Mi?rcoles, 18 de febrero de 2009

Artículo semanal del padre Fernando Lorente, o.h., publicado en EL DÍA el miércoles 18 de Febrero de 2009 en la sección CRITERIOS bajo el epígrafe “Luz en el Camino Fernando Lorente, o. h.

La religión cristiana en la  sociedad

LA RELIGIÓN CRISTIANA es para conocerla y vivirla en libertad. Y por eso afecta a todas las dimensiones de la persona, interior y exterior, individual y comunitaria. Justamente porque se refiere a Dios, absoluto y trascendente, es principio de sentido para todo; y aunque no puede sustituir a nada, es necesario el ejercicio de todas las demás potencias, mediante las cuales se articula la vida social, intelectual, moral y política. Dios es para el ser humano, en un sentido total y en cuanto principio de nuestro ser, el sentido de nuestra existencia y dinamismo de nuestro futuro. Dios funda, inspira y sostiene todos los dinamismos de nuestra vida, pero no sustituye a ninguno de ellos en el orden material e histórico. Dios nos entrega el mundo como materia de nuestra libertad; y en el ejercicio de ésta consiste nuestra dignidad de seres creados a imagen y semejanza de Dios.

El catolicismo se encuentra ante una historia nueva, que no puede ser ni la repetición de la historia anterior, ni el tránsito a la privacidad o al sectarismo. Una sociedad sin referencia última, que se queda en un mero individualismo y en despreocupación por los grandes valores comunes, está condenada a la anomia, a la desesperación. "La liberación de la conciencia humana de las construcciones que la estructura social sacralizada ejercía representa una ocasión sin precedentes históricos porque puede afirmarse para todos la autonomía de la vida individual. Pero contiene un serio peligro: el de causar un retirarse en masa hacia la esfera privada con la falsa imagen del valor social y democrática. Una sociedad sin el cultivo de proyectos éticos, de la recta memoria histórica, de las raíces éticas y de los signos religiosos que han nutrido la trayectoria anterior, sucumbirá a la desmoralización y a la violencia.

El Cristianismo es religión de trascendencia a la vez que de encarnación. Dios es real y se ha manifestado en la historia, y con su reconocimiento abren la fe y un trascenderse del hombre más allá de la inmediatez de las cosas. Por ello Dios, Cristo y la Iglesia nunca podrán ser visible, como son la mezquita de Córdoba, la torre Eiffel, la Cibeles, la sierra de Gredos, el Teide o el mar Mediterráneo. Son tan reales para el creyente como lo son la justicia para el hombre bueno, la belleza para quien tiene sentido de lo estético, la pintura para quien tiene ojos iluminados. El cristianismo es a la vez religión de encarnación, y en ese sentido es visible, perceptible y verificable. Surge de la acción, de la palabra y de las huellas y signos de Dios en Cristo; no es sólo religión de la conciencia o de la palabra sino también de la historia y de la carne. Dios es real para el ser humano que es carne y tiempo, porque él se hizo carne y tiempo. Eso es lo que los cristianos confiesan y de eso es signo la Navidad.

El cristianismo es la confesión de un mundo abierto a la esperanza porque previamente el Creador se nos ha abierto a nosotros, creándonos ojos nuevos para reconocerle Encarnado. Hacer silencio sobre esa historia de gracia y recluirnos en nuestros límites mortales es cercenar la mejor posibilidad humana: ver al Invisible, extendernos hasta el Infinito, vivir de una esperanza última que se revela fecunda de esperanzas, creaciones y credenciales temporales. Los cristianos no pueden sucumbir ni a la provocación ni al silencio. Al Dios que se nos ha hecho visible en la encarnación, los creyentes le trasparentan visible mediante actos explícitamente confesantes en sus celebraciones e instituciones propias, mediante el testimonio personal.

A través de esas tres formas le hacen perceptible, inteligible y creíble. No le podemos callar, ocultar ni trasmutar, porque Dios es mucho más que ética o cultura: y no es reductible a ellas. Cada una de esas visibilizaciones de Dios tiene su lugar, lenguaje y signos apropiados, que no son intercambiables. Discernir y ejercitar los signos de esa visibilidad, haciendo justicia a la confesión cristiana a la vez que al ordenamiento jurídico y a la realidad social es un doble imperativo: tanto del cristiano y de la Iglesia para ejercitarlo como del Estado para reconocerlo.

Con asombro y ternura estuvo Dios entre los seres humanos; con asombro y ternura podemos estar los seres humanos ante Dios. Ese es el primero y último fundamento de la gloria y alegría de todos los mortales. Y es que Dios nos ayuda a pensar en Él como el amigo que nunca falla, como el padre siempre dispuesto a perdonarnos, como el juez justo pero también totalmente misericordioso Esto es vivir la religión cristiana en la sociedad de todos los tiempos.

* Capellán de la clínica S. Juan de Dios


Publicado por verdenaranja @ 18:02  | Espiritualidad
Comentarios (3)  | Enviar
Comentarios
Publicado por leopldocruzr
Jueves, 19 de febrero de 2009 | 12:53
La iglesia est? en el deber de capacitar empresarios pol?ticos y todos los que requieran un cargo de direcci?n as? como se capacitan los sacerdotes y religiosas, tambi?n hay que capacitar a los laicos es la ?nica manera de que haya justicia social.
Publicado por leopldocruzr
Jueves, 19 de febrero de 2009 | 12:55
Hay que globalizar la iglesia para que haya conciencia de trabajo y hermandad de llevar al creador y a nuestra madre sant?sima en nuestra mente y coraz?n para una representaci?n a adecuada sin ego?smo ni violencia.
Publicado por leopldocruzr
Jueves, 19 de febrero de 2009 | 12:56
Esa es la ?nica manera de combatir la pobreza, porque nada hacemos con repartir alimentos uno o dos d?as cuando se necesita es capacitaci?n empresarial y patrocino de la iglesia que es el mensaje de los obispos dominicanos y el nuestro.