Jueves, 26 de marzo de 2009

VATICANO - LAS PALABRAS DE LA DOCTRINA de don Nicola Bux y don Salvatore Vitiello - El Papa en África: por qué y cómo hacer la evangelización


Ciudad del Vaticano (Agencia Fides) - El primer viaje apostólico de Benedicto XVI en África ha concluido. Los medios de comunicación, además del énfasis sobre la adversidad al preservativo y el aborto como instrumentos de control de los nacimientos - ¿podía haber sido de otra manera? - han subrayado aquí y allá el esfuerzo del Santo Padre por comprender el sentido religioso de los africanos y las antiguas culturas, de exhortar a la reconciliación y a la paz, confirmar en la fe a los católicos. Sin embargo no es todavía esto el centro de su viaje ni de la misión cristiana.

El Pontífice quiso recordarlo en el ángelus del domingo anterior al viaje: "Viajo a África con la convicción de que no tengo nada que proponer o dar a aquellos con los que me encuentre si no es Cristo y la buena nueva de su cruz, misterio de amor supremo, de amor divino que vence toda resistencia humana y hace posible incluso el perdón y el amor a los enemigos. Esta es la gracia del Evangelio, capaz de transformar el mundo; esta es la gracia que puede renovar también a África, porque genera una fuerza irresistible de paz y de reconciliación profunda y radical. Por tanto, la Iglesia no persigue objetivos económicos, sociales o políticos; la Iglesia anuncia a Cristo, convencida de que el Evangelio puede tocar el corazón de todos y transformarlo, renovando de este modo desde dentro a las personas y las sociedades. (Ángelus, 15 de marzo de 2009).

El decreto del Concilio Vaticano II sobre la misión afirma que el objetivo específico de la actividad misionera es la evangelización y la fundación de la Iglesia, ahora bien, "el medio principal para esta fundación es la predicación del Evangelio de Jesucristo" (Ad gentes, 6). Implantar la Iglesia sirve para salvar al hombre.

Todos comprenden que el enfermo de Sida necesita ser salvado de la enfermedad, y se piensa quizá que las misiones católicas - como muchas agencias humanitarias – deban realizar esto ante todo. Ciertamente, como el Samaritano, cuidan el hombre enfermo, sin embargo hay ante todo un mal más profundo que deben curar: ese pecado que es la raíz última de cualquier otro mal en el mundo y en la persona. Si se pensara que la Iglesia, in primis el Papa, está llamada a anunciar al mundo la salvación del pecado que Cristo nos obtuvo, no se escandalizaría de la afirmación que sólo la castidad prematrimonial, el dominio de las pasiones, en especial con la penitencia, salvan el hombre del mal físico y, sobre todo, moral. La Iglesia se preocupa ante todo de la salvación de "todo" el hombre, cuerpo y alma, ambos destinados a la vida eterna y ambos, dice Jesús, expuestos al riesgo de "acabar en el fuego inextinguible de la Geenna" si se cede al pecado y al tentador.

He aquí lo que hacen los misioneros, lo que debe hacer, lo que ha ido a hacer el Santo Padre: a proclamar la verdad de Dios sobre el hombre para que se salve. Ésta es la voluntad de Dios. Verdad y salvación son el pan que nutre al hombre, el vino y el aceite que curan, son los sacramentos de Jesucristo.

La Iglesia va en misión porque la misión es necesaria para la salvación (cfr Lumen Gentium 14, citando Ad gentes 7). Los misioneros católicos no son funcionarios de agencias humanitarias no gubernamentales sino miembros del Cuerpo místico de Cristo que es la Iglesia, movidos por la caridad divina: "por lo que aman a Dios y desean compartir con todos los hombres los bienes espirituales de la vida presente y la vida futura" (Ivi).

La misión de la Iglesia – téngase en cuenta que no es nunca de un individual fiel, aunque el misionero sea un sacerdote cura o religioso - se desarrolla entre la primera llegada de Cristo, hace dos mil años y la última al final de los tiempos (cfr Ivi 9): por tanto está cargada de tal tensión que hace que si bien sea muy justa la preocupación humanitaria, sea siempre relativa a otra bien más importante porque es definitivo: la santidad. El Papa ha deseado al abandonar Camerún que "la Iglesia aquí y en todas partes en África pueda seguir creciendo" en esta santidad. (Agencia Fides 26/3/2009)


Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios