Martes, 17 de febrero de 2009

Información enviada por Carlos  Peinó Agrelo, peregrino, Cursillista, colaborador en la redacción de la Positio super virtutibus del Siervo de Dios y Vicepostulador de su Causa de Canonización

 

  

CENTROS DE VANGUARDIA

(1936-1939)

Centros de Jóvenes de Acción Católica organizados en las trincheras, es decir, en los mismos frentes de guerra. Llevan un nombre en su raíz: el de Manuel Aparici




Con fecha 9 de noviembre de 1937 le decía a Lisardo Álvarez Luzaga:

 

         «Querido hermano de apostolado:

         »Tengo ante la vista la carta que has dirigido al Secretariado General de Frentes por la que veo el entusiasmo enorme que tenéis por la Acción Católica y cómo os sentís de apóstoles a lo San Pablo, teniendo como ideal el fundar, a donde quiera que vayáis, un nuevo Centro de Vanguardia como el apóstol fundaba una Iglesia en cualquier parte en donde pasase. Al veros con este entusiasmo he querido contestaros yo mismo y robando un poco de tiempo a mis ocupaciones lo he encontrado para dedicároslo a vosotros, que sois mi gozo y mi corona y con los que me siento íntimamente unido en espíritu. Hace unos momentos, antes de ponerme a contestaros, ha venido un joven a mi despacho y habiéndome preguntado que cuales eran las actividades de la Juventud en los frentes y que espíritu reinaba entre nuestros muchachos, he leído vuestra carta. Se ha quedado admirado al ver las ansias de apostolado que mostráis. Como ves vuestra carta ha hecho fruto en donde menos lo podíais pensar.

         »Me dices que en Alaminos ha quedado constituido un Centro, indícame quien ha quedado de Presidente y si funciona con normalidad, etc., pues no nos han escrito desde hace algún tiempo.

         »Cuando tú constituyas tu Centro envíanos una lista de los socios que pertenecéis a él indicando los años y que cargo han desempeñado antes en la Juventud o si son nuevos en la Obra, pues todos estos datos nos interesan para nuestro Secretariado de Frentes.

         »Hoy mismo he pasado nota a Administración para que os envíen los Ángeles del Alcázar que pedís. Adjunto os envío también una hoja que contiene las publicaciones que ha hecho el Consejo en los últimos meses.

         »De buena gana os escribiría más largo, pero me es materialmente imposible pues el tiempo corre y son muchas las cartas a contestar. Así que resumiré brevemente lo que necesitáis para formar un Centro de Vanguardia.

         »En primer lugar, poneros en comunicación con el Capellán a quien le expondréis todos vuestros deseos. Manteneos muy unidos con él. Al principio no mostréis mucho entusiasmo proselitista sino más bien haced que alrededor vuestro se viva una vida verdaderamente cristiana, que la blasfemia, si es que existe, se destierre, que los sacramentos se frecuenten. Si conseguís estos, después, poco a poco, ellos mismos serán los que pidan ingresar en el Centro al enterarse que allí es donde se vive un cristianismo integral y en donde se encuentran a los muchachos más conscientes de su misión de Cruzados de la Nueva España. Yo desde aquí os ayudaré con mis pobres oraciones y con mis sacrificios. Como os he dicho al principio, a pesar de los kilómetros que nos separan, me encuentro muy junto con vosotros y todos vuestros éxitos y todos vuestros desalientos los tomo como si fuesen cosa muy mía. Nosotros los Jóvenes de Acción Católica hemos de hacer que sea una realidad la palabra del Maestro a sus discípulos: “Amaos los unos a los otros como Yo os he amado”. Y Él nos amó en todo momento y quiere que nosotros vivamos esa caridad que nos vino a enseñar.

         »Para la cuestión de la organización del Centro os envío un modelo de acta de constitución de Centro en el que se encuentran los fines de todo Centro de Vanguardia. También os envío un extracto del proyecto de Centros. Pronto editaremos un folleto en el que encontraréis más normas o mejor dicho las mismas normas más extensas.

         »Pidiendo al Señor que os envíe sus santos ángeles, se despide de vosotros con un fuerte abrazo vuestro hermano en Cristo.

         »P/D. Dinos si está con vosotros el Dr. Rivera [1] y cuales son sus señas y su nombre para enviarle lo que nos pedís».


Le envía también una hoja que contiene las publicaciones que ha hecho el Consejo en los últimos meses y le pide le diga si está con ellos el Dr. Rivera y cuales son sus señas para enviarle lo que le piden.

 

         De su escrito de contestación a … (no figura nombre alguno), de La Coruña, fechado en Burgos el día 1 de julio de 1938, Año Santo en Compostela, destacamos:


«Mi querido hermano de apostolado:

         »Con gran satisfacción veo tu carta del 14 y el informe del Centro de Transeúntes que con ella me remites. Creí que ya os habíais olvidado de todas vuestras promesas de trabajar que me disteis cuando yo estuve en esa por Semana Santa, pero, gracias a Dios, tu carta me ha hecho ver que eran ciertos vuestros entusiasmos y firmes vuestros propósitos.

         »Respecto a las fichas que debían enviarme los Centros de Vanguardia y de Transeúntes, opino como tú, tan es así que en la primer circular que yo dirigí a todas las Uniones Diocesanas encargándoles el perfeccionamiento del Secretariado de Ausentes les hacía ya esta indicación, pues es la única manera de completar la Obra de apostolado que estamos realizando durante la guerra. Si cada Centro envía al Consejo Superior la ficha de sus asociados con indicación de su punto habitual de residencia y la Diócesis a que pertenecen, nosotros podemos reexpedir esta ficha a la Unión Diocesana correspondiente y le serviría el día de mañana para la fundación de nuevos Centros. Mas lo que pasa, es que no se pueden conseguir todas las cosas aún tiempo: primero se ha logrado que el espíritu se avivara precisamente en esas circunstancias de guerra y ahora, que ya se ha creado este espíritu, será el momento oportuno para recordar estas obligaciones.

         »Adjunto te remito normas para la fundación de Centros de Vanguardia y el Reglamento del Centro de San Francisco Javier de Medina del Campo.

         »Nada más, que el Señor te ayude y recibe un fuerte abrazo de tu affmo. en Cristo» [1].

 

         Con fecha 10 de octubre de 1938 contesta a la carta de Antonio Santamaría, 27 Batería del Grupo de Montaña, Estafeta 27, del día 1 de ese mes y le dice:

 

«Querido Santamaría:

         «Contesto a tu carta del 1. No recibí, o si llegó no me la pasaron, la que me escribiste en junio. Pereiro y Miranda tampoco me han dado cuenta de lo que les decías en tus cartas.

         »No temas nunca distraer la atención del Presidente, ni ocuparme un tiempo precioso, como dices, y menos aún aunque no tengas cosas de interés que te sitúen en tu plano de propagandista. Para mí lo más interesante sois vosotros. Recuerda que cuando el Señor envió a los setenta y dos discípulos a predicar, no tanto se gozó del fruto que habían hecho, cuanto del que la predicación de su palabra había producido a las almas de sus apóstoles y sus discípulos.

         »He meditado mucho las palabras del Papa de procurar en primer lugar la formación sobrenatural de directivos y propagandistas, sin preocuparse ni afligirse porque sean a los principios un “Pusillus grey”. Cita otra frase que emplea con otras palabras más preciosas aún: “Este trabajo vuestro ha de ser sólido y profundo, ajeno a la notoriedad y al aparato, enemigo de métodos ruidosos, trabajo que sepa desarrollar su actividad en silencio aunque el fruto se haga esperar y no sea de mucho brillo, a la manera de la semilla que soterrada prepara con un aparente reposo la nueva planta vigorosa”. Por aquí comprenderás cuanto me interesan los propagandistas del Consejo no tanto por lo que hagan sino por lo que vivan, pues ya sabes tú que lo interesante es estar unidos siempre a Él. Marta y María lo confirman. María supo escoger la mejor parte, y sin embargo no iba y venía como Marta. Parecía que se ocupaba menos del Señor y se ocupaba toda, porque estaba empleando su alma en contemplarle.

         »Todavía no he podido visitar los frentes. He tenido que ocuparme de la retaguardia. Necesitamos de ella, aunque sea reducida a su mínima expresión, obra que os ayude a vosotros, los que dilatáis las fronteras de la Patria española y del Reino de Dios.

         »Y con relación al frente ¿qué te diré sino que veo por tu carta que el Señor te ha inspirado un magnífico procedimiento? … Retrotraerles a su vida infantil, llena de ilusión y alegría, y llena también de fe ingenua; establecer el contacto con aquel pasado suyo que no murió, que estaba dormido, para que abrazando ellos su propio yo, que está olvidado, lo hagan crecer hasta que adquiera las mismas dimensiones que su yo intelectual. Su sencillez te hará ser sencillo también, y con la sencillez suma, con la sencillez de la paloma que nos recomienda el Señor, hablarles de Él, con esa sencillez de los corazones que se han llenado hasta rebosar y que tienen que hablar de esa abundancia de sus efectos.

         »Me invitas a una visita. En cuanto pueda, la haré. Será la mejor señal de que mis deseos se conforman a la voluntad Suya. Por ahora lo impiden múltiples atenciones de la Obra.

         »Mi enhorabuena por tus conquistas, no por lo que son en sí, sino porque ahora tienen que sentir que esos muchachos que han empezado a acercarse al Corazón de Nuestro Señor dependen de ti. Eran las ovejas descarriadas y, como el Señor, con toda la distancia que pueda existir entre el Redentor y los redimidos, fuiste en su busca, pero ahora que has hecho que se paren, queda la parte más pesada del trabajo: cargarlas sobre tus hombros y llevarlas al redil. Fíjate que este párrafo del Evangelio viene a ser el principio y el origen  de aquella frase de San Pablo: “Completo en mi cuerpo lo que le falta a la Pasión de Él, por el Cuerpo suyo, que son sus miembros”. Si la libertad de estos muchachos, un poco pródigos, resiste, es preciso que otra libertad se entregue por la suya, y ya sabes que el Señor condiciona su gracia a la redención de la libertad humana. Sobre estos muchachos que conocen algo de lo negro de la vida, aprovecha esa parte negra también. Dicen que las grandes santidades son rebote de las grandes caídas y ponen como ejemplos a San Pablo y a San Agustín.

         »En cuanto tengamos noticias de Claudio Rodríguez, te las transmitiremos.

         »Por aquí se está desarrollando un cursillo para los aspirantes a propagandistas de Aspirantes: catorce o quince muchachetes que parece que empiezan a entusiasmarse. Pidámosle al Señor que perseveren. De esta forma, cuando vosotros volváis del frente, encontrareis brazos dispuestos para que os ayuden en el trabajo.

         »Ya tenía noticias de ese descenso de espíritu a que te refieres en tu carta. Lo esperaba, pero la dificultad debe acrecer tus bríos, ya que, en realidad, no eres tú sino Él, quien tiene que vencerla.

         »Llevo hechas ya las gestiones para tu venida, pero hasta ahora infructuosas. No acabo de comprender por qué me dicen que es necesario que actuemos más y luego no nos dan los medios. Solo puede ser esto porque aún no sea llegada la hora marcada por el Señor.

         »Finalmente, ya que me pides que te aconseje y te exija lo que en beneficio de la juventud sea más necesario, te diré una sola cosa. Que le seas fiel.

         »¿Alegrías y tristezas de la Obra? Muchas. Alegrías, vuestras cartas. Son la mejor prueba de que el Espíritu Santo sigue soplando sobre vuestras almas. Y también los viajes. Por ellos he visto lo que presumía: Que las almas están sedientas de Él, pero esto, como es natural, trae también la tristeza consiguiente: Que la mies es inmensa y los operarios muy pocos. Y por añadidura, aún hay algunos operarios que, siendo buenísimos, quieren ensayar nuevos métodos que pueden perjudicar a la labranza. Pero todo esto, al fin y al cabo, no tiene importancia porque alegrías y tristezas son de Dios y tal vez esas pequeñas espinas son la parte mejor, ya que son la prueba de que caminamos sobre sus huellas.

         »Que la Santísima Virgen del Pilar dé fortaleza de pilar a tu alma de apóstol. Un fuerte abrazo de» [2].

 

         Y todo ello, y mucho más, sin desatender la retaguardia ni sus obligaciones de funcionario, que compagina con sus responsabilidades como Presidente Nacional de la Juventud de Acción Católica de España.

 

         En retaguardia visitaba, además, los hospitales viendo uno a uno a los heridos, hablándoles de Jesucristo, del valor del sufrimiento, preparación para la muerte, etc. [3]. Contaba que los heridos agradecían sus visitas: “con tanto trabajo como tienes”. Su respuesta era: visito al Santísimo diariamente y comparto el tiempo de estar con Él sacramentado para verle en ti y pasar a la intimidad con Cristo doliente. Sus palabras eran otras, más extensas y hondas» [4] y organizó la residencia de Burgos para atender a los soldados y heridos [5].

 

         «He visitado los hospitales –anota en su Diario Espiritual–, pero he tratado con poca reverencia y amor a sus miembros heridos.

         »He visto que te aman, que conociéndote te amarían más. ¡Ayúdame, Señor, a darte a conocer a las almas!

         »Ellos en el lecho del dolor y yo lleno de comodidades. No puede ser esto, yo también quiero sufrir algo por ti, amado Jesús, haz que mi pensamiento continuo sea este sufrir, sufrir por ti» [6].

         «Cuando yo visitaba los hospitales de sangre –vuelve a anotar muchos años después– aprehendí bien a Cristo crucificado, pero han pasado doce años y casi se me ha borrado esa imagen. Necesidad, pues, absoluta de reservar tiempo en mi vida sacerdotal para obras de misericordia corporal. Y necesidad de hacérselas practicar a los jóvenes de Acción Católica» [7].


 

«Cuando concluyó el Año Jubilar de 1937, en plena batalla de Teruel, los Centros de Vanguardia mantuvieron constantes en su ánimo el sentido de una Peregrinación aplazada por la guerra, o más bien prolongada en ella por caminos divergentes, que alargaban indefinidamente el tiempo y el andar del peregrino-soldado, pero que se cumpliría en el Año Jubilar de 1948 más pleno, triunfal y agradecido, por el bien que la ascética combatiente traía a las almas, y por el supremo bien de la victoria bajo el patrocinio del Apóstol» [1].

 

         «Al año siguiente (1938) se crean las Delegaciones de Frente del Consejo Superior para Centros de Vanguardia, se hace (en febrero) el primer extraordinario de SIGNO del Día del Papa que alcanza una tirada de 85.000 ejemplares, el triple de la tirada entonces normal, y se intensifica el Aspirantado y el apostolado de los jóvenes de Acción Católica en todas las instituciones sociales que alberguen jóvenes» [2].

 

         «[…] En dicho año el Consejo Superior en la fiesta de Pentecostés –era el primer pleno del Consejo que se celebra durante la guerra, para que acudan de diversos frentes los Vocales del mismo que se encuentran en zona nacional todos movilizados–, estudió las modalidades de los diversos frentes y acordó dar las siguientes “Normas” generales. Constan de diecisiete artículos. Para mejor atender tan extensa labor, acordó crear en algunas Uniones Diocesanas (que cita: siete en total), especialmente experimentadas en este trabajo apostólico y más en concreto en los frentes, Delegaciones del Secretariado de Apostolado en Campaña del Consejo Superior, que tendrán la autoridad delegada del Consejo sobre todos los Centros de Apostolado de Vanguardia que hasta la fecha tuvieran adheridos y los que se constituyan en su demarcación militar [...] bien entendido que la Presidencia del Consejo Superior puede ampliar ese número y resolverá cualquier duda o competencia […].

»Dos miembros del Consejo, García Hoz y Pérez Balsera [...],  junto con el Presidente de la Unión Diocesana de Santiago, José María Riaza, redactan las bases de organización de los Centros de Vanguardia, que son aprobadas por la Jerarquía […]. Acuerda […] organizar Delegaciones suyas para los distintos frentes en las Uniones Diocesanas de Huesca, Zaragoza, Toledo, Córdoba y Granada [...]» [3].

 

Y al mismo tiempo Aparici prepara el Congreso de Lima.

 

«En diciembre de 1938, había llegado a Burgos un enviado extraordinario de la Juventud Católica de Perú, Carlos Pareja, para invitar a nuestros jóvenes de Acción Católica al II Congreso Internacional de Estudiantes Católicos  (C.I.D.E.C.) que se celebraría en Lima en marzo de 1939.

»Primeramente cumplimentó al Excmo. y Rvdmo. Sr. Arzobispo de Burgos, Dr. Castro, y después fue recibido por Manuel Aparici. Le dijo que aunque comprendía las dificultades que supone el envío de una Comisión de jóvenes, estando en guerra, él le rogaba, en nombre de la juventud hispanoamericana que se hiciesen todos los esfuerzos posibles para que no faltase en ese Congreso una delegación española. Sin ella el Congreso perdería el cincuenta por ciento  de  su  valor. América ansía conocer de cerca a los Jóvenes de Acción Católica de España [...]. Su presencia será una magnífica inyección de fe y espiritualidad, de hispanismo [...].

»Manuel Aparici le prometió hacer lo posible y lo imposible por vencer las dificultades para enviar esta embajada a Perú; embajada que será a la vez heraldo en América de nuestro Congreso de Santiago, por el cual queremos encaminar decidida y fervorosamente a la Juventud de España por las sendas del Señor, para atraer a ellas, con el mismo fervor y decisión, a las juventudes hispanoamericanas, para, juntas ambas juventudes, la de España y la de América, luchar y ganar las batallas de Cristo en todo el frente mundial». [1].

«Con tal motivo, Manuel Aparici, Presidente Nacional, se dirige a la Juventud de Acción Católica de Hispanoamérica:

»A todos vosotros, jóvenes católicos de Hispanoamérica, va mi saludo. Hasta aquí ha llegado, con la vuelta de nuestros representantes en el Congreso de Estudiantes Católicos de Lima, el eco de vuestra demostración de amor a la vieja España.

»Tenía que ser así: España, en cuaresma de dolor y de sangre, ha vuelto a su antiguo destino, que un grupo de hombres equivocados le quiso hacer abandonar, y ese destino  es común a vosotros.

»Por eso, en vuestro trato y recibimiento a nuestros representantes, hemos visto la vuelta a la unidad de todos nosotros, los hombres de la Hispanidad.

»Muy pronto podremos devolveros el cariño que nos habéis mostrado. En Santiago, junto a la tumba del Apóstol guerrero, el que a todos nos cristianizó, os esperamos en 1940. Gritaremos todos juntos, en unidad de misión, nuestra Fe y enseñaremos al mundo el espectáculo de una juventud que se ofrece hasta el heroísmo y el martirio por el triunfo del Señor en la tierra, por la instauración, en este tránsito amargo, que es el vivir terrenal, del reinado de Cristo.

»¡Jóvenes de Hispanoamérica! La Juventud de Acción Católica española os envía su agradecimiento y, con él, la promesa de no defraudar la fe que en nosotros habéis puesto. España, nueva y eterna como la verdad cristiana, es otra vez la de siempre, y os espera a vosotros, para la reconquista espiritual del mundo.

»Y la conseguiremos porque DIOS ayuda ... y SANT YAGO» [1].

 

         En la vigilia y festividad de Santiago de este año, no fueron sólo los jóvenes españoles los que celebraron la Vigilia, sino que a ellos se unieron también representantes de otras juventudes hispanoamericanas. Con tal motivo, Manuel Aparici dirige a los Centros de Vanguardia una Circular pidiéndoles en esa noche unión más viva y ardiente.

 

         «Mis queridos hermanos de apostolado:

         »Hace más de dos años, postrado a los pies del Santo Padre, recibí de sus labios la bendición para nuestra empresa. En vuestro nombre fui a exponerle la común ambición: convocar a toda la Hispanidad junto a la tumba del Apóstol para acometer, bajo las órdenes de Pedro y con el patrocinio y caudillaje del Capitán Santiago la reconquista del mundo para Cristo.

         »Y la peregrinación comenzó. Dos años largos llevamos en caminar de cruzados. El triunfo de la cruz requería beber Cáliz de Pasión. Austera ascesis y penitencia de la guerra y de la persecución. Al compás de los triunfos de España, los del espíritu. Los de la Patria tienen los nombres gloriosos de Toledo, Oviedo, Teruel, Huesca, Bilbao, Santander, Lérida, Castellón; los del alma, renunciación, desprendimiento, ansia de Dios, celo de su gloria, amor de Cristo y sed de almas. Cuatrocientos de Apostolado de Vanguardia proclaman los avances del peregrino de nuestro espíritu.

         »Dos años largos, mas ya alborea. Mirad hacia lo alto. Por el cielo de España cruza una ráfaga de estrellas. Es la luz de los que llegaron hasta ellas por su desposorio eterno con la cruz. Son los hermanos que ya llegaron a Compostela. Los que triunfaron ante los rojos o frente a ellos proclamando con su muerte la Verdad.

         »En la noche del 24 al 25, donde quiera que estéis, yo os pido que elevéis vuestros ojos a la altura y que por ese camino de heroísmos, de sacrificios, de martirio, de santidad, enviéis vuestra plegaria, unidos en un mismo amor a todos los hermanos, hasta la tumba del Apóstol. Allí estará vuestro Consejo y vuestras Uniones Diocesanas, y todos juntos pediremos al Señor que abrevie el plazo, aunque aumente el dolor, que somos los hijos de la Iglesia impaciente y nos tarda el momento de llegar peregrinos para rendirle gracias por su triunfo en España y acometer la empresa de reconquistarle el mundo.

         »Unidos siempre en el Corazón de Cristo, yo os pido en esa noche unión más viva y más ardiente para que nuestra plegaria la presente el Apóstol ante el trono de Dios» [2].

 

         Y a finales de año, el 30 de diciembre, se celebra una Vigilia en Compostela a la que acude el Consejo Superior. Su Presidente, Manuel Aparici, en nombre de la Juventud de Acción Católica de España, ofrenda al Apóstol una bandera del Centro de Apostolado de Vanguardia de Ingenieros Pontoneros de San José como prenda y promesa de acudir en Peregrinación cuando la paz se haga en España.

 

         «En la otra zona el apostolado se hacía, como puede comprenderse, en labor de catacumbas, pero se hacía. Lentamente se fueron reconstruyendo las Uniones Diocesanas y Centros. En Madrid, por ejemplo, se ayudaba a los sacerdotes en su labor penosa. Una organización clandestina de más de un centenar de jóvenes, en grupos de seis o diez, se reunían periódicamente en Círculos de Estudio. Y en los campos de concentración se formaron varios Centros de Juventud» [3].

         «Mientras, en todas las cárceles los jóvenes católicos confiesan su condición cristiana; 7.000 jóvenes, casi la quinta parte de la Juventud de Acción Católica Española, ofrecen su vida en holocausto por Dios y por España» [4].

 

         No cabe duda de que los Centros de Vanguardia constituyeron una peculiaridad apostólica apropiada a aquellos tiempos y circunstancias. Fueron de una gran eficacia y mantuvieron un alto nivel espiritual. «Manuel Aparici y los suyos, fuertemente respaldados por la Jerarquía de la Iglesia, mantuvieron el apostolado juvenil en tan difíciles condiciones libre de confusionismos de cualquier orden» [5] y «contribuyeron no sólo a que los militantes conservaran su entusiasmo, sino a que muchos soldados conociesen a Cristo, a la Iglesia y recuperasen la fe» [6].

 

         «En estos tres años (1936/1939) –escribe SIGNO [7]– nada ha cambiado en él; si acaso, sólo se le nota una mayor alegría de espíritu y un sentido aún más profundamente juvenil de las cosas. Todo en él respira optimismo y seguridad en la Obra; optimismo y seguridad que no logran turbar la honda responsabilidad que en aquellos momentos, agosto de 1939 [8], tan propicios para la Obra, se hacen sentir [...]».

 

         «La formidable obra de apostolado de Manuel Aparici durante la guerra fue puesta de relieve con ocasión de la VII Asamblea Nacional de la Juventud de Acción Católica, celebrada en Toledo del 15 al 17 de diciembre de 1939 [Era la primera vez que volvían a entrar en contacto las Uniones Diocesanas después de la guerra, y lo hacían en torno a su Presidente Nacional]. Manuel Aparici, sin casi auxilio ni ayudas, pudo, desde su despacho de Burgos, no sólo sostener la Obra puesta en peligro en la guerra, sino darla un nuevo y definitivo impulso, en el que los Centros de Vanguardia son importantísimo elemento. Su fe y su tenacidad ha preparado este renacer de la Juventud de Acción Católica, que se ha mostrado palpable en la Asamblea de Toledo» [9].

 

         Los tres años de guerra (1936-1939) marcaron un estilo y unas metas que imprimirían el carácter peregrinante de la Juventud de Acción Católica Española hasta la Peregrinación a Santiago.

 


Publicado por verdenaranja @ 23:10  | Misiones
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