Viernes, 20 de febrero de 2009

Subsidio litúrgico para la celebración de la Eucaristía en la Jornada del Día de Hispanoamérica, publicado en folleto de la OCSHA para la celebración el 1 de Marzo de 2009, primer domingo de cuaresma

"AMÉRICA CON CRISTO,
VIVE LA MISIÓN"


Guión para la

celebración litúrgica

(1 Domingo de Cuaresma, ciclo B)


Monición de entrada


La liturgia del primer domingo de Cuaresma nos invita a abrirnos confiadamente a la Palabra de Dios para que vivamos de ella y nos dejemos transformar por su fuerza renova­dora.


Además, en este Domingo, la Iglesia en España hace memoria de sus vínculos evangelizadores con la Iglesia en América Latina, celebrando esta jornada del Día de Hispanoa­mérica. Es una nueva ocasión para sentir cercanos a nuestros hermanos, a los que nos unen múltiples lazos, especialmente el de la fe.

Miles de misioneros y misioneras españoles, en las Igle­sias en formación de América Latina, hacen realidad esta cooperación entre las Iglesias de aquí y las de allá. En esta jornada les recordamos y nos unimos a ellos en la celebra­ción eucarística. Pero también pedimos para que la Iglesia en toda América lleve a cabo la obra eclesial de evangeliza­ción y de promoción humana que le corresponde, como dice

el lema de esta jornada: "América con Cristo, vive la misión".


Que el Señor nos conceda la gracia de una sincera conversión al Evangelio de Jesús y a su misión.


Acto penitencial


Invoquemos con fe a Cristo, que por nosotros se dejó tentar en el desierto, para que Dios nuestro Padre nos conceda su mise­ricordia:


- Hijo de Dios, que nos purificas por el agua del bautismo. Señor, ten piedad.

- Hijo del hombre, que conoces y comprendes nuestra debili­dad. Cristo, ten piedad.

- Primogénito de todos los redimidos, que nos das parte en la herencia eterna. Señor, ten piedad.


Monición a las lecturas


Las lecturas de la liturgia de hoy nos hablan de la salvación que Dios ofrece gratuitamente al hombre como prueba de su amor. Noé, obedeciendo a Dios, se salvó de la destrucción del diluvio, siendo así el mediador de una alianza de Dios con los hombres que es causa de salvación para todos. Jesús, pasada la prueba de su fidelidad a Dios en el desierto, es el Evangelio de Dios, la buena noticia de la salvación y además Mediador de la nueva alianza que Dios ofrece a todos por medio del bautis­mo.


Escuchemos con fe la Palabra de Dios y acojamos con alegría la salvación que nos otorga en su Hijo Jesucristo.


Sugerencias para la homilía


- Dios ha tejido a lo largo del tiempo una historia de amistad y de amor hacia el hombre a través de la cual le ha ofrecido siempre su salvación. Noé es el primer paso de esta historia que culmina en Jesús.


- Jesús manifiesta cómo Dios salva al hombre: ofreciéndole siempre el don de la conversión. Cuando el hombre se arrepiente y vuelve a Dios, este no lo rechaza, sino que le abre paternalmente sus brazos. Jesús pasa por la tentación para mostrarnos que Dios rechaza el pecado, pero nunca al pecador.


- Al principio de la cuaresma, la liturgia nos recuerda que Jesús pasa por la muerte para conducirnos a la vida. En el bautismo ya participamos de este misterio de vida y salva­ción; toca ahora hacer de ello nuestro programa de vida: abandonar las seducciones del pecado para vivir la novedad de la vida eterna.


- La misión de la Iglesia consiste precisamente en hacer partí­cipes a los hombres de esta experiencia de gracia. Jesús, con su palabra, con los signos que realizó, pero sobre todo con su muerte y resurrección, hace presente el reino de Dios. La Iglesia recibe de Cristo la misión de anunciarlo y establecerlo en medio de todos los pueblos (cf. Mensaje, 4).


- Fieles a esta misión muchos misioneros y misioneras españo­les han dejado `"padre y madre" para llevar la buena noticia del reino de Dios a América. Ellos han anunciado y manifes­tado el reino de Dios con sus obras, pero sobre todo con sus vidas entregadas a Cristo y a la Iglesia, porque la acción misionera "no consiste en una fría transmisión de una doctri­na, sino fundamentalmente en testimoniar la propia experiencia de encuentro con una persona, con Jesucristo mis-mo, que constituye la única realidad que tiene la fuerza de abrir el corazón de los hombres al contacto con la Verdad" (Mensaje, 5).


- En la Iglesia en América, mucho más a partir de la quinta Conferencia General del CELAM en Aparecida (Brasil), surge con fuerza el deseo de fidelidad a Cristo y a su misión (cf. Mensaje, 3). Aún hay muchas situaciones de injusticia y de falta de paz y amor en América, pero si toda la Iglesia en Arnérica se une a Cristo, podrá vivir la misión y no sucumbir ante la desesperanza o la irrupción de las sectas. "¡Sólo unidos a Cristo, sólo con Cristo, América vive la misión!" (Mensaje, 5).


Oración de los fieles


Después de escuchar la Palabra de Dios y profesar nuestra fe, dirijámonos con confianza al Padre, que en Jesucristo nos mani­fiesta su fidelidad eterna a su Alianza de amor con los hombres. Oremos diciendo:

R/. Venga a nosotros tu reino.


1 Por toda la Iglesia, para que viviendo el sacramento del bautismo siga a Jesús en el camino de su mi­sión para conducir a los hombres a la vida eterna. Oremos.


2 Por los pastores de la Iglesia, para que sean fieles a su ministerio apostólico y sean fuertes para no ser venci­dos por las tentaciones. Oremos.


3 Por todos los que tienen responsabilidades de gobierno en el mundo, para que sean solícitos de la vida del hom
bre en sentido integral y trabajen por el desarrollo humano y social en todas sus facetas. Oremos.


4 Por todos los misioneros, para que sean testigos creíbles de la pasión, muerte y resurrección salvadoras de Jesús. Oremos.


5 Por la Iglesia en América Latina, para que viva cada vez más unida a Cristo y a su misión universal y todos sean discípulos y misioneros de Jesús. Oremos.


6 Por los misioneros españoles en América, para que sigan haciendo presente el reino con su labor llena dé generosidad y alegría. Oremos.


7 Por los sacerdotes diocesanos de España que están tra­bajando como misioneros en América Latina, acogidos al servicio de la OCSHA de la Conferencia Episcopal Española, para que sigan colaborando con aquellas dió­cesis tan necesitadas. Oremos.


8. Por todos los que sienten la vocación rnisionera en cual­quier estado de vida de la Iglesia, para que no se desa­lienten ante las dificultades para realizar la llamada, sino que encuentren en Cristo el ánimo necesario para ser fieles. Oremos.


Escucha, Padre de bondad, la oración de tu Iglesia, que se esfuerza por anunciar y construir tu reino con la fuerza de tu Espíritu. Por Jesucristo, nuestro Señor.


Monición de las ofrendas


En las ofrendas del pan y del vino, representamos también la ofrenda de nuestras vidas para que, unidas a Cristo en el sacra-mento de la Eucaristía, participemos más plenamente de su misión y su salvación llegue a todos. Con nuestra ofrenda econó­mica haremos además posible que los misioneros en América cuenten con más medios para su labor.


Oración sobre el pueblo y bendición final


Ayuda, Señor, a tu pueblo,

que se dispone a comenzar el itinerario cuaresmal,

para que, rechazando siempre las tentaciones,

se disponga a obrar tu voluntad

y a anunciar tu reino y construirlo en medio de todos los pueblos. Por Jesucristo, nuestro Señor.

R/. Amén.


Juan F. Martínez Sáez. FMVD
Colaborador del Secretariado de la Comisión Episcopal
de Misiones y Cooperación entre las Iglesias

 


Publicado por verdenaranja @ 23:17  | Liturgia
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