Viernes, 13 de marzo de 2009

Reflexión-extracto para el Evangelio (Jn 2, 13-25) del Domingo Tercero de Cuaresma - B, publicada en cuaderno de Caritas Española "CUARESMA Y PASCUA 2009" - LA ESPESURA DEL AMOR, DIOS.

EL TEMPLO CRISTIANO

 

El Templo de Jerusalén era algo grandioso y bello. Una maravilla. Y era el verdadero corazón de todo el pueblo judío. ¿Qué podía hacer el templo de Gari­zim en su comparación? Ni siquiera los templos de los dioses romanos o griegos.

 

Y sin embargo ninguno de estos templos era del agrado de Dios: ni en Ga­rizim ni en Jerusalén ni en Roma se dará culto a Dios (cf Jn 4,21-23). Esta palabra hubiera bastado para condenar a muerte a Jesús. Y sin embargo está dentro de la corriente profética que exigía un culto en espíritu y en verdad (cf Is 58; Jr 7: 26; Am 5,21-25) Esteban insistirá también en este tema y fue ape­dreado (cf Hch 7,47-60)

 

Jesús hizo algo más. En gesto también profético quiso purificar el Templo de mercaderes y traficantes. Y eso que estaban en el atrio y se limitaban a lo que se necesitaba para el culto. Pero el culto que Dios quiere es en espíritu. Dios no necesita monedas ni animales. Ni puede utilizarse el culto para hacer buenos negocios, como hacían los jefes del Templo. Más que a los comerciantes, lo que Jesús quiere derribar es la estructura comercial. El Templo es casa de oración, no de contratación. No se va al Templo para hacer ofrendas a Dios, sino para hacerse ofrenda de Dios.

 

Así Jesús se metió en la boca del lobo. Los grandes sacerdotes no tardarían en condenarle a muerte (aunque Juan ponga el hecho al principio de su ministerio) No iban a permitir este ataque frontal a su poder y a su tradición espiritual.

 

Destruid este templo

 

La reflexión de Cristo va más allá. Nos deja una sugerencia viva y liberadora. Viene a decirnos: el verdadero templo de Dios soy yo. La morada de Dios entre los hombres soy yo. La presencia de Dios entre los hombres soy yo. Si de veras queréis encontrar a Dios, lo encontraréis en mí.


Queréis perderme, pero yo he venido a salvaros. Sé que me vais a destruir, que romperéis mi cuerpo, pero yo lo reconstruiré en tres días. No me podéis aniquilar. Yo estaré siempre con vosotros.

 

Templos vivos

 

Ésta es una doctrina seductora. Ya no necesito ir a Jerusalén ni a Roma ni a Santiago para encontrar a Dios. Lo encuentro en Cristo, y él está en la Eu­caristía y en otros templos, que no son de piedra.


Si Cristo es templo de Dios, también a la Iglesia podemos considerar tem­plo de Dios (cf 1 P 2,5) Y todo hombre puede ser un templo, teóforo. Todo el que de un modo u otro se une a Cristo es un templo vivo. A todos estos tem­plos hemos de respetar y servir, como a verdaderas casas de Dios (cf 1 Co 3,16-17; 2 Co 6,19)

 

Especial atención merecen los templos dolientes, los templos afectados y arruinados, los templos explotados y violados, los templos oprimidos y vendidos. Para defender estos templos Cristo volvería a levantar el látigo. Las pro­fanaciones que se hacen a estos templos son verdaderos sacrilegios. Cortés, en una de sus encantadoras viñetas, ponía en boca del Abba: «Mientras siga habiendo viejos y viejas que rebuscan en la basura para poder comer, no quiero vuestros templos ni vuestras misas ni vuestras oraciones».

 


Publicado por verdenaranja @ 23:20  | Espiritualidad
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