Lunes, 23 de febrero de 2009

Información cogida de DOSSIER FIDES “MISIONEROS TRAS LAS HUELLAS DE SAN PABLO. Institutos religiosos que se inspiran en el Apóstol Pablo, publicado por Agencia Fides el 25 de Octubre de 2008. 

 

LA COMPAÑÍA DE SAN PABLO


         
La Compañía de San Pablo nace en 1920 en Milán, bajo el impulso del Beato Cardenal Andrea Carlo Ferrari y de su secretario, don Giovanni Rossi.


         
Andrea Ferrari nació en 1850 en Lalatta di Palanzano, diócesis de Parma, en un ambiente familiar modesto pero rico en la fe. Recibida la ordenación sacerdotal a los 23 años, después de una experiencia de ministerio parroquial y de enseñanza, llego a ser rector del seminario diocesano de Parma (1877). Durante el pontificado de León XIII fue nombrado Obispo de Guastalla (1890), Como (1891) y finalmente Milán (1894), asumiendo así el título cardenalicio. Junto a su nombre de bautismo, en nuevo Obispo añadió el de Carlos, en honor de San Carlos Borromeo. Murió el 2 de febrero de 1921 después de haber trabajado mucho por las actividades sociales y por la animación de la Iglesia Ambrosiana.


         
El primer núcleo de la Compañía fue formado por laicos provenientes de la Acción Católica y de sacerdotes (entre ellos don Giovanni Rossi) enteramente dedicados al apostolado, con la tarea de realizar obras sociales y de acercar a las personas a la fe (otro grupo que tiene como cabeza al padre Gemelli trabaja en cambio en el campo cultural y de ahí nacerá la Universidad Católica). En los primeros años, la Compañía de movió en el interior de la Acción Católica, pero ya en 1924, habiendo asumido una identidad propia, adquirió el estatus de Congregación religiosa, dependiente directamente de la Santa Sede.


         
En el arco de un decenio, la Compañía de San Pablo tuvo muchas adhesiones y conoció un gran desarrollo. Don Giovanni Rossi, que era el Superior General de la Compañía, realizaba programas orientados a los sectores más populares de la sociedad. Fueron creadas escuelas profesionales, un círculo juvenil de cultura, una biblioteca, un cine, una mesa de ayuda a los pobres, un secretariado del pueblo y una casa para las jóvenes madres. Todas estas actividades, que en su época non dejaron de recibir críticas, se realizaron por mandato del Cardenal Ferrari: “salid de las sacristías, id a las plazas”. La Compañía de San Pablo comenzó también su experiencia de organizar peregrinaciones y su compromiso en el mundo editorial y periodístico.


         
Junto a la difusión en otras diócesis italianas (Roma, Venecia y Génova) se afirmó pronto la dimensión internacional del Instituto, con una expansión a Jerusalén (en contacto con los palestinos), París, después en Sudamérica (Argentina, Uruguay, Chile, con casas en Buenos  Aires, Córdoba, Rosario, Montevideo, Santiago) y finalmente en los EEUU (Washington y Nueva York). Para suscitar adhesiones a los ideales paulinos entre los laicos, se fundó la Asociación Cardenal Ferrari, que coopera en el desarrollo de las iniciativas sociales de la Obra Cardenal Ferrari.


         
En 1934 Don Giovanni Rossi, que había ya dejado el cargo de Superior General en 1929, abandona el proyecto inicial del Cardenal Ferrari de apostolado social y se dedica unicamente a la evangelización y a las misiones. En 1939 la “escisión” es definitiva con la fundación, en Asís, de la Pro  Civitate Cristiana.    

          Mientras tanto en Francia, en París, el importante apostolado de la “Casa de la Juventud” es condenado a la clausura después del desarrollo del fascismo en Italia y la crisis económica de los años 1929-30. De hecho, el programa de la Compañía, orientado a las clases populares, fue apartado por la política social del régimen. Durante la II Guerra Mundial, el compromiso se concentró en los perseguidos, primero las víctimas de las leyes raciales, escondiendo en la sede de Milán a partisanos y hebreos, y más tarde, después del 25 de abril, a los republicanos de Salò.


         
En 1945 don Antonio Rivolta funda en Civitavecchia (Roma) la “República de los niños”, un pueblo que acoge niños desalojados y sin familia, para librarlos de la mala vida. El fin de la guerra y la reunificación de las familias llevó consigo una serie de problemas psicológicos, afectivos y sociales y don Pablo Liggeri, que había estado en el campo de concentración de Dachau, abrió en Milán el Instituto “La Casa”, el primer consultorio familiar en Italia, una estructura social absolutamente novedosa para la época.


         
El 30 de junio de 1950 la Compañía    de San Pablo obtuvo del papa Pio XII el reconocimiento como Instituto Secular, viviendo con este estatus hasta los años del Concilio Vaticano II. La  consiguiente puesta al día del Instituto abrió las puertas a las personas casadas. “La Compañía de San Pablo –dice el artículo 2 de las Constituciones- se propone elevar humanamente y animar con espíritu evangélico la vida y las actividades sociales e individuales. Sus miembros, atentos a las necesidades y a las exigencias de sus contemporáneos, actúan individual o comunitariamente, con espíritu de novedad y de servicio, según el ejemplo de San Pablo que si hizo “todo a todos”. En Italia, los Paulinos son alrededor de cien (mayoritariamente mujeres) más otras 30 familias de miembros asociados. Muchas vocaciones están surgiendo en Sudamérica, en Chile y Argentina.


Publicado por verdenaranja @ 22:40  | Misiones
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Comentarios
Publicado por adelita1
Martes, 13 de octubre de 2009 | 1:01
Mi madre fue una integrante de la Compa?ia de San Pablo, viaj? hacia 1953 a Italia, Mil?n, donde trabaj? para MONSE?OR MACCHI, un obispo de all?, luego secretario de Pablo VI. Luego dej?, y volvi?, hacia 1960. Ignoro todo de ese tiempo de ella.Adela