hermanos que fueron incapaces de sentir el temor [...]. Y por eso mismo nuestro Año Jubilar ha tenido certeza de tedéum y gozo de aleluya. Porque millares de sacerdotes y religiosos,  de  hermanos  nuestros  de  la Juventud,  ignoraron lo que era la palabra “apostasía” [...]» [4].

 

«[…] Repetía mucho la frase del Señor, cuando manifestaba su pena por la muchedumbre que le seguía sin comer y que andaba como ovejas sin pastor, en un momento en que, con motivo de la guerra, una parte considerable de la juventud se encontraba en los cuarteles y en las cárceles. Para atenderlos tuvo especialísimo interés en organizar y desarrollar el Apostolado Castrense y el trabajo en las prisiones [...] como fueron bautizos de adultos, apadrinados por los Coroneles de los Regimientos; y caso similares sucedieron en las cárceles» [5].

 

         Una ocasión muy propicia para su labor fue la de los Cursillos para la Formación de Oficiales Provisionales, valiéndose sobre todo de la colaboración de los cursillistas que pertenecían a la Juventud de Acción Católica. De allí nacieron los famosos Centros de Vanguardia, con los que Manuel Aparici mantenía una intensa relación, personal y epistolar, sirviéndose también de SIGNO y de otras publicaciones varias, algunas ya citadas, para mantener e intensificar el espíritu  apostólico  y  sobrenatural de los jóvenes de Acción Católica en los frentes de combate.

         «El ir y venir de los soldados por Burgos, a donde acudían en cuanto les era posible, era beneficioso para la consolidación y crecimiento de los Centros de Vanguardia, sustitutos en aquellas circunstancias de los Centros Parroquiales, dada la movilización de los jóvenes. Los Centros  de  Vanguardia  eran  de  vanguardia  de apostolado juvenil de adelantados de peregrinos [...]. Como tales no dependían del mando militar ni tampoco de unidades de clara finalidad política. Aparici y los suyos, fuertemente respaldados por la Jerarquía de la Iglesia, mantuvieron el apostolado juvenil en tan difíciles condiciones libre de confusionismos de cualquier orden [...].

         »Aparici promovía una intensa relación con los Centros de Vanguardia para lo que se valió también de SIGNO convertido en periódico de los Centros de Vanguardia, al cual se unían publicaciones varias con textos para el apostolado en el frente, para el funcionamiento de sus Centros» [6].

 

         Dependían directamente del Consejo Superior el cual estaba en contacto permanente con el Cardenal Primado.

 

         «En relación con la atención espiritual a quienes se encontraban en el frente o en los hospitales para fortalecer su vida de gracia [...] no faltaban publicaciones no periódicas como los folletos “Epistolario del Frente. Espíritu de los soldados de Cristo y de España”, selección de cartas con una breve presentación de Manuel Aparici; “Milicia de Cristo” (Centros de Vanguardia) que, tras una frase de Pío XI en su discurso a los españoles el 14 de septiembre de 1936, aplica el espíritu y organización de la Juventud de Acción Católica a los Centros que se crean en frentes y hospitales; y “Cristo en las Trincheras” del jesuita Karl Stähli, colección de meditaciones sobre textos evangélicos, que inician cada uno de los breves capítulos que contemplan los momentos vividos tanto en las líneas de fuego como en los hospitales y aun cuando se alcance la paz, después de la victoria» [7]. Son pensamientos para levantar el espíritu religioso y patriótico de los soldados.

 

         Del espíritu que animaba a esos jóvenes lo tenemos en el siguiente testimonio:

 

         Antonio Santamaría llega a Vitoria el 26 de octubre de 1937 con su Unidad procedente del frente de Asturias donde descansaban mientras se reorganizaban las fuerzas. Aprovecha esos días para invitar a sus compañeros del Centro de Vanguardia a participar en una tanda de Ejercicios Espirituales internos, de una semana de duración.

Escribe a Aparici dándole cuenta de sus intenciones, y éste le pone en contacto con Don Andrés de Soloaga, Director de la Caja de Ahorros de Vitoria [...]. Por medio de este señor consigue que les reciban en el Hospital «Fundación Molinuevo»; con el rebaje del rancho paga la pensión de todos y le sobran 21 pts. que encarga a Riera, uno de los ejercitantes, entregue en el Consejo como donativo.

Asistieron cerca de 30 soldados (los militantes de Acción Católica son: Burgos 5; Navarra 7; Valencia 2; Santander 5; Galicia 2; Palencia 2; Guipúzoa 3; Cataluña 2) dirigidos por el P. Andrés Aristegui, S.J., que finalizan con una solemne Misa. El Rvdmo. Administrador Apostólico de Vitoria, Mons. Lauzurica, al enterarse de ello, se brindó espontáneamente a celebrar la Santa Misa y distribuir la comunión a estos jóvenes ejemplares. Es ayudado por los Rvdos. Señores Onraita y Landáburu, Capellanes del Hospital de Sangre y de la Casa.

También asiste el Capellán Mayor del Ejército, Don Pedro Buesa, y la Comunidad de Hijas de Santa Ana, personal facultativo, el Director Dr. Don Felipe Elizagarte, la Delegada Provincial de Asistencia a Frentes y Hospitales, señorita María Cruz Guinea; representantes de la Acción Católica masculina de Álava, Don Ándres de Soloaga y Don Luis María Uriarte y Lebario. Y como no, Manuel Aparici.

Mons. Lauzurica dice en su plática, entre otras cosas, que ellos han de ser la levadura de la nueva España, que conquista los espíritus y las almas para Cristo.

El Gobernador Civil, señor Esparza, por medio de una de sus hijas, envía un obsequio de tabaco a los soldados ejercitantes y a los heridos hospitalizados.

 

         «Algún día habrá que escribir despacio esas memorias colectivas [8], de las cuales un capítulo muy especial serán los Centros de Vanguardia [...]. Llevan un nombre en su raíz: el de Manuel Aparici [...]», asegura Joaquín Ruiz-Giménez [9].

         «Él –afirma el Rvdo. D. Mariano Barriocanal– fue el creador de los Centros de Acción Católica de Vanguardia con los que mantuvo en los jóvenes que luchaban en el frente el auténtico espíritu de Cruzada, espíritu que llevó a no pocos jóvenes al heroísmo y a los demás les conservó en la vida de piedad y la fidelidad a las costumbres cristianas, proveyendo de rosarios, escapularios y medallas a los soldados y a los jefes, con lo que los unos y los otros manifestaban cual era el sentido de sus luchas y sacrificios» [10].

         «Eran su creación más personal y fecunda y únicos en el mundo, que habrían de realizar una gran labor apostólica, sustitutos en aquellas circunstancias de los Centros Parroquiales, dada la movilización de los jóvenes. Eran de vanguardia de apostolado juvenil, de adelantado de peregrinos [...]» [11].

         «Del período de la Guerra Civil y la actividad de D. Manuel durante la misma, tengo noticias por mi primo Alfonso Lodo Donoso-Cortés –declara José María Castán Vázquez–, que fue colaborador suyo en el Consejo Superior y en esta clase de actividades. A través de él he conocido la gran actuación del Siervo de Dios en orden a la constitución de Centros de Juventud de Acción Católica, tanto en los frentes como en toda la zona llamada nacional […]» [12].

         «Que él fundó durante la guerra para los jóvenes que estaban en las trincheras», dice Juan Candela Martínez [13]. «A los que bastantes veces, en Ejercicios y Cursillos de diverso tipo, he aludido como creación de Manolo» declara el M.I. Rvdo. D. Felipe Tejederas Porras [14]. «[...] La escuela –le decía Mateo a Manuel Aparici– está regida por una maestra, oficialmente catequista [...] la cual está dirigida, a su vez, por un joven sacerdote, unos 43 años, de la Diócesis de Vitoria, que se llama Aurelio Ortiz de Zárate, y que [...] en su grupo de artillería aconsejaba a uno de los Centros de Vanguardia por ti fundados» [15].

 

         No cabe duda de que constituyeron una peculiaridad apostólica apropiada a aquellos tiempos y circunstancias. Se trataba de que los jóvenes de Acción Católica movilizados, además de cumplir con sus deberes militares, colaborasen con los Capellanes Castrenses en su función religiosa […]» [16].

         «Con ellos mantuvo en los jóvenes que luchaban en el frente el auténtico espíritu de Cruzada –afirma el Rvdo. D. Mariano Barriocanal [17]–, espíritu que llevó a no pocos jóvenes al heroísmo y a los demás les conservó en la vida de piedad y la fidelidad a las costumbres cristianas, con lo que los unos y los otros manifestaban cual era el sentido de sus luchas y sacrificios».

         Manuel Vigil y Vázquez recuerda «aquellos inolvidables  años vividos al lado de Manuel Aparici, nuestro Manolo Aparici», y afirma en su testimonio: «Nosotros teníamos un sentido de Cruzada […] era el de Manuel Aparici, de sed de almas para Cristo. Sostener esto en aquellas circunstancias tanto a un lado como a otro del frente era arduo [...]. Los Centros de Vanguardia intentaban dar en el frente el verdadero sentido de la Cruzada. Pero eran inevitables los condicionamientos patrióticos, muy sentidos por muchos de nuestros jóvenes, de lo que se originaba el peligro de confusión […]. Para mí Manuel Aparici era un ejemplo de entrega al Señor ante el que nadie con deseo de apostolado podía ser insensible dentro de la capacidad de cada cual» [18].

         Aconsejaba se formase parte de los mismos y que todos los jóvenes de Acción Católica tenían que fundar un Centro de Vanguardia en la unidad en que estuviesen [19]; les decía lo que necesitaban para formar un Centro. En primer lugar, ponerse en contacto con el Capellán a quien le debían exponer todos sus deseos y mantenerse muy unidos con él, etc.); les mandaba las normas y modelo de acta para su fundación en el que se figuraban los fines de todo Centro de Vanguardia, extracto del proyecto de Centros y en algunos casos el Reglamento de algún Centro.

         Les pedía que, al principio, no mostrasen mucho entusiasmo proselitista sino más bien que procurasen que alrededor suyo se viviera una vida verdaderamente cristiana, que la blasfemia, si es que existía, se desterrase, que los sacramentos se frecuentasen. Si conseguís esto, después poco a poco, ellos mismos serán los que pidan ingresar en el Centro al enterarse que allí es donde se vive un cristianismo integral y en donde se encuentran a los muchachos más conscientes de su misión de Cruzados de la Nueva España. Les decía que él les ayudaría con sus pobres oraciones y con sus sacrificios.

         Les pedía también que, al constituirse el Centro, le indicasen quien había quedado de Presidente y si funcionaba con normalidad; que le enviasen una lista de todos los socios que pertenecían a él indicando los años y cargo que han desempeñado antes en la Juventud o si eran nuevos en la Obra, pues todos estos datos eran de sumo interés para el Secretariado de Frentes.

         Estos Centros surgieron en todos los frentes, en todas las armas y cuerpos de ejército donde se extendió el apostolado juvenil con estilo heroico de cruzada, gracias al espíritu que supo alentarles Manuel Aparici.

         «De más de 200 Centros a finales de 1937, se pasó a 400 a últimos de 1938. A la terminación de la guerra (1 de abril de 1939) su número se elevaba 456 [20] […]. Sirvieron para la reconstrucción de los Centros Parroquiales de la Juventud; y otros muchos jóvenes de Acción Católica, es necesario tenerlo en cuenta, hicieron apostolado en primera línea, sin conseguir formar el Centro de Vanguardia»[21].

«[...] La Juventud de Acción Católica tenía en el frente 400 Centros. Ello supone –le dice Manuel Aparici al entrevistador– el tener organizados dentro de los cuadros de la Juventud a más de 25.000 combatientes. El total de jóvenes y de aspirantes es solamente en el territorio de la España nacional de 65.000. De hecho todos los demás están en el frente, sin una sola excepción. Pero lo que ocurre es que no todos nuestros muchachos han conseguido organizarse allí y fundar nuevos Centros de Vanguardia. En retaguardia no hay un sólo joven de Acción Católica, salvo los que no son útiles para el servicio de las armas [...]» [22].

«Nuestros Centros de Vanguardia han trabajado para conseguir que ningún combatiente de la zona nacional muriera en pecado mortal, han reavivado el espíritu de nuestros afiliados y, además, han conseguido la incorporación a nuestra Obra de 9.000 jóvenes que pueden ser utilizados para la reconstrucción de nuestros Centros de Juventud» [23].

         Sin embargo, hay algo más que el número. Hay espíritu. Si éste se pudiera calcular nos daría cantidades enormes. Tendríamos que acogernos a la incógnita matemática “tiende a infinito”. Sacrificios ocultos, ansias de lo mejor, de escalar cumbres excepcionales.

         «Tanta era la admiración de los católicos de Argentina por la vitalidad de la Juventud de Acción Católica Española y por sus Centros de Vanguardia, que la revista de Buenos Aires HEROICA, en su editorial titulado: “Hablemos de España”, dice entre otras cosas: “La Acción Católica ... ¡Cuánto se ha adelantado en pocos meses! ...

         »Si vierais de conjunto la obra de la Juventud de Acción Católica sentiríais como yo estremecer vuestro corazón con la impresión de vértigo que producen las obras de Dios [...].

         »Resume a continuación la actividad de nuestros Centros de Vanguardia y añade: ¡Y qué Centros! ¿Cuándo se ha visto en el mundo ejemplos semejantes? Hacia la Madre Patria, que nuevamente nos ilumina y alienta, los jóvenes de América volvemos hoy los ojos conmovidos: ¡No olvidemos sus héroes y sus ejemplos!» [24].

         Por otro lado, «la gran escritora norteamericana, Jane Anderson, que estuvo a punto de ser fusilada en Madrid, y que, de vuelta a su Patria, fue un ardiente propagandista, visitó a Manuel Aparici en Burgos en diciembre de 1938 acompañada de su esposo, Sr. Cienfuegos, quien le expuso la labor que realizan los Centros de Vanguardia y los hechos más sobresalientes realizados por los  jóvenes de Acción Católica. Se mostró admirada del espíritu de nuestros jóvenes. Especialmente la labor de los Centros de Vanguardia mereció elogios suyos [...]. Es necesario –dijo– que los Estados Unidos conozcan vuestra obra y entregó a Manuel Aparici 200 medallas de la Virgen del Milagro, de Filadelfia, que es la imagen más venerada en Norteamérica, para que las hiciera llegar a los jóvenes de Acción Católica» [25].

 

         «Recorría los Centros de Vanguardia y de retaguardia para evitar que la cruel ocupación de las armas apagara el espíritu apostólico de “sus militantes”» [26], «inculcando la caridad en esos momentos de dolor, tragedia y lucha» [27] y pidiéndoles que «lo que sufrieran lo ofrecieran por el bien de las almas, incluso por los hermanos que luchaban enfrente» [28]. Repartía SIGNO en primera línea, trataba personal y apostólicamente en las trincheras con los combatientes como preparación en las vísperas de las batallas» [29]. Además fundaba Centros tanto en los frentes como en la llamada zona nacional.

         «Con este motivo hubo de desplegar actividades que en no pocas ocasiones le supusieron peligros y sacrificios [...]» [30]. Y ello «en el afán de hacerlos cada vez mejores y ganarlos para Cristo. Y de un modo muy especial en la dedicación a los jóvenes en los frentes de batalla y heridos en los hospitales» [31].

         «Visitaba  también  todas las Diócesis que se encontraban en la llamada zona nacional» [32] así como los Consejos Diocesanos liberados. José Luis López Mosteiro, a este respecto, va más allá. Declara que: «visitaba los Centros de los Jóvenes por toda España, durante la Guer

Publicado por verdenaranja @ 22:58  | Espiritualidad
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