Lunes, 16 de marzo de 2009

Artículo del Hno. Miguel Malterre, msp, publicado en el Boletín de los MISIONEROS DE LOS POBRES DEL TERCER MUNDO, OPUS CHRISTI SALVATORIS MUNDI, número 3 – “Cuaresma 2009”.

 

La Cuaresma en cinco puntos

 

 

Hno. Miguel Malterre msp, (francés)

 

La Cuaresma es un tiempo de lucha contra el espíritu de las tinieblas. Para vencer, tenemos tres armas a nuestra disposición: la ora­ción, la penitencia y la limosna. Es un tiempo de oración intensa y de caridad activa, un tiempo de profun­dización en el amor a Dios y al pró­jimo.

 

La Ley y los Profetas -dice el Evangelio- se resumen en el mandamiento del amor a Dios y al prójimo. Pero ¿qué significa esto para mí? Este mandamiento no nos causa dificultades a nivel racional, sino en el momento de hacerlo vida y llevarlo a la prácti­ca con nuestro prójimo de carne y hueso, en el hogar, en la comunidad en la que nos encontra­mos.

 

Por eso, quiero ofrecer unos cinco puntos de reflexión para llevar todo esto a la práctica a lo largo de nuestro camino hacia la Pascua, para concretizar nuestro propósito de conversión en el ejercicio de la caridad fraterna.

 

- Soportar con verdadera pacien­cia cristiana las dificultades y los límites de mi prójimo. Este punto es fundamental. En teoría estamos de acuerdo en que todos tenemos defectos, pero en la práctica me cuesta mucho admitir que el próji­mo que vive a mi lado tenga justa-mente aquel preciso defecto que me irrita y que me hace sufrir.

 

Soportar esto cada día con amor, sin quejarme: he aquí el primer paso del progreso hacia el amor fraterno verdadero. San Pablo recomienda: "... soportán­doos unos a otros por amor" (Ef 4, 2).

 

- Aceptar la realidad de que   yo tengo defectos y aceptar que los  otros me    corrijan. No es fácil aceptar que me corrijan causándome una humi­llación, ni es fácil aceptar mis limitaciones físicas o morales. Hace falta mucha paciencia para aceptarme a mí mismo, para constatar, sin desalentarme, que la santidad tan deseada está todavía muy lejos. Tengo que ser consciente de que los demás ven mis defectos mejor de lo que yo los pueda ver. Si ellos tienen el valor de hacérmelos ver, ¿por qué yo no tendría que sacar pro­vecho de sus correcciones, o soportar sus críticas aun cuando me las hicieran de manera muy torpe? Todas las críticas me pue­den ayudar si yo sé discernir lo que tienen de pertinen­te y justo; para alcan­zar esto, hay que callar en muchas oca­siones, hay que calmar la imaginación, reflexionar. La oración puede ayudar mucho en este aspecto. Además, yo mismo podré practicar el arte delicado de la corrección frater­na, encontrando el justo medio, sin caer en la tentación de corre­gir de forma obsesiva todo defecto que pueda ver en el otro. Todo esto me lleva a tomar un compromiso serio que podría servirme también como empeño para la Cuaresma: aceptar que me corrijan, antes de pretender corregir a los demás.

- Reconocer las muchas cuali­dades que tiene mi prójimo.
Este punto opera un cambio radi­cal en mi mirada hacia los demás. Si logro vivir esto, enton­ces lograré reconocer, no de forma abstracta sino concretamente, las cualidades que mi her-mano tiene y que yo no tengo o no tengo en grado tan alto; logra­ré llegar a experimentar cierta admiración por él; lograré vivir con gozo las alabanzas que él recibe, mientras que de mí no se dice nada.

 

Tengo que reconocer que esto no es muy frecuente en mí, porque a menudo me detengo en las defi­ciencias de los demás, aún en las más pequeñas. Si logro alegrar-me de las cualidades de los demás, lograré ir sanando la envidia que se puede haber albergado en mi corazón. De aquí fácilmente brotará la estima mutua, indispensable para toda edificación de vida comunitaria, arrojando lejos todo germen des­tructivo como es el de las críticas: "Vuestra caridad sea sin fingi­miento (...); estimando a los demás más que a uno mismo" (Rm 12, 9-10).

 

- Descubrir la presencia del Señor detrás de las cualidades de los demás. Muchas veces el Señor me quiere revelar uno de los rasgos escondidos de su ros­tro, sobre todo en los más pobres con los cuales Él se identificó. La inocencia de un niño y la pacien­cia o la humildad de un enfermo son virtudes que dan testimonio de la obra de la Gracia en ellos. Jesús me habla en los que va formando a su imagen. Debo pedir cada día al Señor que me dé ojos para verle, para reconocerle.


-  
Descubrir al Señor mismo detrás de los defectos o pecados de mi hermano. Se puede consi­derar este punto como la cumbre de la perfección de la caridad.

 

Jesús durante su Pasión cargó con nuestros pecados. ¿Cómo reconocerle, escondido en mi, en mi hermano? Escucharé su voz, que me invita a perdonar, como Él me ha perdonado mucha veces: "Sed buenos entre vosotros, entrañables, perdo­nándoos mutuamente como os perdonó Dios en Cristo" (Ef 4, 32).

 

Todo lo que hemos venido diciendo no sirve de nada si no lo ponemos en práctica. El Movimiento de los Misioneros Siervos de los Pobres del Tercer Mundo profesa el voto de conti­nua conversión. Quizás pueda

yo creerme muy avanzado en este camino, porque servir a los pobres es, desde luego, un privi­legio inmenso. Pero, descubrir en los pobres al Señor, descubrir en ellos su presencia, exige largo y paciente trabajo de la Gracia en mí, para que yo pueda alcanzar más pureza en la mira-da hacia mi hermano.

 

Aprovechemos entonces este tiempo de Cuaresma para empe­zar a progresar en la caridad fra­terna con el prójimo que tene­mos a nuestro lado.

 

Hno. Miguel Malterre, msp (francés)


Publicado por verdenaranja @ 23:31  | Espiritualidad
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Comentarios
Publicado por leopldocruzr
Mi?rcoles, 18 de marzo de 2009 | 15:15
Padre creador de cielo y tierra tu nos diste a tu hijo para que nos lleve hacia a ti para amarte y respetar sus leyes y comprender que todos somos una unidad de amor de igualdad, que quieres darnos a todos compresi?n y sabidur?a a pesar de nuestra dureza
Publicado por leopldocruzr
Mi?rcoles, 18 de marzo de 2009 | 15:15
Hay algunos que se est?n comiendo las algarrobas de los cerdos y hay muchos perdidos pero el nos quiere encontrar y que entendamos que debemos volver a ti, a tu casa para no pasar esas miserias no lo dudemos y vamos a su encuentro.
Publicado por leopldocruzr
Mi?rcoles, 18 de marzo de 2009 | 15:16
El tiene lo mejor para ti para m? nos quiere tener unidos y prepararnos un banquete con el novillo m?s gordo y todos los honores para quien estaba perdido y vuelve a casa pongamos un granito de arena cada uno y veremos cuanto peso se acumula.