Viernes, 10 de abril de 2009

Lectio divina para el Domingo de Pascua de Resurrección - B, 12 de Abril de 2009, ofrecida por la Delegación Diocesana de Liturgia. 

 

Lectura del Evangelio según San Juan: (20, 1- 9)

 

         El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y del otro discípulo, a quien quería Jesús, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”.
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le había cubierto su cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que El había de resucitar de entre los muertos.         

 

Palabra del Señor.

 

Lectio: ¿Qué dice el texto bíblico en su contexto?

         El relato del sepulcro vacío en Jn tiene algunos detalles propios de este evangelista que no concuerda con los sinópticos, sobre todo, que las primeras personas que entran en el sepulcro son Pedro y Juan, no las mujeres, como relatan los otros (Cfr. Mc 16, 1.8. Mt 28, 1-8; Lc 24, 1-11).  En Jn, María Magdalena adquiere la función de recordar y hacer viva esta experiencia: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos donde lo han puesto"; no encontramos aquí ángeles ni mensajes pascuales. Para Juan, el mensaje pascual y el triunfo de Jesús están en la cruz. La resurrección de Jesús es su amor a prueba de la propia vida.

         María creyendo que la muerte ha triunfado; busca a Jesús como un cadáver. Su reacción, al llegar, es de alarma y va a avisar a Simón Pedro (símbolo de la autoridad) y al discípulo a quien quería Jesús (símbolo de la comunidad). Las dos veces que hasta ahora han aparecido juntos ambos (Cfr. Jn. 13, 23-25; 18, 15-18), el autor ha establecido una oposición entre ellos dando la ventaja al segundo. Es lo mismo que vuelve a hacer en este relato y que volverá a hacer en 21, 7. El discípulo amado llega antes (Cfr. Jn. 4) y cree (Cfr. Jn. 8); Pedro, en cambio, llega más tarde (Cfr. Jn. 6) y de él no dice que creyera. Correr más de prisa es imagen plástica para significar tener experiencia del amor de Jesús.

         “El primer día de la semana...” (Jn 20, 1) Será considerado el “Día del Señor”, el domingo cristiano, desde el inicio de las primeras comunidades. (Cfr. Ap 1, 10). Era el primer día de la semana judía y, tras el acontecimiento pascual se convirtió en el día de la asamblea para los cristianos, que se empezaría a celebrar al comenzar dicho día, es decir, en la noche del sábado, según la manera judía de contar el día (Cfr. Hch 20, 7).

         “María Magdalena fue al sepulcro al amanecer” (Jn 20, 1) El fin de las gestiones de las mujeres, en Mc seguido por Lc, no es tan probable como una piadosa visita supuesta por Mt y por el presente texto. Sea lo que fuere de la guardia del sepulcro, solamente mencionada por Mt, hubiera sido poco natural abrir el sepulcro después de un enterramiento de día y medio, y el proyecto de ungir el cuerpo de Jesús no concuerda bien con lo lo que Jn 19, 39s nos dice del cuidado puesto por José de Arimatea y Nicodemo. Pero Mt 26, 12 y Jn 12, 7 son testigos a su manera de que la forma en que se sepultó a Jesús había preocupado a la primera comunidad y fue explicada de diversas maneras. (Cfr. Nota de la Biblia de Jerusalén para Mc 16, 1).

         “Fue donde estaba Simón Pedro y del otro discípulo, a quien quería Jesús” (Jn 20, 2) Hay unanimidad en considerar a este “discípulo a quien Jesús quería” como al mismo Juan evangelista. (Cfr. Jn 18, 15)

         “...llegó primero al sepulcro (...) pero no entró (...) Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro (...) Entonces entró también el otro discípulo” (Jn 20, 4-8) Juan quiere hacer constar que “el discípulo amado” reconoce en Pedro cierta preeminencia (Cfr. Jn 21, 25-17); pero que también es un testigo tan autorizado, al menos, como el mismo Pedro. Aquí el discípulo amado y Pedro representan a la comunidad joánica y a la gran Iglesia respectivamente, y las relaciones de precedencia entre ellos reflejan las relaciones entre estos dos grupos eclesiales.

         “Vio las vendas en el suelo y el sudario con que le había cubierto su cabeza” (Jn 20, 6-7) Las “vendas” se refieren a una sábana, de unos cuatro metros de largo, tendida debajo del cuerpo, de los pies a la cabeza y, luego, por encima de él, de la cabeza a los pies; también designan las fajas que ataban las dos caras de la sábana alrededor del cuerpo. El “sudario” envolvía el rostro pasándolo debajo de la barba y sobre la cabeza. La sábana y las fajas están en su mismo lugar, pero sin el cuerpo dentro, caídas: el cuerpo se ha “desmaterializado” dejando intacto las telas que lo envolvían. El sudario, enrollado  en la otra dirección, se ha mantenido como estaba.

         “Vio y creyó”  (Jn 20, 8) Para este “discípulo que quería Jesús”, las vendas y el sudario son pruebas suficientes de la resurrección; el significado de “ver” en Jn viene a ser sinónimo de la fe. La manera en que encuentran la mortaja que envolvía el cuerpo de Jesús da lugar a que el discípulo crea al instante. La resurrección no

         “hasta entonces no habían entendido la Escritura” (Jn 20, 9) Jesús había hablado de la Escritura como fuente de vida  (Cfr. Jn 5, 39) aunque, también había indicado que el Espíritu Santo sería quien les haría comprender todo lo que Jesús había enseñado (Cfr. Jn 14, 26). Si bien en Lc Jesús ayuda a sus discípulos a resucitar su fe y su esperanza (Cfr. Lc 24, 44-45), en éste relato los testigos permanecen contemplando silenciosamente al Señor resucitado. Se aparece a Magdalena como un desconocido y, al presentarse en medio de los discípulos, le es necesario mostrar sus llagas para probar que es Él mismo (Cfr. Jn 20, 19-29). Jesús está entre ellos con otras apariencias y, en su cuerpo espiritualizado, resplandece la victoria sobre el pecado. Comprenden que Jesús ha dado cumplimiento a la Escritura, cuál era el sentido de las parábolas, de sus actos, de sus “señales”... Todas las cosas que los discípulos no habían comprendido anteriormente (Cfr. Jn 2, 22. 12, 16. 13, 7). La expresión “según las Escrituras” se hará progresivamente una fórmula fija en las primitivas profesiones de fe (Cfr. 1 Cor 15, 4) hasta llegar así a nuestros días.

 

Meditatio: ¿Qué me dice Dios a mí a través de la lectura?

         Los discípulos, antes de encontrar al Señor resucitado, pasan por la dolorosa experiencia de la tumba vacía: constatan la ausencia del cuerpo de Jesús. María Magdalena representa al amor que, aún sin ser todavía iluminado por la Resurrección, camina en la oscuridad y va más allá de la muerte.

         En el día de Pascua, el anuncio de la resurrección se dirige a todos los hombres. Es una Buena Nueva que hacen resurgir en el corazón de cada uno la pregunta ¿quien es Jesús para mí? Pero ya el mismo anuncio nos indica el camino para buscar la respuesta: no hemos de buscar entre los muertos al Autor de la Vida. No encontraremos a Jesús en los libros de historia o en aquellos que lo consideran uno más entre tantos maestros de sabiduría que ha habido en la humanidad.

         Jesús mismo, libre ya de las cadenas de la muerte, viene a nuestro encuentro haciéndose peregrino con el hombre peregrino por el mundo. Él, el totalmente Otro, se deja encontrar en su Iglesia, enviada a llevar la Buena Noticia de la resurrección hasta los confines de la tierra.

 

Oratio: ¿Qué me hace decirle a Dios esta lectura?

         Padre Dios, que nos has regalado a tu Hijo, el crucificado que ha Resucitado para nuestra Salvación. Ayúdame a ponerme en camino al alba, que no demore más la venida de la Luz a mi vida, encadenado como me encuentro por los prejuicios y los temores, sino ayúdame a vencer las tinieblas de la duda con la esperanza renacida hoy por la victoria de tu Hijo sobre la muerte.

         Quiero tener un encuentro vivo con el Señor Resucitado, para que Él transforme radicalmente mi ser, decidiéndome de una vez a servirte totalmente a Ti, en la persona de mis hermanos. Que Él me transforme mi corazón haciéndolo más humilde, abierto y disponible.

         A ti, Jesús Resucitado, me acerco en esta luminosa mañana de Pascua, con el deseo de encontrarte, teniendo yo siempre ante ti los pies desnudos de la esperanza, la mano vacía de la pobreza, los  ojos puros del amor y los oídos abiertos de la fe.

 

Contemplatio: Pistas para el encuentro con Dios y el compromiso.

         El primer día de la semana, al amanecer, vio la losa quitada del sepulcro.
         Vio y creyó. Hasta entonces no habían entendido la Escritura.

         El había de resucitar de entre los muertos.           

        


Publicado por verdenaranja @ 23:57  | Liturgia
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