Viernes, 13 de marzo de 2009

Homilía de Monseñor Rafael Zornoza, obispo auxiliar de Getafe, en La Aldehuela, el 11 de Diciembre de 2008, publicadaen la revista SANTA MADRE MARAVILLAS DE JESÚS, número 154.

 

Buscando a Dios en la escuela del Carmelo

 

He aquí la gran lección de Santa Maravillas: la primacía del amor a Cristo. Así hablan los testigos que la conocieron más a fondo: "Vivió siem­pre enamorada de Cristo, enamorada de ser carmelita", "totalmente ena­morada de Dios", como reclamando para sí y para todos la primacía de lo sobrenatural, el valor de la oración y de la inmolación.

 

Santa Maravillas vivió su vida con pasión, porque se acercó al Corazón de Cristo, de donde mana la Palabra de Dios de manera cálida, cordial. La san­tidad fue su ideal, un ideal que no dejó de proponer a todos, que tenía por centro a Jesucristo, Palabra de Dios hecha carne, Hombre, Vida, y vivido en la fe. Así es como Maravillas de Jesús caminó por su camino, por los caminos de Dios que fueron su misión

 

de carmelita, de priora, de fundadora, de madre de muchas hijas y de protec­tora, madre acogedora de todos, espe­cialmente de los necesitados, a los que atendió con portentosas obras.

 

A este lugar, como a tantos otros monasterios, viene constantemente la gente que se siente atraída por razones espirituales. Algunos vienen para agra­decer favores que han recibido. Otros por curiosidad o acompañando a otros devotos, pero todos se encuentran con un mensaje de oración y penitencia que conduce a la conversión espiritual. En todos queda una aspiración de amor cristiano que ha de traducirse en benevolencia, entrega generosa, capa­cidad de perdón, diálogo, colaboración con el bien.

 

Santa Maravillas siempre es recor­dada, sobre todo, por haber impulsado una vida religiosa renovada y apasio­nante. Se recuerda también su ansia por el bien de todos y la salvación de la humanidad. Vivió el amor que hace ver al otro como es en realidad: "Amarás al prójimo como a ti mismo". Ella miraba a Jesús, que es el espejo al que no podemos mentir y el que nos da la medida infalible para descubrir si ama-mos o no al prójimo.

 

Nuestro pensamiento va enseguida a las "obras" de caridad de la Madre Maravillas, a las cosas que hizo por el prójimo: darle de comer, de beber, visi­tarlo; es decir, su ayuda al prójimo. Pero esto es un efecto del amor, dado que antes de la beneficencia está la benevolencia. Nuestra Santa vivió la verdadera caridad, la caridad del cora­zón o interior —es decir, "sin fingimien­tos", sincera—, que es la caridad que todos podemos ejercer, que es univer­sal. Vivió y enseñó a vivirla de manera muy concreta, empezando por mirar con nuevos ojos las situaciones y las personas con las que vivimos; con esos ojos con que quisiéramos que Dios nos mirara a nosotros: ojos de excusa, de benevolencia, de comprensión, de per­dón... Cuando esto sucede, todas las relaciones cambian. Caen, como por milagro, los motivos de prevención y hostilidad que nos impedían amar a cierta persona, y ésta empieza a pare­cernos lo que es en realidad: una pobre criatura humana que sufre por sus debilidades y límites. Es como si la máscara que todos los hombres y las cosas llevan puesta en el rostro cayera, y la persona nos apareciera como lo que es realmente.

 

Santa Maravillas, esta Santa con-temporánea que abrazó la misión de buscar a Dios en la fecunda escuela del Carmelo de Santa Teresa, dedicándose totalmente a la oración, viviendo de la providencia, sigue provocando hoy asombro y admiración, un atractivo sencillo que imanta pronto, que arras­tra con un ejemplo donde la santidad heroica parece lo más sencillo de hacer. Así es en realidad, porque en su entre­ga total a Dios casi desaparece la monja, pero brilla el poder del Altísimo, que actúa portentosamente cuando le dejamos hacer.

 

MONS. RAFAEL ZORNOZA,

OBISPO AUXILIAR DE GETAFE,

LA ALDEHUELA, 11 DE DICIEMBRE DE 2008.


Publicado por verdenaranja @ 23:02  | Hablan los obispos
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