S?bado, 28 de marzo de 2009

Información enviada por Carlos Peinó Agrelo, Cursillista, Peregrino, Colaborador en la redacción de la Positito super virtutibus del Siervo de Dios Manuel Aparici y Vicepostulador de su Causa de Canonización

 

 

B.      JOSÉ RIVERA RAMÍREZ, UN SACERDOTE DIOCESANO

 

         Recoge las Actas de las Jornadas de estudio (26-27 de marzo de 2004) en los 50 años de su ordenación sacerdotal. Instituto Teológico San Ildefonso.

 

         De lo mucho y bueno escrito sobre la persona de D. José, sólo vamos a destacar, como en el apartado anterior, lo que se refiere a su relación con Manuel Aparici.

 

         «Vida del Siervo de Dios José Rivera Ramírez, sacerdote diocesano de Toledo

(1925-1991)»

 

         «Terminada la guerra civil, el siervo de Dios se convierte en militante entre los jóvenes de Acción Católica, llegando a ser secretario diocesano de los jóvenes. A ellos se dedica intensamente, bajo la guía de Manuel Aparici [1], que ha tomado la antorcha de Antonio, pero Aparici en 1940 decide hacerse sacerdote. El siervo de Dios cuanta con la compañía protectora de su madrina Carmen, la hermana mayor […]» [2].

 

         Manuel Aparici no decide hacerse sacerdote en 1940. Su vocación aparece en 1928. ¿Por qué entonces esa tardanza en ingresar en el Seminario? Manuel Martínez Pereiro nos lo dice:

         Manuel Aparici comenzó muy pronto a sentir la llamada a la vocación sacerdotal. «Superada su crisis juvenil, el Señor le regaló –dice– con la vocación sacerdotal [...]». En 1928 vive todavía con sus padres en Madrid, en la calle de Santiago. «Cambia su vida y habla de hacerse sacerdote [...]. Pero «circunstancias familiares, apostólicas y nacionales le fueron demorando [por indicación de la Jerarquía] la entrada en el Seminario más de lo que hubiese deseado, pero sin duda con buenos frutos». Pero «tan pronto como la Juventud de Acción Católica estuvo reconstituida en la posguerra, se redondeaba la formación de nuevos dirigentes, etc. ingresa en el Seminario y hace al Señor entrega absoluta de su persona. Su ejemplo hizo que le siguieran otros muchos jóvenes».

Sobre este particular ver «Manuel Aparici, Vocación, Seminario y Ordenación Sacerdotal» ya enviado.

        

         «”Por influencia de Manuel Aparici y con el deseo de estudiar mejor la teología se trasladó a Salamanca” [3] […]» [4].

        

«[…] Dos sacerdotes le acompañaban de cerca en este momento: D. Manuel Aparici, con el que coincide en Salamanca, que quería enviarlo a Roma [5] y D. Anastasio Granados, canciller del Arzobispado de Toledo y después obispo auxiliar» [6].

        

«Este joven sacerdote entra en los planes de Manuel Aparici para apoyar un cierto movimiento sacerdotal que está surgiendo en España y que trata de promover la teología y la espiritualidad del sacerdote diocesano [7]. Aparici habla con el cardenal de Toledo para pedir que le deje a Rivera como ayudante y sucesor en la consiliaría nacional de jóvenes de AC. El cardenal le da largas. Rivera, por ahora, es retenido en la diócesis. Las ideas de Aparici le atraen. El mundillo eclesiástico, no tanto» [8].

        

«[…] En la biografía del siervo de Dios José Rivera Ramírez aparecen varias personas, cuyos procesos de canonización están en curso; aquí hemos citado a su hermano Antonio, a Manuel Aparici, al P. Nieto, s.j., al P. Aldama, s.j.. Pero hay muchos otros […]» [9].

 

         «José Rivera, sacerdote diocesano, formador de sacerdotes»,

         por Demetrio Fernández González

 

         «Carmelina, la hermana mayor y madrina de bautismo, se hace cargo de la formación cristiana del pequeño y le pone en contacto con los mejores sacerdotes del momento y con algunos seglares eminentes, entre los que destaca Manuel Aparici [10], que decidirá más tarde hacerse sacerdote y será ordenado a los 48 años. Aparici, con quien se veía frecuentemente, y le ha introducido en el amor de Cristo ya desde la edad temprana. Carmelina comenta que Pepe no pestañeaba cuando oía hablar a Aparici, como si bebiera a sorbos sus palabras. He aquí un apunte escogido entre sus abundantes escritos:

 

«Ese indefinible deslumbramiento que yo sentía a mis 14 años escuchando a Aparici hablar de Cristo, ese como presentimiento y pregusto de una amistad en plenitud saciativa, o el mismo sentimiento de algo diverso, esa como oscura adivinación de una existencia hasta ahora no conocida de otra vida, de otro amor, que veo se produce muchas veces en las gentes que hablan  por vez primera conmigo; es, a mi juicio, “el flechazo” de Cristo que enamora al alma» (Estudios, 13-V-1967, CP. f. 5768-5769).

 

         1.      Manuel Aparici no decidirá más tarde hacerse sacerdote. Su vocación aparece en 1928. ¿Por qué entonces esa tardanza en ingresar en el Seminario? Manuel Martínez Pereiro nos lo dice:

         Manuel Aparici comenzó muy pronto a sentir la llamada a la vocación sacerdotal. «Superada su crisis juvenil, el Señor le regaló –dice– con la vocación sacerdotal [...]». En 1928 vive todavía con sus padres en Madrid, en la calle de Santiago. «Cambia su vida y habla de hacerse sacerdote [...]. Pero «circunstancias familiares, apostólicas y nacionales le fueron demorando [por indicación de la Jerarquía] la entrada en el Seminario más de lo que hubiese deseado, pero sin duda con buenos frutos». Pero «tan pronto como la Juventud de Acción Católica estuvo reconstituida en la posguerra, se redondeaba la formación de nuevos dirigentes, etc. ingresa en el Seminario y hace al Señor entrega absoluta de su persona. Su ejemplo hizo que le siguieran otros muchos jóvenes».

Sobre este particular ver «Manuel Aparici, Vocación, Seminario y Ordenación Sacerdotal» ya enviado.

       
2.      Fue ordenado sacerdote a los 45 años no a los 48 (nació en 1902 y fue ordenado sacerdote en 1947).

        
3.      Murió el día 28 de agosto de 1964 no el día 18.

        
4.      José Rivera nace el 17 de diciembre de 1925. Manuel Aparici había nacido el día11 de diciembre de 1902. Luego cuando José tiene 14 años (estamos ya en 1939), Aparici tenía en ese año de 1939 37 años y no 31.

 

         »Con estos antecedentes, su familia, su hermana, los ambientes de Acción Católica y especialmente el influjo de Aparici, es a los 17 años cuando su vida experimenta un giro decisivo, que bien podemos calificar como primera conversión […]» [1].

 

         «Todavía estudiante en la Pontifica de Salamanca (1948-1953), Manuel Aparici, ya sacerdote, tiene planes sobre él en orden a revitalizar el clero diocesano, que después de la guerra civil venía  pujante en España. “[Manuel Aparici] estaba empeñado en que fuera a Roma para que dirigiese después ese seminario misterioso y meramente posible”.

         »La preparación para atender especialmente al clero diocesano ha sido una de las razones de su traslado de Comillas a Salamanca, en la que han intervenido Manuel Aparici, Anastasio Granados y el llamado “grupo de Salamanca”, un conjunto de personalidades provenientes de las filas de Acción Católica que, al hacerse sacerdotes, quieren potenciar la espiritualidad y la santidad del sacerdote diocesano. Con Rivera cuentan para este proyecto y a él se incorporará dentro de unos años, como joven sacerdote» [2].

 

         «Manuel Aparici pide al cardenal-arzobispo de Toledo que le deje a este joven sacerdote, José Rivera, al que conoce bien desde su adolescencia y que se ha caracterizado en sus años de Seminario por un rendimiento excepcional en el estudio y en la vida espiritual. Aparici tenía la idea de reunir un grupo de sacerdotes, con abundante tiempo de estudio y mucha oración, en orden al proyecto de cultivar bien el clero diocesano de España» [3].

 

         «Don José Rivera y los Cursillos»,

         por Jordi Girau Reverter [4]

 

Antes de facilitar el texto de D. Jordi deseo hacer constar que me he tomado la libertad de poner notas a algunos puntos del mismo (van dentro del texto con este mismo tipo de letra). Espero y confío que también en esta ocasión me agradecerá la ayuda, como me la agradeció en otro momento según hace constar en la nota 6ª a pie de página del su trabajo.

 

         En el punto 2, «Rivera y Aparici. Historias de los orígenes de cursillos», escribe:

 

«El contacto de Rivera con los flamantes "Cursillos" –escribe– se debió sin duda a su amistad con el Siervo de Dios Manuel Aparici, antiguo Presidente y más tarde Consiliario Nacional de los Jóvenes de Acción Católica y por entonces también seminarista, y al ámbito de pertenencia eclesial común a ambos, esa misma Acción Católica. La amistad de Aparici con los Rivera tuvo su origen en el trato de Antonio, Presidente Diocesano de los Jóvenes de Toledo, con su Presidente Nacional, desde antes de la guerra hasta la muerte heroica de “El Ángel del Alcázar". A él debió Antonio aquel impulso providencial y determinante para el descubrimiento de su propia vocación a la santidad: ¿Y si yo fuera el justo que falta a los diez que son necesarios para que el castigo divino no caiga sobre España? [5]. Dicha amistad cristiana se extendió a todos los Rivera. A Ana María y al "cura" (o "Pepe", como a veces le llamábamos también los dirigidos) se les oía normalmente referirse a él como "Manolo". Y todavía recuerdo que, en su habitación, Rivera tuvo muchos años una fotografía dedicada de Aparici, de seglar. Estaba convencido de la santidad de Aparici. En cierta ocasión escuché al toledano ponderar la incalculable fecundidad del sacerdocio de su amigo madrileño, inmolado en los últimos años, cuando la enfermedad fue menguando hasta limitar radicalmente sus tareas ministeriales [6].

 

«Yo siempre –declaró Sor Carmen– lo consideré que llegaría a los altares. Mi hermano José decía que había tratado con tres santos y uno de ellos era Manuel Aparici (los otros dos, nuestro hermano Antonio y el P. Nieto). Después de morir se habla más aún de su fama de santidad» [7].

         «En escrito de fecha 21 de julio de 1989 dirigido al Rvdo. D. José Manuel de Lapuerta y Quintero, Consiliario de la Asociación de Peregrinos de la Iglesia, Sor Carmen le decía: «Vi con la mayor alegría que los Peregrinos están ya tras del asunto de Aparici. Yo quisiera de verdad que el Capitán llegara antes que nadie» [8]. Y añadía: «La llamada a una espiritualidad peregrinante procuro vivirla y me hace mucho bien» [9].

 

»La conexión de Manuel Aparici con los Cursillos ha pasado desapercibida o, cuando se ha hecho objeto de atención, no ha sido calibrada con exactitud [10]. Fue él quien, en calidad de Presidente Nacional de los Jóvenes de Acción Católica, acompañado por el Sustituto de la Secretaría de Estado, cardenal Pacelli (más tarde Pío XII), a principios de 1936 propuso al papa Pío XI, como remedio de los males de aquella época trágica, una masiva peregrinación de jóvenes españoles al sepulcro del Apóstol en Compostela: Cien mil santos a Santiago. El Pontífice bendijo la iniciativa, pero ésta no pudo llevarse a cabo a causa de las dos guerras, española y mundial, que se sucedieron; salvo en los Centros de Vanguardia durante la Cruzada, que practicaban una "peregrinación espiritual" a Santiago, y en el lema personal de Antonio Rivera que condensaba admirablemente el ideal: ¡Para Santiago, santos!


Para Santiago, santos!

Muchos años antes, Manuel Aparici, “Adelantado y Capitán” de nuestros anhelos, que hizo viva la inquietud de nuestra Juventud, fue quien dio expresión a la frase de Antonio Rivera, «El Ángel del Alcázar», “Para Santiago, santo”.

         Movido por las ideas del Siervo de Dios, Antonio Rivera, «El Ángel del Alcázar», en unos Ejercicios Espirituales, escribió su propósito: «Para Santiago he de ser santo». Muerto Antonio Rivera, este grito -«¡Para Santiago, santo!»- fue el lema de los jóvenes peregrinos en los largos años de caminar en espíritu hacia Compostela. ¡Ser santos! Esta fue la aspiración y el compromiso de aquella juventud capitaneada por Manuel Aparici.

         No todos, sin embargo, estaban de acuerdo con el Siervo de Dios. Entre sus inmediatos colaboradores algunos pensaban –como era opinión común aquellos años– que la santidad es cosa de pocos, los demás han de contentarse con ser buenos.

         Si entonces aquellos jóvenes aspiraban a ser santos, hoy el Concilio Vaticano II nos proclama con claridad meridiana la universal vocación a la santidad: «En la Iglesia, todos, lo mismo quienes pertenecen a la Jerarquía que los apacentados por ella, están llamados a la santidad, según aquello del Apóstol: “Porque esta es la voluntad de Dios, vuestra santificación”» [1].


«Pasarían,  sin embargo, –escriben los Peritos Archivistas en su Informe– [1] varios años antes de que pudiera fijarse la fecha, que finalmente fue la del Año Santo de 1948. Dieciséis años después de ser propuesta. Pero, el viejo anhelo de los “100.000 santos para Santiago” adquiere profunda resonancia durante los años 40 hasta que se concreta en la Peregrinación a Santiago

«La Juventud católica española, capitaneada por Manuel Aparici y peregrina en espíritu hacia Santiago, encuentra en esta llamada [de Pío XI] una aceptación de su ofrecimiento. Y responde, a su vez: La Hispanidad debe ser la Vanguardia de Cristiandad, de esa Cristiandad ejemplar que el Papa pide. Porque sólo España, junto a sus hijas, puede poner tantas almas al servicio de la Iglesia, para salvar al mundo.

»Años de guerra: años de heroísmo y de martirio. “El Ángel del Alcázar”, Antonio Rivera, se había dado a sí mismo –repetimos– la consigna: “¡Para Santiago, santo!”. Bajo este lema, y tras su ejemplo, miles de “Peregrinos de Santiago en los campos de batalla” (como se denominan los jóvenes encuadrados en los “Centros de Vanguardia”) y los que viven años de catacumba en los “Centros clandestinos”, caminan en espíritu a Compostela. En ellos hay un solo deseo: forjar la Vanguardia de la Cristiandad ejemplar, y una sola ilusión: la de que a España le espera un Continente “para marchar tras ella por el Camino Real de la Santa Cruz”» [1].

         «[...] A partir de entonces, al conjuro del nombre jacobeo, el ritmo de la marcha se hizo más vivo por momentos, mientras se iba perfilando el proyecto con pasión y minuciosidad. Santiago es la impaciencia y la osadía apostólica [...]. Y el Señor Santiago había quedado para siempre en tierra española hasta la resurrección de la carne [...]» [2].

 

»La mística de Aparici se expresaba en aquella sugestiva definición: Peregrinar es caminar con [en realidad: por] Cristo al Padre, a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María y llevando consigo a los hermanos, que desde antes del primer Cursillo y hasta la fecha, con pequeñas pero significativas modificaciones, campea todavía, como una especie de reconocimiento de deuda y homenaje de gratitud, en la Guía del Peregrino que se entrega a los participantes en todos los Cursillos de Cristiandad.

 

¿Significativas modificaciones?


        
«Peregrinar es –se lee, por ejemplo, en la Guía del Peregrino editada por el Secretariado Nacional de Cursillos de Cristiandad de España en 1968– caminar por Cristo hacia el Padre, a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María y de todos los Santos, llevando consigo a los hermanos».

Es la definición de Manuel Aparici a la que se ha añadido «y de todos los Santos».

Sin embargo, años después, en 1990 y en 2003, por ejemplo, el Secretariado Nacional no mantiene en la Guía del Peregrino la definición que ofreció en 1968, y así escribe: «Peregrinar es ir por Cristo hacia el Padre, a impulsos del Espíritu Santo, por los caminos del corazón del mundo a manera de fermento, con la ayuda de María y de todos los santos, llevando consigo a los hermanos».

José Rivera, por su parte, cuando escribe a su amigo Blas Piñar el 10 de diciembre de 1967 [3] sobre un posible trabajo sobre Manuel Aparici en uno de los puntos que le propone (la vida cristiana) escribe: «es un peregrinar por Cristo hacia el Padre a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María y de los Santos, llevando consigo a los hermanos.

 

»Ya desde principios de los años 40, y más intensamente a partir de 1945, el Consejo Superior de Jóvenes de Acción Católica empezó a impartir, en muchas diócesis de España, unos cursos llamados Cursillos de Adelantados de Peregrinos, destinados a preparar la espiritualidad de los responsables de la peregrinación a Compostela, que se celebró finalmente en verano de 1948. En Mallorca dichos cursos fueron bien acogidos y, enseguida, copiados y adaptados por los responsables diocesanos de Acción Católica, con el nombre de Cursillos de Jefes de Peregrinos. Estos responsables se reunían en una "Escuela de Propagandistas" que preparaba, revisaba, corregía y perfeccionaba incesantemente los cursillos celebrados. De la fervorosa espiritualidad peregrinante de tal Escuela, y de su estudio teológico, psicológico y pastoral de la realidad juvenil, surgió algo nuevo, unos "Cursillos" que durante los tres primeros años de su existencia se llamaron "de Conquista" y más tarde (a partir de 1951) fueron rebautizados por el Prelado Diocesano como "de Cristiandad". El primero de ellos, dotado ya de todos los elementos del método, proclamado como primero por el posterior Secretariado Nacional de Cursillos de Cristiandad de España y reconocido cómo tal por el Organismo Mundial de Cursillos de Cristiandad, se celebró en el monasterio mallorquín de San Honorato, del 7 al 10 de enero de 1949 [4].

 

Escribe: «En Mallorca dichos cursos [los de Adelantados de Peregrinos] fueron bien acogidos y, enseguida, copiados y adaptados por los responsables diocesanos de Acción Católica, con el nombre de Cursillos de Jefes de Peregrinos».

¿Copiados y adaptados? Rotundamente, no.

         Ambos Cursillos (los de Adelantados y los de Jefes de Peregrinos) fueron creados por Manuel Aparici en 1940 y tenían la misma finalidad y contenido, es decir el mismo plan: preparar a los jóvenes para Santiago, pero distintos destinatarios, profesores y fechas de impartición. Los dos se celebraban en régimen de internado, los de Adelantados en las vacaciones de Navidad impartidos por miembros del Consejo Superior y los de Jefes de Peregrinos en las de Semana Santa a organizar por los muchachos que habían hecho los Cursillos de Adelantados en sus respectivas Diócesis, en las que ellos repetían las explicaciones propias de seglares a muchachos con categoría de dirigentes de Centros o del Consejo Arciprestal.

         Los de Adelantados de Peregrinos  eran para dirigentes diocesanos o asimilados. Los de Jefes para dirigentes de Centros o del Consejo Arciprestal y los de Guías para jefes de decuria e instructores Parroquiales de Aspirantes.

         Por su parte, D. Jaime Capó Bosch escribe en «Motivos de esta Publicación»:

«Referencia amplia en esta introducción a otra publicación titulada “CURSILLOS DE FORMACIÓN DE JEFES DE PEREGRINOS”, editada en Madrid el año 1941. Bastantes elementos de “rollos-seglares” los encontramos en aquellos guiones. He recalcado expresamente la palabra “seglares”, para llamar la atención sobre las lecciones de espiritualidad que en este cursillos e A.C. se desarrollaban».

Sin embargo, no tiene nada de extraño que lo afirme porque también lo afirman, entre otros, Mons. Hervás, Mons. Saiz Meneses, D. Sebastián Gayá, Guillermo Bibiloni y El cómo y el porqué (E. Bonnín, M. Fernández. Madrid 1973, 2ª edición), que es una de las publicaciones más significativas y antiguas del Movimiento, según Mons. Saiz Meneses [5]. Se nota que han bebido de esta fuente.

«[…] Se cita a Bibiloni –me dice D. Jaime Capó–. Era condiscípulo de mi hermano y coincidimos en el seminario. Sólo había dos cursos de diferencia. Fue sacerdote, trabajó en Perú y se secularizó, viviendo ejemplarmente su vida cristiana de casado. Nunca estuvo en un cursillo. Se le encargó -no gratis- que escribiera el libro. Personalmente hablé con él y le recriminé que dijera cosas que no eran exactas. Me confesó que lo escrito era lo que le habían relatado; y quien se lo había relatado o dictado era Eduardo».


1.         «Contemplar la historia de mi vida: llamado desde tan temprano a tareas apostólicas, criado en el ambiente de casa,  en que todos vivían metidos de lleno en ellas. Recordar, como gracias muy peculiares e insignes, las visitas de  Aparici y de otros dirigentes de AC, indeciblemente estimulantes […]»: Diario 29-III-1977, CP f. 2303. «Ese indefinible deslumbramiento que yo sentía a mis 14 años escuchando a Aparici hablar de Cristo, ese como presentimiento y pregusto de una amistad en plenitud saciativa, o el mismo sentimiento de algo diverso, esa como oscura adivinación de una existencia hasta ahora no conocida de otra vida, de otro amor, que veo se produce muchas veces en las gentes que hablan  por vez primera conmigo; es, a mi juicio, “el flechazo” de Cristo que enamora al alma» Estudios, 13-V-1967, CP. f. 5768-5769.

2.           Página 21.

3.         [1]  Dice su hermana Ana María: Tº 23, Summ. 151.

4.         [1]  Página 23.

5.         [1]  «[M. Aparici] estaba empeñado en que fuera a Roma para que dirigiese después ese seminario misterioso y meramente posible» Carta 35, CP f. 6108.

6.         [1]  Página 23.

7.         [1]  «Con Aparici hablé bastante. Tiene unos proyectos muy buenos de grupo sacerdotal, a base de ratos largos de estudio para aplicar la teología a la vida, a fin de dar testimonio del amor de Dios que muestra la teología. Me entendí con él como nunca. Me dijo que me quiere pedir al Sr. Cardenal para ese grupo. Ya veremos». Carta 55, (Toledo, verano 1953), CP. f. 6144-6145.

8.         [1]  Página 25.

«Sin querer estoy un poco metido entre grupos “repipis” de la Iglesia: Aparici, Romero de Lema,  Benavent, D. Ignacio, profesores de Universidad … Pero yo no los busco, son siempre ellos los que me llaman, No me creo capaz de nada y por eso si no me buscan, yo no me ofrezco. Además necesito estudiar y rezar,  y meterse en torbellinos no creo me convenga, La petición de Aparici no creo tenga efecto, pero sobre eso como sobre lo demás, yo no pienso decir ni media palabra»: Carta 101, CP f. 6211.

9.         [1]  Página 47.

10.    [1]  «Manuel Aparici Navarro nació en Madrid en 1902. Es Presidente Nacional de los Jóvenes de Acción Católica de 1934 a 1941, cuando ingresa en el Seminario. Ordenado sacerdote, es Consiliario Nacional de los mismos Jóvenes desde 1950 a 1959. Una grave enfermedad le retira de la actividad pastoral. Murió el 18 de agosto de 1964, tras cinco años de acerbos dolores. Cuando Pepe le conoce a sus 14 años, Aparici tiene ya 31».

11.    [1]  Página 61.

12.    [1]  Página 63.

13.    [1]  Página 65.

«Con Aparici hablé bastante. Tiene unos proyectos muy buenos de grupo sacerdotal, a base de ratos largos de estudio para aplicar la teología a la vida, a fin de dar testimonio del amor de Dios que muestra la teología. Me entendí con él como nunca. Me dijo que me quiere pedir al Sr. Cardenal para ese grupo. Ya veremos» Carta 55 (Toledo, verano 1953), CP f. 6148.

14.  Si bien este apartado fue objeto de nuestro anterior envío, lo reiteraos aquí tal como lo enviamos para no romper el hilo conductor del trabajo.

de Compostela en dicho año» [1].

Publicado por verdenaranja @ 15:20  | Espiritualidad
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