Mi?rcoles, 01 de abril de 2009

Artículo semanal del Padre Fernando Lorente, o.h. publicado en EL DÍA el miércoles 1 de Abril de 2009 en la sección CRITERIOS, bajo el epígrafe “Luz en el Camino”.

 

LUZ EN EL CAMINO FERNANDO LORENTE, O.H.*

La Iglesia y su presencia


EN LO SOCIAL, en lo político y en lo religioso.
Es normal y perfectamente comprensible que los documentos del Papa o de los obispos que inciden en materia social, política y religiosa sean objeto de controversia. Pero lo que sorprende es que, en tales ocasiones, se acuse a la Iglesia de meterse en política o bien se le niegue el derecho de hablar y escribir, valiéndose de declaraciones o documentos solemnes u ordinariamente apostólicos, como ha sucedido con el olvido del Gobierno español en la última presencia de Benedicto XVI en África y en la tendenciosa interpretación que se le ha dado en varios medios informativos. En el fondo lo que ocurre es que la Iglesia -en la persona de sus pastores- tiene una autoridad moral innegable que, a ciertos Gobiernos, como el de España actual, les cuesta aceptar o la rechazan. Se explica entonces que estos documentos y las propias declaraciones, verbales o escritas, siempre le causen insoportables molestias.

 

Esta realidad no es exclusiva de España en todo este largo tiempo "democrático" -no siempre bien interpretado- que estamos viviendo. Revolviendo algunos recortes periodísticos que suelo guardar, me he encontrado con la fotocopia de una carta del cardenal Cooke, arzobispo que fue de Nueva Cork, en la cual advertía a sus diocesanos de que había quien acusaba a los obispos norteamericanos de meterse en política por haber expuesto la doctrina de la Iglesia sobre el aborto. El tema era eminentemente religioso, a pesar de su incidencia innegable en la vida social y en el campo político. En plena discusión de una ley civil al respecto, ¡los obispos vienen siendo acusados de coaccionar la libertad de los ciudadanos! Hoy, en nuestro país, particularmente en todos los gobiernos socialistas, nuestros obispos en general son incriminados de favorecer la "desobediencia" a las leyes del Estado. ¡Qué paradoja!

 

Desde el punto de vista civil, no existe ningún argumento válido para negar a la Iglesia su derecho a manifestar lo que ésta piensa y hace sobre un tema, que entra de lleno en la vida social y política de los ciudadanos. En plena democracia, nadie puede discriminar a la Iglesia, excluyéndola del derecho de expresión que todo el mundo tiene (como lo sanciona la Constitución española); partidos políticos, sindicatos, o cualesquiera asociaciones públicas o privadas. Aquí, cabe preguntar: la Iglesia, cuya finalidad es esencialmente religiosa, ¿qué piensa sobre esta cuestión? El concilio Vaticano II lo precisó con suficiente claridad. Por una parte afirmó lo que la Iglesia no es:

-Que no se confunda en modo alguno con la comunidad política, ni está ligada a ningún sistema político; tampoco le corresponde dar juicios técnicos sobre cuestiones temporales.

 

Por otra parte el mismo Concilio dijo:

-Que la Iglesia es promotora de la libertad y de la responsabilidad política de los ciudadanos, "predicando la verdad evangélica e iluminando todos los sectores de la acción humana con su doctrina y con el testimonio de los cristianos". Son palabras textuales. ¿Cabe más claridad?

 

Consecuencia de esto es que la Iglesia, en todo momento y en todas partes, debe poder predicar la fe con auténtica libertad y enseñar su doctrina social, política y religiosa. Más todavía, la Iglesia puede y debe "dar su juicio moral, incluso sobre materias referente al orden político, cuando lo exijan los derechos fundamentales de la persona humana o el bien de las almas".

 

Estas últimas palabras -del mismo Concilio- son las que interesan en nuestro caso. Se trata de emitir "juicios morales", no técnicos, aunque sea sobre leyes civiles... ¿Con qué condiciones? Una está contenida en el texto citado: que ello sea exigido por el bien de las almas o por los derechos fundamentales de la persona humana. Creemos que nadie puede dudar de que, entre estos derechos, se hallan la justicia, la paz, el desarme, el respeto a la vida, la familia, la escuela, etc. Otra condición es que, en tales casos, la Iglesia utilice "todos y solo aquellos medios que sean conformes al Evangelio y al bien de todos, según la diversidad de tiempos y de situaciones".

 

Esto es lo que es la Iglesia y su presencia ante todos los pueblos y en todas las épocas.

 

* Capellán de la clínica S. Juan de Dios

 


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