Martes, 24 de marzo de 2009

Texto de la Homilía del Sr. Cadenal Don Agustín García-Gasco Vicente en la Misa de  San José, pronunciada en la catedral de Valencia el 19 de Marzo de 2009.

 

Sacerdotes concelebrantes
Muy queridas Falleras Mayores de Valencia
Junta Central Fallera
Gremi de Fusters
Falla de Mosen Milá

Hermanas y hermanos. Hijos todos amadísimos:

Éste es el servidor fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia.  Valencia celebra con alegría las fiestas en recuerdo de San José, patrón del gremio de los carpinteros. Esta solemnidad nos invita a poner nuestra mirada en el Santo Patriarca como modelo e intercesor. A él Dios encomendó el cuidado de Jesús y de María, Madre del Señor. La liturgia nos lo presenta como el hombre justo a quien Dios confió la custodia de los primeros misterios de la salvación de los hombres.

En la primera lectura hemos escuchado las promesas que el Señor realizó al rey David:
“Afirmaré después de ti la realeza que saldrá de tus entrañas… Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre”.
Estas promesas se cumplen en el Patriarca san José. Como padre adoptivo de Jesús, como esposo de la Virgen María, José construye una casa: la familia de Nazaret. En el seno de esa familia se inicia la vida de Cristo sobre la tierra y, por ello, se inicia la historia de la vida cristiana, que llega hasta nosotros y hemos de transmitir a las futuras generaciones. San José es protagonista fiel de esos inicios y asume un papel de servicio ejemplar. Su dedicación al cuidado de Jesús y María no le ahorró trabajos, sudores, ni peligros. De modo particular, la huída a Egipto, escapando de la persecución de Herodes, y el regreso a Nazaret, desarrollando una vida de trabajo como artesano carpintero, expresan con claridad su entrega y su abnegación a los planes de Dios.

Por eso también hoy nosotros le invocamos pidiendo su ayuda. Estamos viviendo tiempos difíciles para la difusión de la vida cristiana. El auténtico problema en este momento de la historia es —como nos ha recordado el Papa— que Dios desaparece del horizonte de la vida humana. Y cuando se apaga la luz que proviene de Dios, crece la desorientación y la falta de sentido para construir la vida personal y social. Cuando se debilita la luz que proviene de Dios se multiplican los efectos destructivos en nuestra sociedad. Conducir a los hombres hacia Dios, hacia Jesucristo, es la prioridad suprema y fundamental de todos los cristianos de nuestro tiempo.

Pidamos a san José que nos ayude en esa tarea extraordinaria. Él la cumplió de modo ejemplar.

En la segunda lectura, de san Pablo a los Romanos, hemos escuchado que José se abrió a la confianza radical en Dios. José fue el primer testigo de la fuerza de la fe en Jesucristo, merced a la cual “la promesa está asegurada para toda la descendencia, no sólo para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros”. José es, en cierto modo, el nuevo Abrahán, y su fe le permite cumplir el papel que Dios le ha encomendado al frente de la Sagrada Familia. Su aceptación de Jesucristo desde los primeros momentos de su existencia en el seno de María, anticipa la Iglesia que nacerá del misterio Pascual y de la efusión del Espíritu Santo. Los hechos excepcionales de la vida del Santo Patriarca no lo alejan de nuestra vida cotidiana.

Este hombre justo no es sólo modelo de virtudes teológicas y espirituales. También es fácil reconocer en él un conjunto de virtudes y valores que hacen la vida social más humana, y, por tanto, más de Dios. Al recordar algunos de estos valores quiero ponerlos en relación con las Comisiones Falleras, clave social de nuestras fiestas.

Sí. Las fiestas de san José se organizan desde las Comisiones. Son lugares que ayudan a humanizar la vida de nuestros barrios. Me atrevo a afirmar que las Comisiones falleras cumplen un papel fundamental en la transmisión de valores, actitudes y competencias de verdadera ciudadanía. Me consta que en muchas de ellas se organizan durante todo el año actos culturales, festivos y formativos. También desde las Comisiones surgen con frecuencia nobles iniciativas solidarias, para atender a los más necesitados. Soy consciente de las relaciones estrechas que en tantos lugares mantienen las Comisiones Falleras con las Parroquias. Así es: En mis visitas pastorales a las comunidades parroquiales de la archidiócesis saludo, con frecuencia, a los representantes de las comisiones falleras que con toda naturalidad participan activamente en la vida parroquial. Os agradezco la colaboración que las fallas prestáis en muchas parroquias. Os animo a cuidarla cada vez más.
No lo dudéis: vuestro trabajo conjunto contribuye al bien común de la sociedad. No todo puede ni debe hacerlo el Estado. La participación ciudadana es un principio fundamental para vuestras actividades. Os felicito por ello. Tomando el ejemplo de san José estáis siempre dispuestos para ayudar y servir en las necesidades del barrio. En las Fallas se ha de vivir por ello, durante todo el año, un ambiente de sana amistad y cooperación.

Siguiendo también el ejemplo de san José os animo a que cultivéis en las Comisiones falleras un profundo espíritu familiar y de aprecio a la infancia y a la juventud. La familia es un fundamento indispensable para la sociedad, así como un bien insustituible para los hijos, dignos de venir a la vida como fruto del amor, de la donación total y generosa de los padres. Como puso de manifiesto Jesús honrando a la Virgen María y a San José, la familia ocupa un lugar primario en la educación de la persona. Es una verdadera escuela de humanidad y de valores perennes.

En este sentido, os quiero recordar la enseñanza de Benedicto XVI en su visita a Valencia: la familia fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer es el ámbito donde el hombre puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de un modo integral. (Cf. Homilía en la Santa Misa del V Encuentro Mundial de las Familias, Valencia, 9 de julio de 2006).

Sin embargo, la familia se ve dificultada por un engañoso concepto de libertad, que la reduce a mero capricho, hasta el punto de dejar encerrado a cada uno en la prisión del propio yo.

La verdadera libertad del ser humano proviene de haber sido creado a imagen y semejanza de Dios, y por ello debe ejercerse con responsabilidad, optando siempre por el bien verdadero para que se convierta en amor, en don de sí mismo.

Para eso, más que teorías, se necesita la cercanía y el amor característicos de la comunidad familiar.

Os invito a que en todas las Comisiones falleras se viva ese espíritu familiar.

Que en vuestros “casales falleros” se aprenda a vivir verdaderamente, a valorar la vida y la salud, la libertad y la paz, la justicia y la verdad, el trabajo, la concordia, la alegría y el respeto.

Esos son también los valores y el espíritu de la Ofrenda de Flores a la Mare de Deu dels Desamparats.

Es admirable contemplar esa extraordinaria manifestación de la fe y del cariño del mundo fallero, que se acerca en familia para honrar a la Santísima Virgen, esposa de San José.

Queridos hijos:

San José es modelo de respeto profundo a la dignidad de la persona, a lo que Dios tiene preparado para ella. ¡Cuanta necesidad tiene nuestra sociedad de aprender este respeto profundo para todas las relaciones entre las personas! El mejor antídoto contra la violencia es aprender a mirar a los otros con el respeto y el amor con que Dios nos mira. Ese respeto y amor deben presidir siempre la vida en vuestros casales.

San José nos invita a cuidar y proteger a cuantas mujeres son víctimas de la violencia y del maltrato, y nos ilumina para saber corregir esos abusos.

San José respeta y ama a Jesús antes de nacer y se afana en poner todo su empeño para cuidarle a él y a su Madre.

“Dará a luz un hijo —le dice el Ángel— y tu le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados”.

Sí, José es invitado a ver en Jesús ya desde antes de su nacimiento la mayor esperanza para la humanidad, el verdadero salvador, el verdadero redentor.

¡Cuánto nos tienes que ayudar, Patriarca San José, para que nuestra sociedad recupere ese sentido del respeto al ser humano antes de nacer, y lo mire con esperanza!

¡Cuánto necesitan los hombres de nuestro tiempo rechazar con firmeza el horror del aborto y de la destrucción de embriones para decir sí a la vida, sí a la mujer en su generosidad de ser madre!

Sí a los derechos del niño y de la niña antes de su nacimiento, sí a la esperanza, sí al amor.

Valencianos y valencianas que me escucháis: Digamos siempre sí a la vida. ¡Gozad de vuestra maternidad y de vuestra paternidad!

Que la alegría de las fallas de san José os dé siempre sabiduría para amar la vida y para rechazar la muerte provocada.

Valencia es verdaderamente dichosa de centrar sus fallas en la figura de san José. En él encuentra un modelo para renovar lo mejor de su alegría y de su convivencia.

Este año tenemos también un motivo singular de agradecimiento.

La Facultad de Medicina de la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”, que hace dos años pude crear en la solemnidad de san José, poniéndola bajo su especial protección, hoy tiene ya todas sus titulaciones verificadas.

Que el santo Patriarca cuide y bendiga a cuantos forman parte de ella, profesores, alumnos y profesionales de la administración y servicios, y a cuantos han contribuido a que hoy sea una gozosa realidad.

Recordemos también hoy al Papa que en este día celebra su Santo y recemos por los frutos de su viaje apostólico por tierras africanas.

Queridas falleras y falleros, gracias por vuestra laboriosidad, por vuestra entrega, por vuestra generosidad; por el bullicio de una fiesta que a nadie deja indiferente y a todos nos quiere hacer llegar un mensaje de alegría, de ganas de vivir.

Bendigamos a Dios.

Que en San José encontréis un modelo para estar siempre alegres.

Que él os lleve a María y a Jesús, para que las fallas sean una escuela de compromiso por los demás.

Ese compromiso que nos permite construir una ciudad cada día más humana y, por tanto, más de Dios.

Que así sea.


Publicado por verdenaranja @ 23:05  | Hablan los obispos
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