Viernes, 10 de abril de 2009

Lectio divina para la Vigilia Pascual - B, 11 de Abril de 2009,  afrecida por la Delegación  Diocesana de Tenerife.
 

Lectura del Evangelio según San Marcos: (16, 1-7)

 

         Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago y Salomé, compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían entre ellas: “¿Quién nos correrá la piedra a la entrada del sepulcro?”. Al mirar vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. El les dijo: “No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el Crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el sitio donde lo habían pusieron. Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: El va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo”.

 

Palabra del Señor.

 

Lectio: ¿Qué dice el texto bíblico en su contexto?

 

         Los cuatro evangelistas siguen un esquema en tres fases al poner a nivel de catequesis el mensaje de la resurrección de Jesucristo: 1) el signo del sepulcro vacío; 2) la aparición a algunos discípulos; 3) el encuentro con el colegio apostólico. Dentro de este esquema, redactan con independencia. Este texto de Mc está comprendido con sobriedad: la ida de las mujeres al sepulcro, la sorpresa de la piedra removida, la presencia del mensajero celestial que anuncia la resurrección, el encargo que hace a las mujeres de referir todo aquello a los discípulos, la orden a los discípulos de dirigirse a Galilea, la referencia a las palabras del Jesús terreno.

         Marcos recuerda algunas realidades que ya están para el evangelista completamente "rebasadas": Así, el texto tiene una alusión al sábado: "Pasado el sábado..." (Cfr. Mc 16, 1) Y seguidamente, pasan al primer término de la escena tres mujeres cuyo origen, preocupaciones y actitudes son típicas de la realidad pasada. Se encontraban al pie de la cruz y fueron testigos de la sepultura: "María Magdalena y María, la madre de José, observaban donde lo ponían” (Cfr. Mc 15, 47). Ellas guardan en su mente el recuerdo del sepelio de Jesús, cuyo sepulcro quedó cerrado con la enorme piedra, como un símbolo de un poder absoluto y, en apariencia, inmutable. Así, en la mañana del día primero, al manifestárseles el signo de una novedad radicalmente inesperada experimentan el estupor. En este relato las mujeres desempeñan un papel comparable al que desempeñaron las "mujeres de Jerusalén", en la Pasión según san Lucas (Cfr. Lc 23, 27-31) Son testigos del Judaísmo superado por la novedad del Evangelio; representan a la humanidad que ignora la profunda renovación a la que Dios la invita en Jesús resucitado.

         “María Magdalena, María la de Santiago y Salomé (...) el primer día de la semana (...) fueron al sepulcro" (Mc 16, 1-2) Las mismas mujeres que estuvieron al pie de la cruz (Cfr. Mc 15, 40), el primer día de la semana, se dirigen al sepulcro con la intención de embalsamar el cuerpo de Jesús. Caminan muy de temprano, guiadas sólo por su corazón. Habían recabado los aromas. Pasaron la noche del sábado vigilantes. Después, sin decir nada a los discípulos, corren hacia donde su corazón les lleva. Es el tercer día después de la crucifixión, y el evangelista, con la referencia a la salida del sol, parece apuntar simbólicamente a la luz de la resurrección.

         "Muy temprano (...) al salir el sol" (Mc 16, 2) Se termina la noche, tiempo en cuyo seno reinan los poderes nefastos: la enfermedad de la que Jesús ha venido a sanar, y, en una palabra, la muerte, de la que es justamente vencedor. Además está saliendo el sol. Todas estas puntualizaciones no interesan por lo que a la hora exacta se refiere; en un lenguaje simbólico es necesario entender, están afirmando una renovación desde antaño esperada y convertida, de pronto, en realidad.

         “¿Quién nos correrá la piedra a la entrada del sepulcro? (...) La piedra estaba corrida, y eso que era muy grande” (Jn 16, 3-4) No se hace ninguna descripción del momento de la resurrección, pero la piedra podemos considerarla como imagen de la omnipotencia ejercida por la muerte sobre la humanidad, dicha piedra que nadie hubiera podido hacer rodar, se encuentra retirada; corrida a un lado; desde ahora es impotente.        "Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron" (Jn 16, 5) Tras verse sorprendidas por encontrar quitada la piedra, reciben una segunda sorpresa: la presencia del mensajero celestial y su anuncio, lo cual es como una Teofanía según el modelo de las teofanías bíblicas del Antiguo Testamento. Fiel en ello a la tradición bíblica, Marcos señala que el encuentro con lo divino -cuando se manifiesta- suscita admiración y temor; y parece como si todo acabara aquí. Pero el “joven”, conocedor de su miedo, les infunde ánimos y les revela la Resurrección de Jesús.

         “No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el Crucificado? No está aquí. Ha resucitado” (Jn 16, 6) Las palabras del “joven” son el centro de todo el relato. La búsqueda del Jesús terreno, del crucificado, es inútil. Dios ha trastocado su destino: el justo condenado ha hallado que su causa ha sido acogida por Dios. El sepulcro vacío es el signo de esta resurrección, pero no es el fundamento de la fe en el resucitado. La expresión vosotras “buscáis..." pone de manifiesto la acción de los hombres en una búsqueda muchas veces infructuosa, frente a la iniciativa de Dios que se manifiesta:  “Ha resucitado”.  El milagro que anuncia el ángel es que Dios ha intervenido en la historia cuando desde un punto de vista humano todo estaba ya acabado.

         “Id a decir a sus discípulos y a Pedro: El va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo” (Jn 16, 7) Las mujeres deben llevar el mensaje a los discípulos y a Pedro, aquellos que han fracasado en la exigencia de seguimiento en la Pasión. Igual que lo hiciera Jesús cuando, en otra ocasión, marchaba delante de sus discípulos para arrastrarles a Jerusalén, lugar de una muerte segura (Cfr. Mc 10, 32) Ahora también “va por delante" de sus amigos. Les arrastra de nuevo, pero a otro lugar y para una manifestación distinta: Galilea, lugar en que resonó por primera vez el anuncio hecho por Jesús, de la proximidad del Reino de Dios (Cfr. Mc 1, 14). Ahora se trata de ver allí al resucitado para comprenderlo totalmente: el crucificado es el resucitado. También indica la comunicación del mensaje pascual fuera de Jerusalén, hacia los gentiles; el reencuentro en Galilea será el punto de partida de esta misión universal.

 

Meditatio: ¿Qué me dice Dios a mí a través de la lectura?

         Las mujeres que han contemplado la tumba de Jesús, se ven sorprendidas por una realidad sorprendente y sobrecogedoras en la mañana del día primero. En su visita al sepulcro, tras el descanso sabático, oyen resonar junto a la tumba vacía el mensaje asombroso de la resurrección: ¡No está aquí, ha resucitado!

         Los evangelios relatan los hechos que sucedieron después de la muerte de Jesús y nombran a los testigos que lo vieron resucitado. Nos gustaría tener relatos más detallados para apoyar nuestra fe. Pero aunque se publicaran miles de testimonios, siempre se haría necesaria la fe. Dudamos, no porque falten testimonios, sino porque el acontecimiento nos queda demasiado grande. Todo, pues, es cuestión de fe, y los que creen son aquellos que tienen la experiencia de que Dios Vivo ama y resucita a los hombres.

         Mc no sólo da testimonio de Cristo sino que también quiere provocar en los oyentes, en nosotros, una llamada a recorrer el mismo itinerario de las mujeres: buscar a Jesús y dejarnos sorprender por el anuncio de su Resurrección, acogiéndolo con fe. Jesús se había presentado como un verdadero pastor, ahora, resucitado de entre los muertos, sigue caminando delante de su rebaño.

 

Oratio: ¿Qué me hace decirle a Dios esta lectura?

         Exulten por fin los ángeles. Que se asocien a la Fiesta los creyentes, y por la victoria de Jesús sobre la muerte. Alégrese la madre naturaleza con el grito de la luna llena: que no hay noche que no acabe en día,  ni invierno que no reviente en primavera, ni muerte que no dé paso a la vida; ni se pudre una semilla sin resucitar en cosecha. Alégrese nuestra Madre la Iglesia porque en la historia del mundo siguen los hombres resucitando, y abiertos con esperanza al futuro confiesan a Cristo glorificado.
         ¡Qué noche maravillosa: Cristo subiendo del abismo y la muerte muerta! ¡Qué maravilla de Dios: entregando al Hijo salvaste al esclavo! ¡Qué maravilla de amor: porque hubo pecado conocimos el perdón!¿De qué nos sirviera nacer si la muerte fuera nuestro destino?

         Esta es la noche que sacude conciencias, quema los ídolos, despierta vocaciones, alumbra virginidades, engendra esperanzas, convierte en arados las espadas, saca renacidos de las aguas, alegra a los tristes, provoca adoradores, descarga pistolas y derriba opresores. Esta es la noche que trae la Buena Noticia a los pobres, abre los ojos de los ciegos, libera a los prisioneros y anuncia el perdón a los pecadores.
         ¡Sea bendito Nuestro Señor que subiendo a la Cruz y entrando en la muerte, venció para siempre los poderes del mal! ¡A gozar de la Luz, rota la oscuridad, victorioso de nuevo el Amor!

 

Contemplatio: Pistas para el encuentro con Dios y el compromiso.

         No os asustéis.

         ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el Crucificado?

         No está aquí. Ha resucitado


Publicado por verdenaranja @ 23:53  | Liturgia
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios