Lunes, 13 de abril de 2009

Carta del Papa al Primer Ministro del Reino Unido con ocasión de la cumbre del G-20: "la salida de la actual crisis global solo se podrá realizar juntos, evitando soluciones marcadas por el egoísmo nacionalista y el proteccionismo”.

Primer Ministro

Señor Primer Ministro,

Durante su reciente visita al Vaticano, usted amablemente me informó sobre la Cumbre que tendría lugar del 2 al 3 de Abril con la participación de representantes de las veinte economías más grandes del mundo. Como usted explicó, el objetivo de esta reunión es coordinar, con urgencia, las medidas necesarias para estabilizar los mercados financieros y para permitir a las empresas y a las familias superar este período de profunda recesión, con el fin de restablecer el crecimiento sostenible de la economía mundial y para reformar y reforzar los sistemas de gobierno mundial, con el fin de garantizar que esa crisis no se repita en el futuro.

 

Es mi intención con esta carta expresar a usted y a los Jefes de Estado y Jefes de Gobierno participantes en la Cumbre el reconocimiento de la Iglesia Católica, así como el mío, a los nobles objetivos de la reunión basados en la convicción, compartida por todos los Gobiernos participantes y las organizaciones internacionales, que la manera de salir de la actual crisis mundial sólo se puede alcanzar en conjunto, evitando las soluciones marcadas por el egoísmo nacionalista o proteccionismo.

 

Estoy escribiendo este mensaje al acabar de regresar de África, donde tuve la oportunidad de ver de primera mano la realidad de la pobreza extrema y la marginación, que pueden agravar los riesgos de la crisis de manera espectacular. También pude observar los extraordinarios recursos humanos con los que ese Continente es bendecido y que se pueden ofrecer a todo el mundo.

 

La Cumbre de Londres, al igual que la de Washington en 2008, por razones prácticas y acuciantes se limita a la convocatoria de aquellos Estados que representan el 90% de la producción bruta y el 80% del comercio mundial. En este marco, África subsahariana está representada por un solo Estado y por algunas organizaciones regionales. Esta situación debe impulsar a una profunda reflexión entre los participantes en la Cumbre, ya que aquellos cuya voz tiene menos fuerza en la escena política son precisamente los que más sufren los efectos nocivos de una crisis de la que no son responsables. Además, a largo plazo, son ellos los que tienen el mayor potencial para contribuir al progreso de todos. Es necesario, por tanto, recurrir a los mecanismos y las estructuras multilaterales que forman parte de las Naciones Unidas y sus organizaciones asociadas, con el fin de escuchar las voces de todos los países y de asegurar que las medidas y los pasos adoptados en las reuniones del G20 estén apoyados por todos.

 

Al mismo tiempo, quisiera señalar un motivo más para la necesidad de reflexión en la Cumbre. Las crisis financieras se desencadenan cuando - en parte debido a la disminución de la correcta conducta ética - los que trabajan en el sector económico pierden la confianza en sus modos de funcionamiento y en sus sistemas financieros.


Sin embargo, las finanzas, el comercio y los sistemas de producción son creaciones contingentes humanas que, en caso de que se conviertan en objetos de fe ciega, tienen dentro de sí las raíces de su propia caída. La única y verdadera base sólida es la fe en la persona humana. Por esta razón, todas las medidas propuestas para frenar esta crisis deben tratar, en última instancia, de ofrecer seguridad a las familias y la estabilidad a los trabajadores y, a través de adecuadas regulaciones y controles, restablecer la ética en el mundo financiero.

 

La crisis actual ha planteado el espectro de la cancelación o reducción drástica de los programas de ayuda exterior, especialmente para África y para los países menos desarrollados en otros lugares. La ayuda al desarrollo, incluyendo las condiciones comerciales y financieras favorables para los países menos desarrollados y la cancelación de la deuda externa de los países más pobres y endeudados, no han sido la causa de la crisis y, por justicia fundamental, no deben ser su víctima. Si un elemento clave de la crisis es una falta de ética en las estructuras económicas, la misma crisis nos enseña que la ética no es "externa" a la economía, sino "interna" y que la economía no puede funcionar si no lleva dentro de ella un componente ético.

 

En consecuencia, será mejor poner en práctica la fe renovada en la persona humana, que debe dar forma a cada paso hacia la solución de la crisis, a través de un fortalecimiento valiente y generoso de la cooperación internacional, capaz de promover un desarrollo verdaderamente humano e integral. La fe positiva en la persona humana, y sobre todo la fe en los hombres y mujeres más pobres - de África y otras regiones del mundo afectadas por la extrema pobreza - es lo que se necesita si queremos realmente recuperarnos a través de la crisis de una vez por todas, sin dar la espalda a ninguna región, y si debemos definitivamente evitar cualquier repetición de una situación similar a aquella en la que nos encontramos hoy.

También quisiera añadir mi voz a la de los fieles de diversas religiones y culturas que comparten la convicción de que la eliminación de la pobreza extrema para el año 2015, a la que los Líderes en la Cumbre del Milenio de las UN se comprometieron, sigue siendo una de las tareas más importantes de nuestro tiempo.

 

Muy Honorable Primer Ministro, invoco abundantes bendiciones de Dios Todopoderoso sobre la Cumbre de Londres y sobre todas las reuniones multilaterales que buscan la manera de resolver la crisis financiera y aprovecho esta oportunidad una vez más para ofrecerles cordial saludo y expresar mis sentimientos de estima.

Desde el Vaticano, 30 de marzo de 2009

 

BENEDICTUS PP. XVI


(Traducción particular no oficial desde el inglés)

A su excelencia el Muy Honorable Mr Gordon Brwon

Publicado por verdenaranja @ 22:15  | Habla el Papa
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios