Domingo, 05 de abril de 2009

Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 5-6 de agosto de 1963

Información enviada por Carlos Peinó Agrelo, Cursillista, Peregrino, Colaborador en la redacción de la Positito super virtutibus del Siervo de Dios Manuel Aparici y Vicepostulador de su Causa de Canonización

       
CORRESPONDENCIA DE MANUEL APARICI Y SOR CARMEN
DURANTE LA ENFERMEDAD DEL SIERVO DE  DIOS
(PARTE IV)


 

 

         «Estimada en Jesús Madre Carmen:

         »Unos renglones para explicar mi silencio. He estado todo el mes de julio un poco fastidiado; este pobre corazón se fue cansando, el hígado también se resintió más de tanto diurético “inofensivo” y empecé a hincharme, a retener líquidos, hasta que una pierna se me abrió un poco. El médico me prohibió celebrar la Santa Misa para que estuviese siempre con las piernas extendidas; me puso un tratamiento de más inyecciones en vena: Sufilina, que es un diurético que me ataca al hígado. Esto, la inyección diaria en vena, ha sido un magnífico motivo para no moverme de Madrid; todos, familia, sacerdotes, amigos, médicos, me decían que me convenía una temporada de campo, pero en el fondo de mi alma pensaba: Jesús nunca veraneó, y, sobre todo, si me voy tengo que dejar el Sagrario vacío; me parecía que esto era echarle a Él para regalarme yo. Pensé que sudores, molestias y fatigas aceptadas, por amor a Él y a sus amados, podían ser útiles para sus planes redentores más que temporada, más aburguesada todavía, en alguna pensión de la sierra; y me agarré a lo de las inyecciones, ya que además así lo aconsejaba la prudencia, pues el año pasado, después de probar con todos los practicantes, encontré uno que me acertaba, pero sólo en un brazo. Como entonces la inyección era cada sesenta horas se podía conllevar, mas cada veinticuatro, que es ahora, era bastante expuesto.

         »Por eso no te escribí el día de Ntra. Sra. del Carmen, porque todavía estaba con la pierna estirada y por eso ahora soy breve pues llevo veinte minutos sentado y ya me duelen todas las venas. Suspendí la carta para descansar y la reanudo hoy. Gracias a Dios la prohibición de celebrar al Santa Misa fue sólo ocho días, pero celebraba sentado y con las piernas algo extendidas, bajo el Altar. Después otra vez todo el día con las piernas estiradas hasta el día de Santiago. Ya pude salir un poquito, pero aún ahora el tiempo que estoy en casa debo de estar con las piernas extendidas; en fin, caricias del Amado, pues es verdaderamente admirable que el Verbo, que eternamente expresa el amor del Padre por medio de la Sacratísima Humanidad, haya tomado todo lo mío, menos el pecado, para a través de lo mío darme lo suyo; así, cada dolorcillo es revelación nueva de la inmensidad de su Amor, cada miseria mía, riada torrencial de misericordia suya, que creo, porque Él me da la fe, en su constante, invencible y fidelísimo Amor, aquellas palabras de sus profetas que la Iglesia puso en mi boca el día de mi ordenación de subdiácono: “Aunque una madre pudiera olvidar a su hijo pequeñito, yo Dios omnipotente no me olvidaré de ti”, no se apartan de mi mente.

         »Os voy a enviar dos pequeñas reflexiones ante el Sagrario que impresioné en cintas magnetofónicas por si en algo os pueden servir.

         »Confío en que “mis madrinas en Cristo” no me abandonen; yo os sigo recordando todos los días en el Altar.

         »Termino ya porque otra vez se me cargan las piernas.

         »Que el Amado os colme de sus gracias y que su amor abrase vuestras almas, le pide para su gloria y vuestra paz, vuestro humilde Capellán que os bendice en el Señor.

         »P/S. Supongo que tu silencio será debido a no saber si estaba en Madrid o en algún pueblecito serrano» [1].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 26 de octubre de 1963

 

         «Amada en el Señor Madre Carmen:

         »No sé como agradecerte, a ti y a tu Rvda. Comunidad tan amada en el Señor, tanta bondad y cariño como tenéis conmigo; bien sé que estáis plenamente entregadas a la voluntad del Señor que os usa como uno de sus principales instrumentos para amontonar ascuas encendidas de caridad sobre la cabeza de este hombre viejo que tan adversario le es a Cristo, pues no sólo me habéis enviado conopeos, casullas, humeral, sino también frutos de vuestra huerta y, lo que aún es mejor, visitas de José Manuel [de Córdoba], de Pepe [Rivera], llamadas de Agustín [Losada]; en fin, caricias de la caridad de Dios, que se ha remansado en vuestras almas.

         »Reanudo la carta que hube de interrumpir por recaída en la salud [2]. Acababa de pasar una bronconeumonía, a consecuencia de la cual se me formó un terrible edema o hidropesía. Empezó el médico a ponerme sales mercuriales para aumentarme la diuresis y volví a recaer con algo bronquial; según el médico es que, por la debilidad del corazón, tengo una circulación tan deficiente que no logré rechazar ninguna infección en vías respiratorias. A fuerza de ultrabiótica se consiguió dominar esta infección, pero, en vista de que el porvenir no era risueño, mi médico, por indicación mía, llamó en consulta al Dr. Pescador: “Padre de la novia de Agustín”, y, a Dios gracias, me recetó un diurético inofensivo para el hígado y el riñón y de una eficacia diurética extraordinaria; llevo tomándolo ocho días, y del líquido que tenía retenido he eliminado catorce litros, aunque todavía deben quedar unos cinco litros de exceso que, Dios mediante, eliminaré en lo que queda de semana. Esto, según los médicos, implicará una gran mejoría pleural, pues el corazón se fatigaba enormemente teniendo que vencer esa resistencia de los veinte litros que oprimían el sistema circulatorio; igualmente el hígado estaba encharcado, etc.

         »Implicará una mejoría, digo, porque en el momento actual no la noto por el terrible cansancio que supone el llevar ocho noches casi sin dormir, pues la diuresis aumenta por las noches, y no puedo descansar más de cuarenta minutos seguidos. Lo que también me pasa durante el día, pues también me tengo que movilizar cada media hora.

         »De espíritu, aunque no puedo apenas rezar, pues apenas empezar me vence el sueño, no dejo de agradecerle al Señor con toda mi alma estas pequeñas tribulaciones por las que puedo participar un poquito de su Pasión Redentora y avanzo en conocimiento del abismo de su infinita caridad.

         »Termino porque se me cierran los ojos y me tiembla el pulso.

         »Escribiré en cuanto pueda. Entretanto encomendarme. Os bendice con todo afecto en el Señor» [3].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 25 de diciembre de 1963

 

         «Amada en el Señor:

         »Quería haber contestado a lo más importante de las distintas cartas que me has escrito, al menos de las cuatro: 3 y 6/10, 6/11 y 19/11. A parte de las tuyas tengo otra de la Hna. Teresa de Jesús del 22/9 en la que decía enviar una de su hermano; ni recibí la carta ni sé si su hermano vino a verme. Posiblemente se me habrá traspapelado alguna otra tuya. Quería haber contestado pero me llevaría mucho tiempo y llegaría muy tarde mi felicitación Pascual.

         »No contesté porque desde fines de agosto he estado mal, especialmente desde el 18 de marzo hasta finales de septiembre; casi continuamente puesta la mascarilla del oxígeno, amodorrado, medio ciego, con llagas en la boca y en una pierna y además decaído en el espíritu; ya sé que todo esto es regalo del Señor. Es mi único consuelo; que al menos acepte con agradecimiento esa participación de sus dolores que el Señor me hacía, pero fuera de esto ¡qué mal me he portado con el Amado!

         »En fin, ahora se trata de desearos que el Niño que nos ha nacido, el Hijo que se nos ha dado, derrame sobre todas vosotras el conocimiento de la caridad admirable de Dios para que así os recojáis más y más en el silencio de las almas que viven de los secretos inefables del amor de Dios.

         »Prometiendo  escribir  en  breve,  os bendice con el mayor amor en Jesucristo» [4].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 7 de abril de 1964

 

         «Estimada en Jesús Madre Carmen:

         »Ante Vuestra Reverencia y toda la Comunidad me postro de hinojos para pedir vuestro perdón por este abandono en que os he tenido tanto tiempo. No es que no hayáis estado presente a mi espíritu en la Santa Misa y en mis oraciones, pero es que he sido ingrato con el Señor; me dejé ganar por la tibieza, me sentía vacío y debió crecer en mi esa secreta soberbia que no acaba de morir, pues en realidad es cuando con mayor razón debiera de haberos escrito para pediros ayuda, y en vez de hacer esto, decidí callar. También tengo que pediros perdón por esto, pues ya no es sólo que en esta amistad santa que nos une, yo soy el gorrón que recibe siempre bienes sobrenaturales y nada aporta, sino que, al ocultaros las necesidades de mi alma, os he hurtado un estímulo a vuestras plegarias.

         »Cuando tenía escritas estas líneas, que comencé el martes de Pascua y que reiteradas visitas me impidieron proseguir, recibía ayer 6 tu carta y hoy he ofrecido la Santa Misa por vosotras, las Siervas de Jesús, que me atendieron durante los momentos (¡años!) más graves de mi enfermedad, y las Religiosas Oblatas de Cristo Sacerdote, que todas me encomendáis en vuestras oraciones.

         »Otro día, Madre Carmen, contestaré la tuya; ahora sigo con el intento de ésta que era, después de pediros perdón por el abandono que os he tenido, enviaros mi felicitación Pascual.

         »Gocémonos,  amadas  hermanas,  en la Resurrección del Amado ..., ya que para siempre gozoso y glorioso en la gloria del Padre si le amamos. Si Él es nuestra vida ¿qué importan nuestras flaquezas, nuestros sufrimientos, nuestros dolores, si Él vive glorioso a la diestra del Padre? Esos dolores, sufrimientos, flaquezas y miserias son preciosas reliquias de su vivir y morir en nuestra carne mortal, porque si bien Él no conoció pecado, por amor al Padre y a nosotros, se hizo maldición y pecado y varón de dolores experimentado en el sufrimiento.

         »Por eso son reliquias, porque, al ser nosotros miembros de Cristo por el santo bautismo, esos dolores son los mismos que pasó Cristo; entonces estuvieron sólo en la Cabeza y ahora están en sus miembros para que los miembros saboreen el amor que les tuvo la Cabeza y sepan, con ese saber sapiencial de los dones, cuan ligero es el yugo del Señor.

         »Gocémonos en el Amado Resucitado y Glorioso. Ya nos lo decía en el Cenáculo: “Si me amarais os gozaríais porque me voy al Padre y el Padre es mayor que yo”. Ya está en el Padre también como hombre, pero no está sólo. Nos llevó consigo; en la Ascensión (ilegible) llevó cautiva a la cautividad, y el mismo Jesús nos dijo en el sermón de la Cena: “Y entonces conoceréis que yo estoy en el Padre, que vosotros estáis en mí y yo en vosotros”; si habéis corresucitado con Cristo buscad las cosas de arriba, gustad las cosas de arriba donde está Cristo a la diestra del Padre.

         »¿Y los hermanos que nos rodean y que nos muestran en sus obras conocer el amor de Dios? Esos también son los amados del Redentor y, por Cristo, en Cristo y con Cristo, de toda la Trinidad Santa. Su redención ya está hecha; sólo falta su aplicación y esta se hace por la participación del sacrificio de la cruz hecho presente en el sacrificio de la Misa. Pero si el modo de redención fue por satisfacción vicaria obrada por ti, en la aplicación también puede haber, no satisfacción, pero sí satis-pasión vicaria, y eso es lo que Cristo quiere obrar en nosotros: En vosotras y en mí. Ese es el gozo profundo de nuestra vocación: Completar lo que le falta a la Pasión de Cristo por el Cuerpo de Él, que son sus miembros.

         »Veámonos siempre con los ojos de nuestro Amado y desde su Sacratísimo Corazón, con qué amor indefectible, tierno, paciente y fidelísimo nos ama. Nos eligió eternamente sabiendo cómo íbamos a ser: Nada, pecado, flaqueza, ingratitud, inconstancia; pero en medio de todas estas cosas su amor nos comunica su vida que es omnipotencia, santidad, fortaleza, caridad.

         »Amémosle por los que aún no le aman y hagamos penitencia por ellos para que, al arrancar del Padre nuevas gracias, puedan conocer a Jesucristo y convertirse a su amor.

         »Que el “pax vobis” de la mañana de Pascua resuene más y más en vuestras almas y que cuando apliquéis –como decía el Crisóstomo– la boca del alma a su costado abierto para recibir el sacramento del amor, entréis en el gozo que en vida mortal tuvo cuando vio que, como pequeñuelos suyos, acudiríamos a recibir su Vida de su costado abierto, más que por la lanzada de Longinos, porque se le rasgó de amor. Unido a vosotras en la alabanza, el amor y el gozo del Amado os bendice en su Santísimo Nombre» [5].

 

         Carta de Sor Carmen a Manuel Aparici de fecha 8 de mayo de 1964

 

         «Amadísimo en el Señor:

         »Gracias por tu carta. Desde luego tengo que decir como un seminarista compañero de Pepe [Rivera] “Dios es para todos Padre, pero para mí, para mí es abuelo, por eso de la ternura”. No acabo de comprender que me atendáis, me contestéis, he hagáis caso. En fin, que como es Amor, lo pone para mí en todos.

         »Empecé ayer los Ejercicios, por eso hoy no voy a ser larga. En cuanto termine te escribiré y te diré lo que Él me haga conocer, desear, etc. en estos días y ya me dirás. Lo de hoy sólo para que desees que sea plenamente de Él.

         »Hoy ha sido un gozoso día … y me pena que siendo para mí Dios así … tan fácil y tierno, esté yo entretenida en tantas cosas y tan poco disponible para su intimidad y más que a soberbia, a esto mismo temperamental y escaso de fe lo achaco en “xxx”. De todas formas es pena para él y para mí porque nos perdemos algo … participar de lo infinito claro.

         »En cuanto a lo de “xxx”, yo también pido. De todas formas creo que muchos de estos jóvenes curas, y no es una reacción de 25 años,  lo mismo. En fin Dios obrará. Yo creo que algo de mis ideas del predominio de lo espiritual va habiendo. Pide mucho y ofrece algo de lo mucho que tienes. ¡Cuánto te ama el Señor! Que Él te ayude a llenar la medida. La que Él quiera para su gloria y tu felicidad. En Él voy» [6].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 24 de abril de 1964

 

         «En Cristo muy amada Madre Carmen:

         »Al fin llega el momento de empezar a contestar la tuya del 3; tendrás que padecer muchas faltas de mecanografía; me he decidido a emplear la máquina para tratar de trabajar; sin darme cuenta caí en la tentación de las interinidades, que es vaguear: pensaba ... para morirme dentro de unos meses para que voy a empezar esto o lo otro .... Y ya ves, dentro de poco se cumplirán ocho años de la enfermedad. ¡Qué mal aprovechados!

         »En la pasada Semana Santa, que me regaló con una pequeña bronquitis, su gracia me hizo pensar en eso: ¡Cuánto tiempo perdido en leer tonterías ... ! Si hubiera repasado, si hubiera escrito ... Me dolió por Él; me entregué con todas las miserias mías y le tomé su Corazón para ofrecérselo en reparación de tantos desánimos pasados.

         »Parece que el Amado te oye, porque a cada momento me hace más manifiesto su Amor, y tal vez este amor suyo es mi mayor cruz por mi impotencia para amarle como Él merece ser amado. Ciertamente que le tengo a Él en mis manos cuando le consagro y en mi alma cuando le comulgo para amarle con su propio amor, pero las miserias diarias mías, las de esta pobre humanidad ... Es verdad que lo permite para que más y más podamos sondear en el abismo sin fondo de su caridad infinita ..., pero este saber es nueva cruz, espada, que también es cruz, que separa carne de huesos. Así, ahora se me ha hecho actual una antigua jaculatoria que su gracia me hacía rezar cuando meditaba su segunda palabra de la cruz: “Amado, desde tu Reino, acuérdate de mí para tu cruz”.

         »Por dentro ya ves un poco como voy: con muchos fallos, pero con mucha confianza en el Amado y renovado afán de consagrar todas mis obras al Rey. Por fuera: el corazón muy débil, circulación lenta, lo que convierte mi sangre en caldo de cultivo para todos los microbios; por eso, el pasado año tuve cuatro bronconeumonías, además el hígado dañado, diabetes, un pulmón casi inútil por estar comprimido por el líquido que se almacenó al lado derecho del tórax, todo este conjunto de cosas me tienen un poco fastidiado físicamente, pero es mi tesoro, pues es la fuente de una serie de dolorcillos que me hacen conocer más la caridad de Cristo.

         »Pasemos a lo tuyo. Creo, amada Madre Carmen, que te falta verte a ti misma en la fe. En todas tus cartas se te escapan expresiones de excesiva preocupación por lo que tú haces o dejes de hacer. Contémplate en la retina de Cristo, en el Corazón de Cristo. Tú antes de entrar en el convento habrás visto muchas madres, ¿crees que los dejaban de amar porque estuvieran sucios, enfermos o impertinentes? Pues si su corazón de madre humana es así ¿cómo será el Corazón de Aquel de quien ha salido la ternura de todas las madres que han sido, que son y que han de ser? ¿Y crees que ese Corazón te va a soltar? Piensa que su fidelidad en amarte y darte su vida y su gracia es la que hace fiel.

         »”xxx” sigue pasando su difícil crisis: es la soberbia inconsciente de los que saben que tienen talentos, que como no acaban de ver que esos talentos se los da Dios no acuden plenamente a la oración para luchar con Dios y que Dios, por medio de su Cristo, mate lo humano que hay en ellos y les entregue su Espíritu, a fin de que éste haga fructíferos sus talentos para el Reino de Dios.

         »Sobre “xxx” conformo mi juicio al de la Jerarquía, aunque ni deseo un Estado aconfesional ni creo que, porque haya un 50% de bautizados no practicantes, se hayan de seguir los métodos apostólicos de países como Francia en el que hay un 40% de no bautizados; por todo esto, le encomiendo diariamente para que el Señor le ilumine.

         »Sobre D. Anastasio, le veo con gran afecto y reverencia; siempre le consideré como un magnífico sacerdote, enamorado de Cristo, de la Iglesia y de las almas y lleno de celo apostólico. Sin embargo, no veo motivo para escribirle; yo ahora no soy más que un sacerdote enfermo desde hace ocho años y por ello un poco desfasado de las cosas accidentales que hoy tanto privan en los movimientos de Acción Católica. Si D. Anastasio viniera por Madrid y me hiciera la caridad de visitarme, ya hablaríamos.

         »Y nada más por hoy; todavía la máquina me seca la imaginación y me cansa. Por lo que antes te dije del Corazón de Dios verás que coincido contigo en lo que dices de las fotos de Carolina Kennedy.

         »Te dejo en la escritura porque llega el momento de ocuparme de ti y de mí y de lo que a ambos nos confió en la Capilla ante el Sagrario te bendice en Él» [7].

 

         Carta de Manuel Aparici a Sor Carmen de fecha 14 de julio de 1964

 

         «Amada en Cristo Madre Carmen:

         »Aunque sean cuatro renglones. No quiero que te falte mi felicitación y mis plegarias porque Él te santifique plenamente.

         »Llevo una temporada mal de salud; por eso casi un mes con oxígeno; el corazón no logra entonarse: estuve varios años poniéndome el tónico cardiaco cada 60 horas, después cada 48, luego cada 36 y ahora ya lo necesito cada 24 horas. En fin, Dios sea bendito y que me perdone lo mucho que le he ofendido con tibiezas, indiferencias y desvíos durante mi enfermedad.

         »Llevo seis días tratando de hacer Ejercicios en mi casa, ya que la salud no me permite otra cosa, pero es casi imposible recogerse; varias veces he estado a punto de dejarlos, pero no puedo; tengo que vencer a Cristo, mi Amado, a fuerza de ruegos y súplicas para que me dé gracias eficaces que me hagan serle plenamente fiel siquiera en los últimos días de mi vida.

         »Sé que salió el libro de Antonio [Rivera]. Piñar [Blas] me dijo por teléfono hace quince días: “Mañana o pasado mañana te llevaré un ejemplar” y todavía estoy esperando. De Córdoba nada sé. No le llamé por no interrumpir más los Ejercicios.

         »Nada más pues necesito inhalar oxígeno.

         »Pedirle, si es para su gloria, que prolongue mi vida en su cruz siéndole fiel.

         »Os bendice y se encomienda» [8].

 

         Carta de Sor Carmen a Manuel Aparici sin fecha (de 1964 por su contenido)

 

         «Amadísimo en Él:

         »Quería haberte escrito pues Agustín Losada me dijo que estabas pasándolo muy mal y hasta que ya pensabas en cuando terminaría esto.

         »Yo te comprendo muy bien pues es cambiar esta durísima cruz por la “visión”, pero, aparte de la gloria de Dios y de todas las innumerables gracias que alcanzarás con ello, es que amarás más al conocer mejor.

         »Lo tuyo, como lo de la Hna. María Remedios, parece un auténtico milagro, y sólo se explica al pensar que todos estos dolores están siendo un auténtico don del Señor para regalarnos el don de una comunicación más íntima con Él.

         »Ya te he dicho muchas veces la envidia que te tengo porque una cruz así de la que uno no puede escaparse ...

         »Y te recomiendo que, por encima de todos los Ejercicios y de todos, ahondes con mayor amor y con todo en esa “vía Carolina” que te recomiendo con toda el alma porque es que ¿qué vamos a dar nosotros a Dios?

         »Desde luego no te agobies, ¿qué importa que seas débil o que no puedas recogerte? No pidas imposibles de esos que Dios no quiere. No te pide más que le quieras como sea y que sepas que Él te ama y te quiere así de débil, de pequeño y de CONFIADO.

         »En una foto de París Mach, viene Kennedy en su mesa de despacho y debajo asoma la cara del crío; el texto dice que mientras el padre trabaja encima el pequeño ha instalado su oficina debajo de la mesa; le está dando la murga a su padre pidiéndole unos lápices que se ha dejado encima y el padre sin perder la paciencia le contesta: “John John, es que estoy ocupadísimo”.

         »Pero lo más notable es la cara de complacencia del padre. Dios es mucho más, ¿no comprendes? ¿Qué le importa que tus lápices sean una novela, o que te duermas porque NO PUEDES con el calor y la fatiga y todo?

         »Aplícate aquello que tantas veces nos has repetido y con lo que nos han abierto tantas veces el camino de la confianza hacia Él. Y vive en un continuo magníficat porque también tú puedes decir que “ha hecho en ti cosas grandes el que es Poderoso”.

         »Te confieso que, en el orden de la penetración sobre el apostolado seglar, nadie os ha superado a Herrera [Ángel] y a ti. He leído con un gran consuelo el prólogo de Mons. Riberi a las obras de Herrera. Mons. Tedeschini no podía haber dicho más, y en esa línea estás tú.

         »Yo vivo en una continua acción de gracias por ti y por D. Ángel [Herrera], y porque por Antonio me acercó a vosotros y gracias a eso siento hoy las oleadas de su infinito amor que me van venciendo.

         »Luego vendrán épocas de sombras porque hay que purificar lo humanísimo aun de mis sentimientos, pero en este instante no sé ni como puedo vivir con tanto como el Señor me hace ver lo particularísimamente que nos ama.

         »Por encima de todo ¿qué hay hoy que ya parece que va de vuelta en la Acción Católica española? Superada la crisis, España volverá a ser llena del deseo de ser la Vanguardia de esa Cristiandad que el Señor nos hizo soñar. Y todos esos sacerdotes, superada la crisis, serán los sacerdotes de Vanguardia de esa Unidad europea al servicio de la paz del mundo.

         »Tenías razón, “no pasó el Ideal, lo va Dios lentamente realizando en nosotros” y luego se irá extendiendo conforme, no a nuestra fidelidad, sino a su Amor.

         »En conjunto me parece que el libro ha quedado muy bien. Justifica el levantamiento y por él lo que a los de fuera les parece incomprensible en la Iglesia de España. Demuestra por qué hubo cruzados y estudia insuperablemente la postura de Antonio impulsada únicamente por la fe y el Amor. Córdoba [José Manuel de] te lo llevará seguramente; parece que aún no han salido todos y ya le digo que si no tiene yo le daré a él aquí el mío.

         »Y ofrece un poquillo este mes para que seamos testimonio para Córdoba, que le ayudemos a descansar y que sobre todo sepa recordarle el ideal.

         »Sinceramente me parece que hay dos cosas magníficas en él: la humildad y la generosidad; pide para que con esas capacidades el Señor le haga ver todo lo que quiere de él y la forma en que quiere que él le sirva. Que yo no me busque y que sepa entregarme para que él encuentre plenamente el camino.

         »Si viene con ánimos haremos una vigilia el 24 al 25 y la ofreceremos para que Dios realice sus planes en ti y por ti. Que esta Acción Católica de hoy sea la continuadora de aquella y siga su línea de superación en la eficacia, pero también en la fe y el amor.

         »Dicen que Herrera [Ángel] habla del consuelo que Dios le ha concedido en la formación de tantos …

         »¿Qué piensas tú? ¿Qué sería de Romero de Lema [Maximino], de Benzo [Miguel], de Rubio [Mauro], de Córdoba [José Manuel de] ... de los mártires sin tu paso por el Consejo con tantas generaciones sacerdotales, de seglares y ... ?

         »De locura hijo mío, por amor de Él no te atormentes, aunque te veas rematado de mal no te importe nada. Dios es glorificado en darse y a ti que se te dio y se te da tan sin tino y para tantos, ¿qué glorificado será?

         »Sé feliz en tu dolor, cansancio, tristezas ... todo; sé feliz porque Él es tu Padre, tu amigo, el Amado. Te ha dado a su Madre y te ha regalado el fecundar, por tu inmolación absoluta de tu nada pero unido a la suya infinita, a toda la Iglesia actual de España y por ella a la del mundo entero a la Iglesia universal con su Consiliario y su regalo del Papa y tanta y tanta maravilla, y te da a su Madre para que te sostenga y te tiene en sus brazos para que no puedas separarte jamás de su Amor.

         »Mira si yo, tan ruin y en fin ... tan como todo lo humano te quiero, te agradezco, me siento tan unida ¿qué sentirá la Trinidad, la Virgen y los santos, pues eres su obra?

         »En Él llena de agradecimiento por tu alma» [9].

 

        

[1]  C.P. pp. 1899-1902.

[2]  Empezada el día 26 de octubre, la reanuda el día 13 del mes siguiente.

[3]  C.P. pp. 1903-1904.

[4]  C.P. pp. 7053-7054.

[5]  C.P. pp. 1905-1909.

[6]  C.P. pp. 8542-8543.

[7]  C.P. pp. 1910-1911.

[8]  C.P. pp. 1912-1913.

[9]  C.P. pp. 8596-8599.

[10]  Todo hace pensar que el Siervo de Dios llevaba ya bastante tiempo gravemente enfermo. Pero por la referencia que hace Sor Carmen en su carta a los «papeles» estimamos que fue escrita en 1964, porque luego el Siervo de Dios en sus cartas del 14 y 24 de ese mismo año a Sor Carmen hace referencia también a los mismos.

[11]  Rivera, sacerdote, hermano de Sor Carmen como han quedado dicho.

 [12]  Carlos Castro Cubels, también sacerdote, y uno los dirigidos por el siervo de Dios durante su larga y penosa enfermedad.

[13]  C.P. pp. 8879-8882.

[14]  C.P. pp. 8594-8595.

 


Publicado por verdenaranja @ 0:20  | Espiritualidad
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