Mi?rcoles, 18 de marzo de 2009

Reflexión sobre el perdón basda en textos de la Segrada Escritura, publicada en el Boletín Bimestral, número 27 - MARZO-MAYO 2009 de "Misioneros de la Tercera Edad".

LA ALEGRÍA DEL
PERDÓN

 

El tema de la conversión es muy frecuente en la Sagrada Escritura, especialmente en los profetas. Algunos de ellos son bastante duros en denunciar los pecados del pueblo.

 

... son todos unos adúlteros, una caverna de bandidos... Se estafan unos a otros y no dicen la verdad, entrenan sus lenguas en la mentira, están depravados... Fraude sobre fraude, engaño sobre engaño... Saludan con la paz al prójimo y por dentro le traman asechanzas (Jeremías 9,1-7).

 

Sus obras son obras criminales, sus manos ejecutan la violencia. Sus pies corren al mal, tienen prisa por derramar sangre inocente; sus planes son planes criminales... No conocen el camino de la paz, no existe el derecho en sus sen­deros... (Isaías 59, 6-7).

 

Pero siempre los profetas, hablando en nombre del Señor, dejan abierta la posibili­dad de salvación, con tal que el pueblo se humille, reconozca su pecado y cambie de proceder.

 

Lavaos, purificaos, apartad de mi vista las malas acciones. Cesad de obrar el mal, aprended a hacer el bien; buscad el derecho..., defended al huér­fano, proteged a la viuda. Entonces, venid... Aunque vuestros pecados sean como púrpura, blanquearán como nieve; aunque sean rojos como escarlata, que-darán como lana (Isaías 1,16-18).

 

Sin embargo, será Jesús quien nos revele el corazón del Padre en toda su profundidad.

 

Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va en busca de la descarriada hasta encontrarla? Cuando la encuentra, se la carga en los hombros, muy contento; al llegar a casa reúne a los amigos y vecinos para decirles: "¡Dadme la enhorabuena! He encontrado la oveja que se me había perdido". Os digo que lo mismo pasa en el cielo; da más alegría un pecador que se enmienda que noventa y nueve justos que no tienen necesidad de enmendarse. (Lucas 15,4-7


Publicado por verdenaranja @ 23:27  | Espiritualidad
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