Martes, 07 de abril de 2009

Los Obispos de la región de la Patagonia (diócesis de Comodoro Rivadavia, Viedma, San Carlos de Bariloche, Neuquén, Alto Valle del Río Negro, Río Gallegos) piden a todos los fieles en esta Pascua “renovar la vocación de ser comunidad que cree en la vida y aporta día a día algo nuevo”. 

 

CARTA DE PASCUA DE LOS OBISPOS PATAGÓNICOS

 

Viernes, 03 de Abril de 2009      

 

1. Este es la verdad que disipa todos nuestros miedos: CRISTO HA RESUCITADO, y en Él queda definitivamente de manifiesto que la verdad triunfa, el amor vence el odio, la vida tiene la última palabra.

 

2. Nos encontramos frente a una crisis grave que atenta contra el anhelo de dignidad que anida en el corazón de todo ser humano.

 

Como Obispos Argentinos ya decíamos en noviembre del 2008: “la nueva cuestión social abarca, tanto las situaciones de exclusión económica como las vidas humanas que no encuentran sentido y ya no pueden reconocer la belleza de la existencia” (“Hacia un Bicentenario en Justicia y Solidaridad, nº 25).

 

En la región Patagónica, no es alentadora la perspectiva económica ya que se están acentuando nuevamente las carencias y muchos están quedando liberados a su propia suerte y sin protección, con todas las consecuencias que esto implica.

 

Como padres y hermanos que acompañamos a muchos en sus angustias y esperanzas, constatamos, por ejemplo, el fenómeno de “las usurpaciones” -que nadie puede justificar-, pero que todos estamos de acuerdo en afirmar que encierran el legítimo reclamo del derecho a la tierra y a la vivienda, que para muchos se vuelve inalcanzable.

 

En este momento de nuestra historia, donde crece la “exclusión” y “el sin sentido de la vida”, surgen muchos miedos que no ayudan a buscar caminos de solución a nuestros problemas.

 

3. ¿Qué miedos nos atrapan y paralizan hoy?


Escuchando a muchos hermanos y hermanas podemos con facilidad indicar algunos miedos; lo haremos como preguntas, no porque no estemos seguros que existan, sino para que nos sintamos comprometidos en encontrar una respuesta a todos ellos:

 

- ¿Por qué muchos sienten que no tienen un lugar en la sociedad, descubren que molestan, que están de sobra, y que lo que honestamente anhelan nunca llegará?

 

- ¿Por qué para tantos tener su propia casa, una casa digna, será siempre un sueño irrealizable?

 

- ¿Por qué la existencia de tantas adicciones a las que muchos recurren para evadirse de esta realidad social que excluye constantemente, los margina tempranamente de la sociedad y acaba muchas veces en suicidios?

 

- ¿Por qué los sueldos alcanzan cada vez menos para cubrir necesidades cotidianas de una familia trabajadora?

 

- ¿Por qué la violencia, tan extendida a todos los niveles, pareciera imponerse como el único camino para logra algo o para ser escuchado?

 

- ¿Por qué para muchos es prohibitivo el alquiler de una casa digna y tienen que recurrir a familiares que le den lugar o vivir en condiciones insalubres en viviendas muy precarias?

- ¿Por qué la apropiación de los recursos de la naturaleza no es regida con responsabilidad buscando el bien común y cuidando que la creación sea siempre “la casa de todos”?

 

- ¿Por qué quienes debieran recepcionar la realidad tal cual se muestra y buscar alternativas de solución a los grandes problemas que afectan a tanta gente (salud, educación, tierra, vivienda y otros), parecieran no tomar conciencia o, peor aún, negar su existencia?

 

4. Frente a tantos miedos, en esta Pascua volvemos a escuchar al Evangelio: “NO TEMAN”.

 

La vida nueva de Cristo Resucitado nos regala los motivos auténticos que nos permiten superar el miedo por el camino del amor que nace de la fe. La vida del Señor posee en sí misma la fuerza y la creatividad para enfrentar las crisis actuales. La resurrección de Jesús nos invita, nos mueve, nos desafía:

 

- a creer en la dignidad y grandeza de toda persona. Dios Padre que resucitó a Cristo quiere la vida en abundancia para cada uno de nosotros. Todos somos llamados a la vida plena, que se va gestando en la historia de cada día.

 

- a tener la fortaleza espiritual para enfrentarnos a todo lo que nos causa miedo. El ser humano como “imagen y semejanza” de Dios, como hijo de Dios, como resucitado en Cristo, tiene un caudal de potencialidades para enfrentar todo aquello que le provoca miedos. Cristo Resucitado renueva en todos nosotros la confianza en el amor misericordioso del Padre.

 

- a no vivir aislado del otro ni buscar sólo el propio interés, sino a recorrer en comunidad los caminos de vida que buscan superar las crisis y dificultades. Por eso, Cristo Resucitado nos llama a unirnos como familia, como vecinos, como Iglesia, para encontrar juntos las soluciones. El aislamiento va cerrando horizontes y nos quita la fuerza para actuar.

 

- a valorar las cosas pequeñas, cotidianas. Los grandes problemas que nos atemorizan ciertamente exigen grandes soluciones; pero estas soluciones se van gestando día a día en pequeños actos concretos.

 

5. Confiemos que la fuerza de la Pascua 2009 se manifieste en todos los ambientes.

 

Como Iglesia, que cree en Cristo Resucitado, tenemos una gran responsabilidad; estamos llamados a ser signos y portadores de la verdadera vida. La Pascua debe entonces renovar en nosotros la vocación de ser comunidad que cree en la vida y aporta día a día algo nuevo.

Este es, entonces, nuestro llamado como Pastores en la Iglesia que está presente en las provincias de Chubut, Río Negro, Neuquén, Santa Cruz y Tierra del Fuego: que esta Pascua renueve nuestras comunidades.

 

- Como Bautizados proclamemos a Jesucristo, desde los pobres a todos. El es “el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn. 14,6), nadie puede verse privado de encontrarse con El. Somos discípulos-misioneros y, como les sucedió a los Apóstoles en la Iglesia primitiva, también “nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído” (Hech. 4,20). El Papa Benedicto XVI nos exhorta a evangelizar por “irradiación y testimonio”.

 

- Como cristianos sepamos escuchar el “clamor de los pobres, débiles y sufrientes” (Aparecida nº 391-398). En comunidad -con el oído atento a la Palabra de Dios- cambiemos nuestro corazón, desterrando así el individualismo, la indiferencia, el egoísmo, y el afán ambicioso de acumular riquezas o poder. Que cada uno de nosotros pueda recibir a quienes se nos acercan heridos por el abandono, la injusticia y la soledad con el corazón bueno y compasivo de Jesús.

 

- Desde nuestra condición de creyentes católicos valoremos la presencia real de Jesucristo vivo y resucitado en la Eucaristía, que nos convierte en comunidad de hermanos. ¡Que al recibir a Jesús recibamos también a los demás!

 

- Estemos cerca del que sufre. Seamos una Iglesia que sale al encuentro de los demás, que llega a los últimos con la Palabra que da vida y con gestos que hacen presente a Cristo que “comparte, parte y reparte” el pan que a nadie debe faltar. “Ser compañeros de camino de nuestros hermanos más pobres, incluso hasta el martirio” (Aparecida nº 396).

 

- Demos testimonio de comunidades donde el “que quiere ser el primero que se haga el último de todos y el servidor de todos” (Mc.9,35), donde se privilegia el perdón, donde todos tienen un lugar, donde los conflictos se resuelven en el diálogo sincero y fraterno.

 

- Trabajemos con valentía contra las causas profundas de tanto sufrimiento y miedos en muchos hermanos y hermanas. Así no seremos cómplices con nuestros silencios o inacción de una realidad que margina, excluye y priva a muchos de la vida verdadera que Dios quiere para todos sus hijos.

 

La Virgen María, nuestra Madre, que nos acompaña en el peregrinar de nuestra vida (Jn. 19,26), nos ayude a descubrir las exigencias que la Palabra de Dios pone en nuestro camino, de modo que podamos gozar así de la alegría pascual con la seguridad de haber sido fieles a la voluntad del Padre en el amor que nos hace hermanos.

 

Les deseamos a todos una feliz Pascua y les dejamos nuestro afecto y bendición personal.

 

Virginio D. Bressanelli (Obispo de Comodoro Rivadavia) 

Esteban M. Laxague (Obispo de Viedma) 

Fernando C. Maletti (Obispo de San Carlos de Bariloche) 

Marcelo A. Melani (Obispo de Neuquén) 

Néstor H. Navarro (Obispo del Alto Valle del Río Negro) 

Juan C. Romanín (Obispo de Río Gallegos)

 

Marzo de 2009

 

 


Publicado por verdenaranja @ 22:54  | Hablan los obispos
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