S?bado, 04 de abril de 2009

Información enviada por Carlos Peinó Agrelo, Cursillista, Peregrino, Colaborador en la redacción de la Positito super virtutibus del Siervo de Dios Manuel Aparici y Vicepostulador de su Causa de Canonización


 CORRESPONDENCIA ENTRE MANUEL APARICI Y SOR CARMEN 

ANTES DE LA LARGA Y PENOSA ENFERMEDAD DEL SIERVO DE DIOS

 

         Carta de Manuel Aparici, seminarista, a Sor Carmen de fecha 24 de marzo de 1946

 

         «Mi distinguida amiga:

         »Muy difícil es complacerte como deseas; el Señor quiere utilizarme a mí, pobre instrumento, para difundir ese Ideal de “España y todo lo hispánico Vanguardia de la Cristiandad ejemplar”. Y la doctrina, si así puede llamarse, está esparcida a lo largo de mis discursos y artículos de los siete años de mi Presidencia. Sin embargo, te adjunto unas cuartillas que dicté a un taquígrafo del Consejo Superior a fin de verano en las que se hace una síntesis histórica del desarrollo del pensamiento. En ellas se alude a números de SIGNO y folletos que pueden servir de material. Intento completarlo sobre la marcha acudiendo a mi memoria, por si en ese Consejo Diocesano te lo pueden procurar: Números de SIGNO (1 del 6/6/1936, 4 (primero de Burgos) de noviembre 1936; 6 de enero 1937, extraordinario de la Peregrinación al Pilar, álbum de la Peregrinación, números de septiembre 1941, discursos de Palma de Mallorca y La Coruña, octubre 1941), domingo Cristo Rey, discurso despedida, folletos: Epistolario del Frente (prólogo), Itinerario Espiritual de España, Milicias de Cristo, Compromiso de Peregrinos, Hacia Santiago y Lección del Ideal del Folleto Adelantados de Peregrinos.

         »Mis discursos dijeron los chicos del Consejo Superior en 1942 que los iban a publicar bajo el título “EN EL CAMINO DE SANTIAGO”, pero hasta hoy no han encontrado un muchacho que se decidiera a estudiarlos y a hacer una sistematización y a mí me ha faltado tiempo, pues he de emplearlo en preparar bien la segunda etapa de mi vida y, además, era impropio que yo me estudiara a mí mismo. Sobre esto último no hagas ningún comentario, Él tendrá sus razones, cuando así lo ha querido.

         »No puedo facilitarte nada más; mi vacación del domingo es muy breve y no me da tiempo a rebuscar en mi copioso archivo y fichero.

         »Saluda a tus padres; sigue encomendándome para que el “Capitán” no detenga por sus miserias a todos los peregrinos.

         »Te saluda en el Señor» [1].

 

         Carta de Manuel Aparici, seminarista, a Sor Carmen de fecha 8 de junio de 1946

 

         «Muy estimada en Cristo Jesús:

         »Recibí tu carta del 8 del pasado, con notable retraso; y desde entonces vengo pensando ante el Señor lo que en ella me dices en favor del bien sobrenatural de la Juventud de Acción Católica Española y de la Juventud española e hispánica.

         »Probablemente iré a Toledo el día 20. Según mis noticias, aún confusas, ese día se inaugura el Congreso de Pax Romana en Toledo. Comprenderás que, en orden a la Empresa a la que he adscrito mi vida, me interesa trabar vínculos con lo jóvenes hispanoamericanos. Si voy, aprovecharé la estancia en esa para tratar del asunto del libro [sobre la vida de Antonio]. Creo que ni Córdoba [José Manuel de] ni Romero de Lema [Maximino] podrán hacerlo; el primero es monje Jerónimo y canta Misa en septiembre, el segundo está con Ángel Herrera en Santander y tiene trabajo importante y urgente para dos años. Creo que podrá hacerlo, si al fin es esa la voluntad de Dios, otro ex-propagandista que cantará Misa el 7.

         »Encomienda mucho al Consejo Superior; los chicos son buenos, pero necesitan alguien entre ellos que esté lleno del amor que Dios les tiene en Jesucristo y que, dándose cuenta de que no es él quien les ama, sino Cristo en él, les dé a conocer ese Amor, que, como dice el Apóstol, sobrepuja a todo entendimiento. Entra a menudo en el cuarto de Antonio y pídele, en nombre de esa juventud amada de Cristo y por la que él dio su vida, que movilice a todos los hermanos que están junto al Señor, para que nos ayuden.

         »Saluda a tus padres en mi nombre y con la promesa de mis oraciones queda tuyo affmo. en el Corazón de nuestros Dios» [2].

 

         Carta de Manuel Aparici, seminarista, a Sor Carmen de fecha 11 de mayo de 1947

 

         «Estimada hermana en el Señor:

         »Perdóneme por no haber enviado los discursos que prometí, pero no he tenido tiempo de nada. Una noticia lo explica: cantaré, Dios mediante, Misa en este curso.

         »Y ese es el objeto de mi carta: pedir. Pedir por su mediación a toda esa Santa Comunidad tan amada de Cristo que me encomiende a mí y a mis hermanos. El 14, cinco subdiáconos comenzamos los Santos Ejercicios para ordenarnos de diáconos el 18, y el 23, los mismos diáconos incorporados a doce compañeros más, ya diáconos, comenzaremos los Santos Ejercicios preparatorios a la Sagrada Orden de Presbíteros que, Dios mediante, recibiremos el día 31, festividad de la Mediación Universal de María.

         »Y ahora, sólo por esta vez, permítame que vuelva al tratamiento de tú, luego será mejor el otro. ¿Comprendes lo que significa esa fecha del 31? Estoy seguro que seré la obra de la Mediación de María. Yo, dentro de mi pequeñez, pero poniendo toda mi alma le juré en Zaragoza al frente de nuestros muchachos consagrar mi vida a la defensa de la piadosa creencia en su Mediación y que bien me paga.

         »“Sitio” es el lema de mi sacerdocio y “eaquae desunt passionum Christi, in carne mea pro corpore eyus, quod est Eclesia”, mi sublema.

         »Cantaré mi primera Misa el 3 de junio en mi Parroquia de San Ginés.

         »Ruega que nos encomienden. Nuestro interés es el mismo. Ardemos en las mismas ansias de santidad, queremos ser santos para que Él sea glorificado en nosotros; pero a nosotros nos ha elegido para consagrar su Cuerpo y su Sangre y dar su Vida a las almas. Pidan Vds. que seamos otros Cristos no sólo por la santidad ontológica de la ordenación, sino también por la moral de la perfecta fidelidad en la imitación de Cristo-Sacerdote.

         »Agradeciéndole anticipadamente las oraciones y sacrificios promete tener presente en el “memento” de su primera Misa y luego ofrecer el Santo Sacrificio por esa Comunidad, su affmo. en Cristo Jesús» [3].

 

         Carta de Manuel Aparici, seminarista, a Sor Carmen  en la Festividad de la

         Cátedra de San Pedro en Roma, 1947

 

         «En el corazón de Cristo Sacerdote muy estimada Hermana Carmen Teresa de Jesús:

         »Recibí tu carta del 3 que contesto enseguida para tu tranquilidad espiritual.

         »Encantado y dando gracias al Señor de la ayuda espiritual de vuestra Comunidad de Carmelitas. Hace muchos años que el ideal de que nos sintamos uno todos los que somos vivificados por la misma caridad de Dios en su Cristo anima mi vida y a convertirlo en realidad se encaminaron las etapas de peregrinación apostólica que la gracia me hizo recorrer.

         »Del libro [sobre la vida de Antonio] se ha encargado tu primo Pepe; queremos que salga en junio a los pocos días de que yo cante mi primera Misa, de la que no quiero que se diga nada hasta después de celebrada. Así la publicidad que luego dé SIGNO de la primera Misa de Aparici servirá también de reclamo indirecto del libro entre los que son y los que fueron miembros de la Juventud de Acción Católica. Mi Sr. Obispo ha decidido pedir a Roma la dispensa para ordenarme de sacerdote a fin de 3º de Teología, que ahora curso, para que en el próximo y dos siguientes vaya a Salamanca a terminar los estudios y a doctorarme en Teología. Esto es una gracia grande de Dios, pues aparte de lo que Él me enseñe haciéndome alternar la oración con el estudio, allí está el Colegio Mayor de Santiago Apóstol y están también Casas de Estudio de casi todas las Órdenes y Congregaciones Religiosas. Mi estancia en Salamanca y probablemente en el Colegio de Santiago decidirá a tu hermano Pepe a ir allí, pues el quiso venir a Madrid porque aquí estaba yo; pero además me permitirá trabajar por la incorporación a la Empresa “España y lo Hispano Vanguardia de Cristiandad” entre todos los estudiantes de estas Órdenes y de las distintas Diócesis de España y tal vez de Hispanoamérica, puesto que se está trabajando para la apertura de un Colegio sacerdotal Hispano-americano.

         »Verás que siento mi vocación y me reconozco instrumento; pero ayudadme; yo sé que Él me escogió porque era el tipo medio del joven español frívolo, pecador, indiferente en religión y hasta un poco anticlerical,  pero  con un corazón capaz de entregarse a Él en cuanto me mostrara –como lo hizo– que murió de amor por amarme. Este conocimiento, que Él me dio, de la miseria radical mía fue la gracia grande que alentó mi vida de Presidente. ¡Cómo dudar de que su gracia pudiera hacer santos a mis muchachos de España, cuando su gracia me había transformado a mí en lo que era!

         »Ayudadme porque dentro de 131 días llegará mi Pentecostés sacerdotal y es preciso que el Espíritu encuentre mi alma totalmente llena de la sed de la gloria de la Trinidad Santísima. Yo espero en Cristo y en María; a Ella consagré mis pasos de seminarista cuando el 26 de octubre de 1941 le ofrendé la insignia que durante trece años guió mis pasos de apóstol seglar, pidiéndole que aquella cruz me la convirtiera en la del sacerdote de su Divino Hijo y precisamente el día 31 de mayo, fiesta de la Madre del Amor Hermoso y de la Mediación Universal de María, recibiré la ordenación sacerdotal. Creo que no puede estar más clara la respuesta de nuestra Santísima Madre. Pero espero en Él precisamente porque sé que con su Amor hará que mis infidelidades y miserias las suplan las oraciones vuestras y de tantas almas como piden por mí.

         »Escribí recientemente a tu hermano Pepe contestando a una suya en que me pedía le expusiera largamente mi pensamiento en relación con nuestro futuro apostolado sacerdotal, la pobreza, la vida en común, etc. También escribí a D. Anastasio Granados que me pide noticias del Colegio de Salamanca a fin de poder orientar a Pepe.

         »Confiemos en Él teniendo presentes las palabras del Introito de la Misa del Sagrado Corazón: “Los pensamientos de mi Corazón de generación en generación han sido librar vuestras almas de la muerte y saciar vuestra hambre”. Él guiará nuestros pasos y nos irá reuniendo conforme convenga a su gloria y nuestra santificación.

         »Termino, que mi tiempo es muy poco; lo debo al estudio del Amor suyo que pronto tendré que ir mostrando a las almas.

         »El 22 de marzo me ordenaré de subdiácono, probablemente el 18 de diácono y el 31 de Presbítero, ya comprenderás con que intención te digo las fechas.

         »Encomendándome a tus oraciones y a las de tus hermanas de Comunidad y con la promesa de no olvidar en mis oraciones a ese Carmelo se despide de ti en Cristo Jesús» [4].

 

         Carta de Manuel Aparici, sacerdote (palabra ésta que omitiremos en adelante),

         a Sor Carmen de fecha 10 de julio de 1947

 

         «En el Corazón de Cristo, amada hermana:

         »Voy a empezar, con la ayuda de Dios, la prometida carta larga, aunque me pasa lo que a la Santa, que no sé que tome ni que deje ni por donde dar comienzo.

         »El “Magnificat”, el “Te Deum” y el “Miserere” se juntan en mi corazón sacerdotal a un tiempo. ¡Cuán admirable es la caridad de Dios! ¡El pobre pecador, que pasó los años de su juventud primera lejos de Él ofendiéndole, trocado en sacerdote suyo! ¡Qué admirables son tus caminos! Si yo no hubiera sido, lo que fui, podría creer que soy algo por mí y ahora creo que todo lo soy por Él, por el mucho amor con que me amó y me escogió en su Hijo para ser santo e inmaculado en su presencia por la caridad. Si no hubiera sido lo que fui, no sentiría llena mi alma de las entrañas de misericordia de Nuestro Señor Jesucristo, cuando tengo a un pobre pecador ante mi confesionario. Pobrecitos, qué penan me dan sobre todo los jovencitos; me parece estar viéndome a mí hace veintidós años, cuando su Amor y su gracia empezó a sacarme del lodo de la culpa en que vivía. Oren mucho y sacrifíquense mucho por todos los pecadores y también por mis penitentes; ayúdenme ustedes a sacarles de la miseria en que viven.

         »Por aquí estaba en mi carta, cuando llegó la suya del 7 que me reexpiden desde Madrid; pues desde que le escribí la anterior ocurrió la novedad de que me llamó el Vicario y Obispo Auxiliar de Madrid para decirme que, aunque me había dicho que no me iba a dar destino, me pedía que, si no me causaba mucha violencia, me viniera enseguida al Escorial y claro es que cogí la maleta y me vine como coadjutor provisional.

         »Paso a ocuparme de su hermano Pepe. Cuando yo le escribí no conocía ni de “visu” lo de Salamanca, sino sólo por referencias y tenía que revestirme de doble prudencia: Primero por la vehemencia de Pepe y el gran ascendiente que mis opiniones tienen sobre él; segundo porque escribía desde un Seminario y mi carta iba a otro Seminario; pero ahora ya conozco el Colegio Santo Toribio, en él pasé dos días; tienen sus alumnos oficialmente una hora de oración por la mañana y privadamente media por la tarde; el pasado curso les dirigió los Ejercicios D. Ángel Herrera;  y  los  retiros  D.  Santos  Berigistain,  D.  Pedro  Altabella;  D.  Ángel  Sagarminaga   y  D. Baldomero Jiménez Duque, es decir, lo conocido como sacerdotes más apostólicos de España. El pasado curso no tuvieron más que nueve alumnos, el próximo no pasarán de 15; y en el 48-49 esperan tener construido parte del edificio destinado a Colegio Mayor Español e Hispanoamericano; desde luego la preocupación fundamental de los que llevan el Colegio (yo seguiré cooperando desde fuera) es que haya una perfecta armonía entre la formación intelectual y espiritual. Dígale a Pepe que yo centro todo el problema de la formación sacerdotal en que se llegue a los estudios de Teología en grado bastante avanzado de vida iluminativa; las tesis teológicas no interesa saberlas, sino saberlas y saborearlas en la luz de los dones del Espíritu Santo. Dígale que el Colegio es objeto de la atención amorosa de lo mejor del clero de España; en él durante mi estancia coincidí con D. Baldomero, uno de los sacerdotes jóvenes más santos de España y hablamos extensivamente, Puchol, Vicerrector, don Baldomero y yo; no hay prisas porque los muchachos salgan sacerdotes, sino afán porque salgan sacerdotes santos. Este año tienen su curso de verano en Santander, en la Casa Sacerdotal de Maliaño fundada por don Ángel Herrera; de esta forma vivirán en comunidad sacerdotal y harán prácticas de apostolado con los pescadores y los obreros. El curso es en el mes de agosto; y puesto que a Pepe el clima de Toledo no le sienta que se vaya un mes a Santander sin compromiso ninguno; ahora le digo a Pepe aquello que tanto repetía de Presidente tomado del Evangelio de San Juan: “Ve y verás”. Dígale que escriba en mi nombre al Rvdo. D. Manuel Cossío, diciéndole que quiero yo que pase un mes con ellos. Aunque luego siga en Comillas que no desperdicie esta ocasión que le brinda el cielo de convivir con hermanos a quienes el Señor da vocación semejante. Yo le escribiré a Manuel Cossío para que le admitan en el mes de agosto.

         »Y en cuanto a lo de Salamanca, nada más; sino que yo estaré allí tres cursos. Estaré fuera del Colegio porque eso me parece más conveniente para la gloria de Dios; pero el Colegio y sus colegiales estarán siempre en mi corazón.

         »Asunto del libro [sobre Antonio]. Pepe Artigas lo ha tenido una temporada y lo ha leído y después se lo envió a un amigo suyo, que él me presentó para que lo dirigiera espiritualmente, y en sus manos está. Creo que en estos días se reunían en Soria Pepe, Carlos Castro, mi dirigido, y D. Antonio, que es un dibujante amigo de los dos, para hacer las copias y las ilustraciones del libro. Por mi parte ya tengo la venia de mi Prelado y quien lo edite, para cederle la edición por su coste al Consejo, pues comprendí que si se entregaba al Consejo, volvería a dormir otro año.

         »Creo que todo esto ha sido conveniente, pues yo escogí a Pepe, para asegurarlo refrescándole todo el ideario fundamental y él ha hecho lo mismo con Castro [Carlos] que es un gran muchacho, posiblemente vocacionable para ir a América y además Subdirector del Colegio Mayor de Santiago Apóstol de Madrid que ha recogido a universitarios católicos extranjeros refugiados en España.

         »He leído la carta de Pintado, que me ha recordado la frase de Santiago el Menor: “La ira del hombre no obra la justicia de Dios”; tener el arco tenso, desplegar en orden de combate, etc. me hacen el efecto de que su yo le oculta todavía la acción de la gracia en su alma. Haré, aparte de orar, lo que pueda por él aunque ya enseguida comenzaré la segunda etapa de silencio de mi vida; quiero hacer, mejor dicho lo quiere la gracia que vive en mí, para prepararme a esos dos años y medio de Salamanca; necesita Él que mi alma avance por el camino de la Luz hasta tocar los linderos de la vía unitiva, sólo entonces me será provechosa la Teología que vamos a estudiar. Nunca como ahora he sentido urgida mi alma a la santidad heroica; a eso voy, el premio de esta carrera es la santificación de la juventud de nuestra Patria. Duro será el silencio; pero será más elocuente que las palabras porque será vivir de fe.

         »Y termino hermana Carmen Teresa de Jesús, volviendo a mi ruego: “oren mucho por los pecadores”».

         »Al Corazón de Cristo la encomienda» [5].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 18 de marzo de 1948

 

         «En Cristo Jesús, estimada hermana:

         »Acabo de terminar la primera tanda de Ejercicios dada a los Jóvenes de Acción Católica aquí en Salamanca. Los puse bajo el amparo de su hermano Antonio; su vida ha sido el libro de lectura; ya he visto en los propósitos de algunos la influencia de su ejemplo y su intercesión. Encomienden a mis muchachos para que Jesús los haga fieles.

         »Del 19 al 23 doy otra tanda interna a preuniversitarios de Madrid y del 26 al 1 otra a un grupo elegido de jóvenes de Madrid que ya han hecho cuatro o cinco veces Ejercicios internos; quieren hacerlos bien. Encomienden a este sacerdote de Cristo, pues todavía no vive en cruz y es preciso.

         »¡Cómo me ha dolido no ser santo al recibir las confesiones de estos chicos! Veo muy claro que Él me quiere en cruz para que sus amados jóvenes no pequen; ayúdenme ustedes. Confío en Él; me hace saber que es fiel y que llegará a crucificarme totalmente, pero ¡me tarda tanto!

         »Estoy en el Colegio de Santiago, esto también me exige ser santo; no tengo cargo alguno; en él soy Manolo, pero Manolo tiene obligación de ser luz en lo alto del candelero.

         »Encomienden mucho la Academia Sacerdotal del Beato Juan de Ávila. Los alumnos sacerdotes de la Universidad estamos unidos en amor de servicio de Cristo mediante Vanguardia de Cristiandad. Soñamos con hacer de esta Universidad mente y corazón de la Hispanidad, pero, aunque el Señor bendice los esfuerzos, todavía su sacerdote no se le ha entregado del todo. No olviden nuestra hermandad; siento que me ayudan, pero fuercen al Señor para que me venza.

         »Termino, son las dos de la madrugada y ha sido intensa la jornada.

         »En Jesús, en su Corazón, víctimas, ustedes y yo, por sus almas, las bendice en Jesús este su pobre sacerdote.

         »P/S. Encomienden también las gestiones económicas pro Colegio de Santiago» [6].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 23 de abril de 1949

 

         «Estimada Hermana en Cristo Jesús:

         »Aunque sea muy escaso mi tiempo, no quiero faltar a la caridad con Vd. teniendo como tengo el convencimiento de que gran parte de los dolores de su enfermedad y operación quirúrgica los ofreció al Señor por este su último sacerdote.

         »Como le dije, hice los Santos Ejercicios en Aranjuez durante la Semana Santa; y el Domingo de Resurrección en la Santa Misa que celebré en el Altar Mayor donde Él me formó y ordenó, renové el voto que hice al Señor, entonces implícito, ahora explícito, de entregarle totalmente mi vida puesta en su Cruz “Pro Ecclesia et Pontifice” por la renovación en la agonía de amor de su Corazón Santísimo del clero de mi Patria hecho un sólo sacerdote con el Pontífice de Roma. Esa fue la bendición que me otorgó por su Vicario en la tierra el día de mi despedida de la Juventud de Acción Católica para irme al Seminario; la medité entonces en el Templo Nacional de la Gran Promesa. Ese valor di a la Bendición Pontificia y la Cruz que me concedió.

         »Ahora tengo la convicción de que Él me hará ser fiel. No le pido más que cruz. No pida Vd., ni sus hermanas de Fuenterrabía, más que cruz para mí; pues si soy fiel a esto, lo demás vendrá solo, aunque sea en el silencio y aparente reposo del “grano de trigo” que se pudre y muere para dar fruto. En Aranjuez hablé con el P. Rector de mi vocación específica de víctima pro plena santificación en caridad ardiente de todos los sacerdotes y almas consagradas a Dios; me animó e indicó que también sumara religiosos a ese afán de entrega a muerte al servicio de la caridad sacerdotal.

         »Cuento con su Carmelo y cuenten Vds. también con que entre las almas consagradas por las que todos los días me ofrezco a Él para que me crucifique están Vds. las primeras. Él me dé la cruz suya: la del conocimiento inefable del Amor Divino que ni siquiera con la cruz logra expresarse.

         »Salude a los suyos y en el Corazón de Jesucristo la bendice» [7].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 31 de enero de 1950

 

         «Muy estimada en Cristo Jesús, Hermana Carmen:

         »Ahí va la carta para Ruiz-Giménez; éste estaba estos últimos días en Madrid; pero supongo que estará para regresar a Roma. Supongo que Joaquín me hará caso; pero no vendría mal que apoyen mi carta con sus oraciones.

         »Conforme en que nuestra misión no es añadir más Obras a la Iglesia, sino renovar la Vida de todas. Misión “de grano  de  trigo que se entierra y pudre y muere para renacer en espiga” –decíamos– y esto es lo que creo que nos pide ahora el Señor a nosotros; pero ese nosotros hay que restringirlo a sus términos debidos, a otros el Espíritu puede pedirle alguna Obra más y nuestro deber será amarla como a la Obra de Cristo. Aprehendamos bien el mandamiento único del Señor ¡qué es bien fácil el camino de la santidad cuando no hay más que un mandamiento!: “Amaos los unos a los otros como yo os he amado”; no nos dice “como vosotros os amáis” ni siquiera “como me amáis a mí” que en todo eso hay imperfección y límite y propio del límite es separar y dividir, sino “como yo os he amado”, y su Amor ¿quién podrá expresarlo? Si aunque todas las almas de la tierra se hicieran plenamente dóciles a las urgencias de amor del Espíritu Santo, aún sería nada. El común denominador de los hermanos en 1950, ¿cuál es sino despreciar a Cristo, palabra del Amor Divino hecha hombre? ¡Cuánto pecado, cuánta indiferencia, cuánto odio al Señor! Y sin embargo, ¿cuál es el signo de lo Divino?: Año Santo, Año de efusión de gracias. Año en el que el Sacerdocio Eterno en los cielos y el participado en la tierra no va a hacer otra cosa que presentar al Padre en la preciosa patena del Corazón del Cordero Inmaculado el tesoro de los méritos infinitos de Cristo, de María y de los santos para arrancarle gracias de conversión para los infelices hombres. Hay que pedirle que nos revele cuánto ama, y después cómo ama. Y ama comunicando el Bien que Él posee, el perfecto conocimiento del amor del Padre.

         »Esa es nuestra misión: Vida de Cenáculo y Getsemaní a un tiempo: siempre de rodillas en el fondo del alma ante el prójimo cualquiera que sea, pues siempre es Cristo, siempre con amor hasta la muerte en el alma para todos, aunque nos besen a lo Judas. Caridad, caridad heroica, caridad de Dios en el alma, eso es lo que nos hace falta; pues sin ella todas las ordenaciones jurídicas, aunque sean canónicas, son, como decía Pío XI en 1934, “mecanismo muerto” o “corporación humana” que externamente imita exterioridades de los santos y aun del propio Hijo de Dios, pero que no le han visto ni le han conocido. Recordemos a las primeras Comunidades cristianas, tan pobres en ordenaciones canónicas y sin embargo tan ricas en caridad, que eran un corazón y un alma sola. Ni tampoco tengamos la ambición de querer encauzar el mañana con nuestras previsiones humanas; si en vez de pensar tanto en reglamentos y constituciones tratáramos de transmitir íntegro el mensaje de Caridad Divina, hechos otros Jesús para el Padre y para las almas, a la generación que nos sigue, el mañana seria más cristiano.

         »En fin termino, que el cielo bendiga los santos propósitos que les animan; pero cuiden de que efectivamente sean santos en todas sus manifestaciones, es decir que ni siquiera en la apariencia estén faltas de caridad. Digo eso  porque su juicio sobre las Congregaciones Modernas –y permítame esta advertencia– no está muy sobrado de caridad. Para el espíritu no hay distancias, pues el alma en el Corazón de su Señor vive unida a los amados de Él; luego si las distancias influyen es porque de verdad lo espiritual no tiene la primacía sobre lo humano; y en ese caso, aun sin culpa suya pues no sabemos cuantas gracias el Señor les concedió, puede estar el nivel de caridad un poco bajo en una institución, porque sea bajo el nivel general de caridad y entonces el deber de aquellos a quienes el Señor concede la gracia de hacerla notar, es aumentarlo sobreabundando ellos en caridad.

         »Y nada más por hoy; el tiempo es poco y el estudio mucho [8]. No pasó el Ideal. Lo va realizando el Espíritu Santo en nosotros poco a poco. Nuestro deber es dejarnos hacer “piedras vivas” para ser edificadas encima de Él y componer un templo santo en el Señor. Seamos plenamente de Cristo y Cristo será plenamente nuestro. Comunidad de vida y de misión, consecuentemente vivida por cada miembro les decía el otro día a los seminaristas universitarios de mi círculo de Acción Católica que era lo esencial de la Acción Católica. Vuelvo a mi tema: Vivamos que la vida –según S. Agustín– es tendencia hacia la unidad y vendrá el que seamos uno en Él y en los que Él haya colocado para apacentar a su grey.

         »Encomendándome a sus oraciones les encomienda su affmo. en Cristo» [9].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 11 de abril de 1950

 

         «Amada Hija en Cristo:

         »Acuso recibo de tu carta, que merece ser meditada ante el Señor antes de darte respuesta; la situación general de su espíritu me parece bien. Pero ahora no tengo tiempo de ahondar en detalles. Tengo indicación de mis superiores de terminar cuanto antes mis estudios; parece que me aguarda la Consiliaría del Consejo Superior de los Jóvenes de Acción Católica. No la busqué, empezaba a orientar mi actuación aquí [en Salamanca]; veía más posibilidades, pero la Jerarquía expresa la voluntad de Dios y hay que seguirla. Encomiéndeselo a Dios. En la próxima reunión de la Dirección Central tomarán el acuerdo definitivo. Pidan que si me lleva allí, esto encuentre almas que lo tomen sobre sí

         »Los Ejercicios, gracias a Dios, bien. Pidan por los jóvenes para que el Señor los sane.

         »Salude a la Madre y reciban todas las bendiciones de su servidor en Cristo Jesús» [10].


 

[1]  C.P. pp. 1576-1577.

[2]  C.P. pp. 1574-1575.

[3]  C.P. pp. 1745-1746.

[4]  C.P. pp. 1741-1744.

[5]  C.P. pp. 1751-1756.

[6]  C.P. pp. 1768-1769.

[7]  C.P. pp. 1721-1722.

[8]  Era el último curso de Manuel Aparici en la Universidad Pontificia de Salamanca.

[9]  C.P. pp. 1578-1581.

[10]  C.P. pp. 1773-1774.


Publicado por verdenaranja @ 23:19  | Espiritualidad
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