Viernes, 13 de marzo de 2009

Artículo del Padre Antonio del Hogar Santa Rita publicado en la HOJA DE DIFUSIÓN PARROQUIAL DE SANTA RITA DE CASIA DE PUNTA BRAVA Y DE SAN PABLO APÓSTOL EN LAS DEHESAS – PUERTO DE LA CRUZ, “Como las hormigas”, número 205.

 

LA PAZ SE CONSIGUE POCO A POCO

 

Poco a poco se llega lejos. Se cuenta que una vez una tortuga cansada ya de tanta burla de una liebre que se reía de su lento caminar, la desafió a correr para saber cuál de las dos llegaría primero a la meta señalada. Trato hecho. Comenzó a carrera. Pero sucedió que la liebre, confiada demasiado en su rapidez, en la mitad del camino se paró a descansar y quizá por el cansancio se quedó dormida. Entretanto la tortuga aprovechan-do el descanso de la liebre, paso a paso, lentamente; pero constante, aunque sea sin correr, llegó la primera a la meta. Cuando se despertó la liebre, por mucho que quiso correr, ya nada pudo hacer para alcanzar a la tortuga que ya había cruzado la meta.

 

¡Dios mío, Dios mío! La vida va tan rápida que no nos damos cuenta de los aconte­cimientos históricos que ocurren en ella. Una fecha clave en la historia de la humanidad es el 25 de diciembre, día de esperanza y de alegría. Ha llegado, procedente del mismo cielo, el Rey y Dueño de todo el universo, trayendo un mensaje del Padre Dios. "Que todos los hombres somos hermanos, descendientes del mismo Padre, y que nos amemos los unos a los otros y que entre todos los hombres reine la paz como el mejor fruto del amor".

 

Se pasó 33 años sembrando de amor y de paz los lugares por donde iba pasando. Al final, como suele pasar siempre en este planeta tierra, al que era amor y paz, lo sacaron de la ciudad y lo clavaron en una cruz de madera, confundiéndolo con los malhechores. Allí arriba, desde la cruz, todo martirizado, hecho una piltrafa humana, sigue predicando, con el ejemplo, el mensaje de amor. Lo hace realizando lo más difícil: Perdonar desde la cruz, a cuantos le habían hecho tanto daño y les excusa ante el Padre. Mira, Padre, no le tengas en cuenta esto que están haciendo conmigo. "Es que no saben lo que hacen, perdónales". Y así, escupido, despreciado, maltratado, marginado, públicamente desprestigiado, muere el mismo que en esos momentos está regalándole la vida a cuan-tos están siendo culpables de su martirio. Pero al tercer día de haber sido enterrado, se arrancó de la muerte, destroza la puerta del sepulcro y vuelve de nuevo a vivir con su mismo cuerpo, ahora glorificado e inmortal. Ahora ya nadie le puede de nuevo matar y ¿Cuál fue su primer saludo cuando se apareció a los apóstoles, escondidos por el miedo humano y real que tenían? Las primeras palabras que les dijo fueron: "Paz a ustedes" y lo repitió de nuevo: "Paz a ustedes" Pero esta es una paz nacida del amor. No es una paz impuesta, por la fuerza, el miedo o las amenazas.

 

Tú y yo somos cristianos y estamos llamados a ser "Productores de paz", sembra­dores de paz, en cualquier lugar por donde pasemos. Tú y yo estamos contemplando casi espantados, parte de cuanto está ocurriendo en el mundo en el que estamos viviendo. Casi todos los días en Irak se producen atentados mortales, e igualmente en tantos lu-gares de este pobre planeta Tierra, creado por amor y sembrado de odio por el hombre. Cuántos crímenes, cuántos atentados, cuánta muerte. ¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡A dónde vamos a parar! Están matándose hermanos contra hermanos. Porque detrás hay mucho odio y con odio es imposible la paz. Porque odio produce odio.

 

¿Recuerdan la velocidad con que americanos e ingleses, "aparentemente" ganaron la guerra en Irak?. Se creía que ya todo se había terminado. Pero fíjense en el terrible espectáculo que está ocurriendo en esa nación. Han muerto más soldados después de la guerra, que durante la misma guerra, porque no se ha terminado el odio y la paz obtenida es ficticia, impuesta por las armas y, por tanto, sólo es una paz aparente. ¿Recuerdan la famosa guerra de los 6 días de los israelitas contra los Arabes? Casi cincuenta años después, siguen los atentados, los coches bomba, los hombres y mujeres bomba, padres a hijos transmitiendo el odio, el rencor, que genera tanta crueldad y tanta muerte por ambas partes, porque en ambas partes sigue habiendo odio y no hay perdón. El amor es lento, el odio es rápido, el amor construye, el odio destruye. El amor lima asperezas, el odio encrespa los ánimos y hace imposible la convivencia.

 

¿Qué hacer en medio de tanta mala noticia, en medio de tanto odio y rencor, en medio de tanto enfrentamiento y tanta guerra? ¿Qué podemos hacer en medio de tanta gente peleada, que ni se miran a la cara, en medio de tanta marginación y discriminación? ¿Qué podemos hacer en medio de tanta hambre, de tantas familias destrozadas, de tantos inmigrantes desesperados que se lanzan a la deriva, porque contemplan su miseria y sueñan con un paraíso, más allá de sus fronteras? ¿Qué podemos hacer con tanta desigualdad, entre super ricos y super pobres, entre privilegiados y desheredados? ¡Qué podemos hacer con tanta envidia, tanto egoísmo, tanta marginación! Pues, creo yo que cada uno debe de hacer todo lo que está en su mano, por producir amor y paz en cualquier lugar en que esté. Lentamente; pero constantes. Un día y otro día, paso a paso, perse­verando hasta el final, en silencio, amando en cada momento de nuestro tiempo, en cada lugar por donde pasemos, llevando siempre a cuestas el mensaje de amor y de paz.

 

Que tu obsesión y la mía sea una constante búsqueda de la paz, y por donde quiera que pasemos, caminemos con la paz a cuestas sin parar, sin dormirnos, paso a paso como la tortuga; que todos los días y todos los momentos del día, nos vean cuantos nos rodean, con un semblante de amor y de paz. Que se dibuje en nuestro rostro una sonrisa bonita, llena de dulzura, de ternura, de amor totalmente desinteresado. Que cuantos se acerquen a ti, lo hagan sin miedo y sin prejuicios, convencidos de que tu amor y tu amistad son auténticos. Que no hay nada detrás de interés que contamine tu amor sincero.


Que todo el mundo se de cuenta de que tú amas indistintamente a todo el mundo y a cambio de nada. Que tu misma presencia irradie paz. Que cuantos se acerquen a ti sientan la sensación de una paz real, no fingida. Que toda tu vida sea un almacén de paz, que todo el mundo quiera estar cerca de ti, porque allí donde tú estas, se respira tran­quilidad, serenidad, paz. Que seas como un indicador o una referencia de paz,. Aconse­jando una y otra vez, que con odio sólo se consigue más odio, que siempre hay posibi­lidades de perdón, de reconciliación, de reconstrucción de una vida aún toda desmem­brada. Siempre hay un lugar para la paz, si se quiere, claro está.

 

Siempre se puede llegar a un acuerdo, cediendo un paso todos, arreglando las cosas por las buenas. Hagamos todo lo que podamos entre tú y yo, para que en el mundo haya más amor y más paz.

 

No podemos desanimarnos, ni darnos por perdidos, como si fuera imposible la paz. Vamos tú y yo a amar hasta caer rendidos, vamos tú y yo a ser mensajeros de paz por donde quiera que pasemos y habrá en el mundo, dos personas menos peleonas, menos discutidoras. Habrá en el mundo más perdón y menos rencor. Habrá en el mundo menos odio y más amor. Habrá en el mundo menos guerra y más paz. Y hay que empezar ya a poner en marcha el tren de la paz. Mañana puede ser tarde. Está claro que si tú estas lleno de amor, es imposible que en ti haya un sitio para el odio. Si tú estás totalmente lleno de paz por dentro, no habrá en ti ni un solo rincón para la guerra.

 

Se dice de los Reyes Magos que después de visitar y adorar al niño Jesús, regresaron a su tierra; pero por otro camino. Al contacto con la divinidad, salieron divinizados, al con-tacto con el productor de paz, salieron pacíficos, y la paz produce a la vez alegría. Qué rostro tan distinto es el del que odia, al del que ama. Ama y caerás bien a todo el mundo.

 

Fíjate en la cara de un perro alegre, no se nota en sus facciones la sonrisa; pero nos damos cuenta, con su boca cerrada, y el meneo del rabito que está en paz con nosotros. Contempla a un perro con "odio", y le verás ladrando desesperado y enseñando los dien­tes y soltando espumarajos por la boca, que produce miedo. Fíjate en un gatito manso y contento y contempla a un gato acorralado. Qué distinto es el amor al odio, qué dife­rencia entre guerra y paz. Se aprende a amar amando y un carácter pacifico se consigue con el esfuerzo.

 

Antonio María Hernández y Hernández


Publicado por verdenaranja @ 22:55  | Espiritualidad
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Comentarios
Publicado por leopldocruzr
S?bado, 14 de marzo de 2009 | 13:52
Hermanas y hermanos, nuestro maestro Jes?s est? dispuesto a ayudarnos con el peso de la cruz que cada uno llevamos, porque el que ya le llevo sabe que no es f?cil por eso mis hermanos se retuercen con el peso de la desuni?n, incomprensi?n y rebeld?a.
Publicado por leopldocruzr
S?bado, 14 de marzo de 2009 | 13:53
Que nos lleva hacer mas fuerte el peso y m?s lento el andar si es complicado para los que conocemos a Jesucristo y nos hemos preparado para seguir sus pasos, como ser? para el que sufre sin conocerlo por eso es la misi?n.
Publicado por leopldocruzr
S?bado, 14 de marzo de 2009 | 13:54
Para aliviar las cargas o si se acogen plenamente a Jesucristo evitar esa dificultad por que muchas veces el orgullo, la vanidad y la prepotencia no nos deja ver a quien nos libra de todas esas amarguras porque Jesucristo est? dispuesto a darnos la paz.
Publicado por leopldocruzr
S?bado, 14 de marzo de 2009 | 13:54
Pero con amor comprensi?n tolerancia, fidelidad y mucha fe; son los mecanismos para que nuestro maestro nos escuche, son los medios para la comunicaci?n con quien todo lo puede pero sin esos medios es imposible.