S?bado, 28 de marzo de 2009

 

 

         A.      JOSÉ RIVERA. SACERDOTE, TESTIGO Y PROFETA

 

         La Fundación «José Rivera» preparó esta obra: «José Rivera. Sacerdote, testigo y profeta» [1].

 

         De lo mucho y bueno escrito sobre la persona de D. José, sólo vamos a destacar lo que se refiere a su relación con Manuel Aparici.

 

         «Esta semblanza –se lee en la Presentación– –que no es ni una biografía detallada ni un estudio exhaustivo de la figura de D José, sino sólo el bosquejo de algunos de sus trazos esenciales– es sentida hace tiempo como una necesidad y como un deber» [2].

 

         «Apunte biográfico»,

         por Félix del Valle Carrasquilla

 

         «Después de terminar los estudios del Bachillerato en Toledo, José comenzó en Madrid la carrera de Filosofía y Letras, en el año 1942 [3]. Tan sólo llegó a estudiar el primer curso, porque al año siguiente ingresó en el Seminario de Comillas, donde estuvo cinco años. En esta temporada se intensificó su relación con Manuel Aparici, que había sido Presidente Nacional de la Juventud de Acción Católica, a la que había pertenecido José, y que había ingresado en el Seminario con treinta y ocho años [4]. Aparici había mantenido una profunda relación con Antonio  Rivera,  y  llegó  después a tener una gran amistad con José. El aprecio era recíproco» [5].

 

         «Como yo os he amado»,

         por José Manuel Alonso Ampuero

 

         «De temperamento profundamente religioso, nacido en una familia católica, influenciado por grandes hombres de fe (su hermano Antonio [que a su vez estaba influenciado por Manuel Aparici], Manuel Aparici, el P. Nieto) D. José estuvo privilegiadamente preparado para entender que la verdadera realidad es Dios (mejor: las Personas divinas, como él gustaba decir) […]» [6].


         «La amó y se entregó por ella»,

         por Demetrio Fernández González

 

«[...] Yo  me  he  criado  –reconoce José Rivera en su Diario Espiritual (4-IV-1990)– dentro de la idea del amor paternal de Dios, tan prontamente propuesta a mi entendimiento, sobre todo por Aparici [...]» [7].

Años antes, «en carta dirigida a su hermana Ana María en noviembre de 1962, al acercarse las bodas de oro de sus padres, que se habían casado el 28 de noviembre de 1912, D. José Rivera describe el ambiente familiar:  “[...] El ambiente de casa, con todos sus defectos, me ha colocado en una situación especialmente  fácil  para  asimilar  las  ideas  de  Aparici,  ir a Comillas, venir a Salamanca, etc. [...]”» [8].

 

         «[...] Pero la habilidad de su madrina [su hermana Carmelina; su padrino fue su hermano Antonio] le fue poniendo en contacto con buenos sacerdotes: D. Amadeo Sáez de Ibarra, D. Manuel Aparici, D. Anastasio Granados, y cada uno en su momento fue dejando su impronta en el corazón de Pepe [...]. Carmelina recuerda una conversación con Aparici, en la que estaba Pepe presente. “Pepe no pestañeaba, mirando a Aparici y embebido en sus palabras”, comenta su madrina» [9].

 

«[...] Pero ideas como la importancia de la formación espiritual en el Seminario, la necesidad de la mortificación incluso física, y la llamada universal a la santidad  (que Rivera ya había mamado en su casa y le había contagiado Aparici) son remachadas por el P. Nieto, durante los cuatro años de su estancia en Comillas […]» [10].

 

         «En las cartas que Pepe recibe de Aparici, y que se conservan, se trata el tema de su traslado a Salamanca. “Pocos datos tengo del Colegio Mayor Santiago Apóstol de Salamanca. Sé que se inauguró en noviembre, que tenía nueve alumnos escogidos y que es objeto de todo el cariño del Sr. Obispo de Salamanca y que su conveniencia la encarecen el Sr. Cardenal (de Toledo) y el Sr. Nuncio. ¿Qué se trata de hacer? ... Muchísimas cosas buenas tienen los seminarios, pero a mi juicio y por mi propia experiencia he visto que a estas vocaciones no se las ha atendido adecuadamente ... Creo que el próximo curso le convendrá a Pepe ir a Salamanca. Allí se quiere un grupo pequeño de aspirantes al sacerdocio de Cristo que estén dispuestos a cooperar a la gracia hasta llegar a las cumbres de la santidad. En el próximo curso también iré yo a Salamanca a terminar la teología y a doctorarme en ella ... ” (carta de Aparici a D. Anastasio Granados). “ … con todo el amor que Él pone en mi alma para ti, te digo: ves a Comillas, o a Salamanca o a donde quieras; pero donde quiera que estés te pido que te guardes y reserves para esta misión. ¿Cuál es? Creí que la habías adivinado ... : la unión en verdadera y operante de todo el clero secular y regular, hispánico y no hispánico; el “ut omnes unum sint” fue la aspiración de toda mi vida desde mis primeros pasos de joven de Acción Católica. Por eso comprendí que Él me quería en el clero secular; no siendo de ninguna familia religiosa podría más fácilmente ser de todas las familias, por eso fui al Seminario de Madrid; siendo uno de tantos, podría más fácilmente hacerme uno con ellos ... En Comillas no hay más que seculares y jesuitas, en Salamanca hay de todas las órdenes. Esto es lo que entiendo que Él nos pide a ti, y a mí y a cuantos llamó al sacerdocio de las filas de la Juventud de Acción Católica” (carta de Aparici a Pepe).

         »Lo habla con él en vacaciones y, terminada la filosofía en Comillas, comienza los cuatro años de Teología en Salamanca […]» [11].

 

         «[...] Esta oración tiene matices de alabanza. De intercesión: “como Moisés en la brecha”, le gustaba decir. De expiación: “acaso sea yo el décimo justo”, decía con palabras de su hermano Antonio al morir, que a su vez había oído de labios de Aparici. De petición de perdón» [12].


         «Tenemos la mente de Cristo»,

         por Jordi Girau Reverter

 

«[...] Fueron tiempos aquellos de entusiasmos juveniles y de militancia en Acción Católica, ambientados en el clima heroico de la posguerra, que él vivió envuelto por la sombra agigantada  de  su  hermano  Antonio,  “El Ángel  del Alcázar”, y el testimonio de Manuel Aparici [...]» [13].

 

         «Las paredes de su habitación, en la toledana casa de la plaza de Santa Isabel número 2, estaban literalmente forradas hasta el techo de estanterías de madera oscura y en ellas una ingente cantidad de libros [...]; algún recuerdo personal, entre ellos las fotografías del padre  Aldama, y de D. Manuel Aparici, todavía de seglar […]» [14].

 

         «Cooperadores míos en la obra del Evangelio»,

         por José Díaz Rincón

 

«Al año de ser ordenado sacerdote comencé –escribe José Díaz Rincón, de Toledo (España)– a dirigirme espiritualmente con D. José, dirección que mantuve hasta su inesperada muerte. Lo hice por consejo de mi anterior director, D. Manuel Aparici Navarro, otro gran sacerdote que fue Presidente Nacional de los Jóvenes de Acción Católica cuando era seglar, porque sintió su vocación al sacerdocio cuando ya estaba ejerciendo su carrera (también tiene ya iniciado el proceso de beatificación). Al caer muy enfermo del corazón él me indicó que me dirigiese con D. José, que –según frase suya– “estaba criado a sus pechos”, significando la gran influencia que había tenido sobre él» 15 .


[1]  Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid 2002.

[2]  Página 7.

[3]  El 19 de octubre de 1941 Manuel Aparici cesaba en la Presidencia Nacional de los Jóvenes de Acción Católica para ingresar en el Seminario de Madrid.

[4]  Manuel Aparici comenzó muy pronto a sentir la llamada a la vocación sacerdotal. «Superada su crisis juvenil, el Señor le regaló –dice Manuel Martínez Pereiro– con la vocación sacerdotal [...]». En 1928 vive todavía con sus padres en Madrid, en la calle de Santiago. «Cambia su vida y habla de hacerse sacerdote [...]. Pero «circunstancias familiares, apostólicas y nacionales le fueron demorando [por indicación de la Jerarquía] la entrada en el Seminario más de lo que hubiese deseado, pero sin duda con buenos frutos», asegura Manuel Martínez Pereiro. Pero «tan pronto como la Juventud de Acción Católica estuvo reconstituida en la posguerra, se redondeaba la formación de nuevos dirigentes, etc. ingresa en el Seminario y hace al Señor entrega absoluta de su persona. Su ejemplo hizo que le siguieran otros muchos jóvenes».

Sobre este particular ver  «Manuel Aparici, Vocación, Seminario y Ordenación Sacerdotal» ya enviado.

[5]  Página 15.

[6]  Página 38.

[7]  Página 96.

[8]  Página 102.

[9]  Páginas 103 y 104.

[10]  Página 105.

[11]  Páginas 106 y 107.

[12]  Página 112.

[13]  Página 177.

[14]  Página 181.

[15]  Página 219.

Más tarde, el 25 de noviembre de 2002, José Díaz Rincón le dice a la Asociación de Peregrinos de la Iglesia: «[...] He leído despacio, casi recreándome, la biografía [de Manuel Aparici] que me enviaste y que te devuelvo [...]. He gozado lo indecible, porque todo lo relacionado con don Manuel me interesa y me apasiona. No olvides que soy hechura suya y mi conversión, muy jovencito, la realizó el Señor por medio de este hombre [...]. Es un trabajo muy importante [...]».

 

Información enviada por Carlos Peinó Agrelo, Cursillista, Peregrino, Colaborador en la redacción de la Positito super virtutibus del Siervo de Dios Manuel Aparici y Vicepostulador de su Causa de Canonización.


Publicado por verdenaranja @ 14:19  | Espiritualidad
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios