Domingo, 05 de abril de 2009

Información enviada por Carlos Peinó Agrelo, Cursillista, Peregrino, Colaborador en la redacción de la Positito super virtutibus del Siervo de Dios Manuel Aparici y Vicepostulador de su Causa de Canonización



CORRESPONDENCIA ENTRE MANUEL APARICIO Y SOR CARMEN

DURANTE SU ENFERMEDAD

(PARTE III)

 

        
Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 17 de diciembre de 1961

 

         «Querida en Cristo Madre Carmen:

         »Si las que profesáis estado de perfección pudierais enfadaros, justamente estaríais enfadadas conmigo por mis prolongados silencios. Ya sabes, y lo sabe también la Rvda. y amada Comunidad, que el silencio no significa olvido; todos los días os recuerdo en el Altar y ¿cómo no recordaros si además ornamentos y purificadores son obra de vuestra caridad que de esta forma tan humilde se hace presente al Santo Sacrificio que Jesús ofrece por mis manos al Padre y en el cual se ofrece y nos ofrece juntamente con Él?

         »Y entonces, ¿por qué el silencio? Pues mira, en octubre, por intentar ser fiel al horario piadoso del verano; en noviembre, porque a mi hermana se le produjo una rinitis diabética que parecía iba a quedarse ciega; esto me hizo pasar un mes de angustias, pues además de los sufrimientos de mi hermana, el negro cerrazón de su porvenir, su único amparo humano soy yo. Su marido la tiene abandonada, mis otros hermanos, el que vive aquí está en mala situación económica, al cual tengo que ayudar [1]; el otro vive en La Coruña y su mujer no tiene ningún cariño a mi hermana, y yo, como sabes, tengo la salud en precario, pues aunque estoy mejor sigo dependiendo de medicinas. Mi hermana tiene un destino, como eventual, en Asuntos Exteriores desde hace 16 años con la mísera paga de 1.200 pesetas; pero como no es de plantilla, pues ni Artajo en sus once años de ministro ni Castiella en sus cinco se han preocupado de los 200 funcionarios que están en esta situación.

         »Si quedara ciega ni con esa miseria podría contar el día que yo faltara. Ciertamente que Dios no falla, pero Él quiere valerse de nuestras providencias para favorecernos con la suya y te confieso que en este problema de mi hermana todos los que se llaman amigos me han fallado, todos han hecho un poquito, como para no quedar mal conmigo pero sin emplearse a fondo; el único que no falla es el Señor. Gracias a Él y a la Purísima, a quien se lo pedí el día de la Inmaculada, se inició una franca y notable mejoría en la vista de mi hermana, pero pedid mucho por ella, pues, tanto sufrimiento y el tratamiento fuerte a que esta sometida, temo que la produzcan algún trastorno mental. Como ves hermana Carmen el Señor prosigue su trabajo en mí; algo me quejé con Él, después me hizo comprender que la cruz para serlo tenía que ser a su gusto y no al mío.

         »Con todo esto mi vida de espíritu ha tenido muchos altibajos; sólo la celebración de la Santa Misa es mi estrella de Belén aunque muchas veces el menor ruido me distrae: “Pusillanimes, confortamini, et nolite timere: ecce Deus noster veniet et salvabit nos”.

         »Que el Señor, en la conmemoración de su Natividad, nazca más y más en ti y en todas las hermanas de esa venerada y querida Comunidad, para que también más y más os adentre en el seno del Padre para arder, juntamente con el Hijo, en el amor que a ambos les une.

         »Encomendando todos mis problemas a vuestras oraciones os reitera su deseo de múltiples bendiciones del cielo en esta Pascua en el nuevo año vuestro affmo. en Cristo Jesús que os bendice con toda la efusión de su corazón» [2].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de marzo de 1962

 

         «Respetada y amada en Cristo Jesús:

         »Unas líneas para contestar a la tuya del 8. Gracias a Dios ya estoy bien de la bronquitis gripal que padecí a fines y principios de año; un día estuve bastante achuchado pero, a fuerza de pinchazos, todo pasó. Por cierto que Pepe hizo conmigo de excelente enfermero; como la muchacha estaba en cama y mi hermana salió a por leche, tu hermano me calentó la cama y me acostó.

         »Ciertamente que Jesús es fidelísimo; como me ve cobarde, remolón para acudir al abrazo de su cruz, de vez en cuando la carga un poco sobre mis hombros y además, como es fiel, me da gracia para darle gracias por ese admirable amor que me muestra hasta humillarse a volver a padecer en mí las molestias y dolores de una bronquitis gripal ...; y así quiere mostrar también esa fidelidad de su amor a todos los que sufren, y ellos, pobres y amados hermanos, no saben que Él quiere hacerles esa maravillosa revelación.

         »Si lo consideras un poco, también tú te asombrarás más y más de la maravillosa fidelidad de la Trinidad Santísima, ¿quién te llevó al Carmelo y a mí al sacerdocio; quién me lleva a celebrar la Santa Misa y a ti a concelebrarla; quién en darle gracias en las tribulaciones, etc., si no su Amor, su gracia, ese Amor que el Padre nos tiene en el Hijo y el Hijo en el Padre, por el cual después de habernos dado al Hijo nos da también, con el Hijo, al Espíritu Santo que de entre ambos procede? Sí, hermana en el Señor, la gracia de Cristo nos persigue y acorrala porque “quem dilexisset suos qui erant in mundo in finem dilexit eso”.

         »Junto a estas maravillas yo no soy más que un miserable, ruin, comodón, aburguesado, egoísta; en fin sólo Dios, que pone bondad en lo que ama, puede amarme aunque sea indigno de su amor, pues como sólo su amor puede curarnos, así más y más me lo muestra. Vosotras me amáis porque sois de Dios y amáis lo que Él ama.

         »Termino porque es tarde. Ya ves que estoy hecho un pequeño lío. Me gocé con lo de Antonio. Ya te escribí sobre eso. Mi hermana está mejor, aunque no está bien del todo.

         »Encomendarme que yo os encomiendo. Unido en Cristo Jesús bendice a la Priora, a mi Capellana y a toda la Comunidad» [3].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 26 de abril de 1962

 

         «Muy estimada en Jesucristo:

         »Unos breves renglones portadores del Aleluya Pascual: “Resurrexit Dominus vere”; y su Vida, cuya comunicación nos ganó con su muerte, es la Vida eterna, la Vida sin limitaciones, la Vida que callada, silenciosa, pero inexorablemente, va matando a la muerte en nuestro entendimiento, memoria, voluntad y sentidos y potencias, y no sólo en nosotros sino también en todos los que previó y santificó y predestinó a hacerlos conformes a la imagen de su Divino Hijo.

         »Entonces nuestras alabanzas al Rey Triunfador con vivir más abrasados en su sed de glorificación de las infinitas bondades de Dios Uno y Trino. Pues bajo esta neblina de odios, miserias, egoísmos y pecados humanos ¡cómo brilla cegadora la luz de su infinita caridad!

         »Él me fue inmensamente fiel durante la Santa Cuaresma y sigue siéndolo aún más en su Resurrección y espero que me quite mis miedos a no serle fiel.

         »Con mi más cariñosa bendición a toda es Rvda. Comunidad, se encomienda a vuestras oraciones no olvidándoos en la suyas.

         »P/S. Después de escrita ésta, recibo tu carta. ¿Has pensado bien eso de la dirección espiritual? Lo pensaré ...  Creo que diré: Intentémoslo. Me obligará a estudiar y a orar más. Pero ¿cómo decirle a Cristo que no? Ya escribiré más extenso» [4].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 11 de junio de 1962

 

         «Estimada en Cristo Madre Carmen:

         »Aunque empiezo la carta  después de terminados los Ejercicios con las divinas efusiones de Pentecostés, unos renglones para dar la aceptación definitiva, en prueba; no sabemos si el Señor querrá valerse de mí, probaremos.

         »Y ahora una buena noticia en reserva y que deseo quede discretamente silenciada pues lo encarga la concesión; vísperas de Pentecostés recibí la concesión de la Sagrada Congregación de Sacramentos para poder tener reservado al Señor Sacramentado en mi Oratorio, ahora tengo que pedir la concesión de Oratorio privado, pues la que tenía era de altar portátil, pero ésta es fácil.

         »Ya puedes figurarte mi gozo, pero también mi miedo a no corresponder a tan inmensas gracias de Dios. Ahora  más que nunca tendré que pedirle gracias para vivir el “déjame hacer ahora ... ”.

         »Agradecimiento que confía y se entrega “ecce ancilla Domini” para que Él complete en nosotros lo que le falta a su Pasión por el cuerpo de Él que somos miembros, es la gran norma que te repito a ti y me repito a mí.

         »Confiemos en ese amor del Padre que en su Hijo, que es su Verbo y su Boca se abajó a besarnos haciéndose para ello carne y, en esa carne asumida, llaga de amor vivo para que, juntando labios de llaga con las llagas de nuestra carne de pecado, saltara el beso divino con el fuego y el amor del Espíritu Santo. Que Él te llene y a toda es Rvda. Comunidad le pide vuestro siempre affmo. en Cristo Jesús» [5].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 12 de junio de 1962

 

         «Estimada en Cristo Madre Carmen:

         »Aún cuando no he podido aún tener una lectura detenida, completa y reflexiva de tus notas, sin embargo para que, al menos el día de Nuestra Señora del Carmen, tu excelsa Patrona, no te falte la expresión de las plegarias que elevo al Señor por ti y esa Rvda. Comunidad que el Señor te ha confiado, te pongo estos renglones.

         »En esa especie de índice que haces al final del cuaderno, en la letra E he notado que nada pones sobre propósitos en la virtud de la esperanza y sin embargo es la virtud que más necesitamos que aumente el Señor a través del don de la fe: “Creo Señor, pero ayuda a mi incredulidad, auméntame la fe”. Creemos que nos amó hasta darnos su vida y luego no creemos que su vida puede matar nuestra muerte. También noto que empleas demasiado la primera persona “ni siquiera somos suficientes para pensar algo como nuestro, nuestra suficiencia viene de Dios”, dice San Pablo; dices: “Cuando hice la meditación” y debías decir: “Cuando Él me llevó con su gracia a la oración y me  dio  gracias  para  luchar  con  las distracciones y tratar de recogerme, etc. ... ” y entonces en su luz verías la luz; ¡qué fidelidad incansable y condescendencia adorable la suya! A pesar de que no tenía ganas me llevó y quiso tratar conmigo (gusano vil) de los inefables amores del Padre a mí y a mis hermanas en su Cristo ...

         »Algo  de  esto os decía en el retiro “déjame hacer ahora que así conviene que cumplamos ... ”. Si no te das cuenta de que se hizo hombre para ayudarte a llevar su yugo “no sentirás suave y ligero el peso suyo”.

         »Termino. La empecé el 12, la concluyo el 15; el 17 me voy a Torrelodones Hostal del Pinar, desde allí con más sosiego te escribiré.

         »Deseando que la Virgen Santísima en su advocación de Monte Carmelo derrame plenitud de gracias sobre ti y esa querida Comunidad, os bendice y se encomienda a vuestras oraciones» [6].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 38 de agosto de 1962

 

         «Muy estimada en Cristo Madre Carmen:

         »Voy a intentar contestar a tu última. No sé si la contestaré toda porque con este calor asfixiaste apenas tengo ánimos más que para la oración mental, el Divino Oficio y la Santa Misa y un poquitín de lectura.

         »Me parece que hasta ahora mal te va con haberme elegido como director. En fin, seguiremos probando hasta el otoño.

         »Todo período intenso de oración, como son los Ejercicios, son un cerco de gracias para que percibamos más el llamamiento que nos hizo a la unión con Él. Dios no se muestra, pero nos va transformando a nosotros, nos va haciendo más espirituales, más capaces de percibir, saborear y emborracharnos de la “Palabra”, que permanece para siempre.

         »En cuanto a lo que dices de la virginidad, piensa que tal vez fue la dote con la que Él te obsequió cuando te enamoras de sí, pues inició “in oblicuo” un proceso de abnegación paralelo al que “in recto” suscitó de afirmación y prioridad de los intereses de su gloria; tal vez fue Aquel “el rostro recliné sobre el Amado, cesó todo y déjeme, quedando mi cuidado entre sus azucenas olvidado”.

         »¿Por qué Antonio es santo y nosotros no? Tú misma lo dices porque así lo quiso Dios. A él lo quiso consumar en dos años y a nosotros ... Dios lo sabe. Pero ¿a qué esa preocupación? ¿Crees que te ama aún siendo como eres? Pues esto es lo que agrada al Padre: que creamos en Aquel que nos ha enviado como Verbo que expresa infinita y eternamente su amor.

         »La humildad es la que roba el Corazón de Dios. Si cuando acudimos, llevados de su gracia, a la cita de la oración, la Misa, el Oficio, el trabajo, etc. nos lanzamos a cogernos a su regazo amoroso, doliéndonos de contristarle con nuestras miserias, pero plenamente confiados al amor de su Corazón, ¿crees que nos rechazará o que sacados del Sagrario de la Divina liberalidad los torrentes de su misericordia embellecen a nuestras almas para que así participen de las complacencias que el Padre tiene siempre puestas sobre Él?

         »Os he tenido muy en mi recuerdo durante estas fiestas del IV Centenario de la Reforma Carmelitana acometida por Santa Teresa y casi cotidianamente ofrezcan vuestras oraciones y penitencias al Señor para cubrir la desnudez de mi espíritu.

         »Del tema de Antonio y de Losada [Agustín], te contestaré otro día pues ahora van a llamar para comer.

         »Perdona el retraso pero estoy tan desmadejado por el calor que todo me fatiga.

         »Encomendándome  a vuestras oraciones os bendice vuestro affmo. en Cristo y Cape-llán» [7].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 20 de noviembre de 1962

 

         «Muy estimada in Corde Jesus:

         »No me niego al retiro, le estoy pidiendo al Señor que me ayude a prepararlo. No puedo defraudar a Jesús que a través de Vds. me pide que me recoja en Él, que ore insistentemente y que luego ofrezca a las amadas de su Corazón los frutos que su gracia y su amor hayan hecho en mi alma; pero eso tardará aún un poco, aunque en todas estas horas en que el Señor me lleva a la oración está el deseo que Él pone en mi alma de hacer algún bien a esa amada Comunidad.

         »No sé si habrás recibido ya contestación del Rvdo. Carlos Castro, pero me dijo que lo haría con mucho gusto, que como las misioneras de Zurbano, en donde se aloja, tienen magnetofón que ellas le impresionarán y que se los mandarán y que incluso en cuanto se los devuelvan, pues ahora están en América, os enviarán unos Ejercicios completos que siempre soñaron las misioneras.

         »Orad para que el Señor me ilumine y espero que en la próxima semana no más tarde pueda llamar a Agustín [Losada] para grabar el retiro.

         »Encomendándolas en la Santa Misa, queda de Vds. s.s. en Cristo» [8].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 22 de diciembre de 1962

 

         «Amada en el Señor Madre Carmen:

         »¡Qué difícil es tratar de expresar en unas líneas, que forzosamente han de ser breves en estas fechas, cuánto el Señor me hace sentir hacia esa Venerable Comunidad y su Madre Priora! ¡Qué magnífico reflejo sois del Corazón de Jesucristo! ¡Yo regateando todo, y vosotras prodigando bondad, oraciones y obsequios ... ! ¡Qué preciosas casullas y conopeos ... ! Quiera el Señor permitirme llegar a usar para su honra y gloria la de la Inmaculada.

         »Créeme que estoy avergonzado ante el Señor de cómo me estoy comportando con Él en vosotras; ciertamente os encomiendo en la Santa Misa, pero paréceme que con esta terrible mediocridad de mi vivir cristiano, os estoy robando, por el vivir de Cristo en vosotras, ayudas y gracias a las que tenías derecho, ya que acepté tu dirección espiritual, que tan mal llevo, y al hablaros en nombre del Señor, y ambas cosas son exigencias del Señor para mi entrega, pues sólo el riego de la gracia puede hacer fecundas ambas.

         »Perdonadme y pedir por mí al Señor para que al fin me rinda de verdad a tanto regalo y requiebro suyo.

         »Debería de estar profundamente alegre “Dominus proper est”; lo tengo en mi misma casa, en el Sagrario, en mi propia alma si, como le pido y espero, estoy en su gracia; cada día su amor hace latir 100.000 veces mi ingrato corazón y, sin embargo, ¡qué pena amarle tan poco ... ! Y cuanto más intento pagar deuda tan inmensa más en deuda quedo, pues sólo con su sacrificio y el de su Iglesia Santa puedo pagarle.

         »Que el Señor os colme de sus gracias en la conmemoración de su Nacimiento, a fin de que más y más nazca en vuestras almas y así glorifiquéis y alabéis a la Trinidad Santísima reparándola de lo mal que yo lo hago.

         »Con todo afecto en Él te bendice a ti y a la querida y venerable Comunidad» [9].


         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 30 de enero de 1963

 

         «Estimada en Cristo Madre Carmen Teresa de Jesús:

         »Unas letras para no demorar demasiado la contestación a las tuyas. Llevo malucho desde el 7, precisamente ese día cumplí 60 años cristianos, sexagésimo aniversario de mi bautismo. Él me obsequió con un ataque de reuma gotoso; luego apenas pasado el ataque una bronquitis gripal, que aún colea y me impide celebrar la Santa Misa.

         »Tu carta última muy bien, creo que también es la solución de tus problemas; el mío el regateo en la entrega que tú apuntas; en la entrega de mis potencias todas a percibir su mensaje de amor del Padre. Ciertamente que en esa actividad permanente a percibir las adorables manifestaciones de su bondad, está todo; pues si las percibí en su luz, las alabo con mi existencia toda “ut simus in laude gloriae gratia me ejus” Pero tantas y tantas veces me distraigo y desvío del “unum necessarium”.

         »Ya consulto cosas con Castro [Carlos], y me hace mucho bien; con José Manuel [de Córdoba] es distinto, su situación espiritual necesita de un amigo que persevere en la fe, pese a todo.

         »Leí la primera parte de la biografía [de Antonio]; no estoy muy conforme, pues su enfoque es terriblemente subjetivo; los hechos se utilizan para justificar unos cuadros mentales preconcebidos echando sobre las personas rectoras de la Acción Católica de aquella época no las reacciones que ellas tuvieron sino las que ellos les achacan para justificar la insolidaridad con las generaciones que les precedieron.

         »En fin, termino porque me fatigo. Gracias a la “Madrina de Oraciones” y a toda la Comunidad. Os encomienda en el Corazón de Cristo» [10].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 2 de marzo de 1963

 

         «Muy estimada en Cristo Madre Carmen:

         »Ante la proximidad de la Santa Cuaresma, y ya gracias a Dios casi plenamente restablecido de la bronconeumonía que padecí en la última semana de enero y comienzos de febrero, voy a tratar de contestar a tus dos últimas cartas para tratar, con la ayuda de Dios, de tomar en serio la dirección espiritual.

         »Biografía de Antonio. No he podido leer más que las dos primeras partes. De la primera me parece que Córdoba [José Manuel de] violenta la historia; él tenía un esquema preconcebido y, en lugar de filosofar sobre los hechos, los utiliza para justificar su esquema. Lo discutiré con él y veremos si me hace caso. En la segunda parte participo de tu opinión: nuestra confesionalidad era la unidad de nuestro yo cristiano, apostólico, el mismo en lo directamente apostólico que en lo indirectamente glorificadores de Dios en la Acción Católica, en la profesión, en lo político, en lo recreativo, irradiando la caridad de Cristo en cada ambiente e iluminándolo con la luz de la fe. Se le escapa en su afán de encajar las cosas en su esquema que las instituciones fundamentales que actuaron sobre Antonio fueron la Asociación Católica Nacional de Propagandistas y el Grupo de Propagandistas del Consejo de la Unión Diocesana de Toledo. En el uno, recibió la influencia del equipo de Herrera [Ángel], en el otro, en cierto sentido, la mía, pues como yo vi lo que me obligaba el ser jefe de un grupo que aspiraba a ser santo rodeé a todos los Presidentes de las Uniones Diocesanas de este grupo para imposibilitarles la retirada. El resto de la segunda parte, aunque tiene inexactitudes, está bien.

         »Pasemos a tu alma. ¿Por qué quieres investigar los designios de Dios? Que Antonio lo consumó a los 20 años, y a ti y a mí aún nos mantiene peregrinando ..., pues bendito sea Dios.

         »La infidelidad es lo propio nuestro; pero por eso Dios es fiel. No busques el negarte sino el afirmar en todas las cosas las complacencias de Dios, aunque éstas sean para amargura, desolación, etc.; prosigue en la observancia aunque te parezca que lo haces muy mal y complétala con la perfecta observancia de Jesús.

         »No te digo que piensas más en el Amor Suyo, sino con suma complacencia en las perfecciones del Amado, eso es amar; es vivir fuera de sí (negándose), viviendo en el Amado, consumiéndose en el tormento de ver no sólo cuan poco aman los hombres al Amor, sino cuanto poco le amamos nosotros, pues hasta las obras más santas: el rezo, la Misa, la Comunión están teñidas, en nuestra cooperación, de nuestra miseria, porque esta fiebre nos lanzará a abrazarnos como la Magdalena, la Cananea, o el buen San Pedro a los pies de Cristo para suplicarle que nos deje amarle con su propio Amor. Y esto ..., mi buena Madre Carmen, entiendo que son los comienzos del amor transformante.

         »Me hablas también de estas angustias que nos produce el ver que le amamos tan poco, es que Él nos enciende en deseos de cruz para dilatar nuestra alma y que así aceptemos con gozo las cruces cuando las envíe, “cuando llegue la hora suya”; las palabras que la Verdad pone en la boca de los operarios de la hora undécima lo confirma: “nemo nos conduxit”, fue comentario que le oí a Herrera, ya Obispo: olvidamos que sin gracia eficaz no hacemos, si tú o yo u otra persona parece aún ociosa juzguemos que aún el Señor no nos ha llamado con su “Lazare veni foras” omnipotente y como, según los Concilios (ilegible) y Tridentino, “Dios no pide imposible, sino que pides que hagas lo que puedas y que pidas lo que no puedas para que entonces puedas”; pidámosle humilde, porfiada y confiadamente que nos dé el poder ser suyos como su amoroso Corazón desea que seamos.

         »Tu devoción y confianza en María Santísima me parece muy bien, nunca será bastante ni nada agrada tanto a la Santísima Trinidad como nuestra entrega a Cristo Único Mediador a través de María la Mediadora ante el Mediador.

         »Y ahora, por amor de Dios, deja de considerar a España con ojos carnales; me parece poco conveniente para tu alma tanta preocupación por “la salvación de España”, tal ves sea el hilito que le impide volar a tu alma; dices “parece que después de tanta sangre España tenía que haberse salvado definitivamente, pero no si por ese Estado híbrido ... etc. ... ”.

         »Piensa que dice el Señor: “Mis caminos no son los caminos vuestros ...”. Precisamente porque muchos cayeron en esa tentación, se dedicaron a sestear y a sus cosas, no a las de Jesucristo ... No olvidemos que Cristo triunfó en la cruz y que desgraciadamente la Guerra Civil, que sólo fue Cruzada en el alma de algunos elegidos, como Antonio, que se entregaron a la cruz de los sufrimientos, que originó la campaña, para que la Cruz triunfara, ocurrió porque las clases poseedoras no quisieron abrazarse a la cruz de la austeridad y la justicia y caridad social. España no irá al cielo, irán los hombres de España; y una “España definitivamente salvada” equivaldría a “cató-licos dormidos”, mientras que la conciencia de que millones de hombres en nuestra sociedad española viven en trance de condenarse, es una llamada apremiante a nuestra santificación. “De mi santificación puede depender la salvación de España”, decía Antonio, y lo decía porque pocos días antes del Alzamiento recordamos juntos la porfiada petición de Abraham a Dios para que, no ya por cincuenta justos, que dijo al principio, sino hasta por diez sólo, perdonara de la destrucción a las ciudades de la Pentápolis; pero no hubo diez justos y fueron destruidas; y nos hacíamos esta reflexión: puesto que el Señor nos ha dado puestos de Presidentes, de primeros, nos llama a ser justos, no sabemos el número que en su amorosa providencia Él tenía acordado que sea suficiente para perdonar a España, pero mientras no seamos justos podemos ser los dos únicos que le faltemos para completar ese número de justos, por cuyo amor el perdonaría a España. De manera que la palabra “salvación” en la mente de Antonio, como en la mía, no tenía el valor que en la tuya, el de que quedaran abiertos los caminos para que las gentes de España pudieran salvarse. Así en el Compromiso de Peregrino redactado cuando la Peregrinación  al  Pilar  se decía: “ ... no nos importa saber si se aprendió, o no, la lección; nos basta saber que el Camino está abierto ... ”. Esto es lo que nos dio el Señor por la sangre de los mártires: abrirnos los caminos, que casi llegaron a cerrarse durante la República, y los caminos siguen abiertos; pero hay que recorrerlos. Así, pues, amada hija en Cristo, deja de pensar tanto en esa “España salvada” y piensa que tú y yo, al no ser santos, estamos poniendo obstáculos a los planes de Dios sobre nuestras almas. Esta es tu misión: vivir tu vocación de Carmelita llevando en tu vida a toda la Iglesia, a la actual y a la potencial, a la que el Espíritu Santo aliente en España, y en todas las partes de la tierra, como Cristo los llevó y los lleva, a fin de que Él, que ya resucitado no puede morir, renueve en nosotros su (ilegible) de oración, penitencia, sufrimiento y muerte, a fin de que su salvación perfecta en sí mismo se despliegue en los hombres.

         »Algo se me quedará que decirte, pero he de terminar. Orad, orad, hermanitas queridas, que nuestras lágrimas por tantas almas que ignoran al amor de Cristo conmuevan su Corazón y atraigan gracias extraordinarias sobre ellas para que tengan noticia de Él y sociedad y unión con nosotros en el amor del Padre por el Hijo en el Espíritu Santo.

         »Con la efusiva bendición, vuestro en Cristo.

         »P/S. Como deducirás del contesto de la carta, está escrita en varios ratos: la comencé antes de empezar la Cuaresma y la termino hoy 2. Añado esto el 3:

         »Mi salud física, ya indico al principio, ha vuelto casi a la normalidad; digo casi porque después de la recaída, la vitalidad no vuelve a su nivel anterior; pero bendito sea Dios.

         »¿Mi salud espiritual? El Señor hace que perciba más y más sus amorosas y divinas sugerencias y espero en su amor que me dé gracia para no endurecer mi corazón ante sus llamamientos; esos que me hace: Por ti y por todas esas queridas hijas del Carmelo; por los sacerdotes que me piden consejo y dirección; por los jóvenes, pocos, pero algunos, que me confían sus almas; por los sacerdotes que puedan estar fríos en su Amor; por los jóvenes, que movidos por su gracia, luchan por dilatar su Reino, por los que aún están esperando la Palabra omnipotente que les diga: “Jovencito Yo te mando levantarte”; por esta España aún no salvada; por esos 2.000 millones largos de hombres que nada saben de Cristo ...; porque por todos ellos me pidió que me entregara a Él plena e íntegramente ...; y cuando ves ... pecado e imperfección, tengo que golpearme el pecho diciéndole: Perdóname Señor y no les castigues a ellos por mis traiciones, negligencias y pecados y dame gracia para ser totalmente tuyo como tú quieres que lo sea para que por mis culpas no se retrase más la hora de tus misericordias sobre tantas almas.

         »Pensemos mucho esto, hermanitas del Carmelo: que nuestra fidelidad a la gracia de nuestra vocación está vinculada la santificación de muchísimas almas.

         »Una Santa  Cuaresma en  el Corazón  de Cristo os desea vuestro siervo en Él» [11]

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 6 de junio de 1963

 

         «Respetada y amada en el Señor Madre Carmen:

         »Al fin, aunque tal vez con brevedad, rompo el prolongado silencio.

         »¿Causas? De todo hubo. Durante la Santa Cuaresma, recogimiento, afán de fidelidad en tiempos de oración sobre todo para suplir lo que otros hermanos con salud no pudieron hacer abrumados bajo el peso de sus tareas apostólicas-pastorales. Durante la Pascua alteraciones en la salud que, sin llegar a cosa de importancia, me tenían desganado y flojo para todo. Laxitud y tibieza espiritual también; miseria, mucha miseria perdiendo horas y horas en lecturas de novelas y eso teniéndole a Él en el Sagrario para mí y si, por su misericordia estoy en su gracia, habitando en mi alma juntamente con el Padre y el Espíritu Santo; y así toda la Pascua y todo el mes de María; todos los días haciendo propósitos, y todos los días faltando a ellos. Las palabra del Apocalipsis “porque no eres frío ni caliente he empezado a arrojarte de mi boca” tengo contra ti que has decaído de tu primera caridad repiqueteando en los oídos del alma ...; y sin embargo Él seguía en el Sagrario por mi vida, y venía a mis manos todos los días en sacrificio de propiciación, y descendía hasta el abismo de miseria, y me daba su gracia para creer en su Amor. Así, con esa frialdad, con ese regateo llegué a la conmemoración del XVI aniversario de mi ordenación sacerdotal. La antevíspera me hizo pensar el Señor: ¿Qué hubieras pensado tú del que se hubiera preparado para recibir la sagrada orden del presbiterado alternando las meditaciones de Ejercicios con la lectura de novelas policíacas ... ? Y si la ordenación es una nueva creación, la conservación es una creación continuada y exige la cooperación de la criatura a la gracia como cuando fue elevada a la dignidad y misión sacerdotal. Este pensamiento ha sido, por misericordia del Señor, un fuerte revulsivo. Y a pesar de todo “subiendo a los más alto de los cielos y sentándose a la diestra del Padre, derramó  sobre los hijos de  adopción  el  Espíritu  que  había  prometido ... ”. No subió para reclamar un castigo para nosotros, sino para interceder y rogar y enviar, juntamente con el Padre, el amor que les une ... ¡Qué maravilloso Pentecostés: El Papa Juan subiendo al cielo y los hombres de todas las lenguas sacudidos por el Espíritu pese añorar su partida y regritando las palabras que la Palabra derramó “sobre los hombres a través de su Vicario”!

         »Ahí tienes mi vida: Un abismo de miseria

Publicado por verdenaranja @ 0:11  | Espiritualidad
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