Domingo, 12 de abril de 2009

Comentario a las lecturas del Domingo de Resurrección – B publicado en Diario de Avisos el domingo 12 de Abril de 2009 bajo el epígrafe “el domingo, fiesta de los cristianos”.

La primavera ha venido

DANIEL PADILLA

No hace falta ser profeta, ni experto en sociologías y psicologías, para reconocer que la vida del hombre es un te­jer y un destejer, una línea ascendente de ilu­siones y proyectos, y otra descendente, en la que todos terminamos cantando aquello de "las ilusiones perdidas, hojas son, ¡ay! des­prendidas, del árbol del corazón". Cada uno hemos escalado una vereda de primaveras diciendo que "la vida es bella". Y cada uno también, de pronto, nos hemos encontrado en una niebla de tristezas, quebrantos y sole­dades. Añadan el despojo que hacen los años... Y entenderán al poeta: "Todo el mun­do es otoño, corazones desiertos..., paloma­res vacíos de las blancas palomas que anida­ron ayer". Sí, con los años, después de com­batir en mil batallas, hacemos el recuento de las "bajas" y nos llenamos de mediodía; aca­so, de desolación. Pero, ¡ojo!, yo no quería salpicarles de pesimismo. Al contrario. Esta noche he leído muy atentamente los textos litúrgicos. Y muchos de mis "cables cruza­dos" se han puesto en orden. Les subrayaré algo. El sepulcro vacío: he aquí una primera realidad reconfortante. ¡Qué malo hubiera sido que María Magdalena hubiera descorri­do la piedra y hubiera embalsamado a Jesús! A estas horas sus seguidores, si quedába­mos, estaríamos diciendo: "Ni contigo, ni sin ti, tienen mis males remedio". Pero, no. Encontró el sepulcro "vacío". Y tuvo que comprender que sus ungüentos eran regalos inútiles, alivios ridículos para un cuerpo in­mortal. "¡No estaba allí! ¡Había resucita­do!". Allá sólo estaban las reliquias de la muerte: "unas vendas, un sudario". Constataciones de un dolor superado y redentor. Agua pasada. Banderas de la muerte, humi­lladas por el huracán de la Vida. Por eso, comprendió -y nosotros con ella- muchas cosas. Por ejemplo: 1. Las sagradas escritu­ras: "era verdad", dijeron los de Emaús. Y "era verdad" es lo que nos vemos obligados a decir todos los que creemos. Y nos referimos a todo lo que anunciaron los profetas, a todo lo que predijo Jesús. Desde entonces, el creyente sabe que la muerte y resurrección de Jesús son el broche final de toda la obra salvadora de Dios. La Creación, el pecado, las vicisitudes del pueblo de Israel, la Encar­nación, la Cruz..., encuentran su culmen en la "Resurrección". 2. Comprendemos tam­bién "nuestra incorporación a Cristo". San Pablo lo pregona en la segunda lectura de hoy: "Si hemos muerto con Cristo, también viviremos con Él, pues sabemos que Cristo, una vez resucitado, ya no muere más...". Lo dice de mil maneras: "Si nuestra existencia está unida a Él en una muerte como la suya, lo estará también en una resurrección como la suya". No hay lugar para el pesimismo. Efectivamente, vistas desde esta panorámi­ca, todas las tristezas y quebrantos que el hombre va acumulando empiezan a "tener sentido". Si al final de la vida el hombre tie­ne la sensación de que todo se le vuelve "otoño", con la resurrección de Jesús, tiene la certeza de que todo es primavera.


Publicado por verdenaranja @ 11:14  | Espiritualidad
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios