Lunes, 23 de febrero de 2009

 

Mensaje de los Obispos de Honduras al termino de la Asamblea Ordinaria realizada del 9 al 12 de febrero de 2009, durante la cual han aprobado algunas de las conclusiones de la XXIV Asamblea Nacional de Pastoral que tuvo lugar a fines del pasado mes de enero.

 

PREOCUPACIONES Y ESPERANZAS

 

COMUNICADO CONFERENCIA EPISCOPAL DE HONDURAS

AL TERMINO DE LA ASAMBLEA ORDINARIA 

 

Reunidos los obispos en nuestra Asamblea ordinaria del 9 al 12 de febrero, recordamos con alegría un aniversario más de nuestra Patrona, la Virgen de Suyapa.   Un punto a destacar de la agenda de trabajo fue el de aprobar las conclusiones de la XXIV Asamblea Nacional de Pastoral que tuvo lugar a fines del pasado mes de enero.

 

Vemos con satisfacción que va creciendo el espíritu misionero y de comunión, al igual que se van unificando los criterios de los procesos de formación de los discípulos y misioneros y  la integración de la Pastoral Social-Cáritas en los planes diocesanos y parroquiales.

 

Manifestamos  que  nuestras metas para el 2009,  de acuerdo con las conclusiones de la Asamblea Nacional,  son las siguientes: 1. Implementar con más intensidad  en todas las Parroquias y Diócesis procesos de iniciación cristiana y de formación permanente que nos lleven al encuentro con Cristo y nos conviertan en testigos del Reino.  En ese orden de cosas queremos construir parroquias que, como comunidad de comunidades, sean dinámicas, evangelizadoras, solidarias, proféticas y litúrgicas y respondan a los desafíos de nuestro tiempo. 2. Fomentar una Pastoral familiar y juvenil que englobe tan valiosa realidad de la manera más efectiva, para así tener mejores cristianos y ciudadanos.  3. Debemos seguir conociendo y asimilando el Documento de Aparecida y  vivir intensamente la Misión Continental, cuyo lanzamiento a nivel nacional tendrá lugar el 31 de mayo, solemnidad de Pentecostés.  Todo esto nos llena de esperanza.

 

Al estudiar la realidad del pueblo al que servimos, es preocupante ver que se acrecienta la situación precaria que afecta la salud, educación, economía,  política  y la diversa gama de relaciones humanas en nuestro país. Es doloroso ver cómo la violencia sigue cobrando tantas víctimas y el temor se hace patente en todos los estratos sociales.  Todos nos sentimos responsables y urgidos de realizar cambios sustanciales en nuestra sociedad.

 

Queremos remarcar nuestra inquietud por el deterioro de la educación, tanto por la falta de recursos, tensiones continuas y deserción escolar. Invitamos a todas las personas e instituciones involucradas, a  no anteponer sus intereses particulares o gremiales al derecho fundamental de los niños y jóvenes a una educación de calidad que les garantice un futuro digno.

 

Junto a esto, como  Pastores, vemos  con preocupación la crisis económica mundial que está afectando nuestra débil economía. Los últimos despidos en  fábricas en el área de la industria de la maquila y  otros negocios, anuncian momentos más difíciles para nuestro país. Pedimos al gobierno, empresa privada y demás fuerzas vivas de nuestra patria tomar las medidas urgentes que alivien esta situación que todavía no ha tocado fondo.

 

Exhortamos al gobierno, las fuerzas productivas y otros entes competentes que en el marco de un sincero diálogo lleguen a un consenso en lo que respecta al salario de los trabajadores, pensando en la justicia, necesidades familiares y capacidad real de asumirlo.  También hay que pensar en la situación de miles de compatriotas que no gozan de la protección y amparo de la ley laboral y constituyen el colectivo más vulnerable de nuestra sociedad.   Son familias que apenas subsisten en una economía no formal.

 

Una palabra dirigida a los que con su capital y trabajo mantienen la economía del país.   A los primeros, que inviertan, para generar más empleos, asumiendo los riesgos que la actual situación comporta. A los obreros, cuya labor es tan valiosa, que trabajen con responsabilidad y dedicación  para contribuir así eficazmente al desarrollo del país. Todos deben asumir los sacrificios necesarios para levantar nuestra débil economía.

 

Ha sido elegida la nueva Corte Suprema,  el Fiscal General y el Fiscal Adjunto. Pedimos que la justicia se imparta sin los condicionamientos de las tendencias políticas, y que ejerzan para el bien del país el derecho que proteja la vida, honra y bienes de todos, sobre todo de los más vulnerables, los pobres.

 

Frente a estas justificadas preocupaciones, nos apoyamos en la esperanza de que Dios pueda iluminar los corazones para encontrar caminos de diálogo y comprensión que permitan superar los conflictos en aras del Bien Común.

 

Exhortamos a nuestros sacerdotes,  parroquias y comunidades a prepararnos con la mayor diligencia y creatividad ante esta crisis económica anunciada, para aumentar nuestras redes de solidaridad, tanto en el aspecto asistencial como en el productivo.

 

Que la comunicación cristiana de bienes se traduzca en iniciativas que impacten en nuestra realidad de pobreza. Que las parroquias animen el ejercicio de la caridad organizada inspirada en el espíritu del Buen Samaritano, ayudando sin otro interés que aliviar el sufrimiento de los pobres. Que cultivemos la austeridad y el sentido del ahorro y consumamos más productos nacionales.

 

Estos momentos críticos nos enseñan a valorar lo que es permanente, lo que tiene valor eterno. Debemos orar con fe y no perder  la esperanza, sabiendo que el Señor nunca abandona a su pueblo. Recordemos que el Señor está con nosotros y Él nos dijo: “Yo estaré con ustedes hasta el final del mundo” (Mt. 28,20).  Unidos a Él, venceremos cualquier realidad negativa.  María, la Madre del Señor, Virgen de Suyapa, siga protegiendo a nuestra patria, Honduras.

 

Tegucigalpa, 12 de febrero de 2009. 

 

CONFERENCIA EPISCOPAL DE HONDURAS


Publicado por verdenaranja @ 23:07  | Hablan los obispos
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