Domingo, 05 de abril de 2009

Información enviada por Carlos Peinó Agrelo, Cursillista, Peregrino, Colaborador en la redacción de la Positito super virtutibus del Siervo de Dios Manuel Aparici y Vicepostulador de su Causa de Canonización


CORRESPONDENCIA ENTRE MANUEL APARICI Y SOR CARMEN
DURANTE LA ENFERMEDAD DEL SIERVO DE  DIOS
(PARTE II
)


Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 1 de julio de 1960

 

         «En el Señor amada Madre Priora:

         »Contesto brevemente a las varias cartas que debo; así se lo hacía entrever a tres seminaristas salmantinos que me visitaron ayer. Allá en el Seminario muchas veces Jesús me lo hizo presente, no te prometo sino que no es el siervo mayor que su Señor ni el enviado mayor que quien le envía, como me han seguido a mí os seguirán a vosotros: te aguarda la soledad, el abandono, la incomprensión, el olvido, la enfermedad, la desolación, incluso el sentirte abandonado de mí, a pesar de esto, ¿quieres qué te participe mi sacerdocio? Y en mi alma, su gracia, le contestó: precisamente porque me prometes la cruz me atrevo a pedirte que me participes tu sacerdocio, pues ¿cómo podría sin crucificarme contigo participar de tu sacerdocio? ¿Cómo, pues, no estar contento cuando Jesús es fiel? Todo Getsemaní es precedido de un Domingo de Ramos: eso fue mi vida casi hasta la enfermedad, pero ¿no son Getsemaní y el Calvario, el Huerto y el Monte dónde nos amaste?

         »Él nos dijo los cielos y la tierra pasarán, pero mi palabra no pasará, y aquella palabra suya que públicamente me hizo leer en Isaías cuando por vez primera ejercí el orden del subdiaconado: “Aunque una madre pudiera olvidarse del hijito de sus entrañas yo no me olvidaré de ti, dice el Dios omnipotente”. Por eso, espero que me hago todo suyo, cada vez que urge más y yo también os urjo hermanas del Carmelo: ¿si supierais un poquito de los terribles peligros que acechan a los jóvenes de uno y otro sexo, a los sacerdotes, a los casados, a todos los hijos de Dios?

         »Recuerda lo que le hice considerar a Antonio: sabemos que Jesús nos llama a ser santos, mientras no lo seamos podemos ser los dos únicos que le faltan para completar el número de los que Dios tiene acordados que son suficientes para perdonar y santificar a las gentes de España.

         »Por eso hermanas, cuando sepamos de pecado golpeémonos el pecho porque Él nos escogió para que en Él, por Él y con Él ser pago de redención por muchos y le estamos fallando y por eso las almas privadas del auxilio que habíamos de prestarlas en Cristo y a que tenían derecho caen en el pecado.

         »Pedid mucho por dos almas que se ven azotadas de muchas tentaciones y que Él ha puesto en mi camino.

         »En Cristo unidos» [1].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 12 de julio de 1960

 

         «Amada en Cristo Madre Priora:

         »Dos líneas para unirme espiritualmente a la Rvda. Comunidad en la fiesta de la Virgen y en vuestra clausura. Os mando unas cuartillas, por si os sirven, escritas a vuela pluma; son un trozo de mis ansias de lo que le pido a la Madre que sea mi vida. Ayudadme a alcanzarlo. Espero confiado en María y Jesús, pero duele tardar porque es la sed suya la que empieza a arder en mis venas.

         »Pedir mucho por esos queridos hermanos sacerdotes vascos navarros que han padecido esa obcecación.

         »Que Dios os bendiga hermanitas de plegaria; con todo el corazón os bendice este pobre sacerdote del Señor» [2].

 

         Carta de Sor Carmen a Manuel Aparici de fecha 29 de noviembre de 1960

 

         «Amadísimo en el Señor:

         »Unas letritas para mandarte la copia del retiro. No lo hemos hecho aún, pero al copiarle me afirmo en lo que te decía el otro día. Siempre que puedas no dejes de hacérnoslo porque nos hace francamente bien.

         »Estoy francamente contenta de la marcha de la Comunidad y, si no es mi optimismo o pasión de Madre, te digo francamente que me maravillo de cómo el Señor va realizando todo lo que Él me ha hecho desear. Leo lo que N.M. Santa Teresa dice de sus primeros conventos y pienso que no podría decir otra cosa en este caso salvo en lo de las mercedes extraordinarias que a veces me parece que un poco en N.M. Santa Teresa es influencia de la época y a veces me preocupa de si no vamos por buen camino, pero en cuanto a lo de busca sincera de Dios, alegría, entrega generosa a la voluntad divina, sea como sea, no sé que más pueda hacer, teniendo en cuenta que para la vida espiritual son almas tan nuevecitas. En fin, ayúdame a dar gracias a Dios y pídele que no lo estropee porque bien veo, que con la magnífica disposición que hay, dónde podría llegar si no fuera porque yo muchas veces no respondo y me quedo baja en criterios de fe y mucha más baja en la generosidad al actuar.

         »Y respecto a tu alma, por lo que se transparenta en el retiro que tú dices que es algo de lo que la gracia quiere obrar en ella, aunque no tengo ninguna autoridad para dictaminar e incluso tú piensas además que son el cariño y la admiración lo que me hacen pensar así, me parece que no, que es el conocimiento de su Amor que Él por tu medio me hizo descubrir lo que me hace pensar que pues Él te ama tanto y su Amor ha sido eficaz hasta aquí. Mira el camino recorrido; no tienes más que ejercitar la confianza para que el Amor suyo pueda invadirte más plenamente y realizar todo su amorosísimo plan. Ya sé por experiencia que es mala la quietud para no verse uno a sí mismo y es malo y difícil verse y no desanimarse, pero como tú mismo me has dicho muchas veces que lo que alaba a Dios no son nuestras cosas sino las misericordias y las maravillas obradas en los hijos de los hombres. Yo no creo que eres santo, pero no dudo de que el Señor por su Amor infinito terminará en ti su obra y fíjate por eso no te mando los originales, porque poca importancia me voy a dar y con tantos autógrafos del santo, aunque lo malo es que tendré que mandarlos todos a la Santa Congregación de Ritos. Por cierto, que tu proceso va a ser eterno porque con todo lo que has escritos … que va a llegar el día del juicio sin que haya dado tiempo a venerarte.

         »Bueno en serio. No te desanimes nunca. Mira, yo creo que la gente lo que dice de nosotros es verdad. Yo me creo lo malo que dicen de mí, pero no me parece justo no creerme nada de lo bueno. Pues todos los que me han hablado de ti, con o sin admiración, con cariño o sin apenas conocerte, los que piensan como tú y los que piensan distinto, nadie duda de que ha hecho el Señor en ti y por ti grandes cosas y que has respondido a ellas al menos con una buenísima voluntad. Como sabemos que esta buena voluntad también es regalo suyo, pues sin duda ninguna hay que alabar al Señor por ti constantemente. Hoy estaba leyendo a N.P. San Juan de la Cruz y le he pedido que te puedas aplicar íntegra la segunda parte de aquel verso suyo, así como creo que te puedes aplicar la primera: “Mi vida la he gastado y todo mi caudal en su servicio. Ya no guardo ganado, ni ya tengo otro oficio que ya sólo en amar es mi ejercicio”. Y conste que ya sabes que no creo que dejes de amar ni cuando oyes la radio, ni leas alguna novela, ni el pobre cuerpo y la misma pobre alma se angustien ante el dolor y quedan tristes y agobiadas, como Él quiso estarlo, ante lo largo del destierro y la ausencia sensible del que siempre te está sosteniendo. Pide un poquillo por mí. El día 2 voy a Madrid y he avisado a Córdoba, si no puede ir nada, pero si va que no pierda yo el tiempo y me sirva para poder acercarme luego más a Dios.

         »Que Dios te pague todo con más conocimiento de su amor para que te goces con el gozo suyo y nadie pueda quitarte este gozo.

         »En Él siempre tuya» [3].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 12 de enero de 1961

 

         «Amada en Cristo, Madre Carmen:

         »Contesto a las últimas tuyas. Tardé porque el 9 del pasado, como te habrá contado Ana María, se me rompió una variz de la pierna; perdí algo de sangre y hube de estar inmovilizado varios días y a continuación cogí un catarro bronquial que no solté del todo hasta el 27 o 28; después las visitas de unos y otros; en fin, sin tiempo.

         »Pasemos a contestar a la tuya sin fecha en la que me envías la foto de vuestro presbiterio, que es precioso.

         »Conforme con todo lo que me dices sobre el Amor de Dios; cuando por amor nuestra voluntad se pierde en la de Cristo, como la gota de agua se pierde en el Cáliz, nuestros actos son también de Cristo y como suyos tienen un valor latréutico, eucarístico, propiciatorio y expiatorio pleno según la medida de nuestra incorporación a Él por la caridad. María apenas si hizo algo que se notara y viera y sin embargo, ¿quién cómo Ella ha sentido más el mundo después de Cristo?

         »En cuanto a la dirección espiritual conforme también con todo lo que dices en el dirigido: a) espíritu de fe; b) confianza en que Dios obra por su instrumento; c) generosidad, mejor diría fidelidad al plan aprobado por el director y d) sencillez.

         »En el director: sentido de su instrumentalidad que le haga ayudar al Espíritu Santo y no suplantarle y sentido de su responsabilidad ante el Padre de aquel Jesús que confía en el dirigido para ayudarle a crecer en edad, sabiduría y gracia delante de Dios y de los hombres,  para  lo cual  el director tendrá que tratar de ser letrado y santo –como decía Santa Teresa–.

         »Si tú crees que con tu actual director te va bien, sigue; si vieras que te estancas cambia pues el Señor quiere servirse de otro instrumento. Pero en general no creo que las almas que están en acusado período de vida activa convengan demasiado a las vocaciones contemplativas. No sé si Pepe te habrá hablado de D. Carlos Castro, fue compañero suyo en Salamanca, son muy amigos. También fue dirigido mío antes del Seminario y mientras yo estuve en Salamanca y ahora hace pocos días me pidió que volviera a dirigirle; ahora está en Zaragoza de Subdirector del Convictorio Sacerdotal, puede quedar en cartera por si algún día fuera necesario.

         »Sí, a pesar de todo le amo; negarlo sería negar su gracia y su don, pues bien sé que le amo con el Amor Suyo que el me da. Tampoco, por su misericordia, he dudado jamás de su Amor; ¿y cómo podría dudar si desde hace casi cuatro años es cada día más creciente y más íntima la revelación de su Amor? Lo que pasa es que a veces es tan íntima, tan íntima esa revelación de amor, que la sensibilidad no se entera y el alma en su parte baja y sensible, que linda con el cuerpo, sigue sufriendo tedio, asco, hastío?

         »Sin embargo, como el otro día le decía a un joven de 26 años, que teniéndolo todo se siente desgraciado, yo soy feliz.

         »¿Y cómo no voy a ser feliz si Él me da lo que tanto le pedí? Allá, en el Seminario, en mis noches de oración, Él me hizo componerle esta plegaria: ¡Oh amor de los altos cielos, que te entregas en mi nada, para alzarme desde el cieno a tu pureza sin mancha! ¡Oh amor que entre paja y hielo, con tu vida me regalas para abrasar con tu fuego las escorias de mi alma! ¡Oh amor que muriendo matas la muerte de mi hombre viejo y que mis heridas sanas con las llagas de tu Cuerpo! ¡Oh amor que en el loco exceso del amor con que me amas, enjugar quieres con besos de eucaristía mis lágrimas. No me envíes más consuelos y caricias a mi alma; hazme luz, incendio y llaga, brazo de cruz, pregonero del loco amor que te abrasa!

         »¿Cómo, pues, no ser feliz si Él es tan amorosamente fiel que me da algo de lo que le pedí? Y digo algo, porque Él quiso padecer sin consuelo para ser Él nuestra consolación en nuestros padecimientos.

         »Ya ves, me dices algo sobre los Consiliarios nuevos, esto no me contraría, de una parte porque aunque ellos tal vez no se den cuenta ambos, Miguel [Benzo] y Mauro [Rubio Repullés], son en parte fruto del desposorio de Cristo con mi pobre alma pecadora; y de otra como buenos sacerdotes ya les mostrará el Señor cuanto les conviene padecer por causa de su nombre. Pero en cambio lo que sí ha hecho impacto en mi alma de sufrimiento y de gozo íntimo y celeste ha sido el silencio y el olvido: entre los setenta y tantos Obispos españoles sólo Su Eminencia en junio y ahora el Auxiliar de Málaga me han escrito unas líneas cariñosas de despedida; ni un sólo Consiliario Diocesano ha tenido un recuerdo para el compañero que cayó enfermo en el campo de batalla apostólica y que cesaba por enfermedad, y entre los jóvenes sólo el articulista de SIGNO que escribió con el corazón, exagerando, y los de la redacción y entre los antiguos sólo otro de La Coruña. Todo eso duele, aunque por la bondad divina se haya buscado sólo la gloria de Dios, pero es que Jesús torna a sufrir en mí el “heriré al pastor y se descarriarán las ovejas ... ” y saber que Él, el infinito, el inaccesible, el inefable se hizo carne para sufrir esto por mí y todavía más que se aviene a vivir oculto en mi miseria para volverlo a sufrir, esto me produce un íntimo gozo.

         »¡Ah Hermana Priora, qué hermosa es la cruz vista de frente! Asusta porque la vemos por el lado que no está  Cristo clavado,  que  viéndola  por donde está, nos dice -como les ponía a los muchachos en un Vía Crucis para Cursillos-: “Los pies tengo clavados para esperarte y los brazos abiertos para recibirte en ellos”.

         »Voy a terminar porque me canso y no quisiera diferir el saludo.

         »Una noticia que te alegrará, José Manuel [de Córdoba] suele venir al menos una vez al mes; se desahoga y hasta ahora el Señor, que tanto nos ama, ha puesto palabra suya en mis labios que le han dado paz. Supongo que toda la Comunidad le encomienda. Son las palomicas del Señor las que alcanzan esa palabra oportuna que le hace bien a él y a mí.

         »Por tu hermana Ana María hice una petición a esa Comunidad: unas cintitas para la cucharilla de mi Cáliz (que es una concha y un bordón de peregrino) que tenga bordada la palabra ¡Sitio!

         »Nada más por hoy, que el Señor bendiga a las hermanas tan queridas de esa Santa Comunidad como las bendice con todo afecto en el Corazón Divino su humilde Capellán» [4].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 5 de abril de 1961

 

         Amadísima hija en el Señor:

         »Ya que tan largo ha sido mi silencio, no quiero, pues, parecerme, que tampoco lo quiere Jesús, que deje de enviarte a ti y a la Rvda. Comunidad que Él te ha confiado la expresión del gozo celeste con que me ha unido en la Santa Misa el domingo, el martes y hoy a vuestro gozo, por el gozo y la gloria de Nuestro Jesús Resucitado, y también a la alabanza que tributáis al Padre por el Hijo en el abrasado amor con que nos oprime el Espíritu Santo; alabanza y gozo al que por su gracia me he unido y espero en su misericordia que me seguiré uniendo en las Santas Misas que su amor me permita celebrar.

         »Sí, hijitas muy amadas del Corazón de Cristo, ser muy fieles a esa vocación para la que os eligió, de amar, hasta morir de amor, por los que no aman o aman poco, y de adorar y santificar y glorificar el nombre de Dios por los que no le adoran, santifican y glorifican. ¡Es muy triste que haya tantos cristianos que hayan olvidado cómo empieza el Padre nuestro! Sí, dicen Padre nuestro que estás en los cielos, pero a continuación dicen: “Venga a nosotros tu Reino”; ¡cómo si fuera posible que, sin santificar el nombre de Dios, pudiera establecerse en nuestras almas su Reino! ¡Qué triste es ver que ahora preocupan más las estructuras sociales, un mundo mejor ... y que, en cambio, parece que preocupa poco que Cristo sea conocido y amado en la luz del Espíritu Santo como don del Padre! “Sic enim dílexit Deus mundum ... ”.

         »Pidámosle al Padre que revele a nuestros hermanos la adorable caridad que en su Hijo, por su Hijo y con su Hijo, en los adorables misterios de nuestra Redención: Nacimiento, Infancia, Vida Oculta, Vida Pública, Cenáculo. ¡Pasión ... ! ¡Cruz ... !  ¡Resurrección ... ! para que alaben con obras y palabras a fin de que otros también la conozcan y se gocen con su inefable bondad.

         »Con  una  cordial  bendición en Cristo Resucitado queda vuestro» [5].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen Vigilia de Pentecostés 1961

 

         «Muy estimada en Cristo:

         »Siquiera en la Vigilia de Pentecostés este testimonio de que el Espíritu nos une. Aunque no lo parezca estoy recordando casi incesantemente a esa Rvda. Comunidad; en la primera semana de Pascua comencé a preparar un retiro, pero no he podido pasar de la primera meditación; unas veces tanto me ilusionaba el Señor que luego no podía traducir en palabras, otras era al contrario, tal sequedad que tampoco podía escribir nada; después pensé que como en el retiro que os envié el pasado año había suficiente material, centré el intento de mi oración en esos temas: Resurrección, Ascensión, Pentecostés; volveré al retiro que preparaba: “Scitis quid feceriem vobis ... ?”; éste es el tema general distribuido en tres meditaciones:

         »1ª    Desiderio desideravi hoc pascha manducare vobiscum ...

         »2ª    Coepit lavare pedes discipulorum.

         »3ª    Hoc facite in meam conmemorationem.

         »Noticias: Estoy mejor de salud; de espíritu no sé como estoy, ciertamente que Él pone en mi alma un mayor afán de no contristarle y un saber interior de que vivir sin amarle es el infierno y a seguidas un temor a que mi amor a sus miembros sea sensiblería y palabrería vana. Pero en medio de todo Él me da una confianza invencible en que a pesar de todas mis flaquezas y miserias, y tal vez por ellas mismas, me ama de tal forma que es una pena inmensa no amarle como merece ser amado, y así la Santa Misa es mi refugio de amor y de paz.

         »No he desistido del Oratorio; espero, aunque sin reservado todavía pues lo están gestionando, inaugurarlo este mes.

         »Y ahora, aunque brevemente, pues son las doce y cuarto de la noche y he de acostarme, algunas noticias de mi alma: aunque sobre un fondo un poco cárdeno: penas y sufrimientos y estado delicado de salud de mi hermana; desde la fiesta de S. Andrés me sorprende frecuentemente musitando la frase de uno de los responsorios: “qui per te me recipiat qui per te me redesunt” y las pruebas de amor con que me acosa; pues cuando Carlos [Castro] me pidió dirección espiritual, en el primer momento me asusté y estuve por no aceptar, era la reacción de la soberbia: ¿Cómo yo tan vacío de ciencia y santidad puedo ayudar a este sacerdote que sé que el Señor quiere llevar a una gran santidad? Pero enseguida el Señor me hizo ver que Él era quien tenía que hacer en mí y que era Él quien en Carlos me pedía que le sirviera. Tendré que repasar mis empolvados tratados de Teología y tendré que pedirle espíritu de oración; pero Él me ayudará.

         »Así que me encuentro más animado y con un mayor afán de servirle, pues Carlos y otros dos sacerdotes, que también me pidieron ayuda, son el primer término de ese Cuerpo Místico de Cristo que hace tantos años hace llegar hasta mi alma el clamor del Cenáculo: “Desiderio desideravit”; de Getsemaní: “Si posibilis est transeat a me cálix iste” y del Calvario: “Sitio”; pero detrás está Pepe, vosotras, todos los que presidí y de los que fui Consiliario, los sacerdotes, los seminaristas, la Iglesia actual y la potencial.

         »Termino, pues; es muy tarde. Otro día seguiré.

         »Saludos a la Rvda. Comunidad, a mi madrina de oraciones y con todo afecto en el Señor te bendice» [6].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 18 de agosto de 1961

 

         «Estimada en Cristo Madre Carmen:

         »El tiempo, desde que estoy algo mejor, se me va de las manos como el agua de un cesto: salir a tomar un poco el aire, la Santa Misa, ya gracias a Dios diaria, el Oficio Divino, intentar hacer oración, un poco de lectura, la siesta, alguna que otra rara visita, pues cada día estoy más sólo, aunque Él, amigo admirable, fidelísimo tan no me deja sólo, que todos los días viene a mis manos consagradas para darse en redención por todos y por mí; y para entrañarse en mí y a mí en Él ...

         »No sé que pasa por mi alma que ordinariamente se ve presa de una suave y dulce angustia por el temor de no amarle como Él desea que le ame.

         »El motivo de esta carta es que mañana D.M. me trasladaré al Seminario para hacer Ejercicios Espirituales que espero me dirija el nuevo Vicerrector, un antiguo Presidente, compañero de Seminario y magnífico sacerdote; así, pues, cuento con que esa querida Comunidad me tenga muy especialmente presente en sus oraciones.

         »Tal vez alguien piense que es una temeridad; mas yo entiendo que es confiar en el Amado. ¿Para qué me interesa a mí la salud si no es para amarle cuanto Él quiera que le ame con la ayuda de su gracia? Mis hermanos estarán fuera quince días, Él me da suficiente salud para intentar hacerlo, pues aprovecho la oportunidad que Él me da. No sé lo que resultará; pero en todo caso veré que con su gracia el “Ecce adsum” de mi ordenación permanece en mi alma y le pido que no permita que me convierta en un infeliz “burgués” que celebra Misa.

         »Espero que en la otra semana, pues el cuatro pienso salir con mi hermana para Torrelodones si Dios sigue mejorándome, tenga tiempo para escribir. Entretanto, con saludo a tus padres y a Ana María, queda unido ante el Sagrario» [7].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 1 de septiembre de 1961

 

         «Estimada Madre Carmen

         »Gracias a ti y a toda esa Rvda. Comunidad por sus oraciones por los Ejercicios a que me llevó el Señor.

         »Poco puedo decir porque mi tiempo es breve y sobre todo porque quien debe decirlo son mis obras.

         »¡Nueve días estuvo el Señor especialmente para mí en el Sagrario del Seminario Menor! Pusieron reservado para facilitarme los Ejercicios.

         »No sé si lo notarías en cartas anteriores pero mi alma tenía la amarga sensación de que no agradaba al Señor, de que mis ingratitudes habían llenado de tristeza su Corazón; en su vida mortal cuando “me tuvo y amó en los pensamientos de su Corazón”, cada vez que rezaba en el Oficio “et in siti mea, portaverunt me aceto” me parecía una queja que me dirigía personalmente a mí que tomé como lema de mi vida la quinta palabra: “Sitio”. Tanto urgir de su gracia me llevó a vivir esos nueve días en su intimidad. ¡Qué podré decir que tú ya no sepas! Sólo que me ha mostrado tan clara mi misión, como tú dices, que me duele inmensamente haberos restado ayuda a tantas almas como el vinculó a la mía.

         »No creo estar equivocado cuando pienso que como el Señor (ilegible), lo que un día confió a la abnegación y santidad que Él quería conceder a un alma. Él lo sigue confiando, si el alma elegida no se echa atrás; por desgracia durante nueve meses permanecí indiferente a la sed de almas del Señor; pero Él, que es fidelísimo, llamó a la puerta de mi alma, me dio gracia para que la abriera y cenó conmigo. ¡Qué podía yo darle que fuera propiamente mío sino mis negligencias, mis pecados veniales deliberados, mi hurtarme a su cruz, mis indiferencias por las almas que se pierden ...  y con un dolor vivísimo, que Él me daba, le entregué todas mis miserias para que alimentara y creciera y se derramara su adorable misericordia; y Él, cenó conmigo y yo cené con Él ...

         »Termino porque es cerca de la una de la madrugada. El próximo lunes día cuatro me trasladaré a Torrelodones a pasar quince días si Dios quiere; mi dirección allí será: Hotel Peña Grande.

         »Saludos a sus padres y hermana si aún siguen ahí.

         »Reiterando mi gratitud a esa venerable Comunidad, mi gratitud por sus oraciones, se encomienda a las suyas quien os tiene presente ante el Señor» [8].

        

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 15 de octubre de 1961

 

         «Estimada en Cristo Madre Carmen:

         »Hoy día de Santa Teresa no quiero que te falten, a ti y a toda esa querida Comunidad, estas líneas probatorias de que estuvisteis en los pensamientos de mi corazón, tanto en la Santa Misa como en las oraciones del día.

         »Especialmente en la meditación o contemplación de la tarde, sobre Getsemaní; me gozaba de las vocaciones contemplativas a través de vuestro recuerdo, porque vosotras acompañáis al Amado en aquellos sus momentos de soledad, tristeza y abandono. Procurad, pidiéndoselo, serle muy fieles. ¡Hermanas que sería gran pena que nosotros tuviéramos que oírle “et in siti mea potaverunt me aceto” y “consolatem me quaesivi et non ... ”.

         »Pidámosle que nos aumente la fe en su fidelidad inquebrantable, pues tendremos fallos y enfriamientos, pero Él, que es fiel, nos tomará con su gracia para hacernos arder en el fuego de su amor al Padre y a las almas.

         »Pidamos mucho por los educadores de los jóvenes. ¡Tantas familias religiosas suscitadas por el Amor de Cristo entre los jóvenes! Pidamos al Señor con la oración de nuestra vida quemada en el fuego de su voluntad santísima y amorosísima, que todos los educadores católicos, de uno y otro sexo, religiosos, sacerdotes o seglares, ardan en el fuego del Amor de Cristo a los jóvenes, para que así, siendo en su vivir llama de amor, se propague entre los jóvenes como la llama en el cañaveral.

         »Mi salud sigue en su lenta mejoría, gracias a Dios. Las tres semanas y media en Torrelodones me sentaron admirablemente.

         »Termino, pues; otro que hacer me llama. Seguro de vuestras oraciones no os olvida en las suyas vuestro affmo. en Cristo que os bendice» [9].

 


[1]  C.P. pp. 1834-1835.

[2]  C.P. p. 1836.

[3]  C.P. pp. 8617-8618.

[4]  C.P. pp. 1837-1842.

[5]  C.P. pp. 1843-1846.

[6]  C.P. pp. 1847-1850.

[7]  C.P. pp. 1851-1852.

[8]  C.P. pp. 1853-1854.

[9]  C.P. pp. 1855-1856.

 


Publicado por verdenaranja @ 0:03  | Espiritualidad
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