Mi?rcoles, 01 de abril de 2009

Artículo del historiador e investigador Juan Gómez Luis-Revelo publicado en “SEMANA SANTA - Revista del Patrimonio Histórico-Religioso de Ycod”; Ycod De los Vinos 2008.

 

 

APORTACIONES DEL ARTE CANARIO A LA RETABLÍSTICA HISPANA

LOS RETABLOS DE ESTILO ROCOCÓ DE YCOD DE LOS VINOS

PROBABLE OBRA DEL ARTÍFICE TINERFEÑO CRISTÓBAL AFONSO

 

JUAN GÓMEZ LUIS-RAVELO

 

INTRODUCCIÓN

 

Como en todas las iglesias católicas sucede In los templos de Ycod el retablo destaca como su elemento más visible y característico, constituyéndose sus variadas estructuras de madera, con sus arquitecturas, pinturas y labores de talla, en testimonio de la novedad artística de cada época: en ocasiones enriquecidas con brillantes policromías y finas y vistosas doraduras.

 

La inquietud por erigir retablos en el solar de Ycode, apenas transcurridas cuatro décadas desde el inicio de su colonización, la hallamos documentada desde el año 1538 , en el que se promueven y conciertan obras en la parroquia de San Marcos por su mayordomo, Francisco Calderón, encaminadas a la ampliación y mejora de la canilla del templo. Ese mismo año hace testamento Juan de Aguiar, anterior mayordomo de la iglesia, en el que manifiesta su gran devoción a los "bienaventurados Reyes" al dirigir a su culto una parte de la "remembranza" que se obtenga le todos sus bienes, estipulando que del tributo de los primeros años se saquen diez doblas de oro pa que se conga en el altar mayor en el retablo la figura de la adoración que los Reyes hicieron a Nuestro Señor Jesucristo y que se den... con la condición dicha que cuando se haga el retablo traigan la dicha figura en ni nombre... (1).

 

La documentación conservada, a falta de los primeros inventarios, no desvela dato alguno sobre la tipología del retablo ni la de la imagen que movía la devoción del Parroquiano Juan de Aguiar. No presupone ello que no se haya decorado el altar mayor con el retablo y colocado en él la figuración de la adoración de los Reyes. No parece lógico que 2rminadas las obras de ampliación y mejora de lacapilla no se hubiese procedido a su ornamentación.

 

Lo cierto es que casi medio siglo después, en el año 1582, el rico comerciante Gaspar de Torres (2), residente en la ciudad de Sevilla, dicta testamento y codicilo por ante el escribano público Pedro de Villalta en los que transmite su profundo deseo de favorecer con importantes dotaciones a la iglesia parroquial de su pueblo natal. Una de ellas, la que ahora nos interesa, queda recogida en la manda testamentaria que indica: a la yglesia del señor San marcos un Retablo que cueste tresientos ducados de inedia talla conforme a la trasa que tengo en mis papeles e que mis alvaseas lo hagan baser a mi costa en esta ciudad de sevilla que cueste los dhos tresientos ducados como dicho es y mas que se lleve a mi costa hasta que se ponga en la dha. yglesia de señor San marcos de Ycode que es en la ysla de TenE. en la qual yglesia se a de poner este dicho Retablo (3).

 

Dibujo o traza de retablo, conservado por Gaspar de Torres entre sus papeles, que sirvió de modelo para realizarlo tal y como se hallaba en la capilla mayor del templo y se describe en el inventario del año 1604. Por ella sabemos que era obra de dos cuerpos, con tres calles y ático, centrado el inferior un tabernáculo entre paneles pintados con las figuras del Bautista y el Evangelista San Juan. Sobre ellas, en el superior; dos escenas de la infancia de Cristo, cuyo martirio en la Cruz ocupaba el centro, sobre el nicho destinado a una escultura de bulto redondo. En el recuadro del ático la figura cedente del Padre Eterno, sosteniendo un crucificado de escala menor, aparecía rodeada por ángeles pasionarios y la paloma del Espíritu Santo, iconografía de la Santísima Trinidad de frecuente representación por esas décadas del Quinientos (4).

 

Retablo de la capilla mayor de San Marcos que debió conservarse en su estado original hasta el año 1632, en el que el beneficiado del templo, Baltazar Díaz, y el presbítero mayordomo de la parroquia, Lucas Martín de Evora, decidieron modificarlo para dar cabida en él a las imágenes devocionales que venían ocupando la mesa del altar (5).

 

Retablo renacentista "de pincel" con tabernáculo, trabajado en un taller sevillano a finales del Quinientos, que introdujo en la población ycodense la novedad artística de esa época. El llegado de Gaspar de Torres inició esa abundante serie que crece y se multiplica acorde con el desarrollo socioeconómico de la población, con las fundaciones de capillas en el propio templo parroquial; en los muros de las iglesias conventuales de agustinos, bernardas y franciscanos, y en sus capillas de iglesia y claustrales; en la cabecera y muros de a la iglesia del hospital; en las capillas privadas de las haciendas y en las iglesias o ermitas diseminadas por los pagos y barrios de término municipal. Amplia serie de retablos que, en el último tercio del siglo XVIII, con influencia del estilo Rococó que se imponía, se verá enriquecida con un grupo de modeloa, "teatrales" y luminosos, a los que no va ser ajeno el laborar del artífice lagunero Cristóbal Afonso.

 

Antes de entrar en su descripción conviene dejar constancia de aquellos ejemplares que, superando incendios, desamortización y ruina, son hoy testimonio singular de la novedad artística que aportaron los maestros retablistas, locales y foráneos, en los siglos XVII y XVIII.

 

TRES RETABLOS EJEMPLARES

 

El retablo de Tábora, el más antiguo de los conservados en el templo de San Marcos, en el que ocupa testero de la capilla dedicada a las advocaciones de la Asunción y de la Esperanza de Nuestra Señora, es modelo destacado de la retablístíca tinerfeña de mediados del siglo XVII por el interesante programa iconográfico que contiene, acomodado en alto grado al ideario contrareformista.

 

El fundador de la capilla, el licenciado Gaspar Pérez de Illada y Tábora por su condición de consultor calificante del Santo Oficio fue de seguro seguidor de los postulados trentinos, pues cuando se plantea la realización del retablo que había de ocupar el testero de su capilla, no duda en convertirlo en vehículo de exaltación del Sacramento de la Eucaristía.

 

A él, a su interesada finalidad devocional no es aventurado adjudicar, a falta del correspondiente documento que lo pruebe, la planificación del interesante programa iconográfico eucarístico que abarca en su totalidad los paneles pintados del retablo, teniendo corno eje la calle central ocupada de abajo hacia arriba, como norma habitual de la época, por las representaciones del titular de la capilla, en este caso Nuestra Señora de la Esperanza; la Asunción de la Virgen, en su calidad de intercesora, en el centro, y, en el ático, en sustitución del tradicional Calvario, un Cristo crucificado sólo, como símbolo de la Redención. Conteniendo las calles laterales, predela, banco y sotabanco, variadas composiciones o simbologías alusivas a la exaltación del Santísimo Sacramento: desde su institución, administración y adoración, hasta el concilio de las Virtudes con sus atributos en la predela, presididas por la figura del Salvador representada en la puerta del Sagrario, en la mitad del banco, y la conjunción emblemática de los instrumentos de la Pasión en los escudos del sotabanco.

 

Las cuatro tablas más abiertamente dedicadas al tema eucarístico, las situadas en las calles laterales del retablo, vienen a ser sus verdaderas "historias" corno llamaban los tratadistas del arte en el siglo XVII a los dibujos compuestos de varias figuras y al tema que representaban.

 

Cuatro pinturas exaltadoras de la Sagrada Hostia que, en el lenguaje claro y directo de sus composiciones, llevaron al ánimo y emoción de los fieles ycodenses de la época la Institución de la Eucaristía en el Cenáculo, el reconocido homenaje del mundo católico y, en los recintos de culto, su administración y adoración permanente.

 

El retablo de Tábora, recreación original del modelo híbrido contrarreformista divulgado por el centro y el norte peninsular, que en las islas alcanza sus últimas resonancias artísticas, es pieza interesante, singular, de la retablística hispana del Seiscientos, al confluir, en su equilibrada dinámica formal, de una parte la extrema simplificación arquitectónica que impuso el modelo, y, de otra, la plasmación en pinturas del sentimiento contrarreformista de la época, aquí filtrado por el apasionamiento de su fundador que, en la originalidad de su programa iconográfico, supo acomodar a la comprensión de los fieles la idea universalista de defensa del Dogma impulsada desde el Concilio de Trento (6).

 

El conocido como Retablo de Montiel, ocupa todo el testero de la Capilla de La Soledad, en la iglesia de San Agustín, fundada por el presbítero Don Fernando de Montiel en el año 1660 en el que fue extendida escritura de dación por el Padre Provincial de la Orden agustina, Fray Juan de Estrada, y por el Prior Fray Domingo Barreros, en representación de los demás conventuales, procediéndose a la ratificación definitiva de sus capitulaciones siete años más tarde, cuando se hallaba concluida y dotada (7).

 

La obra realizada por el presbítero resultó espléndida, dejando los frailes dejando traslucir su satisfacción en la citada escritura de ratificación de la data cuando expresan que: “el Ldo. Fernando de Montiel... movido de gran debosion... afrabricado a su costa en sitio de dho. convento una capilla de ntra. señora de la Soledad sala y boveda la capilla el techo dorado y Retablo dorado con adornos necesarios para dha. capilla de mucho lucimiento en que a gastado mas de quatro mill ducados de su caudal. El documento que confirma que dha. capilla esta sita la cofradía de ntra. Señora de la Soledad q. esta agregada asi mismo a la de la Sinta q. tanto se a aumentado una y otra por mano de dho. Ldo. Fernando de Montiel Que es prioste perpetuo De ambas...” (8).

 

En opinión de Martínez de la Peña tal como quedó terminada en aquel año la capilla fue suficiente para deslumbrar a Icod. Tengamos en cuenta que era de lo primero que se construía en esta población con tal carácter suntuoso, sobretodo en el coronamiento del retablo en los motivos genuinamente barrocos, en los que resaltan los grupos de frutas tropicales y flora estilizada, todo dentro de una policromía y dorados de calidad insuperables (9). El banco y la predela de su único cuerpo se decoran con espléndidas tarjas que enmarcan escenas bíblicas pintadas. Su enorme y única caja queda centrada entre columnas pareadas de filiación plateresca principalmente en el tallado de su tercio inferior. El resto del fuste se decora con estrías en un un zig-zag de manera que visto frontalmente se aprecia un efecto óptico ascendente bien marcado. Esta variedad, según aprecia Trujillo Rodríguez, en cuya descripción nos apoyamos, se introduce en la retablística canaria con este ejemplar de Ycod (10). El ático está constituido enorme tarja que enmarca un interesante óleo en el que un anónimo pintor seiscentista recreó, a través de un grabado, un fragmento del original de Francesco Bassano: Cristo descendiendo de la cruz, hoy conservado en el museo del Louvre. Tarja que se cierra lateralmente por dos aletones curvilíneos de espléndido roleo bajo los cuales aparecen las decoraciones vegetales ya nombradas que se prolongan a las orlas laterales.

 

Recientemente un interesante e inusual estudio del programa iconográfico que el retablo contiene en las cuatro escenas bíblicas pintadas en las tarjas de la predela, con las cuales su autor, el investigador Santana Rodríguez, relaciona la que enmarca la robusta tarja del ático, llegando a la creencia que el mensaje iconográfico que hizo pintar el licenciado Montiel en el retablo de su capilla es suficiente para determinar, cuando menos, su adhesión a la fe mosaica. Incluyendo esta pieza de arquitectura en madera dorada y policromada, conservada en la iglesia ycodense de San Agustín, en reducido de obras artísticas canarias que reflejan simbologías propias del grupo religioso y social judío.

 

El retablo mayor de la Parroquial de San Marcos es una obra del retablista icodense Bartolomé de Acosta quien le dio forma entre los años 1700 y 1704, siendo Venerable Beneficiado y Vicario del lugar Don Diego Martínez de Miranda. La confirmación de su plena intervención como autor de
la monumental obra de carpintería de la capilla, la expresa el propio Bartolomé de Acosta en su testamento: "que yo hice la fábrica de la capilla mayor del lugar de Ycod... y todo el retablo que esta en el altar mayor de dicha capilla" (12).

 

La dedicación del retablo a la Virgen queda reafirmada tanto por la pintura de su Concepción Inmaculada que ocupa el centro del ático, como por las leyendas alusivas contenidas en las cuatro cartelas del banco, en una de las cuales se alude a la REGINA SACRATISSIMI ROSARI que con su Niño Jesús en brazos ocupaba la gran hornacina central. La selección de referencias a la Madre de Dios en pintura, escultura y textos latinos alusivos, contribuyen a su exaltación permanente, como es habitual en el desarrollo de los grandes retablos marianos de las islas. En el caso concreto de éste de Ycod al no habérsele dotado de camarín, se le procuró a la imagen de la Virgen una Situación que permitiera acceder a ella con comodidad, tanto para su frecuente arreglo como para bajarla por los días de su festividad.

 

Su desarrollo ocupa totalmente el testero de la capilla mayor a lo ancho y a la alto. Las calles quedan exactamente definidas por la estructura exástila, algo más ancha la central, mientras que el canon de las columnas disminuye en el segundo cuerpo con respecto al primero y lo mismo el ático con respecto al se­gundo. Cada uno de los nichos se cierra con arco polilobulado con un cierto aire de curvada guardamalleta, conteniendo además en su interior toda un repertorio de valiosas imágenes.

 

El estudioso de los retablos canarios Alfonso Trujilo —cuya descripción seguimos— no dudó en considerarlo "el más grandioso retablo que, dentro de sus características, nos ha legado la centuria del seiscientos... por la bellísima perfección de la traza, por la belleza y finura de la talla y por lo acabado y maravilloso del dorado y policromado". No se equivocaba el estudioso pues, aunque la ejecución se comenzó en el año 1700, su planificación es de años anteriores (13).

 

La primera apreciación precisa que surge de la contemplación del conjunto es su manifiesto gusto lusitano, bien definido en la plenitud de su disposición y en la profusa decoración que lo invade todo con un evidente "horror vacuii, dejando apenas algún listel en los cornisamientos de entablamentos y en De ahí su barroquismo, amén de lo grueso de la talla, severo si se quiere, pero, por ello mismo, diferenciadora y claramente isleño. Y arriba entre la curva y contracurva de los aletones del ático v en el remate una vez más, tupida y carnosamente las esplén­didas infrutescencias del trópico. Mientras el rico dorado va destacando aquí sobre fondos rojos, y sobre fondos verdes en los entrepaños (14).

 

La obra de Bartolomé de Acosta, encaminada a la "exaltación" de todo el ámbito de la Capilla Mayor, alcanzó, en su estudiada conjunción, cotas artísticas fuera de lo común, como no se habían alcanzado con anterioridad en el templo ni en el arte de las islas, en el que no halla parangón posible el refinado equilibrio que en ella alcanzan las contrastadas formas barroquizantes y mudejárico­renacentistas de su retablo y artesonado. Conjunto monumental, enteramente cubierto en oro y brillantes policromías, que vino a procurar a la capilla su configuración definitiva.

 

En su momento apuntamos que en el último tercio del siglo XVIII, con la influencia del estilo Rococó que se imponía, la amplia serie de retablos de Ycod se verá enriquecida con un grupo de modelos "teatrales" y luminosos, a los que no va a ser ajeno el laborar del artífice lagunero Cristóbal Afonso (1742-1797).

 

Según todos los indicios documentales que conocernos la frecuente presencia del maestro Cristóbal en Ycod, puede fijarse a partir del año 1769 en el que terminó sus trabajos en el retablo de la Virgen de la Peña en la capilla mayor de la iglesia de Río Palmas en la isla de Fuerteventura, según consta en grafismos descubiertos, cuando se procedía a su restauración, que desvelaron la fecha y firma del autor: "Cristóbal Afonso año 1769" (15).

 

A partir de esa fecha, llamado por la familia Hurtado de Mendoza para reintegrarse a la obra de decoración del templo que consagraban al dolor de la Virgen, pues, sospechamos, dada la complejidad de su fábrica, que se sabe empezada el año 1767, debieron existir entre ambas partes compromisos con anterioridad a su estancia en Fuerteventura, inclusive podían haber comenzado la planificación de la cubierta y retablo. En el año 1779 firma el retrato de Doña Bernarda Ysabel Pérez Domínguez que, formando pareja con el de su hijo D. Fernando Hurtado de Mendoza y Domínguez, en calidad de fundadores, adorna el presbiterio. El empeño decorativo de Cristóbal Afonso en el templo de los Mendoza llegaba a su final pero su frecuente presencia en Ycod se prolongará hasta el año 1787 en el que retoca y firma el retrato de Doña Bernarda: "Christophorus Afonsso Faciebat". Dos años antes había hecho lo propio con el de Don Fernando: "Christoval Afonso f. 1785".

 

En ese periodo la documentación conocida, aunque no abundante, lo sitúa trabajando para la familia Lorenzo Cáceres realizando retablos y pinturas devocionales y para la cofradía de las Benditas Animas del Purgatorio de la parroquial de San Marcos, en la decoración de su capilla. También explorando las cuevas volcánicas del lugar. La prueba manuscrita, en imágenes poéticas, nos viene dada bajo el título: Descripción de una caverna que está en el lugar de Icod de la Isla de Tenerife. Por Cristóbal Afonso Maestro de Pintura. Año 1774. El mismo en que se dio remate al retablo mayor de la iglesia del convento franciscano (16).

 

La segunda expedición tendrá lugar dos años más tarde, en 1776, participando en ella un importante grupo de intelectuales de la época alguno de los cuales, además de Cristóbal Afonso, es posible estuviesen en la anterior. El manuscrito conservado, de carácter más cientifista que el primero, es, como reza su título: un "Plan de descripción de una caverna que se halla en la isla, a distancia de una milla del lugar de Icod, hacia el Norte, examinada en 14 de noviembre de 1776, por don José y don Agustín de Bethencourt de Castro y Molina, don José de Monteverde y Molina, Cristóbal Afonso Maestro de Pintura y otros" (17). Ese mismo año se hizo el retablo de San José del templo agustino y se comenzaba la decoración de capilla de Animas en la parroquial.

 

Coincidencias, las apuntadas, que sólo prueban la presencia del `"Maestro de Pintura" en Ycod. Pese a ello, es lícito suponer que fue su frecuente asisencia a la población para trabajar en los retablos nombrados lo que propició ambas exploraciones, incluso, por su calidad de ilustrado conocido por los componentes del grupo, pudo ser él el dinamizador de las mismas. Sea como fuere su autoría de la serie de modelos que nombramos como "teatrales y luminosos" por su acomodo a un estilo que fomenta el decorado ilusionista y las tonalidades claras, en sus policromías, quedará probada por su peculiar manera de interpretar el Rococó, aprovechando sus dotes de pintor-decorador para utilizar una misma traza de retablo, la que experimenta en la capilla de los Mendoza, para adaptarla con acierto a distintos espacios y superficies, trasluciendo un equilibrado deseo de novedad en el variado uso de placas de madera que, en su plenitud, facilidad de recorte y superposición, le permite alcanzar fingimientos inusuales a base de falsas perspectivas. Su carácter teatral se acentúa en los ejemplares dotados de camarín, cámara situada detrás de la hornacina principal a través de la que, en los días de los ritos más solemnes, como si de boca de escenario se tratara, aparecían relucientes bajo el palio las vírgenes titulares: la de los Dolores en su capilla, la del Buen Suceso en la mayor del templo franciscano y la del Amparo en su ermita. Cada una representando su papel devocional ante los fieles que, expectantes y enfervorizados, ocupan a más bajo nivel la superficie del templo.

 

NOTAS:

(1) Archivo Histórico Provincial de Tenerife (A.H.P.T.) Protocolos de Rodrigo Fernández. L. 2035.f. 160. Testamento de Juan de Aguiar dictado en el año de 1538.

(2) Gaspar de Torres era hijo del por entonces ya difunto Gaspar de Torres y de Inés de Montesdeoca. Su dedicación al comercio entre Europa y América le hicieron poseedor de una considerable fortuna. Archivo Diocesano de Tenerife. Caja 44. Copia del testamento de Gaspar de Torres otorgado el día 6 de

octubre del año 1582, en la ciudad de Sevilla ante el escribano público Pedro de Villalta. Del mismo puede hallarse también copia en el Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife, Legajo 2259. pp.401 y ss.

(3). A .1 I.P. S.C.T. Legajo 2251, folio 402.

(4). Archivo Parroquial de San Marcos de Ycod: Libro de inventario de los bienes de la iglesia los cuales por sus títulos. Inventario correspondiente al año 1604. Sin foliación. En el mismo se recoge "en el altar mayor esta un retablo grande al óleo en medio un tabernáculo en el cual esta Ntra. Sra. de la Concepción de bulto con su Niño Jesús en brazos con sus coronas de plata y a los lados están San Juan Bautista y San Juan Evangelista y encima Nuestro Señor Crucificado y a los lados el Nacimiento y la Adoración de los Reyes y por remate Dios Padre con seis angelitos de la imaginería de la Pasión y un Cristo pequeño".

(5). A.H.P.S.C.T. Escribanía de Francisco de Rojas Montiel. Legajo 2511, folio 837. Contrato suscrito el día 11 de abril de 1632.

 (6). Juan GÓMEZ LUIS-RAVELO: Modelos de pervivencia contrarreformista en la retablística tinerfeña del siglo XVII. El retablo de Tábora de la iglesia de San Marcos de Ycod. Ycodem. Revista de Ciencias y Humanidades, n° 3. Icod de los Vinos. 1999. pp.81-134.

(7)                                                  . A.H.P.S.C.T. Protocolo 2528. Cuaderno segundo. f. 110.

(8)     Una copia de esta escritura se conserva en A.H.N. TELES FORO BRAVO en su trabajo Yacimiento de Clero 1777. Libro de diversos privilegios. f. 96.

(9). Domingo MARTÍNEZ DE LA PEÑA, Antiguas solemnidades del Viernes Santo en la Iglesia de San Agustín. El Día, 4 de abril. Santa Cruz de Tenerife, 1956

(10) Alfonso TRUJILLO RODRÍGUEZ:  "El retablo barroco en Canarias". Tomo 1. Las Palmas de Gran Canaria, 1977, pp. 35-36.

(11). Lorenzo SANTANA RODRÍGUEZ, El secreto de los Lercaro. Criptojudaismo en el Arte Canario. Tenerife, 2007, pp. 35-42.

(12). A.H.P.T. Protocolos de Francisco Venancio Pérez. L. 2.563, f. 273. Testamento de Bartolomé de Acosta, Julio del año 1727.

(13) Alfonso TRUJILLO RODRÍGUEZ, El retablo barroco en Canarias. Excmo. Cabildo Insular de Gran Canaria, 1977, tomo I, p.84.

(14)   Ibíden.

(15). Villalmanzo de Armas. T. y Amador Manero, P.: "Cristóbal Afonso y el retablo de la Virgen de la Peña" en XII Jornadas de Estudios sobre Lanzarote y

Fuerteventura. Cabildos de Lanzarote y Fuerteventura,

(16). 2005,pp. 233-239.

BENÍTEZ, A.J.: Historia Ilustrada de las Islas Canarias. Santa Cruz de Tenerife. Reproduce estrofas del original. DIEGO CUSCOY Luis: Cristóbal Afonso, explorador de cuevas sepulcrales. El Día.

(17). Santa Cruz de Tenerife, 19 de febrero de l 979.

El manuscrito existente con letra de Pereira y Pacheco,se halla en el Archivo Álvarez Rixo. Utilizado por TELESFORO BRAVO en su trabajo Yacimiento de vertebrados fósiles en Canarias, incluido en el Anuario de Instituto de Estudios Canarios, XVI-XX los años 1970-1975 en el que da a conocer una anotación de Álvarez Rixo según la cual "en poder del Señor don Tomás Fidel Cólogan existe otra descripción de esta cueva, escrita por el bisabuelo de dicho caballero don Bernardo Balois, que muchos años antes había visitado esta extraordinaria caverna".

 

 

 


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